San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

martes, 26 de junio de 2012

El fuego, las espinas y la cruz del Sagrado Corazón



         En una de sus apariciones, Jesús le muestra su Sagrado Corazón a Santa Margarita y le dice: “Este es el Corazón que tanto ha amado a los hombres (…) Pero de los hombres recibo a cambio solo desprecio, ingratitud, indiferencias, ultrajes”.
         ¿Cómo es el Corazón que Jesús le muestra a Santa Margarita? Según las declaraciones de la santa relativas a las apariciones, hay tres elementos dominantes: llamas de fuego que lo envuelven y que representan al Espíritu Santo, Fuego de Amor divino; espinas que lo rodean y lo punzan en cada latido, representando a los cristianos ingratos; y finalmente en su base, una cruz, que significa el camino que el alma debe recorrer para llegar a Él.
         Con respecto al Amor del Sagrado Corazón -representado en las llamas que lo envuelven-, no es un amor meramente declarativo, que se queda solo en la expresión verbal del amor: es un Amor que lleva a Cristo al extremo de morir en la Cruz por aquellos a quienes ama; es un Amor que no vacila en exprimir hasta la última gota de sangre del Corazón del Salvador, al punto de poder decir Dios que Él, como Dios, ya no tiene más para dar a los hombres, porque les ha dado literalmente no solo todo lo que Él tiene sino también todo lo que Él es, porque hasta en las últimas gotas de sangre de su Corazón traspasado se dona todo entero el Ser trinitario, que se derrama incontenible sobre la Humanidad.
         Pero el Corazón de Jesús, además de estar envuelto en las llamas del Amor divino, está rodeado también de espinas, de modo que a cada latido suyo de Amor, le corresponde un agudo dolor causado por las espinas que lo punzan. Y como el Corazón es uno de los órganos más sensibles al dolor, a un estado continuo de pulsaciones de amor, le corresponde un igual estado continuo de dolor. Las espinas representan a los hombres “ingratos”, “indiferentes”, que “desprecian” y “ultrajan” al Sagrado Corazón, y son la causa de las amargas quejas de Jesús.
Esto es así porque desde niños, hasta ancianos, pasando por la edad juvenil y la edad madura, los hombres –la gran mayoría- prefieren ensimismarse en la nada insignificante de sus entretenimientos y ocupaciones pasajeras, o en la náusea del pecado, en vez de postrarse, de rodillas, ante el Sagrado Corazón, que late de Amor en la Eucaristía, solo y abandonado por los cristianos, aquellos por quienes, en el extremo de su locura de amor, decidió dar su vida en la Cruz.
La Cruz, el tercer elemento de las apariciones a Santa Margarita, significa que el Sagrado Corazón, amoroso y doliente, está crucificado, agonizando de amor en el patíbulo de la Cruz; esto quiere decir que para acercarse al Sagrado Corazón, hay que subir a la Cruz, para escuchar sus latidos de Amor y de dolor; hay que subirse a la Cruz para beber de la fuente inagotable del Amor divino, abierta por la lanza.
Quien quiera amar al Sagrado Corazón debe subir a la Cruz, para ser crucificado con Él.
¿Qué más puede hacer Dios por nosotros? Viene a este mundo como un hombre fracasado, abandonado por todos excepto su Madre, permitiendo que traspasen su Corazón para que se derrame hasta la última gota de su Sangre, para salvarnos del demonio y para donarnos la filiación divina…
“De los hombres sólo recibo desprecios, ingratitudes, indiferencias…”. Que no tenga Jesús que lamentarse amargamente por nosotros, y que sepamos corresponder y reparar, con amor y adoración, como lo hizo la Virgen al pie de la Cruz, a tantos ultrajes y sacrilegios recibidos por el Sagrado Corazón en la Eucaristía.

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