San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 21 de junio de 2012

Solemnidad del Sagrado Corazón – Ciclo B – 2012




         Santa Margarita María relata así la cuarta aparición del Sagrado Corazón, el 16 de Junio de 1675: “Estando una vez en presencia del Santísimo Sacramento, un día de su octava, recibí de Dios Gracias excesivas de Su Amor (…) Entonces, descubriendo Su Divino Corazón me dijo: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, y que no ha ahorrado nada, hasta el extremo de agotarse y consumirse para demostrarles Su Amor, y en reconocimiento no recibo de la mayor parte más que ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que Me tratan en este Sacramento del Amor. Pero lo que más Me duele es que sean corazones consagrados a Mí los que así Me tratan. Por eso te pido, que sea dedicado el Primer Viernes, después de la octava del Corpus, a celebrarse una Fiesta especial para honrar Mi Corazón, comulgando ese día y reparando Su Honor por medio de un respetuoso ofrecimiento, a fin de expiar las injurias que he recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares. También te prometo que Mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia las influencias de Su Divino Amor sobre quienes Le hagan ese honor y procuren que se Le tribute”[1].
Jesús le muestra su Sagrado Corazón y le dice “se ha agotado y consumido” para “demostrarles su Amor” a los hombres, y que en respuesta, solo ha recibido, de la gran mayoría, incluidos los consagrados, “ingratitud, irreverencias, sacrilegios, frialdad y desprecio”. Luego le pide la fiesta del Primer Viernes, después de la octava de Corpus Christi.
Además, en la tercera aparición, le dice que la hará participar de la “tristeza mortal” que padeció en el Huerto de los Olivos.
¿En qué consiste esta “tristeza mortal” del Sagrado Corazón? ¿De qué manera se ha “consumido y agotado” demostrando su Amor?
Para tener una idea, es necesario escuchar lo que el mismo Sagrado Corazón le dice a Luisa Piccarretta, cuando la sierva de Dios contemplaba la tercera hora de agonía en el Huerto de los Olivos: “Agonizante Jesús mío, mientras parece que se te va la vida, siento ya el estertor de tu agonía; tus ojos están apagados por la cercanía de la muerte, todo tu cuerpo se encuentra abandonado a sí mismo y el respiro frecuentemente te falta; y yo siento que se me rompe el corazón por el dolor; te abrazo y siento que estás helado; te sacudo y no das señales de vida... ¡Jesús! ¿Has muerto ya? Afligidísima Madre mía, ángeles del cielo, vengan todos a llorar por Jesús y no permitan que yo siga viviendo sin él, porque no puedo. Lo abrazo más fuerte y siento que da otro respiro y que de nuevo vuelve a no dar señales de vida... Lo llamo: ‘¡Jesús, Jesús, Vida mía, no te mueras! Oigo ya el alboroto que hacen tus enemigos que ya vienen a arrestarte. ¿Quién te defenderá en este estado en que te encuentras?’.
Y él, sacudido, parece resucitar de la muerte a la vida. Me mira y me dice: ‘Hijo, ¿estás aquí? ¿Has sido entonces espectador de todas mis penas y de las tantas muertes que he sufrido? Pues bien, debes saber, oh hijo, que en estas tres horas de amarguísima agonía he reunido en mí todas las vidas de las criaturas y he sufrido todas sus penas y hasta sus mismas muertes, dándole a cada una mi misma vida. Mis agonías sostendrán las suyas; mis amarguras y mi muerte se cambiarán para ellas en fuentes de dulzura y de vida. ¡Cuánto me cuestan las almas! ¡Si por lo menos fuera correspondido! Es por eso que tú has visto que por momentos moría para luego volver a respirar: eran las muertes de las criaturas que sentía en mí”.
La tristeza mortal del Sagrado Corazón, y el hecho de haberse consumido literalmente por Amor, se deben entonces a que Cristo, en cuanto Hombre-Dios, en sus tres horas de agonía en el Huerto de los Olivos, asume en sí mismo todas las vidas de todas las personas de todos los tiempos, desde Adán y Eva hasta el último hombre que habrá de nacer en el Último Día, y sufre sus mismas penas y sus mismas muertes, para darles de su propia vida.
Esto quiere decir que no son palabras retóricas el decir que Cristo en Persona sufre en los agonizantes, ya que Él está en quien agoniza, sufriendo su misma agonía y su misma muerte, para darle su propia vida.
La agonía de Jesús en el Huerto se debe a que sufre la agonía y la muerte de todos y cada uno de los cientos de miles de millones de seres humanos, incluidas nuestras propias agonías y muertes.
Cuando Jesús agoniza en el Huerto, agoniza porque sufre Él en Persona estas muertes, y lo hace –como Él lo dice-, para transformar los intensos dolores de la agonía, la tristeza y el llanto, en dulzura y regocijo celestial, con su omnipotencia divina. ¡Cuánto agradecimiento debemos al Sagrado Corazón, por haber no solo sufrido las muertes de nuestros seres queridos, sino haberlas convertido en gozo y alegría!
De todo esto, se comprende la amarga queja de Jesús a Santa Margarita, al ver tan poco –más bien, nada- correspondido su amor, por centenares de miles de niños, jóvenes y adultos, que conocen y aman más a Messi, a Cristiano Ronaldo, y a cualquier ídolo mundano que aparezca en los medios de comunicación; se comprende el dolor de Cristo, al comprobar cómo la inmensa mayoría de las almas, por las que el Sagrado Corazón sufrió en el Huerto de Getsemaní, prefieran sus diversiones banales y sus ocupaciones terrenas, antes que hacer un rato de adoración frente a Jesús Sacramentado.


[1]http://aparicionesdejesusymaria.files.wordpress.com/2011/06/santa-margarita-mc2aa-alacoque-revelaciones-del-corazc3b3n-de-jesc3bas-1673-1675.pdf

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