San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 20 de agosto de 2010

San Bernardo: "Amo porque amo, amo por amar"




Uno de los sermones de San Bernardo abad se titula: “Amo porque amo, amo por amar”[1]. Para nuestro siglo superficial, acostumbrado a banalizar las más grandes verdades y las genuinas muestras de amor, la frase de San Bernardo –“Amo porque amo, amo por amar”, puede parecer cursi, o puede pasar inadvertida, o puede rebajarse al nivel de la pasión humana.
Sin embargo, la frase oculta profundas verdades espirituales.
Cuando San Bernardo dice: “Amo porque amo, amo por amar”, no está refiriéndose de un sentimiento pasajero, banal, superficial, que se identifica con los sentimientos. Está hablando de algo que asemeja al hombre con Dios: el acto creador, y en este caso, el acto creador del espíritu humano, que crea amor, el cual, como aquí, es dirigido a Dios. La capacidad de crear amor es un don inmensamente grande, otorgado por Dios Creador a la criatura, al hombre y al ángel, y es uno de los aspectos que más los asemeja a Dios en cuanto Creador, Omnisciente y Omnipotente.
El acto libre de amor, por parte de la criatura, es algo que Dios Creador, con toda su omnipotencia, no puede hacer. Eso es lo que no pudo hacer el demonio: el demonio no pudo hacer un acto de amor libre, y como Dios no puede crear ese acto de amor si la criatura no lo crea, entonces lo que queda para el corazón angélico es la ausencia del amor, el odio. La razón de la pérdida de la gracia, y la posterior caída y precipitación en el infierno de los ángeles que siguieron a Satanás, fue precisamente su incapacidad, o más bien, su no querer, crear libremente un acto de amor a Dios Trinidad. Si lo hubieran hecho, no se habrían condenado, pero como no lo hicieron, se condenaron.
Lo que caracteriza al infierno y a sus habitantes es precisamente lo que abundaba en San Bernardo: creación de un acto libre de amor a Dios.
Durante un exorcismo, registrado en audio, y transcripto en el libro de Malachi Martin[2], declara uno de los demonios, hablando de quien está ya en el infierno: “...luego el odio… Y el disgusto de odiar. Y el odio de amar así. Y el amor al odio (…)”. En otro pasaje, ya al final del exorcismo, antes de ser expulsados, los demonios dicen: “¡Nos vamos cura! ¡Nos vamos! –Era un millón de voces turbulentas que hablaban como una, plenas de eterno dolor y eterno sufrimiento-. Nos vamos llenos de odio. Y nadie habrá de cambiar nuestro odio”[3].
“Nos vamos llenos de odio (…) Nadie habrá de cambiar nuestro odio”. Lo que hay en las criaturas condenadas en el infierno es odio profundo, que crece a cada instante de la eternidad, y se vuelve cada vez más negro y desesperado.
De esta tenebrosa realidad sobresale y contrasta el valor de la realidad de la frase de San Bernardo: “Amo porque amo, amo por amar”. Un libre acto creador de amor dirigido a Dios y al prójimo, su imagen en esta tierra, es el preludio del eterno éxtasis de amor en la contemplación de Dios Trinidad.
“Amo porque amo, amo por amar”. No se trata de una frase sensiblera. Se trata de un acto libre creado por la capacidad de amar a Dios. La comunión sacramental es un preludio de la contemplación beatífica en la eternidad, por lo tanto, ejercitémonos en el amor a Cristo Eucaristía.


[1] Sermón 83, 4-6: Opera omnia, edición cisterciense
[2] Cfr. Martin, M., El rehén del diablo, Editorial Diana, Mexico 1977, 298.
[3] Ibidem, 302.

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