Santa Teresa nos dejó el siguiente relato sobre el fenómeno
místico de la transverberación, un fenómeno en el cual la persona que
logra una unión íntima con Dios siente traspasado el corazón por un fuego sobrenatural[1]: “Vi a mi lado a un ángel
que se hallaba a mi izquierda, en forma humana. Confieso que no estoy
acostumbrada a ver tales cosas, excepto en muy raras ocasiones. Aunque con
frecuencia me acontece ver a los ángeles, se trata de visiones intelectuales,
como las que he referido más arriba . . . El ángel era de corta estatura y muy
hermoso; su rostro estaba encendido como si fuese uno de los ángeles más altos
que son todo fuego. Debía ser uno de los que llamamos querubines . . . Llevaba
en la mano una larga espada de oro, cuya punta parecía un ascua encendida. Me
parecía que por momentos hundía la espada en mi corazón y me traspasaba las
entrañas y, cuando sacaba la espada, me parecía que las entrañas se me
escapaban con ella y me sentía arder en el más grande amor de Dios. El dolor
era tan intenso, que me hacía gemir, pero al mismo tiempo, la dulcedumbre de
aquella pena excesiva era tan extraordinaria, que no hubiese yo querido verme
libre de ella”.
Debido a esta experiencia mística del Amor de Dios
expresado en el fenómeno místico de la transverberación, es decir, en el
sentirse el alma traspasada por el Fuego del Divino Amor, podríamos pensar que la
Santa acudía a la oración por esta experiencia dulcísima del Amor de Dios. Sin
embargo, no es así, porque, por un lado, es de ella la frase que dice: “Hay que
buscar al Dios de los consuelos y no a los consuelos de Dios”. Por otra parte,
luego de leer las “Confesiones” de San Agustín y sobre la vida penitente de Santa
María Magdalena[2],
Santa Teresa de Ávila experimentó un gran deseo de crecer en la vida espiritual
y en la unión con Dios no a través de dulcísimos fenómenos místicos, sino a
través de la penitencia y de la cruz. Dice así Santa Teresa de Ávila, refiriéndose
al llamado a la penitencia luego de contemplar una imagen de la Pasión del
Señor: “Sentí que Santa María Magdalena acudía en mi ayuda y desde entonces he
progresado mucho en la vida espiritual”.
Por
esta razón, a la santa le atraían más los Cristos crucificados, ensangrentados
y manifestando profunda agonía. En una ocasión, al detenerse ante un crucifijo
muy sangrante le preguntó: “Señor, ¿quién te puso así?, y le pareció que una
voz le decía: “Tus charlas en la sala de visitas, esas fueron las que me
pusieron así, Teresa”. Al escuchar estas palabras, la santa se echó a
llorar, quedando muy impresionada y desde ese día decidió no volver a perder el
tiempo en charlas inútiles y en amistades que no llevan a la santidad.
El
deseo de Santa Teresa de morir pronto para unirse con Dios, estaba templado por
el deseo que la inflamaba de sufrir por su amor. A este propósito escribió: “La
única razón que encuentro para vivir, es sufrir y eso es lo único que pido para
mí”. Según reveló la autopsia en el cadáver de la santa, había en su corazón la
cicatriz de una herida larga y profunda.
Mensaje de santidad
Un primer mensaje que nos deja Santa Teresa de Ávila es el
de buscar a Dios, sea en su Trinidad de Personas, sea en la individualidad de
cada una de las Divinas Personas, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo- y
nos hace ver que la unión con Él la debemos buscar a través de la penitencia y
del amor a la cruz y no debemos buscar el consuelo de las experiencias
místicas, como la de la transverberación. De esa manera estaremos cumpliendo
con lo que la santa nos enseña: hay que buscar al Dios de los consuelos y no a
los consuelos de Dios.
Otro mensaje de santidad que nos deja Santa Teresa es el de
considerar y reflexionar la gravedad del pecado de acedia o pereza espiritual y
del pecado de la pereza corporal, porque de esa manera hacemos sufrir más y más
a Cristo en la cruz, tal como ella lo experimenta cuando el Señor Jesús le hace
ver que sus heridas están causadas por las charlas inútiles que tiene en el conversatorio.
Y si esto era válido para la santa, que tenía conversaciones solo en el
conversatorio del Convento, lo es infinitamente más para nosotros, que nos
distraemos con las cosas inútiles y a menudo peligrosas que nos ponen al alcance
de la mano la tecnología, como el celular, la televisión, el internet en
general.
Otro mensaje de santidad que nos deja es el amor a Cristo
crucificado y sangrante, es decir, el amor a la cruz, ya que es en la cruz en
donde el Hijo de Dios, Jesucristo, nos ofrece la máxima muestra de amor que un
Dios puede dar por su creatura: en la cruz, Dios Hijo nos ofrece el don de su
Vida, su Cuerpo y su Sangre, por medio del sacrificio y como aquello que se da
con sacrificio tiene más valor que lo que se da sin sacrificio, entonces en la
cruz nos demuestra el máximo Amor de su Sagrado Corazón, el Amor infinito y eterno
de la Misericordia Divina.
Este amor a la cruz y a Cristo sangrante que por nosotros sufre
en la cruz, es lo que le da a la santa el sentido de su vida y es el de vivir
para sufrir, porque de esa manera, vivir sufriendo, es lo que la asemeja y hace
participar de la vida y del sufrimiento de Cristo en la cruz: “La única razón
que encuentro para vivir, es sufrir y eso es lo único que pido para mí”. En una
época caracterizada por el hedonismo a ultranza, es decir, el goce de los
sentidos a toda costa, la enseñanza de la santa no solo va contracorriente a
esta época anticristiana, sino que nos enseña el verdadero y único camino para
llegar al cielo y es el de unir nuestras vidas a Jesús Crucificado.
