San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 15 de octubre de 2026

Santa Teresa de Ávila y el amor a la penitencia y a la cruz

 



          Santa Teresa nos dejó el siguiente relato sobre el fenómeno místico de la transverberación, un fenómeno en el cual la persona que logra una unión íntima con Dios siente traspasado el corazón por un fuego sobrenatural[1]: “Vi a mi lado a un ángel que se hallaba a mi izquierda, en forma humana. Confieso que no estoy acostumbrada a ver tales cosas, excepto en muy raras ocasiones. Aunque con frecuencia me acontece ver a los ángeles, se trata de visiones intelectuales, como las que he referido más arriba . . . El ángel era de corta estatura y muy hermoso; su rostro estaba encendido como si fuese uno de los ángeles más altos que son todo fuego. Debía ser uno de los que llamamos querubines . . . Llevaba en la mano una larga espada de oro, cuya punta parecía un ascua encendida. Me parecía que por momentos hundía la espada en mi corazón y me traspasaba las entrañas y, cuando sacaba la espada, me parecía que las entrañas se me escapaban con ella y me sentía arder en el más grande amor de Dios. El dolor era tan intenso, que me hacía gemir, pero al mismo tiempo, la dulcedumbre de aquella pena excesiva era tan extraordinaria, que no hubiese yo querido verme libre de ella”.

          Debido a esta experiencia mística del Amor de Dios expresado en el fenómeno místico de la transverberación, es decir, en el sentirse el alma traspasada por el Fuego del Divino Amor, podríamos pensar que la Santa acudía a la oración por esta experiencia dulcísima del Amor de Dios. Sin embargo, no es así, porque, por un lado, es de ella la frase que dice: “Hay que buscar al Dios de los consuelos y no a los consuelos de Dios”. Por otra parte, luego de leer las “Confesiones” de San Agustín y sobre la vida penitente de Santa María Magdalena[2], Santa Teresa de Ávila experimentó un gran deseo de crecer en la vida espiritual y en la unión con Dios no a través de dulcísimos fenómenos místicos, sino a través de la penitencia y de la cruz. Dice así Santa Teresa de Ávila, refiriéndose al llamado a la penitencia luego de contemplar una imagen de la Pasión del Señor: “Sentí que Santa María Magdalena acudía en mi ayuda y desde entonces he progresado mucho en la vida espiritual”.

Por esta razón, a la santa le atraían más los Cristos crucificados, ensangrentados y manifestando profunda agonía. En una ocasión, al detenerse ante un crucifijo muy sangrante le preguntó: “Señor, ¿quién te puso así?, y le pareció que una voz le decía: “Tus charlas en la sala de visitas, esas fueron las que me pusieron así, Teresa”. Al escuchar estas palabras, la santa se echó a llorar, quedando muy impresionada y desde ese día decidió no volver a perder el tiempo en charlas inútiles y en amistades que no llevan a la santidad.

El deseo de Santa Teresa de morir pronto para unirse con Dios, estaba templado por el deseo que la inflamaba de sufrir por su amor. A este propósito escribió: “La única razón que encuentro para vivir, es sufrir y eso es lo único que pido para mí”. Según reveló la autopsia en el cadáver de la santa, había en su corazón la cicatriz de una herida larga y profunda.

Mensaje de santidad

          Un primer mensaje que nos deja Santa Teresa de Ávila es el de buscar a Dios, sea en su Trinidad de Personas, sea en la individualidad de cada una de las Divinas Personas, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo- y nos hace ver que la unión con Él la debemos buscar a través de la penitencia y del amor a la cruz y no debemos buscar el consuelo de las experiencias místicas, como la de la transverberación. De esa manera estaremos cumpliendo con lo que la santa nos enseña: hay que buscar al Dios de los consuelos y no a los consuelos de Dios.

          Otro mensaje de santidad que nos deja Santa Teresa es el de considerar y reflexionar la gravedad del pecado de acedia o pereza espiritual y del pecado de la pereza corporal, porque de esa manera hacemos sufrir más y más a Cristo en la cruz, tal como ella lo experimenta cuando el Señor Jesús le hace ver que sus heridas están causadas por las charlas inútiles que tiene en el conversatorio. Y si esto era válido para la santa, que tenía conversaciones solo en el conversatorio del Convento, lo es infinitamente más para nosotros, que nos distraemos con las cosas inútiles y a menudo peligrosas que nos ponen al alcance de la mano la tecnología, como el celular, la televisión, el internet en general.

          Otro mensaje de santidad que nos deja es el amor a Cristo crucificado y sangrante, es decir, el amor a la cruz, ya que es en la cruz en donde el Hijo de Dios, Jesucristo, nos ofrece la máxima muestra de amor que un Dios puede dar por su creatura: en la cruz, Dios Hijo nos ofrece el don de su Vida, su Cuerpo y su Sangre, por medio del sacrificio y como aquello que se da con sacrificio tiene más valor que lo que se da sin sacrificio, entonces en la cruz nos demuestra el máximo Amor de su Sagrado Corazón, el Amor infinito y eterno de la Misericordia Divina.

          Este amor a la cruz y a Cristo sangrante que por nosotros sufre en la cruz, es lo que le da a la santa el sentido de su vida y es el de vivir para sufrir, porque de esa manera, vivir sufriendo, es lo que la asemeja y hace participar de la vida y del sufrimiento de Cristo en la cruz: “La única razón que encuentro para vivir, es sufrir y eso es lo único que pido para mí”. En una época caracterizada por el hedonismo a ultranza, es decir, el goce de los sentidos a toda costa, la enseñanza de la santa no solo va contracorriente a esta época anticristiana, sino que nos enseña el verdadero y único camino para llegar al cielo y es el de unir nuestras vidas a Jesús Crucificado.

 


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