San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 23 de julio de 2018

Santa Brígida de Suecia


         Vida de santidad[1].

         Santa Brígida nació en Upsala (Suecia), en 1303, en el seno de una familia sumamente religiosa y muy acaudalada, perteneciente a la nobleza de su tiempo. Tanto sus abuelos como sus bisabuelos, llevados por el amor a Jesús, fueron en peregrinación hasta Jerusalén; sus padres se confesaban y comulgaban todos los viernes, y como eran de la familia de los gobernantes de Suecia y tenían muchas posesiones, empleaban sus riquezas en construir iglesias y conventos y en ayudar a cuanto pobre encontraban. Su padre era gobernador de la principal provincia de Suecia. Su madre le leía, las vidas de los santos, vidas que Santa Brígida escuchaba con mucho gusto.
         Se caracterizó, entre otras cosas, por sus visiones místicas. A los seis años se le aparece la Virgen por primera vez, invitándola a llevar una vida de santidad. A partir de entonces, las visiones y apariciones celestiales serán frecuentes; tanto, que llegó a pensar que podían tratarse de alucinaciones o imaginaciones suyas. Pero una consulta con uno de los sacerdotes más santos de la época en Suecia le despejó las dudas y le dijo que podía seguir creyendo en esto, pues se trataba de verdaderos dones del cielo.
         A los trece años, un episodio sobrenatural orientó su vida hacia la Pasión del Señor: escuchó con mucha avidez un sermón sobre la Pasión del Señor predicada por un misionero; desde entonces, su meditación preferida era acerca de Jesús crucificado.
         Fue estando en oración frente a Jesús crucificado que tuvo también una significativa experiencia mística. Rezando frente a un crucifijo caracterizado por la sangre que podía verse brotando con abundancia de sus llagas, Santa Brígida le preguntó a Jesús: “¿Quién te puso así?” y oyó que Cristo le decía: “Los que desprecian mi amor. Los que no le dan importancia al amor que Yo les he tenido”. Desde ese momento se propuso hacer que todos los que trataran con ella amaran más a Jesucristo y su Pasión.
         Por decisión de su padre, se casó con el hijo de otro gobernante, llamado Ulf, con el cual tuvo un feliz matrimonio que duró unos veintiocho años. Tuvieron ocho hijos, cuatro varones y cuatro mujeres, todos santos, menos uno, que con su vida disipada le provocó un gran dolor en su corazón. Sin embargo, en premio a las lágrimas y dolores y oraciones de Santa Brígida por su hijo rebelde, Dios le concedió la gracia de que su hijo, antes de morir en una batalla, se arrepintiera de su mala vida pasada, se confesara y así consiguiera el perdón de sus pecados. La Santa tuvo una experiencia mística que le confirmó que su hijo había muerto arrepentido de sus pecados.
         Santa Brígida peregrinó con su esposo Ulf a Santiago de Compostela; en el camino, su esposo enfermó gravemente. Brígida oró por él y se le apareció San Dionisio en sueños quien le dijo que su esposo sanaría, con tal de que se dedicara a una vida santa. Así lo hizo Ulf, quien luego de curado, entró como religioso cisterciense, muriendo años después santamente en el convento.
         Al pertenecer a la nobleza, Santa Brígida era una de las principales damas que colaboraban con el rey y la reina de Suecia. Allí la santa pudo observar cómo se derrochaba gran cantidad de dinero en gustos lujosos y comidas exóticas, mientras los súbditos pasaban hambre. Sus llamados de atención a los reyes no tuvieron éxito. Fue entonces cuando tuvo una visión en la que oyó que Jesús crucificado le decía: “Yo en la vida sufrí pobreza, y tú tienes demasiados lujos y comodidades”. Fue desde ese entonces que Santa Brígida dejó de lado los elegantes vestidos que usaba en la corte, para empezar a vestir pobremente. También desde entonces, dejó de dormir en cómodas camas, para hacer penitencia durmiendo sobre duras tablas. Además, repartió sus bienes entre los pobres, quedando ella misma en la pobreza.
         Partió hacia Roma con su hija Santa Catalina de Suecia y allí permaneció durante catorce años, dedicándose a la oración y hacer obras de misericordia, sobre todo la visita y ayuda de enfermos. Además, se dedicó a peregrinar a los santuarios. También escribió sus visiones, las cuales están contenidas en ocho tomos, incluidas las revelaciones recibidas en Tierra Santa, adonde había ido en peregrinación, acerca de la Pasión del Señor. Desde Roma escribió a muchas autoridades civiles y eclesiásticas y al mismo Sumo Pontífice (que en ese tiempo vivía en Avignon, Francia) corrigiendo muchos errores y repartiendo consejos sumamente provechosos.
         Cuando regresó de su última peregrinación, la de Tierra Santa, comenzó a sentirse enferma y débil, muriendo en Roma el 23 de julio de 1373, a la edad de 70 años con fama de santidad.

         Mensaje de santidad.

         A pesar de sus visiones y éxtasis místicos, que como hemos visto los tuvo desde muy corta edad, la santidad de Santa Brígida se basó en la meditación de la Pasión del Señor y en el deseo de participar vivamente de la misma, principalmente mediante obras de misericordia. Además, conformó su vida a la vida del Señor, abandonando la vida de lujos que se vivía en la corte, viviendo pobremente y repartiendo todos sus bienes entre los pobres. Santa Brígida de Suecia nos deja este mensaje de santidad: lo más importante de esta vida terrena, o más bien, lo único importante, es meditar en la Pasión del Señor y luego configurar la propia vida a su misterio pascual de muerte y resurrección, participando de este misterio con todo el ser y con todos los actos de la vida.
        



[1] https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Br%C3%ADgida_7_23.htm

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