San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 5 de julio de 2012

Santa Brígida y el Sagrado Corazón



         Mucho antes de que se apareciera a Santa Margarita para pedirle que su solemnidad se celebrara en toda la Iglesia, el Sagrado Corazón se le apareció a Santa Brígida de Suecia y, al igual que con Santa Margarita, los destinatarios principales de sus amargas quejas no eran los paganos, sino los cristianos católicos, los bautizados en la Iglesia Católica.
         Debido a la náusea y al disgusto que los católicos tibios le producen, en una ocasión Jesucristo amenaza con abandonar a los malos cristianos y llamar en su lugar a los gentiles[1].
Dice así el Sagrado Corazón a Santa Brígida: “Yo soy como el escultor, dice Jesucristo a la Santa, que de la arcilla hace una hermosa imagen, para dorarla con lucimiento. Después de algún tiempo, examinando el escultor la imagen, la vió húmeda y como desfigurada con el agua; perdida todo su hermosura, la boca había quedado como la de un perro, las orejas colgando, arrancados los ojos, y hundidas las mejillas y la frente. Entonces dijo el artista: No eres digna de que te cubra con mi oro, Y tomándola, la destrozó, e hizo otra digna de ser cubierta con él.
Yo soy el Divino escultor, que de tierra hice al hombre, para realzarlo con el oro de mi divinidad. Mas ahora el amor del placer y de la codicia lo han afeado de tal manera, que es indigno de mi oro; porque la boca, que fue creada para mi alabanza, no habla más que de lo que le agrada y es perjudicial al prójimo; sus oídos no oyen sino cosas de la tierra; sus ojos no ven sino lo deleitable; de su frente ha desaparecido la humildad, y se halla erguida con la soberbia.
Por consiguiente, escogeré para mí los pobres, esto es, los paganos menospreciados, a quienes diré: Entrad a descansar en el brazo de mi amor. Pero a vosotros que deberíais ser míos y lo menospreciasteis, vivid ahora según vuestra voluntad, y cuando llegare mi tiempo, que es el del juicio, os diré: Se os darán tantos tormentos, cuanto fue vuestro amor en querer el placer más que a vuestro Dios. Este, pues, vino a mí como el cachorro que presenta su cabeza y cuello para que le pongan el collar, y se tiene por un siervo; por tanto se le han perdonado sus culpas”.

Cuando se piensa que son cristianos la inmensa mayoría de los que domingo a domingo llenan paseos comerciales, estadios de fútbol, salas de cine, de espectáculos; cuando se piensa que son jóvenes cristianos los que los fines de semana se embriagan en bailes con músicas indecentes; cuando se piensa que son cristianos católicos los que consumen programas televisivos y de Internet inmorales e indecentes; cuando se piensa que son cristianos católicos los que protagonizan delitos de todo tipo todos los días, se puede comprobar cuánta razón tiene el Sagrado Corazón.


[1] Cfr. Visiones y revelaciones, Capítulo 25.

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