En nuestros días, cuando se habla de Don Bosco, se tiende a
presentarlo como un sacerdote que se preocupaba mucho por el aspecto social,
puesto que creó su famoso “Oratorio de Don Bosco”, por ejemplo, al que acudían
cientos de niños y jóvenes de la calle para tener un alimento que llevarse a la
boca al menos una vez al día. También fue un gran educador y de hecho sus
enseñanzas en materia de educación siguen aplicándose a lo largo del mundo
entero, con gran éxito. Sin embargo, también en nuestros días, al hablar de Don
Bosco, se suele dejar de lado, exprofeso, un aspecto esencial de su vida de
santidad como sacerdote y es lo que se conoce como “Los sueños de Don Bosco
sobre el Infierno”. En efecto, es de sobras conocido que Don Bosco tuvo innumerables
sueños acerca del Infierno, todos los cuales quedaron plasmados en sus obras. Ahora
bien, si se habla de Don Bosco, pero se dejan de lado sus sueños del Infierno,
se está dejando de lado un aspecto sumamente importante de sus enseñanzas y de
su vida de santidad y esto a tal punto que no puede llamarse verdadero “discípulo
de Don Bosco” quien niegue, desconozca o deje de lado, por el motivo que sea, a
sus “sueños del Infierno”. Es por eso que, en el día en el que lo conmemoramos,
dejamos a disposición del lector varios vídeos en los que se relatan, con
gráficos, los sueños de Don Bosco en el Infierno. Una última aclaración, vale
la pena decirlo, es que estos “sueños” no fueron, a nuestro entender, “sueños”,
sino verdaderas experiencias místicas manifestadas a través de sueños. He aquí
los vídeos con los sueños de Don Bosco en el Infierno:
Bienaventurados habitantes del cielo, Ángeles y Santos, vosotros que os alegráis en la contemplación y adoración de la Santísima Trinidad, interceded por nosotros, para que algún día seamos capaces de compartir vuestra infinita alegría.
San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
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"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
viernes, 31 de enero de 2020
martes, 28 de enero de 2020
Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre
Según afirma
Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es
capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el
mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas
por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre
puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su
cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos
entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal
punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia
a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual
subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el
hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la
esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para
Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así:
en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que
tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado
también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de
ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación
a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de
describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de
términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo,
porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología
tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por
lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es
verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para
llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
En la
orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes
afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto
de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y
lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e
intrascendente horizonte de la pura humanidad.
Si seguimos
el camino tomista, seremos capaces de
Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos
quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de
ellos.
Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre
Según afirma
Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es
capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el
mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas
por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre
puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su
cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos
entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal
punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia
a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual
subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el
hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la
esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para
Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así:
en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que
tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado
también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de
ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación
a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de
describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de
términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo,
porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología
tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por
lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es
verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para
llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
En la
orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes
afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto
de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y
lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e
intrascendente horizonte de la pura humanidad.
Si seguimos
el camino tomista, seremos capaces de
Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos
quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de
ellos.
Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre
Según afirma
Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es
capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el
mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas
por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre
puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su
cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos
entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal
punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia
a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual
subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el
hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la
esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para
Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así:
en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que
tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado
también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de
ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación
a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de
describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de
términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo,
porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología
tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por
lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es
verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para
llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
En la
orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes
afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto
de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y
lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e
intrascendente horizonte de la pura humanidad.
Si seguimos
el camino tomista, seremos capaces de
Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos
quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de
ellos.
Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre
Según afirma
Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es
capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el
mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas
por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre
puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su
cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos
entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal
punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia
a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual
subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el
hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la
esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para
Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así:
en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que
tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado
también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de
ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación
a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de
describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de
términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo,
porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología
tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por
lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es
verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para
llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
En la
orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes
afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto
de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y
lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e
intrascendente horizonte de la pura humanidad.
Si seguimos
el camino tomista, seremos capaces de
Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos
quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de
ellos.
Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre
Según afirma
Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es
capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el
mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas
por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre
puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su
cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos
entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal
punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia
a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual
subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el
hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la
esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para
Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así:
en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que
tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado
también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de
ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación
a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de
describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de
términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo,
porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología
tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por
lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es
verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para
llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
En la
orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes
afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto
de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y
lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e
intrascendente horizonte de la pura humanidad.
Si seguimos
el camino tomista, seremos capaces de
Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos
quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de
ellos.
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