San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 14 de mayo de 2014

San Isidro Labrador, indocto en ciencias humanas, Doctor en Ciencias Sagradas


San Isidro Labrador era un campesino inculto en ciencias humanas, pero Doctorado en sabiduría divina y por lo tanto, un ejemplo luminoso para el siglo XXI, en el que los avances científicos y tecnológicos han oscurecido la mente del hombre, impidiéndole contemplar la maravillosa luz que emanan los rayos del Sol de justicia, Jesucristo.
San Isidro Labrador consideraba al día Domingo como lo que es: la participación al Domingo de Resurrección y por lo tanto creía firmemente en el Domingo como en el Día del Señor; creía en el Domingo como el Día más importante de la semana, pero no porque estuviera puesto allí para descansar del trabajo de la semana, como se piensa en nuestros tiempos, sino porque creía que el Domingo estaba iluminado por el resplandor de la luz eterna proveniente del sepulcro el Domingo de Resurrección y que surgió del Cuerpo hasta entonces muerto de Jesús, volviéndolo a la vida y concediéndole la gloria y la luz divina que poseía desde la eternidad. Y es por eso que San Isidro Labrador todos los Domingos rezaba un buen rato antes de Misa, luego escuchaba la Santa Misa, luego visitaba enfermos y a la tarde paseaba con su esposa y con su hijo. Pero también asistía todos los días a la Santa Misa, porque estaba convencido que la Santa Misa era la renovación incruenta del Santo Sacrificio de la Cruz y tanta era su devoción, que muchos compañeros, por envidia, lo acusaron de “ausentismo laboral”, de modo que su empleador, el señor Vargas, fue a comprobar si era verdad que San Isidro llegaba tarde al trabajo por asistir a Misa, y comprobó que sí era cierto que San Isidro llegaba una hora tarde por escuchar Misa, pero también pudo comprobar, con sus propios ojos, que un misterioso personaje, que resultó ser su ángel de la guarda, guiaba al buey de San Isidro Labrador, haciendo el trabajo que le correspondía a San Isidro, mientras el santo estaba en Misa[1].
San Isidro se caracterizó también por su gran caridad, porque lo que ganaba como jornalero, lo distribuía en tres partes: una para el templo, una para los pobres, otra para su familia. Tenía gran caridad para con los pobres, dándole de comer de su propia comida. En vida y después de muerto, obró muchos milagros, entre ellos, la curación milagrosa del rey Felipe III, milagro que le valió su canonización.
Pero es sobre todo su gran aprecio por la Santa Misa, la obra más grandiosa de la Santísima Trinidad, la renovación incruenta del Santo Sacrificio de la Cruz, lo que hace de San Isidro Labrador, indocto en ciencias humanas, un Doctor en Ciencias Sagradas y un luminoso ejemplo para todo aquel que quiera llegar al cielo.




[1] http://www.ewtn.com/spanish/saints/Isidro_labrador5_15.htm

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