San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 20 de abril de 2012

San Expedito y la verdadera causa urgente



            San Expedito es llamado "el santo de las causas urgentes", porque cuando recibió la gracia de la conversión, no dudó ni un instante en dejarlo todo con tal de seguir a Cristo.
            A partir de ese momento, con la luz recibida, pudo discernir, con toda claridad, qué cosas eran pecado, y qué cosas no lo eran; pudo discernir y decidió apartarse de lo malo, del pecado, antes que apartarse de Cristo, porque se daba cuenta de que no se puede ser pecador y cristiano al mismo, que no se puede seguir viviendo según el "hombre viejo", del cual habla San Pablo, y ser cristiano; pudo discernir para darse cuenta de que es incompatible ser cristiano y vivir como pagano, y decidió en consecuencia, dejar atrás definitivamente la vida de pecado y seguir el camino de la Cruz, el único camino que conduce a la feliz eternidad.
            Esta elección le valió la vida eterna, porque tuvo recibió tanta luz y tanta fuerza de la Cruz de Jesús, que pudo dejar atrás, definitiva e inmediatamente, su anterior vida mundana, para vivir la vida de la gracia.
            Entre el pecado y la vida de la gracia, San Expedito eligió la vida de la gracia.
            Y este es precisamente el mensaje de santidad de San Expedito, su elección por Jesucristo y la gracia, porque también para el cristiano se presenta, a cada instante, la misma posibilidad de elegir, entre el pecado y la gracia.
            Por ejemplo, el día Domingo, cada cristiano puede elegir, entre acudir al templo, a recibir a su Dios en la Eucaristía, para alimentarse de su Amor, de su luz y de su vida, y así ser feliz, o bien dejar de lado a Dios, por un partido de fútbol, por un paseo, por una diversión, que llenan el alma de vacío.
            Cada cristiano puede elegir entre encender el televisor, o conectarse a internet, para ver un programa indecente, o distractivo, o en cambio apagarlo, para dedicarse a la lectura de la Palabra de Dios, al rezo del Rosario, a la oración, a la meditación.
            Cada cristiano tiene la posibilidad de elegir entre perdonar a su enemigo en nombre de Cristo, o seguir el camino del rencor, del enojo y de la venganza.
            Cada cristiano puede elegir entre pedir perdón, si es que ofendió a alguien, o continuar siendo soberbio y orgulloso, sin humillarse, como Cristo lo hizo por él en la Pasión.
            La devoción a San Expedito tiene que llevarnos, entonces, a imitarlo en su amor a la gracia y al rechazo del pecado.
            

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