San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

lunes, 19 de marzo de 2012

San José Padre virgen y nutricio de Jesús



         En este mundo moderno, en donde el papel del varón como padre y como creyente se ha desvalorizado, hasta casi desaparecer, San José es ejemplo tanto de uno como de otro, y el motivo es que la familia ha sido atacada en sus cimientos, al haber aparecido y legitimado decenas de “modelos familiares alternativos” al clásico de papá-varón, mamá-mujer, hijos del mismo matrimonio. Hoy se legitima cualquier tipo de combinación, y a todo se le llama “familia”, y en estas “familias” desnaturalizadas, inventadas por el hombre, es el varón el que más pierde.
         Para el mundo de hoy, el varón ya no es el padre y el jefe de la familia, y tampoco su cabeza, puesto que su lugar está reemplazado ya sea por la mujer o, en el caso de homomonio, por otro hombre. El varón ha perdido el rol de ser, como esposo, cabeza de la mujer, como consecuencia de la multiplicidad de “familias alternativas”.
         También ha perdido su condición de ser quien, en la familia, diera ejemplo de fe, de piedad, de amor a Dios, inculcando a sus hijos la fe, e incluso, hasta a su misma esposa, construyendo con ella esa “iglesia doméstica” que es la familia tradicional.
         San José es ejemplo tanto de padre-varón como de padre-creyente. De padre-varón, porque si bien no es el padre biológico de Jesús, ya que es padre-virgen, sí es padre nutricio, adoptivo, de Jesús, y si bien Jesús es por este motivo su hijo adoptivo, es al mismo tiempo su Creador, su Dios, porque Jesús es Dios Hijo encarnado. San José educa y cría con verdadero amor paterno a quien es su hijo adoptivo, pero que es al mismo tiempo su Dios, y por eso es ejemplo tanto de padre como de creyente. San José protege y cuida toda la niñez y la adolescencia de su Hijo Jesús, enseñándole el oficio de carpintero, enseñándole a trabajar la madera, preparándolo para su sacrificio, ya de adulto, en el madero de la Cruz. San José recibe, en la tierra, de parte de Dios Padre, el encargo de ser padre de Jesús, y es Dios Padre en Persona quien le confía esta tarea, que no podía ser confiada a cualquiera, y esto es debido a que San José es modelo para todo padre.
         También es ejemplo de esposo, porque si bien era sólo legalmente esposo de María Virgen, y con Ella sólo tuvo un trato fraterno, de hermanos, y jamás como de verdaderos esposos, se comportó con María Virgen como un verdadero esposo, cuidando de Ella y de su Hijo con todo su amor y poniendo a disposición de ellos toda su vida, todos sus esfuerzos, para que tuvieran un lugar donde vivir y pudieran alimentarse sin pasar hambre. San José es elegido por Dios Espíritu Santo, Esposo de María Santísima, para que en la tierra cuidara a su Esposa, María Virgen, y San José cumple este encargo a la perfección, por su castidad y pureza, y esto no lo podía encargar el Espíritu Santo a cualquier hombre, por lo que San José es ejemplo de todo esposo.
         Finalmente, San José es elegido por Dios Hijo, para que reemplace en la tierra a Dios Padre, haciendo su mismo papel, y Dios Hijo confía en San José y no en cualquier otro varón, debido a que San José es padre excelente porque fue a su vez hijo excelente.
         San José es, por todo esto, ejemplo insuperable para todo padre y para todo esposo, y para todo creyente, en estos tiempos tan confusos, en donde a lo bueno se le llama malo y a lo malo bueno, y en donde el varón, padre y esposo, es menospreciado.

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