San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

martes, 4 de octubre de 2011

Santas Marta y María



Jesús va a casa de sus amigos Marta, María y Lázaro, y sucede que mientras Marta “se multiplicaba para dar abasto con el servicio”, María, “sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra” (cfr. Lc 10, 38-42).

¿Qué significa este episodio con las hermanas? No quiere decir lo que parece a simple vista, que Marta es más hacendosa que María, y que María es desconsiderada con su hermana, porque la deja sola con las tareas de la casa.

El ingreso de Jesús a una casa real, material, representa el ingreso al alma, porque es la Iglesia misma la que aplica la analogía, al tomar para sí las palabras del centurión, antes del momento de la comunión: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa” (Mt 8, 5-11), le dice el centurión, y la Iglesia lo aplica para el que está por comulgar.

También en el Apocalipsis el alma se equipara con una casa, a la que Jesús golpea a su puerta para entrar: “Estoy a la puerta (de la casa); si alguno me oye y abre, entraré y cenaré con él y él conmigo” (3, 20).

El ingreso de Jesús a la casa de las hermanas Marta y María representa entonces el ingreso de Jesús al alma en el momento de la comunión.

Por lo tanto, las dos hermanas, bien pueden representar a dos estados del alma, frente a la Presencia de Jesús en ella. Así, Marta representaría al alma que, luego de comulgar, en vez de atender a su ilustre invitado, Jesús, se pone a pensar en los interminables asuntos del quehacer cotidiano, perdiéndose en estos, mientras deja a Jesús olvidado en algún rincón de la casa.

María, por el contrario, representaría al alma que, cuando Jesús ingresa en ella por la comunión, atraída por la majestuosidad de su Ser divino y de su Presencia, se postra en adoración y lo contempla y lo adora, sin hacer otra cosa.

Es en este contexto, es decir, en el ámbito de la comunión sacramental, que se entiende la respuesta de Jesús: “María ha escogido la mejor parte, y no le será quitada”, ante el reclamo de Marta: “Dile a mi hermana que no me deje sola con el servicio”.

En otro contexto, en el de la vida cotidiana -con toda justicia-, se puede dar la razón a Marta.

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