San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

sábado, 7 de octubre de 2023

San Bruno

 


Cuando morimos, nuestra alma va inmediatamente ante la Presencia de Dios, para recibir el juicio particular, en donde se decide el destino eterno: cielo o infierno, según las obras realizadas en esta vida (Compendio de la Iglesia Católica, 208). Ésta es la única verdad acerca del más allá, y no las cosas que se dicen en la actualidad, tanto en los ambientes de la Nueva Era como en ambientes antiguamente cristianos y hoy convertidos en neo-paganos. No hay, como es frecuente escuchar, un pasaje "automático" de esta vida a la otra; tampoco es verdad que toda alma que muere, inmediatamente va al cielo; tampoco es verdad que el alma se disuelve en la nada; tampoco es verdad que empieza a "migrar" por distintos cuerpos hasta que se purifica de su "karma"; tampoco es verdad que no existe Dios, y que por lo tanto no hay retribución por las obras, tanto por las buenas como por las malas obras.
Dios existe, y espera al final de la vida, para dar a cada uno según sus obras, según la Revelación: "Dios premia a los buenos y castiga a los malos" (cfr. Mc 9, 41), de manera tal que se puede decir que quien se salva, se salva libremente por sus buenas obras, movido por la gracia, y quien se condena, se condena libremente, porque libremente rechazó la gracia santificante y eligió hacer las obras del demonio, las obras de la oscuridad.
Como prueba de la existencia del juicio particular, en donde Dios se manifiesta al alma como Dios infinitamente Justo, que da a cada uno lo que cada uno eligió -el bien o el mal- con sus obras, está el hecho histórico en el que San Bruno, fundador de la Cartuja, recibió la gracia fundacional.
El ejemplo no debe llevarnos a un vano temor, sino al aumento del Amor de Dios y, en consecuencia, a un aumento de obras buenas, realizadas por su Amor.
Recordemos y tengamos siempre presente este episodio, para pedir la gracia de la perseverancia final en la fe y en las buenas obras.

Historia real acerca de un ilustre profesor de la Universidad de la Sorbona, condenado en el infierno. El doctor Raymond Diocrés. En la vida de San Bruno, fundador de los Cartujos, se encuentra un hecho estudiado muy a fondo por los doctísimos Bolandistas, y que presenta a la crítica más formal todos los caracteres históricos de la autenticidad; un hecho acaecido en París en pleno día, en presencia de muchos millares de testigos, cuyos detalles han sido recogidos por sus contemporáneos, y que ha dado origen a una gran Orden religiosa. Acababa de fallecer un célebre doctor de la Universidad de París llamado Raymond Diocrés, dejando universal admiración entre todos sus alumnos. Era el año 1082. Uno de los más sabios doctores de aquel tiempo, conocido en toda Europa por su ciencia, su talento y sus virtudes, llamado Bruno, hallábase entonces en París con cuatro compañeros, y se hizo un deber asistir a las exequias del ilustre difunto. Se había depositado el cuerpo en la catedral de Nuestra Señora. El cuerpo estaba expuesto en el centro de la nave central y una inmensa multitud de fieles, alumnos y profesores rodeaba respetuosamente la cama, en la que, según costumbre de aquella época, estaba expuesto el difunto cubierto con un simple velo. En el momento en que se leía una de las lecciones del Oficio de difuntos, que empieza así:

"Respóndeme. ¡Cuán grandes y numerosas son tus iniquidades!" (Cuarta lectura de Maitines del Oficio de difuntos: Job, 13, 22-28). Entonces sale de debajo del fúnebre velo mortuorio una voz sepulcral, y todos los concurrentes oyen estas palabras: "Por justo juicio de Dios he sido acusado".

Acuden precipitadamente, levantan el paño mortuorio: el pobre difunto estaba allí inmóvil, helado, completamente muerto. Continuóse luego la ceremonia por un momento interrumpida, hallándose aterrorizados y llenos de temor todos los concurrentes. Se vuelve a empezar el Oficio, se llega a la referida lección: "Respóndeme", y esta vez a la vista de todo el mundo levántase el muerto, y con robusta y acentuada voz dice: "Por justo juicio de Dios he sido juzgado".

Y vuelve a caer. El terror del auditorio llega a su colmo: dos médicos certifican de nuevo la muerte; el cadáver estaba frío, rígido; no se tuvo valor para continuar, y se aplazó el Oficio para el día siguiente. Las autoridades eclesiásticas no sabían qué resolver. Unos decían: "Es un condenado; es indigno de las oraciones de la Iglesia". Decían otros: "No, todo esto es sin duda espantoso; pero al fin, ¿no seremos todos acusados primero y después juzgados por justo juicio de Dios?" El Obispo fue de este parecer, y al siguiente día, a la misma hora, volvió a empezar la fúnebre ceremonia, hallándose presentes, como en la víspera, Bruno y sus compañeros. Toda la Universidad, todo París había acudido a la iglesia de Nuestra Señora. Vuelve, pues, a empezar el Oficio. A la misma lección: "Respóndeme", el cuerpo del doctor Raymond se levanta de su asiento, y con un acento indescriptible que hiela de espanto a todos los concurrentes, exclama:

"Por justo juicio de Dios he sido condenado para siempre", y volvió a caer inmóvil. Esta vez no quedaba duda alguna: el terrible prodigio, justificado hasta la evidencia, no admitía réplica. Por orden del Obispo y del Cabildo, previa sesión, se despojó al cadáver de las insignias de sus dignidades, y fue llevado al muladar del Montfaucon. (Muladar: sitio donde se vacía el estiércol o basura). Al salir de la Iglesia, Bruno, que contaría entonces cerca de cuarenta y cinco años de edad, se decidió irrevocablemente a dejar el mundo, y se fue con sus compañeros a buscar en las soledades de la Gran Cartuja, cerca de Grenoble, un retiro donde pudiese asegurar su salvación, y prepararse así despacio para los justos juicios de Dios.Verdaderamente, he aquí un condenado que "volvía del infierno" no para salir de él, sino para dar un irrecusable testimonio.

Santa Faustina Kowalska

 



         Vida de santidad[1].

     Llamada “el Apóstol de la Divina Misericordia”, Sor Faustina nació en el año 1905 en la aldea de Glogowiec, cerca de Lodz, como la tercera de diez hermanos en la familia de Kowalski. Desde pequeña se destacó por el amor a la oración, laboriosidad, obediencia y sensibilidad ante la pobreza humana. Su educación escolar duró apenas tres años. Al cumplir 16 años abandonó la casa familiar para trabajar de empleada doméstica en casas de familias acomodadas. A los 20 años entró en la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia, donde ­ como Sor María Faustina ­ vivió 13 años cumpliendo los deberes de cocinera, jardinera y portera. Su vida, aparentemente ordinaria, monótona y gris, se caracterizó por la extraordinaria profundidad de su unión con Dios. Desde niña había deseado ser una gran santa y, en consecuencia, caminó hacia este fin colaborando con Jesús en la obra de salvar a las almas perdidas, hasta ofrecerse como sacrificio por los pecadores. Los años de su vida conventual estuvieron marcados, pues, por el estigma del sufrimiento y las extraordinarias gracias místicas. Sor María Faustina manifestó su misión en el Diario que escribió por mandato del Señor Jesús y de los confesores. Registró en él con fidelidad todo lo que Jesús le pidió y describió todos los encuentros de su alma con Él. “Secretaria de mi más profundo misterio” -dijo el Señor Jesús a sor María Faustina- “tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre mi misericordia para el provecho de aquellos que, leyendo estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a Mí”[2]. Fue beatificada por San Juan Pablo II el 18 de abril de 1993 y fue canonizada el 30 de abril de 2000 también por San Juan Pablo II.

Mensaje de santidad.

Podemos decir que el mensaje de santidad de Santa Faustina comprende varias tareas: una tarea es la de proclamar al mundo la verdad revelada en la Sagrada Escritura sobre el Amor Misericordioso de Dios a cada persona, manifestada en el Sacramento de la Penitencia, ya que allí Dios perdona cualquier pecado, por grande que sea, con tal de que éste sea confesado con verdadero arrepentimiento.

Fue llevada al Infierno, para que diera testimonio de su existencia y para avisar al mundo que no está vacío, sino ocupado por demonios y por almas de condenadas, de seres humanos que en la vida terrena no creyeron en la existencia del Infierno y al mismo tiempo despreciaron a la Divina Misericordia, que los alentaba a convertirse de sus malas vidas y a encaminarse por la vía de la gracia, el Camino de la Cruz.

Otra tarea es alcanzar la misericordia de Dios para el mundo entero, según un modo específico deseado por el mismo Jesús en Persona, como la imagen de la Divina Misericordia con la inscripción: “Jesús, en ti confío”; además de la imagen, propagar la fiesta de la Divina Misericordia para toda la Iglesia Universal, el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; el rezo de la coronilla a la Divina Misericordia y la oración a la hora de la Misericordia (a las tres de la tarde), como forma de implorar la Divina Misericordia para el mundo entero y en especial para los más pecadores, para los más necesitados de la Misericordia de Dios. A estas formas de la devoción y a la propagación del culto a la Divina Misericordia el Señor Jesús vinculó grandes promesas bajo la condición de confiar en Dios y practicar el amor activo hacia el prójimo.

Una de las tareas más importante de Santa Faustina es la de “preparar al mundo para la Segunda Venida” de Nuestro Señor Jesucristo, tal como Él mismo se lo dice: “Prepararás al mundo para mi Segunda Venida”. También es su deber anunciar que la humanidad, que se aleja cada vez más de Dios, no encontrará la paz, hasta que no se vuelva con confianza a la Divina Misericordia. De nada valdrán los acuerdos realizados entre los hombres, para detener las guerras que precederán a su Segunda Venida, si estos esfuerzos no están centrados en la Divina Misericordia y es esto lo que Jesús le dice: “La humanidad no encontrará la paz hasta que no se vuelva con confianza a mi Divina Misericordia”.

Por último, al recordarla en su día, si no podemos alcanzar su grado de heroicidad en las virtudes, como lo hizo Santa Faustina, al menos nos empeñemos en vivir como ella vivió además de anunciar con nuestras vidas, que ningún hombre encontrará la paz si no la recibe de parte de Jesús Misericordioso y que la Segunda Venida de Cristo está cerca.

 

martes, 3 de octubre de 2023

San Francisco de Asís

 



         Vida de santidad[1].

         Nació como hijo de una familia muy adinerada, con lo cual era ya desde pequeño el heredero de una gran fortuna. Sin embargo, llegada a la mayoría de edad, decidió libre y voluntariamente renunciar a su fortuna material, para seguir a Cristo pobre por el Camino de la Cruz, el Via Crucis.

En 1224 se retiró al Monte Alvernia y se construyó ahí una pequeña celda. Es aquí donde sucedió el milagro de los estigmas en el cual quedaron impresas las señales de la pasión de Cristo en el cuerpo de Francisco. El suceso sobrenatural sucedió así: un día se apareció un ángel a Francisco y le dijo: “Vengo a confortarte y avisarte para que te prepares con humildad y paciencia a recibir lo que Dios quiere hacer de ti”. “Estoy preparado para lo que Él quiera”, fue su respuesta[2]. La madrugada del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, antes del amanecer, estaba orando delante de la celda, de cara a Oriente, y pedía al Señor “experimentar el dolor que sentiste a la hora de tu Pasión y, en la medida de los posible, aquel amor sin medida que ardía en tu pecho, cuando te ofreciste para sufrir tanto por nosotros, pecadores”; y también, “que la fuerza dulce y ardiente de tu amor arranque de mi mente todas las cosas, para yo muera por amor a ti, puesto que tú te has dignado morir por amor a mí”. Apenas dicho esto, vio bajar del cielo un serafín con seis alas. Tenía la figura de hombre crucificado; en ese momento, se le formaron en las manos y pies los signos de los clavos, tal como los había sufrido Nuestro Señor en la crucifixión; también en el costado se abrió una llaga sangrante, idéntica a la herida que sufrió Nuestro Señor en el Calvario.

Cuando fray León acudió aquella mañana a prepararle la comida, Francisco no pudo ocultarle lo sucedido. Desde aquel instante, él será su enfermero, encargado de lavarle cada día las heridas y cambiarle las vendas, para amortiguarle el dolor y las hemorragias; excepto el viernes, ya que el Santo no quería que nadie mitigara sus sufrimientos ese día.

         Mensaje de santidad.

         San Francisco de Asís nos deja un mensaje de humildad, pobreza, mansedumbre y seguimiento y configuración con Cristo crucificado. En cuanto a la humildad, San Francisco decidió renunciar a los honores mundanos que le ofrecían los hombres, para vivir una vida oculta a la mundanidad y abierta sólo a los ojos de Dios Padre.

         Nos deja también un mensaje de pobreza, pero no de cualquier pobreza, sino de pobreza evangélica, que es distinta, porque no se trata de solamente renunciar a los bienes terrenos, como efectivamente lo hace San Francisco, sino de participar de la pobreza de la Santa Cruz, allí en donde Cristo Jesús no posee bien material alguno, puesto que los clavos de hierro, la corona de espinas, el madero de la Cruz, todo le ha sido prestado por el Padre para que cumpla su misión de redención de los hombres. Es esta pobreza a la que San Francisco nos conduce con su ejemplo y es la única pobreza que nos conduce al Cielo, porque es la pobreza de la Cruz.

jueves, 28 de septiembre de 2023

San Miguel Arcángel

 



         Junto a San Gabriel y San Rafael, San Miguel Arcángel es uno de los tres grandes Arcángeles nombrados explícitamente en las Sagradas Escrituras. Lo que se debe tener en cuenta, cuando se reflexiona sobre los ángeles, es que estos son personas, personas angélicas, pues están dotadas de inteligencia y voluntad, que es lo que define a una persona. En cuanto a los tipos de personas que hay, debemos decir que hay tres personas: las personas humanas, compuestas de cuerpo material y espíritu inmaterial; los ángeles, como San Miguel Arcángel, quienes son puro espíritu, sin materia y finalmente, las Tres Divinas Personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, Dios Uno y Trino, Creador de las personas angélicas y humanas. En un mundo como el nuestro, volcado hacia el materialismo, que ha quitado del horizonte de su existencia la vida eterna y solo desea gozar y disfrutar sensiblemente del momento presente, los ángeles quedan relegados a una parte de la historia y de la cultura humana, en la que la fantasía de los hombres los retrataba en el arte, pero que en realidad no tienen existencia. Y sin embargo, los ángeles, como San Miguel Arcángel, son seres reales, son personas angélicas, puros espíritus, dotados de inteligencia y voluntad y de ninguna manera son una simple expresión artística surgida de la imaginación humana.

         Los ángeles, creados por Dios, tuvieron un instante, medido en el tiempo angélico, para que con su libertad, que es el otro atributo esencial que caracteriza a la persona, sea humana, angélica o divina, eligiesen amar, adorar y servir a Dios Trinidad, para lo cual habían sido creados, o bien rechazarlo, puesto que Dios los creó con libertad, por amor, para recibir de ellos el amor angélico, pero Dios no fuerza a nadie en su libertad y es así como los ángeles que se eligieron a sí mismos en vez de Dios Trino, fueron expulsados para siempre del Cielo y de la visión beatífica de las Tres Divinas Personas. Los demás ángeles, que eligieron amar, adorar y servir a Dios Trino, bajo las órdenes de San Miguel Arcángel, entablaron una lucha en el Cielo, tal como lo describe la Escritura y luego de esa lucha ya no hubo lugar en el Cielo para ellos, siendo precipitados a la tierra para luego ser sepultados para siempre en el Infierno. El Libro del Apocalipsis[1] dice así: “Hubo un gran combate en los cielos. Miguel y sus ángeles lucharon contra el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya lugar en el Cielo para ellos. Y fue arrojado el Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él”.

         San Miguel Arcángel es quien, ante la Primera Mentira proclamada en el Cielo por parte del Ángel blasfemo Satanás, quien dijo de sí mismo: “¡Yo soy como dios!”, dijo, con voz fuerte y potente: “¿Quién como Dios? ¡Nadie como Dios!” y luego de dicho esto, se dispuso a la batalla en la cual los ángeles rebeldes, con Satanás a la cabeza, fueron expulsados del Cielo para caer en la tierra precipitados como un rayo, tal como lo dice Jesús: “Vi a Satanás caer como un rayo del cielo”. Por esta razón, San Miguel Arcángel es el encargado de frustrar los planes de Satanás o Lucifer, siempre bajo el mando y las órdenes de la Santísima Trinidad. Es también por esta razón que en el arte se lo representa como un ángel con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a Satanás, quien yace vencido a sus pies. También suele ser representado pesando las almas en la balanza puesto que, según la Tradición, será San Miguel Arcángel quien, bajo las órdenes de Nuestro Señor Jesucristo, pesará las almas en el Día del Juicio Final, para dar a cada una lo que cada una se mereció libremente por sus obras libremente realizadas, o el Cielo o el Infierno.

         En nuestros días sucede un fenómeno nunca antes visto en la historia de la humanidad: si hasta hace poco la jugada maestra del Demonio para con los hombres era convencerlos de que no existía, ahora, en cambio, se muestra abiertamente a través de las numerosas sectas, iglesias y templos satánicos que han surgido a lo largo y ancho de todo el mundo y ha convencido, a los hombres sin Dios, que él es su dios y que él les puede conceder lo que le pidan, a cambio de que los hombres les entreguen sus almas.

         Los cristianos no podemos, de ninguna manera, dejarnos engañar por la Serpiente Antigua y no seremos engañados si permanecemos arrodillados frente a la Santa Cruz de Jesús, cubiertos con el Manto celeste y blanco de la Inmaculada Concepción y protegidos por la espada de doble filo de San Miguel Arcángel, a quien debemos pedir que, en nombre de la Trinidad Santísima, nos proteja en todo momento de las acechanzas y perversidades del Demonio.



[1] 12, 7-9.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

San Vicente de Paúl

 



Vida de santidad.[1]

         Nació San Vicente en el pueblecito de Pouy en Francia, en 1580. Su niñez la pasó en el campo, ayudando a sus padres en el pastoreo de las ovejas. Desde muy pequeño era sumamente generoso en ayudar a los pobres.
Los papás lo enviaron a estudiar con los padres franciscanos y luego en la Universidad de Toulouse, y a los 20 años, en 1600 fue ordenado de sacerdote. Dice el santo que al principio de su sacerdocio lo único que le interesaba era hacer una carrera brillante, pero Dios lo purificó con tres sufrimientos muy fuertes. 1º. El Cautiverio. Viajando por el mar, cayó en manos de unos piratas turcos los cuales lo llevaron como esclavo a Túnez donde estuvo los años 1605, 1606 y 1607 en continuos sufrimientos. 2º. Logró huir del cautiverio y llegar a Francia, y allí se hospedó en casa de un amigo, pero a este se le perdieron 400 monedas de plata y le echó la culpa a Vicente y por meses estuvo acusándolo de ladrón ante todos los que encontraba. El santo se callaba y solamente respondía: “Dios sabe que yo no fui el que robó ese dinero”. A los seis meses apareció el verdadero ladrón y se supo toda la verdad. San Vicente al narrar más tarde este caso a sus discípulos les decía: “Es muy provechoso tener paciencia y saber callar y dejar a Dios que tome nuestra defensa”. 3º. La tercera prueba fue una terrible tentación contra la fe, que aceptó para lograr que Dios librara de esa tentación a un amigo suyo. Esto lo hizo sufrir hasta lo indecible y fue para su alma “la noche oscura”. A los 30 años escribe a su madre contándole que amargado por los desengaños humanos piensa pasar el resto de su vida retirado en una humilde ermita. A los pies de un crucifijo, consagra su vida totalmente mediante voto a la caridad para con los necesitados, y es entonces cuando empieza su verdadera historia gloriosa.

Dice el santo: “Me di cuenta de que yo tenía un temperamento bilioso y amargo y me convencí de que con un modo de ser áspero y duro se hace más mal que bien en el trabajo de las almas. Y entonces me propuse pedir a Dios que me cambiara mi modo agrio de comportarme, en un modo amable y bondadoso y me propuse trabajar día tras día por transformar mi carácter áspero en un modo de ser agradable”. San Vicente contaba a sus discípulos: “Tres veces hablé cuando estaba de mal genio y con ira, y las tres veces dije barbaridades”. Por eso cuando le ofendían permanecía siempre callado, en silencio como Jesús en su santísima Pasión. Se propuso leer los escritos del amable San Francisco de Sales y estos le hicieron mucho bien y lo volvieron manso y humilde de corazón. Con este santo fueron muy buenos amigos.
Vicente se hace amigo del ministro de la marina de Francia, y este lo nombra capellán de los marineros y de los prisioneros que trabajan en los barcos, logrando suavizar un poco la penosa condición a la que estaban reducidos los hombres obligados a remar. Un ministro lo nombró capellán de las grandes regiones donde tenía sus haciendas y allí el santo descubrió con horror que los campesinos ignoraban totalmente la religión, que las pocas confesiones que hacía eran sacrílegas porque callaban casi todo y que no tenían quién les instruyera. Se consiguió un grupo de sacerdotes amigos, y empezó a predicar misiones por esos pueblos, consiguiendo un gran éxito evangelizador, ya que las gentes acudían por centenares y miles a escuchar los sermones y se confesaban y enmendaban su vida.

Fue entonces cuando tuvo la inspiración de fundar su Comunidad de Padres Vicentinos, que se dedican a instruir y ayudar a las gentes más necesitadas. El santo fundaba en todas partes a donde llegaba, unos grupos de caridad para ayudar e instruir a las gentes más pobres. Pero se dio cuenta de que para dirigir estas obras necesitaba unas religiosas que le ayudaran. Y habiendo encontrado una mujer especialmente bien dotada de cualidades para estas obras de caridad, Santa Luisa de Marillac, con ella fundó a las hermanas Vicentinas, quienes se dedican a socorrer e instruir a las gentes más pobres y abandonadas, según el espíritu de su fundador.

San Vicente poseía una gran cualidad para lograr que la gente rica le diera limosnas para los pobres. Reunía a las señoras más adineradas de París y les hablaba con tanta convicción acerca de la necesidad de ayudar a quienes estaban en la miseria, que ellas daban cuanto dinero encontraban a la mano. La reina (que se confesaba con él) le dijo un día: “No me queda más dinero para darle”, y el santo le respondió: “¿Y esas joyas que lleva en los dedos y en el cuello y en las orejas?”, y ella le regaló también sus joyas, para los pobres.

Parece casi imposible que un solo hombre haya podido repartir tantas, y tan grandes limosnas, en tantos sitios, y a tan diversas clases de gentes necesitadas, como lo logró San Vicente de Paúl. Había hecho juramento de dedicar toda su vida a los más miserables y lo fue cumpliendo día por día con generosidad heroica. Fundó varios hospitales y asilos para huérfanos, recogía grandes cantidades de dinero y lo llevaba a los que habían quedado en la miseria a causa de la guerra.

También se dio cuenta de que la causa principal del decaimiento de la religión en Francia era que los sacerdotes no estaban bien formados. Él decía que el mayor regalo que Dios puede hacer a un pueblo es dale un sacerdote santo. Por eso empezó a reunir a quienes se preparaban al sacerdocio, para hacerles cursos especiales, y a los que ya eran sacerdotes, los reunía cada martes para darles conferencias acerca de los deberes del sacerdocio. Luego con los religiosos fundados por él, fue organizando seminarios para preparar cuidadosamente a los seminaristas de manera que llegaran a ser sacerdotes santos y fervorosos. Aún ahora los Padres Vicentinos se dedican en muchos países del mundo a preparar en los seminarios a los que se preparan para el sacerdocio.

San Vicente caminaba muy agachadito y un día por la calle no vio a un hombre que venía en dirección contraria y le dio un cabezazo. El otro le dio un terrible bofetón. El santo se arrodilló y le pidió perdón por aquella su falta involuntaria. El agresor averiguó quien era ese sacerdote y al día siguiente por la mañana estuvo en la capilla donde le santo celebraba misa y le pidió perdón llorando, y en adelante fue siempre su gran amigo. Se ganó esta amistad con su humildad y paciencia. Siempre vestía muy pobremente, y cuando le querían tributar honores, exclamaba: “Yo soy un pobre pastorcito de ovejas, que dejé el campo para venirme a la ciudad, pero sigo siendo siempre un campesino simplón y ordinario”.

En sus últimos años su salud estaba muy deteriorada, pero no por eso dejaba de inventar y dirigir nuevas y numerosas obras de caridad. Lo que más le conmovía era que la gente no amaba a Dios. Exclamaba: “No es suficiente que yo ame a Dios. Es necesario hacer que mis prójimos lo amen también”. El 27 de septiembre de 1660 pasó a la eternidad a recibir el premio prometido por Dios a quienes se dedican a amar y hacer el bien a los demás. Tenía 80 años. El Santo Padre León XIII proclamó a este sencillo campesino como Patrono de todas las asociaciones católicas de caridad.

Mensaje de santidad.

Un primer mensaje de santidad que nos deja San Vicente de Paúl es darnos cuenta de que en la Iglesia no debemos buscar el aplauso de los hombres, sino la imitación de Cristo y es por eso que trabajó espiritualmente consigo mismo para conseguir, con ayuda de la gracia, como él mismo lo dice, que su corazón duro y agrio se convirtiera en un corazón manso y humilde como el de Jesús; otro mensaje de santidad es su trabajo para con los pobres, ya que Él recordaba el pasaje de Jesús en el Día del Juicio Final, en donde dirá a los que se salven, porque hicieron obras de misericordia: “Venid, benditos de mi Padre, al cielo, porque tuve hambre y me disteis de comer, sed y me disteis de beber (…) Todo lo que hicisteis con esos pobres prójimos, Conmigo lo hicisteis”, así el santo nos anima a auxiliar a los más necesitados, con las obras de misericordia corporales y espirituales, para auxiliar a Cristo que está misteriosamente presente en los más pobres y necesitados, para así ganar el Cielo.

Otro mensaje de santidad es que el santo no se contentaba con el auxilio material a los pobres, sino que los instruía en la verdadera religión, la religión católica, y para eso forma sacerdotes y religiosas, para que los asistan material y espiritualmente. De esta manera el santo nos enseña cómo debemos despojarnos no solo de los bienes materiales, en auxilio de los pobres, sino de nosotros mismos, para así imitar a los Sagrados Corazones de Jesús y María.

Al recordar a San Vicente de Paúl en su día, le pidamos que interceda por nosotros, para que, siguiendo sus enseñanzas, logremos imitar la mansedumbre del Sagrado Corazón de Jesús y, haciendo obras de misericordia corporales y espirituales, logremos alcanzar el Reino de los cielos.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Las llagas del Padre Pío y el Amor de Dios

 



         Dentro de la inmensidad de dones, virtudes y prodigios que caracterizan la vida del Padre Pío, hay algo que sobresale a primera vista y es la presencia de las Llagas o estigmas, es decir, las heridas en sus manos, en sus pies y en su costado. Podemos preguntarnos qué significado tienen y cuál es la relación de esas llagas con cada uno de nosotros.

         Con relación a su significado, las Llagas del Padre Pío, si bien las llevaba él en su cuerpo, hay que decir que son las mismas Llagas de Cristo. Es decir, esas heridas abiertas y sangrantes que sufrió Nuestro Señor Jesucristo en la cruz, en el Monte Calvario, son las mismas Llagas que llevó el Padre Pío en su vida terrena y aunque él las cubría con un mitón o paño de lana, las heridas, cuando aparecían y por el tiempo que aparecían, ya que había momentos en que desaparecían, no dejaban de sangrar. Algo que hay que tener en cuenta es lo siguiente: si bien nosotros vemos fotos e incluso algunas filmaciones del Padre Pío en donde se lo ve sonriente con sus mitones en las manos, no es que las heridas no le doliesen: le dolían tal y como le dolían a Nuestro Señor Jesucristo en la cruz, pero el Padre Pío, sobreponiéndose al dolor, no dejaba de tener una sonrisa paternal y afectuosa en su rostro, para todo aquel que se le acercaba y de tal manera era así, que podemos decir que la inmensa mayoría no se daba cuenta del dolor que sufría el Padre Pío por llevar consigo las Llagas de Cristo. Otro detalle a tener en cuenta es que las Llagas nunca se infectaban, siempre permanecían abiertas y sangrantes, con sangre fresca y con los bordes de las heridas frescos y abiertos, lo cual indica dos cosas: una, que la ausencia de infección es signo de la pureza, no solo del Padre Pío, sino ante todo de Nuestro Señor Jesucristo, que en cuanto Dios, es la Pureza Increada, es el Cordero Inmaculado, sin mancha alguna de pecado y la Santidad Increada en Sí misma. El hecho de que siempre estuvieran sangrantes, es señal de que Cristo derramó, literalmente, hasta la última gota de su Sangre Preciosísima, para salvarnos de la eterna condenación, para perdonarnos nuestros pecados, para convertirnos en hijos adoptivos de Dios y para sí llevarnos al Cielo, al final de nuestra vida terrena.

         En cuanto a la relación que tienen las Llagas de Cristo, portadas por el Padre Pío en su vida terrena, son una señal visible, tangible, perceptible, del Amor de Dios por todos y cada uno de nosotros. Es decir, si alguno se pusiera a pensar y dijera: “¿Es verdad que me ama Dios, como si yo fuera el único ser humano en la tierra? Y si me ama, ¿cuál es la medida de su Amor por mí?”. Si alguien se hiciera esas preguntas, solo con contemplar las Llagas del Padre Pío, tendría de inmediato las respuestas: Dios nos ama a cada uno de nosotros como si cada uno de nosotros fuera el único habitante de la tierra, de manera que el Amor de Dios por nosotros no tiene límite ni medida, es infinito y eterno, así como es Dios, infinito y eterno; además, la medida del Amor de Dios por cada uno de nosotros, se puede comprobar también en las Llagas del Padre Pío, las Llagas de Cristo, porque lo que lo hace sufrir a Cristo su Calvario y su Pasión, como dice la Sierva de Dios Luisa Piccarretta, es el Amor, su Amor infinito y eterno por nosotros. Uno podría pensar que los flagelos, las trompadas, los golpes de todo tipo son los que hacen sufrir al Señor Jesús y no es así: el verdadero verdugo de Nuestro Señor Jesús es el Amor, porque es el Amor el que lo lleva a sufrir todo tipo de dolores y de amarguras, de penas y de tristezas, con el solo fin de salvarnos.

         Al recordar al Padre Pío en su día, le pidamos que interceda por nosotros, para que no solo nunca nos quejemos de la Cruz, sino que seamos capaces de llevarla con amor, caminando detrás de Jesús por el Camino Real de la Cruz, el Via Crucis, el Único Camino que conduce al Cielo.

martes, 19 de septiembre de 2023

San Expedito y su victoria sobre el demonio por medio de la Santa Cruz

 



         San Expedito era, antes de su conversión a Cristo Jesús, un soldado romano -esa es la razón de la vestimenta con la que se lo representa- y, desde el punto de vista espiritual, era pagano, lo cual significa que no solo no conocía al Verdadero y Único Dios, Cristo Jesús, sino que al mismo tiempo, adoraba a ídolos, a falsos dioses, los cuales son, en el fondo, demonios, tal como lo dice la Sagrada Escritura: “Los ídolos de los paganos son demonios”.

         Ahora bien, llegó un momento en su vida, el momento previsto por Dios desde toda la eternidad, en que San Expedito recibió la gracia santificante, que es la participación en la luz divina que nos hace conocer a la Santísima Trinidad y al Hijo de Dios encarnado para nuestra salvación, Cristo Jesús. Para ello, le concedió un rayo de luz divina dirigido tanto a su intelecto como a su corazón, para que así pudiera responder libremente al llamado a la conversión al Mesías Jesucristo. Pero al mismo tiempo, Dios permitió que el Demonio se le apareciera en forma de cuervo negro, el cual, revoloteando alrededor del santo, le decía: “Cras, cras”, que significa en latín: “Mañana, mañana”. Con esto, el Demonio tentaba a San Expedito sutilmente: no le decía que no se convirtiera, sino que postergara la conversión para “mañana”, que ya habría tiempo de convertirse y mientras tanto, lo tentaba con continuar con su vida de pagano. El Santo, que estaba meditando sobre la Pasión de Jesús y por eso llevaba una Cruz con él, recibiendo la fuerza de lo alto, levantó la Cruz, aplastó la cabeza del cuervo-demonio y dijo: “Hodie!”, que significa: “¡Hoy!”, es decir, “¡Hoy, ahora, ya, en este instante, elijo a Jesucristo como a mi Rey y Señor y desprecio, con la fuerza de la Santa Cruz, las obras del Demonio”. Por esto San Expedito es el “santo de las causas urgentes”, porque no hay nada más urgente que la propia conversión y la de todo prójimo a Nuestro Salvador, Jesús Eucaristía, es decir, la conversión eucarística es la verdadera causa urgente, mientras que cualquier otra cosa puede esperar.

         Ahora bien, a nosotros el Diablo no se nos va a presentar como cuervo, ni tampoco con su apariencia infernal, puesto que moriríamos de terror si llegáramos a verlo, pero sí se nos presenta a través de distintos disfraces, caracterizados todos por su espíritu anticristiano, como por ejemplo, el aborto, la eutanasia, la ideología de género. Esta última es particularmente insidiosa y de ella, de su carácter perverso y pervertidor, nos advierten dos Papas, Benedicto XVI y Francisco. El Papa Benedicto XVI dice así, con respecto a la ideología de género: “La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo. Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual. Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo” [1].

El Papa Francisco, a su vez, no da una definición de la ideología de género, pero sí advierte contra esta, al tiempo que destaca la riqueza de la diferencia entre el hombre y la mujer y su significado en el plan divino de salvación. En su Catequesis del 15 de Abril de 2015, el Papa Francisco sostuvo que “la ideología de género contradice el plan de Dios”[2] y que “las diferencias entre hombre y mujer sirven para la comunión”: “La complementariedad del hombre y la mujer, vértice de la creación divina, está siendo cuestionada por la llamada ideología de género, en nombre de una sociedad más libre y más justa (…) Las diferencias entre hombre y mujer no son para la contraposición o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a “imagen y semejanza” de Dios (…) el sacramento del matrimonio es signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su Esposa, la Iglesia”.

Al recordar a San Expedito en su día, le pidamos que interceda para que Nuestro Señor Jesucristo nos conceda la gracia de la conversión eucarística y al mismo tiempo, ilumine nuestros intelectos para que sepamos reconocer y rechazar a las ideologías anticristianas como el aborto, la eutanasia, la ideología de género.



[1] http://www.conelpapa.com/ideologia/ideologia.htm

[2] El texto completo se encuentra en https://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-catequesis-del-papa-sobre-ideologia-de-genero-en-la-audiencia-general-19416/