Bienaventurados habitantes del cielo, Ángeles y Santos, vosotros que os alegráis en la contemplación y adoración de la Santísima Trinidad, interceded por nosotros, para que algún día seamos capaces de compartir vuestra infinita alegría.
San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
jueves, 19 de septiembre de 2019
San Andrés Kim Tae Gon y compañeros mártires
viernes, 27 de abril de 2018
Santo Toribio de Mogrovejo
miércoles, 13 de diciembre de 2017
La consagración y el martirio de Santa Lucía, modelos de nuestra entrega cotidiana a Cristo
martes, 24 de octubre de 2017
San Antonio María Claret y la eternidad como el motor de su apostolado
martes, 10 de febrero de 2015
Santa Escolástica y el sentido de la vida religiosa
sábado, 20 de septiembre de 2014
San Andrés Kim Taegon y compañeros mártires
lunes, 21 de julio de 2014
María Magdalena y la alegría de la Resurrección
miércoles, 14 de mayo de 2014
San Isidro Labrador, indocto en ciencias humanas, Doctor en Ciencias Sagradas
martes, 23 de julio de 2013
Santa Brígida de Suecia y los enemigos de Jesús
jueves, 19 de enero de 2012
San Expedito y la celeridad de la respuesta a la gracia
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Como San Andrés, todo cristiano está llamado a dejar las cosas del mundo para entrar en la eternidad

En el momento de recibir el llamado de Jesús, San Andrés se encuentra, junto a su hermano Simón, dedicado a sus tareas cotidianas de pescador (cfr. Mt 4, 18-22). El llamado de Jesús a su seguimiento supone para San Andrés –y para todo aquel que es llamado por Jesús, sea al sacerdocio ministerial, sea al sacerdocio bautismal- un cambio radical de vida.
De pescar peces en un mar de agua salada para conseguir el sustento diario, es llamado a pescar almas en el mar de la historia humana, para conseguir su salvación eterna.
Antes del llamado de Jesús, su vida se desarrollaba en los estrechos límites del horizonte humano y sus preocupaciones no iban más allá del trabajo de todos los días, necesario para conseguir el sustento propio y familiar; ahora, luego del llamado, su vida se convierte en una aventura fantástica, que finaliza en la feliz eternidad, en la unión para siempre con las Tres Divinas Personas, y sus preocupaciones humanas, como el sustento diario, pasan a un segundo plano, pues lo que importa es el Pan eucarístico de cada día y la salvación de las almas.
Antes del llamado de Jesús, San Andrés vivía una vida sacrificada, llena de mortificaciones continuas, porque el trabajo como pescador implica la renuncia a la comodidad y el trabajo arduo; luego del llamado, San Andrés, como sacerdote ministerial, como Apóstol, y como seguidor de Cristo, San Andrés es llamado a abrazar la Cruz de Jesús, a vivir en la continua mortificación, y a asociarse a la Pasión y a la muerte martirial de Jesús.
“Ven y sígueme, te haré pescador de hombres”. Todo cristiano, al recibir el Bautismo sacramental, al ser introducido en el Cuerpo Místico de Jesús, está llamado a dejar de lado las ambiciones terrenas y humanas por el deseo de la vida eterna, y a reemplazar el trabajo cotidiano por el trabajo al servicio del Reino de los cielos.
Todo cristiano, sea sacerdote o laico, ha recibido el llamado que recibió San Andrés, y al igual que él, que dejándolo todo siguió a Jesús por el camino de la Cruz, para donar su vida en ella, del mismo modo todo cristiano, sea sacerdote o laico, está llamado a asociarse a Cristo en su Cruz para dejar esta vida con sus asuntos terrenos, para entrar en la feliz eternidad.
martes, 22 de noviembre de 2011
Santa Cecilia mártir

Cecilia logró que su marido respetara su virginidad y se convirtiera al cristianismo.
Las actas del martirio de la santa afirman que pertenecía a una familia patricia de Roma y que fue educada en el cristianismo. Solía llevar un vestido de tela muy áspera bajo la túnica propia de su dignidad, ayunaba varios días por semana y había consagrado a Dios su virginidad. Fue obligada a contraer matrimonio con un joven pagano llamado Valeriano, pero según las mismas actas, el día de la celebración del matrimonio, mientras los músicos tocaban y los invitados se divertían, Cecilia se sentó en un rincón a cantar a Dios en su corazón y a pedirle que la ayudase.
Cuando los jóvenes esposos se retiraron a sus habitaciones, Cecilia, armada de todo su valor, dijo dulcemente a su esposo: “Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí”. Valeriano replicó: “Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides”. Cecilia le dijo: “Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel”. Valeriano accedió, se convirtió y fue bautizado.
Luego Valeriano, junto a su hermano y a otro romano convertido, fueron decapitados por haber dado sepelio a otros mártires, y Cecilia sepultó los cadáveres. Ante esta actitud, Cecilia fue llamada para que también renunciase a la fe y debido a que se negó a hacerlo, fue condenada a morir en la hoguera, pero aunque los soldados estuvieron todo un día atizando el fuego, no le sucedió nada a Cecilia.
Finalmente, el prefecto romano envió a un soldado a decapitarla, el cual descargó tres veces la espada sobre su cuello sin lograr su propósito –es decir, sin lograr decapitarla totalmente- y la dejó tirada en el suelo, agonizando. Cecilia pasó tres días entre la vida y la muerte. Una de sus manos quedó con dos dedos doblados y tres en alto, indicando
Las actas señalan también que, al igual que en su matrimonio, cantó también durante el tormento, por lo cual es patrona de los músicos.
Todo cristiano está llamado a imitar a Santa Cecilia en su vida: como ella, el cristiano está llamado a unirse en místicas nupcias con Dios Uno y Trino; como ella, el cristiano está llamado a dar testimonio de
[1] Cfr. Butler, Vida de los Santos, Vol. IV.








