Todos
sabemos que San Camilo de Lelis, inspirado por Dios, decidió fundar una
comunidad de religiosos cuya tarea principal era el dedicarse por completo a la
asistencia a los enfermos en los hospitales. Sucedió que en el tiempo de San
Camilo, se desataron diversas epidemias, todas muy contagiosas (malaria, tifus,
peste bubónica), las cuales provocaban una gran cantidad de enfermos y muertos.
Al contrario de lo que pasó con la epidemia del Covid-19, tiempo en el que se
obligó a la gente a quedarse en sus casas, San Camilo y sus religiosos, lejos
de quedarse en sus casas religiosas, salieron a las calles, a los puentes, a
las casas en donde familias enteras están enfermas, para asistirlas.
¿Qué
nos enseña San Camilo de Lelis con su orden religiosa?
Por
un lado, el valor salvífico del dolor humano, unido a la cruz de Cristo, porque
los religiosos de San Camilo administraban los sacramentos a los enfermos y así
los ayudaban a salir del pecado y a estar en estado de gracia, listos para ir
al Cielo. Es decir, el dolor humano, cuando se lo espiritualiza y se lo dona a
Jesús por manos de la Virgen, es una fuente de santificación para el enfermo,
para quienes lo rodean y para numerosos prójimos.
Por
otro lado, nos enseña que debemos visitar a los enfermos, porque es una obra de
misericordia que abre las puertas del Cielo y cierra las puertas del Infierno,
como lo relata Jesús. En el Día del Juicio Final, Jesús les dirá a los que
hayan visitado a los enfermos: “Venid, benditos de mi Padre, al Cielo, porque
estuve enfermo y me visitasteis”. En cambio, dirá a los que se condenen:
“Apartaos de Mí, malditos, porque estuve enfermo y no me visitasteis”. Y
también les dirá: “No os conozco”, porque Jesús está misteriosamente presente
en cada enfermo y por eso Jesús conoce a quien va a visitar a un enfermo y en
cambio no conoce a quien no vaya a hacerlo.
Aprendamos
de San Camilo de Lelis estas dos lecciones: la enfermedad no es nunca un
castigo de Dios, sino una bendición, porque nos asemeja y nos hace participar
de la cruz de Jesús y así nos abre las puertas del Cielo y le pidamos al santo
que nos enseñe a asistir a Jesús, misteriosamente Presente en cada enfermo y
así nos ganaremos el Cielo con esta obra de misericordia.

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