San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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viernes, 19 de julio de 2024

San Expedito nos enseña a vencer las tentaciones del Demonio

 




         Como todos sabemos, a San Expedito se le apareció el Demonio bajo la forma de un cuervo negro y lo comenzó a tentar, diciéndole que postergara la conversión para “mañana”, pero San Expedito, alzando la Santa Cruz en alto, dijo en voz alta: “¡Hoy!”, es decir, “¡Hoy me convertiré y no mañana!”.

         En nuestros días, el Demonio también se manifiesta, pero no como cuervo negro, sino bajo la Nueva Era, que tiene a su vez muchas maneras de manifestarse. Algunas de estas son: la numerología, los viajes astrales, las hadas, los duendes, el coaching, la piramidología, las devociones neo-paganas como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte, que es el Demonio en persona; los ángeles de la Nueva Era, llamados Azrael, Uzbel, etc.; las sectas como los umbandas, los espiritistas; el ocultismo, el satanismo, la brujería, la Wicca o brujería moderna; amuletos como la cinta roja para la envidia, el ojo turco, la mano de Fátima, el árbol de la vida; la adivinación; el tarot, los mal llamados “juegos”, porque no son juegos, sino invocaciones de espíritus de muertos o de demonios del infierno, como el Charlie-Charlie, el juego de la copa, el juego del espejo, el tablero ouija, Mary blood o María sangrienta; la antroposofía, la metafísica, la gnosis; las ideologías anticristianas como el comunismo, el socialismo, el marxismo ateo, el ateísmo, el liberalismo; las guerrillas subversivas armadas; el narcotráfico, los atrapasueños, los libros de auto-ayuda o auto-control, que prescinden de los sacramentos, de la gracia, de la Iglesia y de Jesucristo; la masonería; el yoga, el biomagnetismo, la biodecodificación, la bioneuroemoción; las misas negras, el budismo, la magia oriental y asiática; el esoterismo, la cábala judía, sectas falsamente católicas como el Centro Mariano Aurora, muy presentes en internet, vestidos como católicos, pero con lenguaje y mensaje de la Nueva Era, anticristiano; los ovnis, los chamanes, las ciencias ocultas y muchas otras manifestaciones anticristianas y satánicas.

         Frente a todas estas manifestaciones demoníacas, hagamos como San Expedito: levantemos en alto la Santa Cruz de Jesús y pidamos a Nuestro Señor Jesucristo ser iluminados por su gracia y su Verdad, para no caer en las tinieblas del error, de la herejía y de las sectas.


jueves, 18 de abril de 2024

San Expedito y la verdadera causa urgente

 



         San Expedito es considerado como “el santo de las causas urgentes”, es decir, es el santo a quien se acude cuando se está atravesando por una situación delicada -una enfermedad, falta de trabajo, una situación afectiva extrema, etc.- y se necesita una solución “urgente”. Para saber la razón por la que San Expedito recibió este título, es necesario repasar brevemente su vida.

         San Expedito era un legionario romano que, aunque era una buena persona, estaba sin embargo en la oscuridad espiritual porque no conocía a Nuestro Señor Jesucristo. Es decir, San Expedito, antes de ser cristiano, era pagano, lo cual quiere decir que creía en muchos y falsos dioses -que en realidad eran demonios, como dice la Escritura: “Los dioses de los gentiles son demonios”- y además creía en muchas supersticiones, como el uso de amuletos, talismanes y todas esas cosas horribles que utilizan los brujos. Sería el equivalente, en nuestros días de hoy, a alguien que cree en ídolos demoníacos como la Santa Muerte, el Gauchito Gil, la Difunta Correa, entre otros, y como alguien que usara la mano de Fátima, el ojo turco, la cinta roja para la envidia, el árbol de la vida y muchos otros amuletos que lo único que hacen es atraer la presencia del Demonio en la vida de quien los usa. Es decir, San Expedito era prisionero, estaba atrapado por el Demonio, por sus ídolos y por sus amuletos y bajo el mando y el influjo de los hechiceros.

         En un determinado momento de su vida, San Expedito recibió la gracia de la conversión, que es una luz interior, concedida por el Espíritu Santo, para que pudiera conocer a Jesucristo, Quien es el que nos hace libres, como Él lo dice en el Evangelio: “La Verdad os hará libres” y como la Verdad en Sí misma es Él, que es la Sabiduría del Padre, es Jesucristo quien nos hace libres de verdad, liberándonos de la esclavitud del pecado, del error y del Demonio. Por esta razón es que San Expedito aparece en sus imágenes con una cruz blanca en su mano, ya que, al recibir la gracia para conocer a Jesucristo, estaba meditando sobre Jesús crucificado, para saber quién era Jesús. En ese momento, se le apareció del Demonio en persona, pero oculto bajo la imagen de un cuervo negro, porque si se le aparecía tal como es, el Diablo es tan horrible, que la persona puede morir del susto con solo verlo. El Diablo, que es astuto y llamado “Seductor”, comenzó a sobrevolar sobre San Expedito, diciéndole: “Cras, cras”, que en latín significa “mañana” y hacía esto porque lo estaba tentando, no con renunciar a Jesucristo, sino con dejar la conversión “para mañana”. En otras palabras, es como si le dijera: “No te conviertas hoy, déjalo para mañana, por hoy, continúa siendo pagano, continúa adorando mis ídolos, continúa usando mis amuletos; ya mañana tendrás tiempo de convertirte”. El Diablo sabía que, si San Expedito caía en la trampa, cometía un gran error, porque nadie sabe si estará vivo mañana, entonces, si él dejaba la conversión para el día siguiente, exponía su alma a la condenación eterna, al no estar convertido a Jesucristo.

         Pero el santo, recibiendo una fuerza y una luz extraordinaria de la Santa Cruz que sostenía en su mano, exclamó con prontitud y con gran voz: “¡Hodie!”, que en latín significa: “hoy”. Con esto, San Expedito decía lo siguiente: “¡Hoy y no mañana, me convertiré a Jesucristo; hoy y no mañana, dejaré de adorar a los ídolos demoníacos para adorar al Único y Verdadero Dios, Nuestro Señor Jesucristo; hoy y no mañana, dejaré de usar los amuletos y talismanes de los brujos y hechiceros, para usar imágenes de la Virgen el Santo Crucifijo; hoy y no mañana, dejaré de cumplir los mandamientos de Satanás para comenzar a vivir según los Mandamientos de la Ley de Dios y esto lo haré por mí y por mis seres queridos”. En otras palabras, San Expedito reaccionó de manera urgente frente a la tentación del Demonio y pidió con su proclama, la verdadera causa urgente que todos debemos pedir todos los días y es la conversión del alma a Nuestro Señor Jesucristo, Presente en la Santa Cruz y Presente en Persona en la Sagrada Eucaristía y esta gracia de la conversión debemos pedirla para nosotros, para nuestros seres queridos y para todo prójimo. Por esta razón, San Expedito es el “santo de las causas urgentes” y la primera causa urgente es la conversión del alma y del corazón a Jesús Eucaristía.


martes, 19 de septiembre de 2023

San Expedito y su victoria sobre el demonio por medio de la Santa Cruz

 



         San Expedito era, antes de su conversión a Cristo Jesús, un soldado romano -esa es la razón de la vestimenta con la que se lo representa- y, desde el punto de vista espiritual, era pagano, lo cual significa que no solo no conocía al Verdadero y Único Dios, Cristo Jesús, sino que al mismo tiempo, adoraba a ídolos, a falsos dioses, los cuales son, en el fondo, demonios, tal como lo dice la Sagrada Escritura: “Los ídolos de los paganos son demonios”.

         Ahora bien, llegó un momento en su vida, el momento previsto por Dios desde toda la eternidad, en que San Expedito recibió la gracia santificante, que es la participación en la luz divina que nos hace conocer a la Santísima Trinidad y al Hijo de Dios encarnado para nuestra salvación, Cristo Jesús. Para ello, le concedió un rayo de luz divina dirigido tanto a su intelecto como a su corazón, para que así pudiera responder libremente al llamado a la conversión al Mesías Jesucristo. Pero al mismo tiempo, Dios permitió que el Demonio se le apareciera en forma de cuervo negro, el cual, revoloteando alrededor del santo, le decía: “Cras, cras”, que significa en latín: “Mañana, mañana”. Con esto, el Demonio tentaba a San Expedito sutilmente: no le decía que no se convirtiera, sino que postergara la conversión para “mañana”, que ya habría tiempo de convertirse y mientras tanto, lo tentaba con continuar con su vida de pagano. El Santo, que estaba meditando sobre la Pasión de Jesús y por eso llevaba una Cruz con él, recibiendo la fuerza de lo alto, levantó la Cruz, aplastó la cabeza del cuervo-demonio y dijo: “Hodie!”, que significa: “¡Hoy!”, es decir, “¡Hoy, ahora, ya, en este instante, elijo a Jesucristo como a mi Rey y Señor y desprecio, con la fuerza de la Santa Cruz, las obras del Demonio”. Por esto San Expedito es el “santo de las causas urgentes”, porque no hay nada más urgente que la propia conversión y la de todo prójimo a Nuestro Salvador, Jesús Eucaristía, es decir, la conversión eucarística es la verdadera causa urgente, mientras que cualquier otra cosa puede esperar.

         Ahora bien, a nosotros el Diablo no se nos va a presentar como cuervo, ni tampoco con su apariencia infernal, puesto que moriríamos de terror si llegáramos a verlo, pero sí se nos presenta a través de distintos disfraces, caracterizados todos por su espíritu anticristiano, como por ejemplo, el aborto, la eutanasia, la ideología de género. Esta última es particularmente insidiosa y de ella, de su carácter perverso y pervertidor, nos advierten dos Papas, Benedicto XVI y Francisco. El Papa Benedicto XVI dice así, con respecto a la ideología de género: “La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo. Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual. Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo” [1].

El Papa Francisco, a su vez, no da una definición de la ideología de género, pero sí advierte contra esta, al tiempo que destaca la riqueza de la diferencia entre el hombre y la mujer y su significado en el plan divino de salvación. En su Catequesis del 15 de Abril de 2015, el Papa Francisco sostuvo que “la ideología de género contradice el plan de Dios”[2] y que “las diferencias entre hombre y mujer sirven para la comunión”: “La complementariedad del hombre y la mujer, vértice de la creación divina, está siendo cuestionada por la llamada ideología de género, en nombre de una sociedad más libre y más justa (…) Las diferencias entre hombre y mujer no son para la contraposición o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a “imagen y semejanza” de Dios (…) el sacramento del matrimonio es signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su Esposa, la Iglesia”.

Al recordar a San Expedito en su día, le pidamos que interceda para que Nuestro Señor Jesucristo nos conceda la gracia de la conversión eucarística y al mismo tiempo, ilumine nuestros intelectos para que sepamos reconocer y rechazar a las ideologías anticristianas como el aborto, la eutanasia, la ideología de género.



[1] http://www.conelpapa.com/ideologia/ideologia.htm

[2] El texto completo se encuentra en https://www.aciprensa.com/noticias/texto-completo-catequesis-del-papa-sobre-ideologia-de-genero-en-la-audiencia-general-19416/

viernes, 19 de mayo de 2023

San Expedito vence al Tentador con la Santa Cruz de Jesús

 



         Un día en la vida de San Expedito, elegido por Dios desde la eternidad para conceder a San Expedito la gracia de la conversión a Cristo, el santo recibió la gracia de conocer a Jesucristo como al Hombre-Dios, como al Salvador de los hombres y en ese pensamiento estaba San Expedito, sosteniendo la Santa Cruz de Jesús, cuando el Demonio se le apareció bajo la forma de un cuervo negro. El Demonio, que se había dado cuenta del cambio en San Expedito, que ya no adoraba a los falsos ídolos, que son los disfraces del Demonio y dándose cuenta de que estaba a punto de convertirse a Cristo, comenzó a dar vueltas a su alrededor, gritando: “Cras, cras!”, que en latín significa: “¡Mañana, mañana!”. Es decir, el Demonio tentaba sutilmente a San Expedito para lograr que se alejara de Jesucristo, pero no le decía: “No te conviertas”, sino que le decía: “Conviértete, pero deja la conversión para mañana, ya tendrás tiempo de convertirte, mientras tanto, continúa con tu vida de pagano, continúa adorando a los falsos ídolos”. Esta tentación era sutil, porque no le decía que no se convirtiera, sino que postergara la conversión para “mañana”, lo cual es una trampa, porque ninguno de nosotros sabe si estará vivo “mañana”. Esto quiere decir que si San Expedito cedía a la tentación del Demonio, llamado el Tentador, ponía en riesgo su eterna salvación, porque si moría esa noche sin convertirse a Cristo, su alma se condenaba. Pero San Expedito venció a la tentación del Demonio por medio de la Santa Cruz de Jesús: sosteniendo en alto la Santa Cruz, recibiendo de la Cruz la gracia y el poder de Cristo, San Expedito exclamó con voz firme y potente: “Hodie!”, que significa en latín: “Hoy”, es decir, San Expedito, recibiendo el poder de Cristo a través de la Cruz, eligió a Cristo y no al Demonio.

Entonces, hasta antes de conocer a Jesucristo, San Expedito era un soldado romano pagano, es decir, adoraba a muchos ídolos, los cuales son demonios, como dice la Escritura: “Los ídolos de los gentiles son demonios”. Esos ídolos, en nuestros días, serían las devociones paganas y supersticiosas como la Difunta Correa, el Gauchito Gil, San La Muerte, aunque también son ídolos demoníacos el dinero, el éxito, la fama del mundo, las ideologías anticristianas como el comunismo, socialismo y liberalismo e incluso hasta sistemas de gobierno que no se guían por la Ley de Dios y sus Mandamientos.

Vivimos en un mundo en el que el espíritu del Anticristo se hace cada vez más y más fuerte y en el que el Demonio se esconde para tentarnos con su astucia, para que nos alejemos de nuestro Salvador, Nuestro Señor Jesucristo. Al recordar a San Expedito en su día, le pidamos al santo que interceda para que no posterguemos nuestra conversión eucarística, para que ya, desde ahora, comencemos a adorar al Cristo Eucarístico y a vivir según sus Mandamientos.

miércoles, 20 de abril de 2022

San Expedito vence a la tentación con la Cruz de Cristo

 



         San Expedito era un soldado romano, pagano, que en un determinado momento, recibió una gracia especial, la de conocer al Salvador, Jesucristo. Es decir, San Expedito era pagano, lo cual quiere decir que adoraba a falsos dioses, a ídolos de piedra y barro, que no son otra cosa que demonios que se ocultan detrás de esos ídolos; sería el equivalente al Gauchito Gil, a la Difunta Correa, a San La Muerte y a tantos otros ídolos demoníacos más de nuestros días. Como Dios lo amaba mucho a San Expedito, no quería que siguiera viviendo su vida de pagano, una vida de ocultismo, de esoterismo y de prácticas oscuras y por eso le envió la gracia a su alma para que conociera a Jesucristo.

         En ese mismo instante se apareció el Diablo, en forma de cuervo negro, para hacerlo caer en la tentación, para que San Expedito desperdiciara la gracia de conocer a Jesús y siguiera su vida de pagano, de idolatría a falsos dioses. El Diablo revoloteaba alrededor de San Expedito diciendo: “Cras, cras”, que significa “mañana, mañana”, incitando a San Expedito a que postergara para mañana su conversión a Jesucristo. Pero esto es un error, porque no sabemos si vamos a vivir mañana, es decir, no sabemos si Dios nos llamará ante su Presencia esta misma noche, por lo que sería temerario de nuestra parte dejar pasar una gracia actual, como la que recibió San Expedito.

         El santo se encontraba en una encrucijada: por un lado, había recibido la luz de Dios que le concedía el conocimiento de Jesucristo como Salvador de los hombres; por otro lado, estaba la tentación del Demonio, por la cual no era que rechazaba totalmente a Jesucristo, pero lo postergaba para “mañana”, lo cual significaba el gran peligro de no llegar a conocer nunca a Jesucristo, si rechazaba la gracia y Dios lo llamaba al Juicio Particular.

         Estando en ese dilema, el santo, que tenía la Santa Cruz de Jesús en sus manos, elevó la Cruz en lo alto y dijo, ayudado por la gracia: “Hodie”, que significa “hoy” y después dijo: “Hoy y no mañana dejaré la oscuridad del paganismo para abrazar el cristianismo; hoy y no mañana abandonaré a los ídolos demoníacos para amar y servir a Jesucristo; hoy y no mañana dejaré de ser esclavo del Demonio para ser libre con la libertad de los hijos de Dios; hoy y no mañana dejaré de cumplir los mandamientos del Demonio, para cumplir y vivir los Mandamientos de Dios”. Y fue así que, ayudado por la Santa Cruz de Jesús, San Expedito venció a la tentación. Como devotos del santo, hagamos el propósito de imitarlo en su lucha contra la tentación, abrazando la Santa Cruz de Jesús.

viernes, 19 de noviembre de 2021

San Expedito vence al Demonio con la fuerza de la Santa Cruz

 



         San Expedito, que era un soldado romano pagano, recibió en un momento de su vida una gracia muy especial, la gracia de conocer al Salvador y Redentor de los hombres, el Hombre-Dios Jesucristo. Sin embargo, en el mismo momento en que recibió esta gracia y antes de que San Expedito respondiera libremente al don concedido por Dios, se le apareció el Demonio, bajo la forma de un cuervo negro, para tentarlo y así convencerlo de que no se convirtiera a Jesucristo y continuara en las tinieblas del paganismo, del ocultismo, del pecado y de la ignorancia. Satanás se le aparece a San Expedito para tentarlo con una tentación exactamente opuesta a la gracia que había recibido: si San Expedito había recibido la gracia de conocer a Jesús para abandonar inmediatamente la vida de pagano y de oscuridad en la que vivía, el Demonio lo tentaba con lo opuesto, es decir, dejar de lado a Jesús y continuar en el paganismo, postergando la conversión para “mañana” y es por eso que comienza a revolotear alrededor del santo diciendo “mañana, mañana”. Como toda tentación, es engañosa y se presenta con apariencia de bien: lo que el Demonio quería era que San Expedito dijera: “Bueno, sí voy a seguir a Cristo, pero no hoy, sino mañana; voy a postergar mi conversión para mañana, mientras tanto, voy a seguir siendo pagano, voy a seguir consultando a los brujos, voy a seguir dejándome dominar por las pasiones. Total, mañana me convierto y listo”. Pero esto es engañoso, porque no estamos seguros si hemos de vivir no ya mañana, sino ni siquiera en unos minutos, por lo tanto, si San Expedito cedía a la tentación del Demonio, corría el grave de riesgo de no convertirse nunca. San Expedito se encontraba ante una encrucijada, en la que debía elegir, o la gracia de aceptar a Cristo, o dejarse seducir por la tentación que le ofrecía el Demonio.

         Pero San Expedito no se dejó seducir por el Demonio y levantando la Santa Cruz de Jesús en lo alto, dijo: “¡Hoy! ¡Hoy me convierto a Jesucristo! ¡Hoy dejo la vida de pagano, la vida de hijo de las tinieblas, para convertirme en cristiano y en hijo de Dios por la gracia! ¡Hoy dejo de cumplir los mandamientos del Demonio, para empezar a cumplir los Mandamientos de la Ley de Dios! ¡Hoy y no mañana comienzo a ser adorar del Hombre-Dios Jesucristo!”. Y diciendo esto y levantando en alto la Santa Cruz de Jesús, aplastó la cabeza del Demonio que seguía bajo la forma de un cuervo e inadvertidamente se había acercado lo suficiente hasta San Expedito, como para ser alcanzado por sus pies. Lo que nos enseña San Expedito es que si nosotros enfrentamos al Demonio por nosotros mismos, seremos vencidos indefectiblemente, pero si lo enfrentamos armados con la Santa Cruz de Jesús, entonces es el Demonio el que sale derrotado completamente, porque Jesús, que es Dios, lo vence con su Sangre Preciosísima.

martes, 2 de noviembre de 2021

El ejemplo que nos brinda San Expedito

 



         Un ejemplo de santidad que nos da San Expedito es en su enfrentamiento y lucha contra el mal, mal que no es una entidad difusa y abstracta, sino una persona angélica, que en cuanto persona tiene inteligencia y voluntad, el Demonio, el Ángel caído.  El ejemplo de San Expedito consiste en lo siguiente: el momento de su vida en el que recibe la gracia de la conversión, es el momento en el que también debe enfrentarse al mal que, como decíamos, no es un concepto abstracto sino que, según la fe católica, es una persona, un ser angélico, el Príncipe de las tinieblas, Satanás. Es decir, es un ser real, un ángel de la oscuridad, que habita en el Infierno y también en el corazón de los que obran el mal y se consagran a él –así como hay cristianos que se consagran a los Sagrados Corazones de Jesús y María, así hay blasfemos que se “consagran” al Demonio-. En el caso de San Expedito, el  Demonio se le presenta como un cuervo negro y trata de tentarlo con un pecado opuesto a la gracia que el santo había recibido: a la gracia de la conversión inmediata, el Demonio lo tienta con el pecado de la pereza espiritual o acedia, por medio del cual habría de posponer la conversión para otro día, para “mañana”.   San Expedito enfrenta al mal y lo vence, pero no con sus propias fuerzas, sino con la fuerza divina que emana de la Santa Cruz de Jesús, a la cual el santo poseía entre sus manos: ante la tentación, el santo eleva la Santa Cruz de Jesús y aceptando de corazón a Jesús como Rey, proclama en voz alta que elige a Jesús y su gracia hoy y no “mañana”, como le proponía el Demonio. Es este entonces el ejemplo de santidad que nos deja San Expedito.

         Hoy el mal –el mal personificado, el Demonio- nos acecha bajo diversas formas: a través de ideologías anticristianas –como la ideología de género o la ideología LGBT-; a través del materialismo y también a través de religiones falsas y de sectas ocultistas y satanistas. Muchas veces el cristiano se deja tentar por el Demonio y ante el surgimiento de una prueba o de una tribulación, acude a pedir ayuda a quien no debe, a los servidores, esclavos y adoradores de Satanás, esto es, los brujos, los curanderos, los chamanes, con lo cual, además de ofender gravemente a Dios, agravan el problema ya existente. Sigamos el ejemplo de santidad que nos brinda San Expedito y, con la ayuda de la Virgen, alcemos en alto la Santa Cruz de Jesús y proclamemos a Jesús como al Rey de nuestros corazones y así podremos estar en paz y superar, con la gracia de Dios, cualquier prueba y tribulación.

jueves, 19 de agosto de 2021

El Demonio se le aparece a San Expedito y el santo lo vence con la Cruz de Cristo

 



San Expedito, antes de su conversión, era un soldado romano pagano; en un momento de su vida, recibió la gracia de la conversión a Jesucristo, pero en el mismo momento, se le apareció el Demonio bajo la figura de un cuervo para tentarlo con la postergación de su conversión. Sin embargo el santo, aferrándose a la Santa Cruz de Jesús, dijo: “¡Hoy! ¡Hoy me convertiré a Cristo y no mañana! ¡Hoy voy a dejar mi vida de pagano para servir y adorar al Hombre-Dios Jesucristo!”. Y así, levantando la Cruz en alto, derrotó al Demonio con la fuerza de la Santa Cruz.

Ahora bien, a nosotros el Demonio no se nos aparecerá como un cuervo negro, como a  San Expedito, pero sí se aparece, disfrazado, de múltiples formas, por lo que debemos estar atentos para no caer en sus engaños. Por ejemplo, el Demonio se presenta bajo el disfraz de la ideología de género, que es en todo contraria a la Ley de Dios;  el Demonio se presenta disfrazado de partidos políticos, como por ejemplo, el Partido Comunista, que es intrínsecamente diabólico y también bajo cualquier ideología izquierdista y populista; el Demonio se nos presenta detrás de la ley genocida del aborto; el Demonio se nos presenta bajo el disfraz de ideologías fanáticas anticristianas, como los talibanes; el Demonio se nos presenta como sociedad filantrópica, como la Masonería, el Rotary Club y el Club de Leones. Pero el Demonio también se presenta, en nuestros días, no solo disfrazado bajo estas ideologías y estos partidos políticos, sino que se nos presenta explícitamente, como Demonio, por medio de las iglesias erigidas en su honor, como la secta Templo Satánico de Estados Unidos o la Iglesia de Satanás en Colombia; también se presenta bajo la forma de supersticiones paganas y neo-paganas, como el culto a la Pachamama, al Gauchito Gil, a la Difunta Correa, a San La Muerte.

Es aquí entonces en donde debemos contemplar a San Expedito e imitarlo, porque así como él venció al Demonio con la fuerza de la Santa Cruz, así también nosotros lo venceremos, en las diversas formas en las que se nos presenta, con la fuerza de la Santa Cruz de Jesús.

viernes, 19 de febrero de 2021

San Expedito y su lucha contra el Demonio


 


         San Expedito era un soldado romano pagano, es decir, que no conocía a Jesucristo y por lo tanto adoraba a ídolos falsos. Un día, recibió la gracia de conocer a Jesucristo como Hombre-Dios, como el Salvador de la humanidad. Pero antes de que pudiera contestar a la gracia, se le apareció el Demonio bajo la forma de un cuervo negro, quien lo tentaba diciéndole que se convirtiera, sí, pero que lo dejara para “mañana”, es decir, que aceptara a Jesucristo, pero no hoy, sino mañana; hoy podía seguir en su vida de paganismo, de atracción por las cosas vanas de la tierra y mañana sí podría aceptar a Jesucristo. Es sabido, porque así nos lo reveló Nuestro Señor Jesucristo, que el Demonio es el “Padre de la mentira”, por lo que lo que le proponía el Demonio era falso, porque nadie puede saber si amanecerá vivo al día siguiente: el Demonio lo que le proponía en realidad era que continuara en la vida de pecado, en la vida de pagano, en la vida de adoración de ídolos falsos, en la vida de la seducción por los placeres terrenos.

         En este momento, San Expedito se enfrentaba a una encrucijada en su vida: por un lado, había recibido la gracia de conocer a Jesucristo como a su Salvador; por otro lado, el Demonio lo tentaba para que pospusiera su conversión, dejándola para otro día, para que continuara con su vida de pagano. San Expedito debía luchar contra la tentación, detrás de la cual se encontraba el Tentador de la raza humana, el Ángel caído. Entonces, San Expedito, que tenía la Santa Cruz en su mano, recibió la fuerza de Jesucristo desde lo alto, desde la Cruz y, con esa fuerza divina, levantó la Cruz en alto y dijo: “Hodie”, que significa “Hoy”, al mismo tiempo que aplastaba la cabeza del cuervo-demonio que, inadvertidamente, se había acercado hasta los pies de San Expedito. Al decir “Hoy”, San Expedito quería decir: “No mañana, sino hoy me convierto a Jesucristo; no mañana, sino hoy, ahora, en este momento, digo “no” a la tentación, digo “no” a las obras del Demonio, digo “no” a la oscuridad del paganismo, para abrazarme a la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesús”. Por su celeridad en responder a la gracia, es que San Expedito triunfó sobre el Demonio y se convirtió en el santo de las causas urgentes.

         Hoy el Demonio no se nos aparece como un cuervo negro, sino disfrazado de los colores del arco iris: se nos presenta bajo la ideología de género, bajo la cultura de la muerte, haciendo creer que el aborto y la eutanasia son derechos humanos; se nos presenta bajo ideologías anti-cristianas como el comunismo, que aplastan los derechos de Dios y persiguen a los cristianos; se nos presenta bajo falsas ideas de hacer de esta tierra un paraíso terreno por medio del ateísmo, del materialismo, del hedonismo; se nos presenta bajo la religión del Anticristo, que es la Nueva Era, en donde se practica el ocultismo, el satanismo, la brujería y toda clase de ritos demoníacos. Al recordar a San Expedito en su día, le pidamos que interceda por nosotros para que tengamos la misma fortaleza ante la tentación y la misma celeridad en decir “no” al Tentador y decir “sí” al Salvador de nuestras almas, el Hombre-Dios Jesucristo.

miércoles, 18 de noviembre de 2020

San Expedito vence al Demonio con la fuerza de la Cruz de Cristo

 


         San Expedito era un soldado romano que, antes de la conversión, profesaba el paganismo. En un momento determinado de su vida, recibió la gracia de la conversión, es decir, fue iluminado interiormente por la luz del Espíritu Santo y así conoció a Jesús como el Hombre-Dios y el Redentor de la humanidad. Ahora bien, en el mismo momento en que recibía esta gracia que le hacía conocer a Cristo Dios y Salvador, se le apareció el Demonio en forma de cuervo, para tentarlo con la postergación de su conversión: el Demonio, bajo la forma de un cuervo negro, comenzó a volar alrededor de San Expedito diciéndole “cras, cras”, que en latín significa “mañana”; la tentación consistía no en negar a Cristo Dios, sino en postergar la conversión, dejándola para el día siguiente, para “mañana”, lo cual es un engaño, porque no sabemos si hemos de vivir el día de mañana. Por esta razón, no debemos postergar la conversión y en esto San Expedito es nuestro ejemplo y modelo a imitar, porque el santo, ante la tentación de postergar la conversión, se aferró a la Cruz de Jesús y, recibiendo la fuerza divina que bajaba de la Cruz, la elevó en alto diciendo “hodie”, que significa “hoy”. El ejemplo de San Expedito consiste entonces en esto: no solo en no diferir la conversión, sino en rechazar velozmente la tentación y reconocer a Jesucristo como nuestro Dios, nuestro Salvador y nuestro Redentor. Por esta razón, porque respondió velozmente a la gracia, es que San Expedito es el santo de las “causas urgentes”.

         Otra consideración que debemos hacer es la siguiente: a nosotros, no se nos aparecerá el Demonio con la figura de un cuervo, pero sí se manifiesta el Ángel caído de diversas formas, todas agrupadas bajo la religión del Anticristo, la secta luciferina de la Nueva Era o Conspiración de Acuario. En esta secta, el Demonio se manifiesta de muchas formas, como por ejemplo, las filosofías y prácticas orientales como el reiki o el yoga; también se manifiesta en las prácticas ocultistas, como el tarot o lectura de cartas, la adivinación, la magia blanca, la magia negra, la wicca o brujería moderna, el gnosticismo, el esoterismo, el espiritismo; también se manifiesta el Demonio en devociones satánicas como el Gauchito Gil, la Difunta Correa o como el ídolo demoníaco conocido como “Santa Muerte” –aunque debería llamarse “Satánica Muerte”, ya que de santo no tiene nada-; el Demonio también se manifiesta en el plano civil y legislativo, como la ley del aborto o de la eutanasia –hay que recordar que la secta Templo Satánico considera al aborto como un ritual religioso, en el que se ofrece una víctima inocente, el niño por nacer, a Satanás-; también se manifiesta el Demonio en diversos aspectos de la cultura moderna, como la sensualidad, el hedonismo, el goce desenfrenado de las más bajas pasiones del hombre, disfrazadas de “derechos humanos” –tal como lo sostiene la ideología de género-; el Demonio se manifiesta también en el materialismo o deseo de poseer bienes materiales de forma avara; se manifiesta también en la música, en el cine, en la cultura, en la televisión, en Internet. Esto no quiere decir que debemos ver al Demonio en todas partes, pero tampoco debemos caer en el error de pensar que, como no se nos manifiesta como un cuervo negro o como una serpiente o dragón, entonces no se manifiesta de ninguna forma, con lo cual negamos su existencia. Ni ver al Demonio en todos lados, ni negar su existencia, además de estar atentos a sus distintas manifestaciones, eso es lo que como católicos debemos hacer.

         Al recordar a San Expedito en su día, le pidamos entonces que interceda por la verdadera causa urgente, que es nuestra conversión y la de nuestros seres queridos; le pidamos que interceda por nosotros para que, a imitación suya, respondamos velozmente ante la tentación, evitando el pecado y conservando la gracia y le pidamos también el poder reconocer lo que viene de Dios y lo que viene del Diablo, para aferrarnos a la Santa Cruz y así confesar nuestra fe en Cristo Dios, incluso hasta dar la vida.

viernes, 19 de julio de 2019

San Expedito y la elección de Cristo Eucaristía



         San Expedito era un soldado romano que vivía en el paganismo, es decir, no conocía ni a Dios Trinidad ni a su Mesías, Cristo Jesús. No conocía el Credo, no conocía los Diez Mandamientos, no estaba bautizado. Además de eso, era pagano, es decir, tenía a ídolos por dioses y es así que ante los problemas, en vez de rezarle a Jesús, o a la Virgen, o a los santos, o a los ángeles, como hacen los cristianos, acudía a los brujos y le rezaba a los ídolos. Como si alguien, en nuestros días, frente a un problema, en vez de acudir a la Iglesia a rezar, fuera a un brujo para que le haga magia y le solucione sus problemas por intermedio de San La Muerte, el Gauchito Gil, la Difunta Correa.
         Pero sucedió que un día Dios Trino se apiadó de él y le envió la gracia de conocer a Jesucristo: San Expedito entonces tuvo, ante sí, el conocimiento de quién era Jesús, sabía que Jesús era Dios y Hombre; sabía que Jesús se había encarnado para subir a la Cruz y morir para salvarlo del pecado, del Demonio y de la muerte; sabía que prolongaba su Encarnación en la Eucaristía y que por eso estaba vivo y glorioso en la Eucaristía; sabía que Jesús había dejado los Mandamientos de Dios; sabía que Jesús había vencido para siempre a los ídolos paganos a los cuales él le rezaba; sabía que los brujos no tenían ningún poder sobre la cruz y que la cruz vencía a todos los brujos y a todos los demonios del infierno juntos; sabía que Jesús habría de venir un día a juzgar a vivos y muertos y que iba a dar el cielo a los que vivieran en gracia y el infierno a los que vivieran en estado de pecado mortal. En un momento dado, San Expedito sabía todo esto, pero debía elegir, porque cuando Dios da la gracia, debemos aceptar la gracia, ya que para eso nos hizo libres. Entonces, San Expedito debía elegir: o aceptaba a Cristo y su Cruz y comenzaba a vivir como cristiano, sirviendo a Cristo como a su Señor, o rechazaba a Jesús y su Cruz y continuaba viviendo como pagano, adorando a los ídolos y siendo esclavo de ellos.
         El Demonio, que se había acercado bajo la figura de un cuervo, lo tentaba diciéndole: “Cras, cras”, que significa “mañana, mañana”, es decir, lo tentaba para que dejara su conversión para mañana, que ya habría tiempo para ser cristiano, que él continuara siendo pagano. Pero eso es un error, porque no sabemos si hemos de amanecer vivos el día de mañana. Entonces San Expedito, alzando en alto la Cruz y recibiendo de la Cruz la gracia y la fuerza para elegir al Hombre-Dios Jesucristo, dijo: “Hodie!”, que quiere decir, “¡Hoy!”, es decir, “Hoy elijo a Cristo como a mi Dios y Señor; hoy comienzo a ser cristiano; hoy abrazo la Cruz; hoy comienzo a recibir a Jesús en la Eucaristía; hoy elijo a la Virgen como mi Madre; hoy dejo de lado la vida de pagano y mis antiguas creencias supersticiosas; hoy comienzo mi preparación para ir al Cielo!”. Y al mismo tiempo, con la fuerza que le daba la Cruz, aplastó la cabeza del Demonio, que se le había acercado bajo la forma de cuervo.
         Porque San Expedito no dudó ni un instante en elegir a Cristo, es que es el Santo de las causas urgentes y la primera causa urgente, para nosotros y para nuestros seres queridos, es la conversión eucarística del alma, es decir, la conversión a Cristo Eucaristía.

martes, 19 de febrero de 2019

San Expedito y su triunfo sobre el Dragón



         Al contemplar la imagen de San Expedito podemos establecer cuáles fueron las causas que lo convirtieron en un santo. Por un lado, San Expedito sostiene la Santa Cruz de Nuestro Señor; bajo uno de sus pies, yace aplastado un cuervo. ¿Qué significado tiene esto? Por un lado, que la fuerza para resistir la tentación del maligno, de postergar su conversión para otro día, para el día siguiente, viene de la Cruz. En efecto, habiendo recibido San Expedito, que era pagano, la gracia de la conversión, se le apareció el Demonio en forma de cuervo, quien graznaba diciendo: “Cras, cras”, que en latín significa “mañana”. Es decir, el Demonio le decía que podía continuar tranquilamente con su vida de pagano por el día de hoy; total, ya habría tiempo de convertirse el día de mañana. Sin embargo, eso es una falacia, porque no sabemos si estaremos vivos el día de mañana y si postergamos nuestra conversión, puede que muramos sin convertirnos. San Expedito se encontraba entonces en la disyuntiva de elegir, o la conversión hacia Jesucristo, respondiendo inmediatamente a la gracia, o bien continuar como pagano, posponiendo la conversión y rechazando la gracia.
         Sin dudarlo un instante, e impulsado por la fuerza que le venía de la Santa Cruz que sostenía en sus manos, San Expedito respondió velozmente  a la gracia, eligiendo a Jesucristo de modo inmediato, en vez de ceder a la tentación. Por esta razón, San Expedito es el Patrono de las causas urgentes, la primera de las cuales es la conversión del alma a Dios.
         Por otro lado, en la imagen de San Expedito vemos que aplasta con su pie a un cuervo: no se trata de un animal, sino del Demonio en forma de cuervo. Éste, inadvertidamente, en su deseo de hacer caer en la tentación al santo, se le acercó demasiado, siempre en forma de cuervo y, cuando se encontraba a la distancia del pie del santo, éste, con la fuerza que recibió de la Cruz, lo aplastó. Esto nos enseña que no hay ninguna tentación que no pueda ser vencida con la fuerza de la Cruz.
         El santo nos enseña dos cosas, entonces: que no debemos dilatar la decisión de la conversión, empezando desde ahora mismo a vivir como hijos de Dios y de la gracia santificante y que cualquier tentación puede ser vencida con la fuerza de la Cruz. Al recordar al santo en su día, le pidamos la gracia de que interceda para que seamos siempre prontos a la gracia y que recurramos a la Santa Cruz de Jesús en los momentos de tentación.

sábado, 22 de diciembre de 2018

San Expedito y la inversión de los valores en la Cruz



         Cuando se contempla la imagen de San Expedito, hay algo que se destaca, entre otras cosas y es el hecho de que el santo eleva hacia lo alto la Santa Cruz de Jesús. Esta exaltación de la Cruz que hace San Expedito –y con él, toda la Iglesia-, es incomprensible si se la mira sin los ojos de la fe. Sin la fe católica, la Cruz representa dolor, humillación, muerte, desprecio, ignominia y oprobio: el que está en la Cruz sufre indeciblemente, es humillado, muere, es despreciado. Pero la incomprensión de la Cruz se da cuando se mira la Cruz con ojos humanos, sin la fe católica. Cuando, comunicada por la gracia, la fe católica nos ilumina, podemos contemplar cómo Dios invierte los valores en la Cruz[1] y así en la Cruz el dolor deja de ser dolor, porque con su dolor en la Cruz, Cristo santificó nuestro dolor y lo convirtió en un dolor salvífico, con lo cual el dolor deja de ser sufrimiento, para ser fuente de salvación; en la Cruz, la humillación deja de ser humillación, para ser glorificación, porque el Que está humillado en la Cruz es el Hijo de Dios quien, con su majestad divina, convierte a la humillación en fuente de grandeza y majestad ante Dios y los hombres; en la Cruz, la muerte deja de ser muerte para ser Vida y Vida divina, porque Cristo con su muerte en Cruz destruyó a la muerte y nos dio su Vida divina; en la Cruz, el desprecio, la ignominia y el oprobio dejan de ser tales, para convertirse en admiración y adoración, porque cuando se ve que Aquel que cuelga de la Cruz, el Hombre-Dios Jesucristo, el alma solo puede asombrarse, adorar y amar a Jesucristo, que por nuestra salvación se humilló a sí mismo, muriendo con muerte dolorosa y humillante en la Cruz.
         Como todos los santos, San Expedito eleva en lo alto la Cruz, porque allí se invierten todos los valores: si el mundo desprecia a Jesús Crucificado, Dios lo ama, porque Jesús Crucificado es su Hijo, a quien el Padre ama con amor eterno. Es por esto que San Pablo dice: “La doctrina de la Cruz de Cristo es necedad para los que se pierden, pero es poder de Dios para los que se salvan” (1 Cor 18). Si para el mundo la Cruz es necedad, para la Iglesia la Cruz de Cristo es poder de Dios y así vemos cómo, con su omnipotencia divina, todo lo que es despreciable para el mundo, Cristo lo convierte en fuente de salvación, porque es Él quien, con su poder divino, invierte los valores en la Cruz. Por esta razón la Iglesia toda exalta y adora la Santa Cruz de Jesús.


[1] Cfr. Odo Casel, Misterio de la Cruz, Ediciones Guadarrama, Madrid2 1964, 168.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

San Expedito y el poder de la Santa Cruz de Jesús



         San Expedito nos enseña cuál es el camino a la victoria espiritual frente a la tentación: la Santa Cruz. En efecto, todos sabemos cómo fue que San Expedito fue tentado por el Demonio, que se le había aparecido en forma de cuervo, para que pospusiera la conversión para otro día. San Expedito, que era pagano, había recibido la gracia de conocer a Jesús y ahora él debía hacer su parte, es decir, él debía responder libremente a la gracia y para eso, debía abandonar su vida de pagano y comenzar a vivir la vida de los hijos de Dios. Pero el Demonio se le apareció en forma de cuervo y, volando sobre su cabeza, le repetía insistentemente: “Cras, cras”, que significa “Mañana, mañana”. El Demonio, muy sutilmente, no le decía a San Expedito que no se convirtiera, sino que pospusiera su conversión para el otro día, para “mañana”. Esto es un error, porque no sabemos si hemos de vivir mañana y si no aprovechamos la gracia de la conversión en el hoy y en el ahora, corremos el riesgo de morir sin convertirnos, es decir, sin entregar el corazón a Dios. La tentación, como dijimos, era muy sutil, porque el Demonio no le decía: “No te conviertas”, sino que le decía: “Conviértete, pero mañana. Por el día de hoy, continúa con tu vida de pagano, alejado de Jesús”.
         San Expedito respondió velozmente –por eso es el Patrono de las causas urgentes-, aplastando al cuervo que se le había acercado desprevenidamente y elevando la Santa Cruz, al tiempo que repetía: “Hodie”, es decir, “Hoy, hoy me convertiré en cristiano y no mañana; hoy comenzaré a vivir la vida de la gracia y no mañana; hoy perdonaré a mis enemigos en nombre de Cristo; hoy comienzo a vivir como hijo de Dios, como hijo de la luz y no de las tinieblas”.
         ¿De dónde sacó San Expedito, tanto la lucidez necesaria como para darse cuenta de la tentación del Demonio, como la fuerza sobrenatural para aplastar y vencer al Demonio? Las sacó de la Santa Cruz, porque Jesús crucificado, que es “necedad y debilidad para el mundo”, es en realidad “fuerza y sabiduría de Dios”, porque el que cuelga en la Cruz es el Hijo de Dios, Jesucristo, que es la Sabiduría y la Fortaleza de Dios. Al igual que San Expedito, frente a la tentación, cualquiera que esta sea, elevemos la Santa Cruz de Jesús y digamos: “Hoy y ahora viviré como hijo de Dios y no como hijo de las tinieblas”.

jueves, 19 de julio de 2018

San Expedito nos enseña a vencer en las tentaciones



         ¿Por qué en las imágenes de San Expedito aparece un cuervo aplastado bajo los pies del santo? Porque ese cuervo en realidad no es un cuervo, sino el Demonio en forma de cuervo y aparece bajo los pies de San Expedito porque el santo, con la ayuda de Jesús, lo venció con la cruz. El Demonio se le había aparecido a San Expedito como un cuervo, para intentar tentarlo e impedir así su conversión, instándolo a que dejara la conversión para “mañana”. El Demonio tentó a San Expedito porque ésa es su tarea, ése es su cometido, el tentar a las almas para alejarlas de Dios y por eso uno de sus nombres es “El Tentador”.
         A nosotros el Demonio no se nos va  a aparecer como un cuervo o como un animal, o en cualquier forma sensible, pero no por eso va a dejar de obrar en nosotros su obra perversa de tentarnos para alejarnos de Dios y su gracia. El Demonio actuará sobre nosotros, de forma insensible e invisible, pero no por eso menos real, y lo hará para que tomemos decisiones equivocadas que nos alejen de Dios.
         Pero también es cierto que no todas nuestras decisiones erróneas deben ser atribuidas al Demonio, porque si es verdad que es el Tentador, es verdad también que nosotros seguimos siendo libres para cometer o no un pecado, para ceder o no a la tentación. Por ejemplo, cuando se trata del pecado de la pereza –sea corporal o espiritual-, si yo hago pereza, si cometo el pecado de pereza, soy yo el perezoso y no es el Demonio el que “me obliga” a ser perezoso; soy yo el que cometo, personalmente, el pecado de pereza. Lo que sí puede hacer el Demonio y es lo que hace, es presentar al pecado –en este caso, la pereza-, como algo bueno y apetitoso, porque como es el Engañador, presenta a lo bueno como malo y a lo malo como bueno. Es decir, el Demonio me presentará a la pereza como algo bueno y atractivo y me ayudará a caer en el pecado de pereza, pero el responsable último del pecado sigo siendo yo. Y como con la pereza, así actúa con todos los demás pecados y vicios: los presenta como algo agradable y atractivo, pero siempre permanece mi libertad, que es la que me lleva a resistir, con la ayuda de la gracia, a la tentación, o si rechazo la gracia, a caer. En esta vida terrena, dicen los santos, los pecados aparecen como algo atractivo, pero en la otra vida, y sobre todo en el Infierno, es en donde aparecen en toda su horrorosa fealdad. Si los pudiéramos ver en su fealdad en esta vida, no pecaríamos nunca.
         A San Expedito el Demonio se le apareció en forma de cuervo y lo tentó, no para que no se convirtiera, sino para que se convirtiera “al otro día”, es decir, “mañana”, cuando eso es un error, porque no sabemos si habremos de amanecer el día de mañana, por lo que no hay que desperdiciar las gracias que Dios nos da y hay que aprovecharlas en el mismo momento, como hizo San Expedito.
         San Expedito venció con la fuerza de la cruz de Cristo, porque es Cristo el que con su luz nos hace ver la realidad de cómo son las cosas: nos hace ver la belleza de la virtud y la fealdad del pecado; nos hace ver lo verdadero como verdadero y lo falso como falso, para que no nos equivoquemos. Cristo nos muestra  a la virtud como algo bueno y al vicio y al pecado como algo malo, que es contrario a la voluntad tres veces santa de Dios. Cristo nos muestra la virtud y la gracia desde la cruz y nos hace desearla, porque fuimos creados para el bien y para la verdad, fuimos creados para la virtud y no para el vicio y Él nos ayuda también para que no solo deseemos la gracia, sino que nos ayuda para que seamos capaces de elegir siempre el bien y no el mal. Cristo nos hace desear la gracia que nos viene por los sacramentos y nos ayuda para que la conservemos y la aumentemos cada vez más.
         Frente a la tentación, Cristo nos da la luz, la sabiduría y la fuerza de Dios para que eligiendo la gracia, lo elijamos a Él y lo imitemos a Él y vivamos con su misma vida divina. San Expedito nos da ejemplo de cómo vencer en las tentaciones: unidos a la Santa Cruz de Jesús.

jueves, 19 de abril de 2018

El Demonio no nos tentará como a San Expedito pero sí bajo otras formas



         A San Expedito el Demonio se le apareció bajo forma de cuervo; es decir, era el Demonio en persona, pero tenía la apariencia de un cuervo negro. Y bajo esa apariencia es que lo tentó y la tentación consistía en posponer la conversión “para mañana”.
         A nosotros, no se nos va a aparecer como un cuervo; de hecho, no se nos aparecerá visiblemente –gracias a Dios- de ninguna manera, pero igualmente nos tentará, porque como dice la Escritura: “El Demonio anda rondando como un león rugiente, buscando a quién devorar”. Esto quiere decir que el Demonio, que es muy astuto e inteligente, es también para nosotros invisible, con lo cual no nos damos cuenta de su presencia, aunque sí esté en la realidad (como en este momento, en medio de la misa). Además, cuenta con otra ventaja sobre nosotros: si bien no puede leer nuestros pensamientos porque solo Dios puede hacerlo, sí sabe, en cambio, cuál es nuestro punto débil. El Demonio sabe, mejor que nosotros, cuál es la tentación a la cual cedemos más fácilmente y así buscará hacernos caer en aquello en lo que estamos más débiles. Por ejemplo, a algunos los tienta con la ira, a otros, con la pereza, a otros, con la lujuria, a otros, con la infidelidad, a otros, con la superstición –y así los tienta para que, en vez de rezar a la Virgen el Rosario frente a las tribulaciones de la vida, acudan a los brujos, magos, chamanes y hechiceros-; a otros, los tienta con el robo; a otros, los tienta con la pereza espiritual de no querer confesarse, ni comulgar, ni rezar; a otros, los tienta con los ídolos neo-paganos, como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte; a otros, los tienta con la codicia, la avaricia y la envidia de los bienes ajenos; a otros, los tientan con la desesperación y la tristeza; a otros, los tienta con la gula; a otros, con soberbia –es el que no perdona ni pide perdón-, etc.
         Es decir, el Demonio, como dice el dicho, sabe “dónde nos aprieta el zapato” a cada uno en particular.
         Sin embargo, San Expedito, con su ejemplo de santidad, viene en nuestra ayuda, ya que cualquiera que sea nuestra debilidad saldremos siempre triunfantes, así como salió triunfante San Expedito: probablemente, San Expedito, antes de ser santo, estaba atacado por la pereza, por eso el Demonio le decía que deje la conversión para más adelante, pero salió vencedor, porque venció a la pereza con la prontitud y celeridad en la respuesta a la gracia y por eso es el Patrono de las causas urgentes.
         ¿Cómo venció San Expedito a las tentaciones del Demonio? Abrazándose a la Cruz de Cristo, amándolo y adorándolo en su corazón y reconociéndolo como su único Dios y Señor. San Expedito plantó la cruz de Cristo en su corazón y de la Cruz de Cristo obtuvo las gracias más que suficientes para vencer a cualquier tentación. Que a imitación de San Expedito nosotros también nos aferremos a la Santa Cruz de Jesús, para así salir triunfantes sobre la Tentación y el Demonio.

jueves, 19 de octubre de 2017

San Expedito y la fuerza de la Cruz


         San Expedito era un soldado romano pagano, es decir, adoraba a falsos dioses, los cuales, como dice la Escritura, “son demonios”: “Los ídolos de los gentiles son demonios”. En un determinado momento, recibió la gracia de la conversión, lo cual quiere decir que recibió una luz especial, proveniente del Espíritu Santo, que le hacía ver que solo Jesucristo era el único y verdadero Dios y los dioses a los que él, hasta ese momento, adoraba, eran solo demonios. Pero al mismo tiempo que recibía esta luz, el Demonio se le apareció en forma de cuervo, para tratar de convencerlo de que no se convirtiera a Jesús, que siguiera viviendo su vida como pagano. San Expedito tenía ante sí dos opciones: o Jesús y su Cruz y empezar a vivir la vida nueva de hijos de Dios, o el Demonio y sus ídolos, que quería decir continuar viviendo como pagano, adorando a ídolos demoníacos (que en nuestros días, serían el Gauchito Gil, San La Muerte, la Difunta Correa).
         San Expedito, que tenía la Cruz de Cristo en su mano, habiendo recibido de la Cruz una fuerza sobrenatural que lo hacía crecer en fe y en amor a Jesús, levantó la Cruz en alto y dijo: “Hodie!”, es decir, “¡Hoy comienzo a ser cristiano, hoy dejo mis vicios y pecados, hoy comienzo a vivir los mandamientos de Dios, hoy perdono setenta veces siete, hoy cargo con mi cru por el camino del Calvario, para así llegar al cielo!”. Y diciendo esto, aplastó con su pie al Demonio que, todavía en forma de cuervo, se había acercado hasta San Expedito.

         También nosotros debemos elegir, o la conversión a Jesucristo, o el adorar  a los ídolos del mundo, y esto, todos los días, todo el día. Y al igual que San Expedito, debemos obtener nuestras fuerzas de la Santa Cruz de Jesús, el único Camino que nos lleva al cielo.

martes, 22 de agosto de 2017

San Expedito y la fuerza de la Cruz


         Es sabido que, en el momento en el que San Expedito decidió convertirse a Jesucristo, se le apareció el Demonio en forma de cuervo, con el objetivo de tentarlo y seducirlo para que postergara su conversión “para mañana”. Es decir, mientras Nuestro Señor Jesucristo le ofrecía la gracia santificante para que la aceptara en el momento e iniciara así su nueva vida, la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, la vida regida por los Mandamientos de la ley divina y el deseo de alcanzar el Reino de los cielos, el Demonio lo tentaba diciéndole, no que no se convierta, sino que se convierta, pero que “lo deje para mañana”. Mientras tanto, afirmaba el Demonio, San Expedito podía continuar con su vida de pagano, esto es, alejado de Dios y sus Mandamientos, y esclavizado por sus pasiones y por Satanás. Ante la disyuntiva, San Expedito, que tenía la Santa Cruz en sus manos, eligió a Jesucristo y, obteniendo de la Santa Cruz la fuerza divina para vencer a la tentación, al tiempo que aplastaba la cabeza del cuervo infernal, levantaba en alto la Cruz de Jesús y decía: “¡Hodie! ¡Hoy, ya, ahora, comenzaré a vivir la vida de la gracia! ¡Hoy comenzaré a vivir como cristiano, tomando a los Mandamientos de la Ley de Dios como guía segura a la vida eterna! ¡Hoy comenzaré a frecuentar los sacramentos, la Confesión y la Comunión, para tener mi alma siempre en gracia y alimentada con el Pan de Vida eterna! ¡Hoy abandono mi vida de pagano y comienzo mi vida como cristiano, para así poder ganar el cielo!”.

         San Expedito es ejemplo, entonces, para muchos cristianos que, ante la tentación, no acuden a la Santa Cruz y terminan sucumbiendo a las seducciones del Demonio. Muchos cristianos dicen: “Mañana me voy a casar por la Iglesia”; “Mañana voy a ir a visitar a mi prójimo enfermo”; “Mañana voy a dejar este vicio”; “Mañana voy a comenzar a cumplir los Mandamientos”, “Mañana me voy a confesar”; “Mañana voy a empezar a ir a Misa”; y muchas otras cosas por el estilo. Haciendo así, caen en la trampa del Demonio, porque no sabemos si hemos de vivir mañana y porque con este pensamiento, posponemos de modo indefinido nuestra conversión. Es por esto que debemos aferrarnos a la Santa Cruz de Jesús para que, obteniendo de Jesús crucificado la fuerza divina necesaria para vencer la tentación, comencemos hoy mismo a vivir la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios.

viernes, 19 de mayo de 2017

San Expedito nos enseña cómo luchar contra las idolatrías del mundo de hoy


A San Expedito, el Demonio se le apareció en forma de cuervo negro, para tentarlo y así lograr que pospusiera su conversión, alejándolo de Dios; a nosotros, no se nos aparecerá en forma de cuervo, sino que nos tentará con ídolos, para que caigamos en el pecado de idolatría. ¿Qué es la idolatría? ¿Cuáles son esos ídolos? Podemos decir que la idolatría es el pecado que se contrapone directamente al más importante de todos los Mandamientos[1], el que los contiene a todos, y es el primero –“Amarás a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo, como a ti mismo”-, el cual describe cómo ha de hacer la relación del hombre para con Dios: una relación de amor, en primer lugar, a Dios; luego, al prójimo en Dios y, por último, el amor a sí mismo, por Dios y en Dios y para Dios. La idolatría contraría a este mandamiento, porque hace que el hombre, pervirtiendo su fe –el idólatra no es ateo, sino perverso en la fe-, dirija su acto de amor y de adoración a una creatura –objeto, persona humana o angélica, ideología- que, por definición, no es Dios y, por lo tanto, no merece culto de latría, de adoración[2].
En esto constituye entonces el pecado de idolatría, en colocar, en el corazón, a algo que no es Dios Uno y Trino, y rendirle culto de latría. ¿Cuáles son los ídolos, es decir, aquello con lo cual el Demonio pretende que cometamos el pecado de idolatría? Los ídolos, en nuestros tiempos, son variados y diversos; por ejemplo, el deporte –preferir el fútbol antes que la Misa dominical-, las diversiones, el dinero, el poder, el placer, el tener, el esoterismo, el paganismo, representados en el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte, etc. Cuando el hombre no adora a Dios, lo reemplaza por ídolos que, por definición, son abominables. Nuestro mundo está prácticamente infectado por ídolos post-modernos que cumplen a la perfección su rol, y es el de hacer que el hombre se postre ante ellos, en vez de postrarse ante el Dios de la Eucaristía, Cristo Jesús. La idolatría no es solamente un acto externo de adoración a creaturas que no son Dios, sino más bien una disposición interior que concede a las creaturas el lugar –en el corazón- y el amor –que brota del corazón del hombre- debidos solo a Dios.
Ya en la Antigüedad, a los ídolos tradicionales, que figuraban a hombres, mujeres y animales, se los consideraba como a dioses, se les ofrecían dones, se les distinguía con honores y se confiaba en ellos como si tuvieran un poder extraordinario[3]. Esto es un pecado, porque se coloca al ídolo en el lugar de Dios Uno y Trino, el Único Dios verdadero. En nuestros tiempos sucede lo mismo porque, como dijimos, no es el tiempo de los ateos, sino el de los idólatras. En el Antiguo Testamento, el Pueblo Elegido de Dios, Israel, cayó en la adoración del ídolo del dinero representado en el becerro de oro, postrándose ante una estatua muda, ciega y sorda y creada por sus propias manos, al tiempo que dejaban de lado al Dios Viviente, el Único Dios verdadero. Por este acto de idolatría, Dios debió dirigirse a ellos por medio de Moisés y los profetas, para indicarles su extravío, para recordarles que sólo Dios era su Creador, su Defensor, su Liberador de la ominosa esclavitud que padecía en Egipto –símbolo de la esclavitud del pecado- y a que Él sólo le debían adoración. Dios es un Dios celoso, que no admite competencias, y así como al Pueblo Elegido le hizo recordar que sólo a Él y no a los ídolos, le debía la gratitud y la adoración, y para ello fue Él quien determinó el culto que se le había de establecer, así también, en Jesucristo, el Hombre-Dios, Dios mismo se auto-revela a sí mismo como el Único Dios merecedor de poder, alabanza, adoración y gloria, y para ello establece su Iglesia y su culto más preciado, la Santa Misa.
Para nosotros, los católicos, existen los santos, como San Expedito, quienes son los que nos enseñan, con sus ejemplos de vida, a no caer en la tentación de la idolatría y a despreciar a los ídolos. ¿Cuál es el ejemplo de San Expedito? Lo vemos en su imagen: San Expedito levanta en alto la cruz y dice: “Hoy y no mañana, decido seguir a Cristo; hoy y no mañana, convierto mi corazón y abandono para siempre a los ídolos del paganismo”. Que San Expedito interceda por nosotros para que nos postremos, no ante ídolos como el becerro de oro, sino ante el Cordero de Dios, Jesús Eucaristía.



[1] Cfr. Germán Mazuelo-Leytón; https://adelantelafe.com/formas-actuales-de-idolatria/
[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 2113.
[3] Cfr. Germán Mazuelo-Leytón; https://adelantelafe.com/formas-actuales-de-idolatria/

miércoles, 19 de abril de 2017

San Expedito elige a Jesús crucificado y Jesús lo lleva al cielo


         En la vida de San Expedito hay un hecho central, que es lo que cambiará su vida para siempre, y es el momento en que debe elegir, entre aceptar la gracia de seguir a Jesucristo hasta el fin, o rechazarlo y elegir en cambio al Demonio. Como todos sabemos, San Expedito era un soldado pagano, lo cual quiere decir que no conocía a Jesús, el Dios verdadero, y en cambio, adoraba ídolos. Los ídolos no son inocentes, sino demonios, ángeles caídos, espíritus malignos que, escondiéndose detrás de una figura, buscan perder al alma para siempre. Que los ídolos sean demonios, lo dice la Escritura: “Los ídolos de los gentiles son demonios” (1 Cor 10, 20). Antes de conocer a Jesucristo, San Expedito –al menos inconscientemente, pero lo estaba- estaba bajo el poder y la influencia del demonio, lo cual es igual a decir “tinieblas espirituales”, que son el pecado, el error, la ignorancia. Para darnos una idea, San Expedito vivía en una noche permanente, muy oscura, sin luz de luna ni luz artificial. Pero un día recibe una gracia, que es una luz que, viniendo de lo alto, le ilumina su inteligencia y también su corazón, y le da a conocer a Jesús, como así también la posibilidad de amarlo. Esta gracia enviada por Dios era la gracia de la conversión, pero como somos seres libres y no cosas, Dios necesita de nuestra libre elección, y es así como San Expedito debía elegir: o Jesucristo crucificado, muerto y resucitado, con la consiguiente vida nueva de la gracia, o seguir con los ídolos de los demonios, viviendo esclavizado bajo el pecado. Como Jesús es llamado “Sol de justicia” y el Demonio es el “Príncipe de las tinieblas”, es como si nosotros dijéramos que San Expedito debía elegir para él, o vivir en un espléndido día de sol, o vivir en una noche oscura, muy oscura, en un bosque, solo y rodeado de lobos. Sabemos que San Expedito, sin dudarlo un instante, eligió a Jesús crucificado, y esa es la razón por la cual se lo llama “el Patrono de las causas urgentes”, porque la primera causa urgente que le tenemos que pedir, es la de la propia conversión. Es decir, San Expedito eligió vivir libre, bajo el Sol de justicia, Jesucristo, y no en las tinieblas, esclavo del pecado y del Demonio.
         Ahora bien, también a nosotros se nos presenta esta misma disyuntiva, o Jesús crucificado o el Demonio, o la vida de la gracia, o la vida del pecado, y es en esto en lo que San Expedito es nuestro modelo: en que él responde, velozmente, eligiendo la vida de la gracia, la vida de la luz, la vida de los hijos de Dios, y no la vida de los hijos de las tinieblas. También a nosotros, como a San Expedito, se nos presenta esta libertad de elegir, y nosotros, como San Expedito, elegimos a Jesucristo, pero esta elección debe ser ratificada todos los días, todo el día: debemos elegir, o la gracia o el pecado, o Jesús o los ídolos. Todos los días debemos elegir a Jesús, meditando las palabras de la Escritura: “Considerad vosotros que estáis muertos al pecado, pero que vivís para Dios en unión con Cristo Jesús” (Rm 6, 8-11).

         En nuestros tiempos, los ídolos asumen muchas formas: el dinero, el poder, la fama, el deporte sin Dios, la sensualidad –Carnaval, murgas, bailes inmorales, música indecente, como la cumbia, el rock satánico, el reggaeton-, el materialismo, la satisfacción ilícita de las pasiones –alcohol, substancias tóxicas-, la avaricia, la pereza –espiritual, que nos impide cumplir nuestros deberes de amor para con Dios y corporal, que nos impide cumplir con nuestro deber de estado-, la gula, la soberbia, etc. Es por esto que, todos los días, a imitación de San Expedito, que eligió a Jesús crucificado, debemos elevar la Santa Cruz de Jesús y decir: “Hoy, aquí y ahora, te elijo a Ti, Jesús, Cordero de Dios, como mi Dios, mi Rey, mi Dueño y mi Señor”. Y así Jesús, al igual que a San Expedito, nos llevará junto con Él, al Reino de los cielos.