San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

miércoles, 4 de julio de 2012

Sierva de Dios Hna. María Chambón y la Devoción a las Llagas de Jesús


21 de marzo
Sierva de Dios Hermana María Martha Chambon



            Vida y milagros de María Martha Chambon[1]
            Nació el 6 de marzo 1841 en Croix-Rouge (Chambéry), y murió el 21 de marzo 1907 en Chambéry. Hija de pobres campesinos de condición humildísima, logró realizar su vida de unión con Cristo, a través de una experiencia de inmensa profundidad y trabajo espiritual. Pobre, de escasa inteligencia, de aspecto poco agradable, sin saber leer ni escribir, es escogida por Jesús para hacerla su confidente privilegiada y mostrarle los tesoros de su amor. Cuando era una niñita, la mandaban a pastorear la única cabra que sus padres poseían. Aquellos momentos eran una posibilidad de estar en la presencia de Dios. Siempre sola con el Señor.
Después de la Primera Comunión, el Niño Jesús en persona la acompañaba en los trabajos del campo y pasaba con ella las jornadas, tal como hacen los niños con sus compañeros de juegos. Su familia no podía permitirse nada, ni menos perder dos brazos robustos para el trabajo, por esto su entrada en el monasterio fue vista como una dura prueba, de parte de sus padres, pero el Señor los recompensó en otra forma.
Entró a la Visitación, porque en el Carmelo no la habían recibido a causa de su débil salud; supo realizarse cómo verdadera hija de los santos Fundadores. Fueron frecuentes sus íntimos coloquios con san Francisco de Sales, durante los cuales él la animaba a ser fiel a la Regla, por él redactada. Se caracterizó siempre por su humildad y por estar disponible a las necesidades de las religiosas y de las alumnas, prodigándose de mil maneras por el bien material y espiritual de su comunidad, aún a costo de sufrimientos e incomodidades. Precisamente, la humildad unida al amor fue un rasgo distintivo de la vida de sor María Martha. Permaneció siempre sin relevancia y oculta, sólo los superiores estaban al tanto cuánto sucedía en su alma, mientras toda la comunidad desconocía tantas gracias, y sólo después de su muerte los manuscritos sobre sus experiencias fueron revelados a sus compañeras.
De aquí en adelante, toda la comunidad se sintió más unida al recibir y transmitir el mensaje recibido y vivido verdaderamente por la humilde conversa, e hizo propia su misión, la de difundir la devoción a las santas Llagas.
Recibió de Dios la misión de difundir la devoción a las santas Llagas, como fuente de bendición y de beneficio espiritual por los méritos de la Pasión del Señor, a través de la entrega de sí misma al sacrificio y a los dolores de Cristo.
Sor María Martha se inserta a título pleno en la tradición de la Orden, que ha sido privilegiada de Dios por haber concedido a santa Margarita María Alacoque ser la depositaria de los tesoros de su Sagrado Corazón. Por esto, sor María Martha continúa difundiendo entre las almas los tesoros de la Pasión de Cristo, enriqueciendo la Iglesia con el don de las santas Llagas, a las cuales el Señor concedió muchos privilegios.
La corona de espinas será la Llaga más apreciada por ella y la que le dará los más grandes favores de Dios, injertándose así admirablemente en la estela del santo fundador, Quién “cada día se retiraba espiritualmente en una de las llagas de Nuestro Señor Jesucristo, comenzando y terminando la semana en el Sagrado Costado, en el Corazón del Salvador”.
No debemos olvidar la extraordinaria experiencia mística tenida por esta sencilla conversa, que vive cerca de cuatro años y medio de sola Eucaristía: el Pan del Cielo fue para ella alimento no sólo del espíritu, sino también del cuerpo; cuando sus fuerzas la abandonaban, se confiaba en el poder de Dios; cuando la debilidad se apoderaba de su físico, ella invocaba el auxilio de Dios y cuando el demonio la asaltaba, ella se refugiaba en las santas Llagas del Señor.
Y el Señor mismo reveló a la hermana las grandes potencialidades de las santas Llagas, tanto para los pecadores cómo para la Iglesia y para las almas del Purgatorio. Ella se complacía contemplándolas y honrándolas en la siguiente forma: Primero, la llaga de los pies, después el Costado, enseguida la mano izquierda, la mano derecha y por último, la cabeza coronada de espinas. Ninguna parte del Sagrado Cuerpo de Cristo debía contemplarse sino en la directa coparticipación y compasión, hasta la identificación por amor.
Un día, Jesús le reveló: “Yo concederé todo cuánto se me pida por la invocación de mis santas Llagas. Hay que difundir la devoción”, y ella fiel a la solicitud del Señor por toda la vida tendrá en sus labios la invocación enseñada por Él mismo: “Jesús mío, perdón y misericordia, por los méritos de las Santas Llagas”. Obsérvese bien este nexo: las Llagas vividas en la propia persona son el don y el perdón, las arras de la misericordia, que es el pacto de salvación.

Mensaje de santidad de la Sierva de Dios Hermana María Martha Chambón
Para apreciar el mensaje de santidad de la Hermana María Chambón, ligado indisolublemente a las llagas de Jesús, podemos meditar en la Transfiguración, que tiene estrecha relación con la Pasión. Jesús hace este milagro, la transfiguración, para que los discípulos, cuando lo vean todo desfigurado por los golpes, y cubierto de sangre, con el aspecto de un gusano, del cual todos dan vuelta el rostro, recuerden que en el Monte Tabor resplandeció la luz de su divinidad. Jesús resplandece en el Monte Tabor, con el fulgor esplendoroso de su divinidad, para que en el Via Crucis, y en el Calvario, cuando lo vean cubierto de sangre, de heridas, de golpes, de hematomas, de magullones, de salivazos, coronado de espinas, flagelado, todo su cuerpo lleno de polvo y de tierra, extenuado, cansado al extremo, abandonado de todos, menos de su Madre, recuerden que Él es Dios, que a pesar de este su aspecto tan miserable, es Dios Hijo en Persona, que ha quedado reducido así, a este estado tan lamentable, porque se ha puesto en lugar de los hombres, porque se ha interpuesto entre la Justicia divina y cada uno de los hombres, y ha recibido el castigo que merecíamos todos y cada uno de los seres humanos.
            Jesús se transfigura al subir al Monte Tabor, dejando resplandecer la luz de su gloria divina, para que cuando suba al otro monte, el Monte Calvario, cubierto no ya de luz, sino de sangre y de heridas abiertas, los discípulos no desfallezcan y recuerden que ese Hombre, que aparece, tal como lo describe el profeta Isaías en sus visiones del Siervo Sufriente de Yahvéh, “varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable” (53,2-3), es Dios Hijo, que ha asumido los pecados de todos los hombres, para redimirlos, y es por eso que dice el mismo profeta Isaías: “Por sus llagas hemos sido curados” (Is 23, 5; Pe 2, 24).
Puede decirse que las Llagas del Señor eran su única defensa, la riqueza de su vida, su salvación permanente. Es este el camino del amor: anhelar totalmente el Amado, quererlo, conocerlo, experimentarlo completamente, no aceptar ningún otro fuera de Él, vivir siempre y únicamente en espera del encuentro, sufrir terriblemente por cada retardo. Desesperar de su posible ausencia o distanciamiento. Ni siquiera el enemigo podía abrirse caminos en aquella alma bendita y perfectamente rendida a su único Señor.
Toda la experiencia espiritual de la hermana María Martha se centra en torno a la Pasión del Señor, que la impulsa a colocarlo a Él en primer plano y la redención como base de toda la existencia. El Señor la conduce poco a poco hacia Él, como un excelente pedagogo, le enseña cómo amarlo y cómo vivir para Él y de Él, y ella se deja conducir de “su” Jesús, permanece tantas veces por horas, simplemente en silencio delante del tabernáculo, sólo por amarlo.
Ninguna soledad la preocupa, sólo la de estar a solas con Dios, la cual no es soledad propiamente dicha.
A quién le preguntaba qué hacía en las horas que pasaba inmóvil delante del Santísimo Sacramento, ella respondía que miraba a Jesús y así se intercambiaban el amor, un amor verdadero y profundo y no una simple exaltación o un hecho emotivo, sentimental.
El Señor enseñó a la hermana a valorizar todas las pequeñas cosas cotidianas, los sencillos trabajos domésticos, como atender el refectorio del pensionado o recoger las frambuesas del huerto, todo se convertía en un momento de glorificación a Dios, sea por su presencia, sea por la alabanza que ofrecía a su Señor. El trabajo, la oración, la meditación, los quehaceres diarios: todo puede ser camino hacia lo eterno.
Rosario de las Santas Llagas de Nuestro Señor Jesucristo[2]
Nuestro Señor mismo enseñó estas dos invocaciones a la Hermana María Marta Chambon. Nuestro Señor se dignó hacerle, en favor de las almas que rezaren dichas invocaciones, promesas consoladoras y regaladísimas. Escuchemos al Divino Maestro:
“Concederé todo cuanto se me pida con la invocación de mis Santas Llagas”.
“Es necesario propagar esta devoción”.
“Debéis repetir con frecuencia cerca de los enfermos esta aspiración: Jesús mío, perdón y misericordia por los méritos de Vuestras Santas Llagas. Esta oración aliviará a su alma y a su cuerpo”.
“Muchas personas experimentarán la eficacia de esta aspiración”.
“El pecador que dijese la oración siguiente ‘Padre eterno, yo os ofrezco las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo para curar las de nuestras almas’, obtendrá su conversión”.
“No habrá muerte para el alma que expire en mis Llagas. Ellas dan la verdadera vida”.
“Un alma que durante su vida ha honrado y aplicado las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, ofreciéndolas al Padre Eterno por las almas del Purgatorio, será acompañada en el momento de su muerte por la Santísima Virgen María y los Ángeles, y Nuestro Señor Jesucristo en la Cruz, resplandeciente de gloria, la recibirá y la coronará”.
“Mis Llagas repararán las vuestras”.
“Mis Llagas cubrirán todas vuestras faltas”.
“Los que las honraren tendrán un verdadero conocimiento de Jesucristo”.
Modo de rezarlo (se usa el Rosario de la Santísima Virgen): 1) Hacemos la señal de la cruz. 2) Rezamos el Acto de Contrición. (Pedimos perdón por nuestros pecados y por los de todo el mundo). 3) Sobre la cruz y en las tres primeras cuentas decimos:
I. Oh Jesús, divino Redentor, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. R Amén. II. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. R Amén. III. Perdón y misericordia, Jesús mío, en los peligros presentes cúbrenos con tu preciosísima Sangre. R Amén. IV. Padre Eterno, ten misericordia por la Sangre de tu querido hijo, ten misericordia de  nosotros, te lo suplicamos. R Amén. 4) Enunciamos la llaga que corresponda: (Después de cada llaga rezamos una vez): Padre Eterno, yo te ofrezco las Llagas de Nuestro Señor Jesucristo. R Para curar las de nuestras almas. (Diez veces): Jesús mío, perdón y misericordia. R Por los méritos de tus Santas Llagas.
            Llagas de los pies: Señor mío crucificado, adoro las sagradas llagas de tus pies. Por el dolor que en ellas sufriste y por la sangre que derramaste, concédeme la gracia de evitar el pecado y de seguir constantemente, hasta el fin de mi vida, el camino de las virtudes cristianas.
            Llaga del sagrado costado: Señor mío crucificado, adoro la llaga de tu sagrado costado. Por la sangre que en ella derramaste, te ruego encienda en mi corazón el  fuego de tu divino amor y me concedas la gracia de amarte por toda la eternidad.
            Llaga de la mano izquierda: Señor mío crucificado, adoro la llaga sagrada de la mano izquierda. Por el dolor que sufriste y la sangre que derramaste, te ruego que no me encuentre a tu izquierda con los condenados en el día del juicio final.
            Llaga de la mano derecha: Señor mío crucificado, adoro la llaga sagrada de la mano derecha. Por el dolor que en ella sufriste y la sangre que derramaste, te ruego que me bendigas y me conduzcas a la vida eterna.
            Llagas de la cabeza: Señor mío crucificado, adoro las llagas de tu santa cabeza. Por el dolor que en ella sufriste y la sangre que derramaste, te ruego que me concedas constancia en servirte a ti y a los demás.
            Otras intenciones para cada llaga
            - Por los que viven en pecado y lejos de Dios para que se conviertan y se salven.
            - Por los buenos, que viven en la gracia y amistad de Dios, para que perseveren.
            - Por los que viven en peligro y tentaciones, para que no caigan.
            - Por nuestros hermanos difuntos, para que el Señor les conceda el premio y la gloria eterna.
            - Por la unión de todos los cristianos en la fe y en el amor.
            Al terminar el Rosario se dice tres veces:
            -Padre Eterno, yo te ofrezco las llagas de Nuestro Señor Jesucristo. R Para curar las de nuestras almas.


[1] http://es.catholic.net/religiosas/420/2464/articulo.php?id=21857; cfr. Gori, Incola, Tratado de la vida de Sor María Martha Chambón.
[2] La Congregación para la doctrina de la Fe, con decreto del 23 de marzo de 1999, ha establecido que: “Se concede a las religiosas del monasterio de la Visitación, así como a las personas que deseen orar en unión con ellas, la facultad de venerar la Pasión de Cristo con las plegarias siguientes, que corresponden a las invocaciones sugeridas por la Sierva de Dios Sor María Martha Chambón”.

viernes, 29 de junio de 2012

Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo


Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia
“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 18). La gran tentación del mundo moderno, ateo y materialista -aunque también de muchos cristianos-, es considerar al Papa como el mero líder de una organización religiosa que, para colmo de males, ha quedado anclada en el pasado.
Es así como se pretende que el Papa cambie, modifique o suprima estados o situaciones para los cuales el Papa no tiene poder, ya que dependen de la naturaleza misma de las cosas y de la Voluntad divina expresada de modo irreversible. Muchos pretenden que el Papa modifique la legislación vigente acerca del celibato sacerdotal, o que permita la ordenación de mujeres, o que haga posible un nuevo matrimonio para los divorciados, entre otros muchos temas.
Quienes pretenden estos cambios olvidan que el Papa no es el líder de una organización religiosa, ni un jefe de Estado: el Papa es el Vicario de Cristo, el representante de Cristo en la Tierra, el “dulce Cristo en la tierra”, como lo llama Santa Catalina de Siena, y que la Iglesia se funda en él así como él se funda en Cristo. Quienes pretenden semejantes cambios en la Iglesia, cambios que deformarían la Iglesia de modo irreversible, hasta convertirla en una anti-Iglesia, olvidan las palabras de Cristo, por las cuales instituye el papado y nombra a Pedro como al primer Papa: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Adherir al Papa y a su Magisterio es, por lo tanto, adherir a Cristo y a su Magisterio; oponerse al Papa es oponerse al mismo Cristo.

miércoles, 27 de junio de 2012

San Expedito aplasta al demonio con la fuerza de la Cruz de Cristo



         Al detenernos a contemplar la imagen de San Expedito, observamos que, aplastado bajo su pie derecho, aparece un cuervo. Lejos de ser el simpático animalito que todos conocemos, se trata en realidad del Demonio, que se le apareció a San Expedito bajo la forma de cuervo.
         Ante esto, y como devotos del santo, nos podemos preguntar: ¿qué hace el Demonio, para ser aplastado por San Expedito?
         Para saberlo, analicemos brevemente el accionar del Demonio: ante todo, el Demonio, llamado por Jesús “Padre de la mentira”, hace creer que esta vida terrena es la única que hay, y que por lo tanto es para “disfrutar”, para “pasarla bien”, y para eso elabora todo un sofisticado sistema de seducción a través de los medios de comunicación. Es así como los entretenimientos y pasatiempos humanos se multiplican y se vuelven omnipresentes, como sucede por ejemplo con el fútbol: existen torneos de todo tipo –locales, provinciales, regionales, internacionales, mundiales- que se transmiten a toda hora y por numerosos canales de televisión. Lo mismo sucede con la moda, el espectáculo, el cine, la música –particularmente nocivas y demoníacas son la “música” cumbia y el rock-: sus ofertas, sobre todo por televisión, se multiplican casi al infinito, volviéndose más y más atractivas de manera particular los fines de semana, de manera tal que se instala en el común de la gente la idea de que el fin de semana –comenzando ya incluso desde el jueves- es para “divertirse” y “hacer fiesta”, dejando de lado por completo la idea del viernes como día penitencial que recuerda a la Pasión, del sábado como día para recordar a la Virgen en soledad por la muerte de su Hijo, y del Domingo como “Día del Señor”, es decir, como el día más importante de la semana, dedicado a conmemorar la resurrección de Jesucristo.
         Es así como cientos de miles y miles de niños y jóvenes, en nuestro país y en el mundo entero, han abandonado -o más bien, ni siquiera han adoptado nunca- el hábito de hacer oración, de leer la Biblia, de meditar, de leer vidas de santos y, por supuesto, de asistir a Misa dominical, todo lo cual supone un rotundo triunfo de las oscuras fuerzas del infierno. Esto se comprueba fácilmente: la gran mayoría de niños y jóvenes –y no tan jóvenes- conocen y aman más a Messi que a Jesucristo, y ante la opción de asistir a Misa en el mismo horario en el que juega la Selección, o el Barcelona, o cualquier equipo de fútbol conocido mediáticamente, la elección es por todos conocida: se prefiere al ídolo demoníaco del fútbol antes que a Jesús Eucaristía. Si se piensa que en el siglo pasado, el demonio exultó de alegría cuando difundiendo falsos rumores sobre la liberación de dos niños posesos hizo asistir en un día domingo, por curiosidad, a cientos de personas, y la causa de su alegría era haber inducido a que toda esa gente cometiera pecado mortal al faltar a la Santa Misa dominical, nos podemos imaginar fácilmente la alegría que experimenta en nuestros tiempos, cuando los estadios de fútbol, las salas de cines, los paseos de compras, están llenos los domingos, mientras que las iglesias están vacías.
         Otro engaño del Demonio, muy frecuente en estos días, y aparejado con esto que venimos diciendo, es la difusión de la creencia de que la Iglesia con sus sacramentos, principalmente la Eucaristía, no son necesarios para la salvación, ya que cada uno se puede salvar a sí mismo. Así se ve el abandono masivo de las confesiones y de las comuniones eucarísticas, o también comuniones sin confesiones previas.
         Otro engaño del Demonio consiste en presentar a los sentidos cosas que son malas y perversas, haciéndolas pasar por buenas, con el consiguiente daño no solo corporal, físico y mental, sino ante todo espiritual. Así es como todo lo malo se presenta como bueno: la droga, el aborto, las relaciones anti-naturales, el divorcio, el concubinato, la sensualidad en la moda y en el vestir, el poder, el dinero, la violencia, etc.
         Este el accionar del Demonio en nuestros días, esparciendo errores, mentiras, falsedades y engaños, para hacer caer a las almas en pecado mortal y poder arrastrarlas al infierno, como muestra de su insaciable odio a Dios.Y tiene mucho éxito en su empeño, según las apariciones de la Virgen María en Fátima, en donde les muestra a los pastorcitos las almas que caen en el infierno, "como las hojas de los árboles caen en otoño".
Como devotos de San Expedito, le pedimos a Él y a María Santísima, que intercedan ante Jesucristo, para que también nosotros, al igual que él, podamos aplastar al Demonio con la fuerza omnipotente de la Cruz del Salvador.

martes, 26 de junio de 2012

El fuego, las espinas y la cruz del Sagrado Corazón



         En una de sus apariciones, Jesús le muestra su Sagrado Corazón a Santa Margarita y le dice: “Este es el Corazón que tanto ha amado a los hombres (…) Pero de los hombres recibo a cambio solo desprecio, ingratitud, indiferencias, ultrajes”.
         ¿Cómo es el Corazón que Jesús le muestra a Santa Margarita? Según las declaraciones de la santa relativas a las apariciones, hay tres elementos dominantes: llamas de fuego que lo envuelven y que representan al Espíritu Santo, Fuego de Amor divino; espinas que lo rodean y lo punzan en cada latido, representando a los cristianos ingratos; y finalmente en su base, una cruz, que significa el camino que el alma debe recorrer para llegar a Él.
         Con respecto al Amor del Sagrado Corazón -representado en las llamas que lo envuelven-, no es un amor meramente declarativo, que se queda solo en la expresión verbal del amor: es un Amor que lleva a Cristo al extremo de morir en la Cruz por aquellos a quienes ama; es un Amor que no vacila en exprimir hasta la última gota de sangre del Corazón del Salvador, al punto de poder decir Dios que Él, como Dios, ya no tiene más para dar a los hombres, porque les ha dado literalmente no solo todo lo que Él tiene sino también todo lo que Él es, porque hasta en las últimas gotas de sangre de su Corazón traspasado se dona todo entero el Ser trinitario, que se derrama incontenible sobre la Humanidad.
         Pero el Corazón de Jesús, además de estar envuelto en las llamas del Amor divino, está rodeado también de espinas, de modo que a cada latido suyo de Amor, le corresponde un agudo dolor causado por las espinas que lo punzan. Y como el Corazón es uno de los órganos más sensibles al dolor, a un estado continuo de pulsaciones de amor, le corresponde un igual estado continuo de dolor. Las espinas representan a los hombres “ingratos”, “indiferentes”, que “desprecian” y “ultrajan” al Sagrado Corazón, y son la causa de las amargas quejas de Jesús.
Esto es así porque desde niños, hasta ancianos, pasando por la edad juvenil y la edad madura, los hombres –la gran mayoría- prefieren ensimismarse en la nada insignificante de sus entretenimientos y ocupaciones pasajeras, o en la náusea del pecado, en vez de postrarse, de rodillas, ante el Sagrado Corazón, que late de Amor en la Eucaristía, solo y abandonado por los cristianos, aquellos por quienes, en el extremo de su locura de amor, decidió dar su vida en la Cruz.
La Cruz, el tercer elemento de las apariciones a Santa Margarita, significa que el Sagrado Corazón, amoroso y doliente, está crucificado, agonizando de amor en el patíbulo de la Cruz; esto quiere decir que para acercarse al Sagrado Corazón, hay que subir a la Cruz, para escuchar sus latidos de Amor y de dolor; hay que subirse a la Cruz para beber de la fuente inagotable del Amor divino, abierta por la lanza.
Quien quiera amar al Sagrado Corazón debe subir a la Cruz, para ser crucificado con Él.
¿Qué más puede hacer Dios por nosotros? Viene a este mundo como un hombre fracasado, abandonado por todos excepto su Madre, permitiendo que traspasen su Corazón para que se derrame hasta la última gota de su Sangre, para salvarnos del demonio y para donarnos la filiación divina…
“De los hombres sólo recibo desprecios, ingratitudes, indiferencias…”. Que no tenga Jesús que lamentarse amargamente por nosotros, y que sepamos corresponder y reparar, con amor y adoración, como lo hizo la Virgen al pie de la Cruz, a tantos ultrajes y sacrilegios recibidos por el Sagrado Corazón en la Eucaristía.

jueves, 21 de junio de 2012

Solemnidad del Sagrado Corazón – Ciclo B – 2012




         Santa Margarita María relata así la cuarta aparición del Sagrado Corazón, el 16 de Junio de 1675: “Estando una vez en presencia del Santísimo Sacramento, un día de su octava, recibí de Dios Gracias excesivas de Su Amor (…) Entonces, descubriendo Su Divino Corazón me dijo: “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, y que no ha ahorrado nada, hasta el extremo de agotarse y consumirse para demostrarles Su Amor, y en reconocimiento no recibo de la mayor parte más que ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que Me tratan en este Sacramento del Amor. Pero lo que más Me duele es que sean corazones consagrados a Mí los que así Me tratan. Por eso te pido, que sea dedicado el Primer Viernes, después de la octava del Corpus, a celebrarse una Fiesta especial para honrar Mi Corazón, comulgando ese día y reparando Su Honor por medio de un respetuoso ofrecimiento, a fin de expiar las injurias que he recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares. También te prometo que Mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia las influencias de Su Divino Amor sobre quienes Le hagan ese honor y procuren que se Le tribute”[1].
Jesús le muestra su Sagrado Corazón y le dice “se ha agotado y consumido” para “demostrarles su Amor” a los hombres, y que en respuesta, solo ha recibido, de la gran mayoría, incluidos los consagrados, “ingratitud, irreverencias, sacrilegios, frialdad y desprecio”. Luego le pide la fiesta del Primer Viernes, después de la octava de Corpus Christi.
Además, en la tercera aparición, le dice que la hará participar de la “tristeza mortal” que padeció en el Huerto de los Olivos.
¿En qué consiste esta “tristeza mortal” del Sagrado Corazón? ¿De qué manera se ha “consumido y agotado” demostrando su Amor?
Para tener una idea, es necesario escuchar lo que el mismo Sagrado Corazón le dice a Luisa Piccarretta, cuando la sierva de Dios contemplaba la tercera hora de agonía en el Huerto de los Olivos: “Agonizante Jesús mío, mientras parece que se te va la vida, siento ya el estertor de tu agonía; tus ojos están apagados por la cercanía de la muerte, todo tu cuerpo se encuentra abandonado a sí mismo y el respiro frecuentemente te falta; y yo siento que se me rompe el corazón por el dolor; te abrazo y siento que estás helado; te sacudo y no das señales de vida... ¡Jesús! ¿Has muerto ya? Afligidísima Madre mía, ángeles del cielo, vengan todos a llorar por Jesús y no permitan que yo siga viviendo sin él, porque no puedo. Lo abrazo más fuerte y siento que da otro respiro y que de nuevo vuelve a no dar señales de vida... Lo llamo: ‘¡Jesús, Jesús, Vida mía, no te mueras! Oigo ya el alboroto que hacen tus enemigos que ya vienen a arrestarte. ¿Quién te defenderá en este estado en que te encuentras?’.
Y él, sacudido, parece resucitar de la muerte a la vida. Me mira y me dice: ‘Hijo, ¿estás aquí? ¿Has sido entonces espectador de todas mis penas y de las tantas muertes que he sufrido? Pues bien, debes saber, oh hijo, que en estas tres horas de amarguísima agonía he reunido en mí todas las vidas de las criaturas y he sufrido todas sus penas y hasta sus mismas muertes, dándole a cada una mi misma vida. Mis agonías sostendrán las suyas; mis amarguras y mi muerte se cambiarán para ellas en fuentes de dulzura y de vida. ¡Cuánto me cuestan las almas! ¡Si por lo menos fuera correspondido! Es por eso que tú has visto que por momentos moría para luego volver a respirar: eran las muertes de las criaturas que sentía en mí”.
La tristeza mortal del Sagrado Corazón, y el hecho de haberse consumido literalmente por Amor, se deben entonces a que Cristo, en cuanto Hombre-Dios, en sus tres horas de agonía en el Huerto de los Olivos, asume en sí mismo todas las vidas de todas las personas de todos los tiempos, desde Adán y Eva hasta el último hombre que habrá de nacer en el Último Día, y sufre sus mismas penas y sus mismas muertes, para darles de su propia vida.
Esto quiere decir que no son palabras retóricas el decir que Cristo en Persona sufre en los agonizantes, ya que Él está en quien agoniza, sufriendo su misma agonía y su misma muerte, para darle su propia vida.
La agonía de Jesús en el Huerto se debe a que sufre la agonía y la muerte de todos y cada uno de los cientos de miles de millones de seres humanos, incluidas nuestras propias agonías y muertes.
Cuando Jesús agoniza en el Huerto, agoniza porque sufre Él en Persona estas muertes, y lo hace –como Él lo dice-, para transformar los intensos dolores de la agonía, la tristeza y el llanto, en dulzura y regocijo celestial, con su omnipotencia divina. ¡Cuánto agradecimiento debemos al Sagrado Corazón, por haber no solo sufrido las muertes de nuestros seres queridos, sino haberlas convertido en gozo y alegría!
De todo esto, se comprende la amarga queja de Jesús a Santa Margarita, al ver tan poco –más bien, nada- correspondido su amor, por centenares de miles de niños, jóvenes y adultos, que conocen y aman más a Messi, a Cristiano Ronaldo, y a cualquier ídolo mundano que aparezca en los medios de comunicación; se comprende el dolor de Cristo, al comprobar cómo la inmensa mayoría de las almas, por las que el Sagrado Corazón sufrió en el Huerto de Getsemaní, prefieran sus diversiones banales y sus ocupaciones terrenas, antes que hacer un rato de adoración frente a Jesús Sacramentado.


[1]http://aparicionesdejesusymaria.files.wordpress.com/2011/06/santa-margarita-mc2aa-alacoque-revelaciones-del-corazc3b3n-de-jesc3bas-1673-1675.pdf

viernes, 1 de junio de 2012

La agonía del Sagrado Corazón en el Huerto de los Olivos



         El Sagrado Corazón le revela a Santa Margarita María que la inmensidad de los dolores que sufrió en las horas de agonía en el Huerto de Getsemaní, se debieron, en gran medida, a que en su Divinidad, veía cómo un gran número de almas habrían de condenarse, al mostrarse ingratas e indiferentes frente a su sacrificio en Cruz.
         Para muchísimas almas, su muerte no significaría nada, ya que habrían de preferir a sus propias pasiones, antes que la Cruz de Jesús, lo cual habría de conducirlas a la eterna condenación, y es esta visión de la enorme masa de condenados lo que más dolor le provocaba, y lo que hacía su agonía más y más intensa.
         Cuando se ve el estado espiritual de nuestra época, en donde los hombres viven como si Dios no existiera, o más bien, como si cada uno fuera su propio dios; cuando se ve a los jóvenes y adolescentes –solo a la salida de los colegios- que no es que hayan perdido el pudor y la vergüenza, sino que parecieran que jamás la tuvieron, porque la impudicia y la desvergüenza les son connaturales y no parecen conocer otra cosa; cuando se ve la inmensa muchedumbre de niños que empiezan a ser educados en las leyes anti-naturales; cuando se ve que la anti-natura se acepta como “natural” y se legitima por ley cualquier aberración que pueda surgir del corazón humano; cuando se ve que a enormes masas de gentes parece importarles solo el placer, el poder, el tener; cuando la droga se convierte en lucrativo y sangriento negocio que atrapa a países enteros, es que uno se pregunta si no son para nuestros días estas duras palabras del Sagrado Corazón, dictadas a Santa Brígida de Suecia: “Juro por mi Divinidad, que si morís en el estado que ahora estáis, nunca veréis Mi Rostro, sino que por vuestra soberbia os sumergiréis tan profundamente en el infierno, que todos los demonios estarán sobre vosotros, afligiéndoos incansablemente: por vuestra lujuria seréis llenos del horrible veneno del demonio, y por vuestra codicia os llenaréis de dolores y de angustias, y seréis participantes de todos los males que hay en el infierno. ­Oh, enemigos Míos, abominables, degenerados y desgraciados; sois a mis ojos como el gusano muerto en el invierno; haced, pues lo que queráis y prosperad ahora. Pero Yo me levantaré en el estío, y entonces callaréis y no os libraréis de Mi mano!’”[1].


[1] Celestiales revelaciones, págs. 458-459.

martes, 1 de mayo de 2012

San José, modelo de todo esposo, de todo padre, de todo hijo


San José es modelo de esposo, padre e hijo. Es modelo para todo padre, por su extrema dedicación a su Hijo Jesús. Si bien no era su hijo biológico, puesto que Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo en el seno virgen de María, y si bien ese Hijo suyo que él adoptó, era Dios Hijo en Persona, dedicó a su Hijo Jesús toda su vida, brindándole todos los cuidados posibles, protegiendo su vida de quienes deseaban asesinarlo, como cuando tuvo que huir a Egipto por la persecución de Herodes, y luego trabajando sin descanso con su oficio de carpintero, para darle el sustento diario.
San José alimentó a su propio Dios, dándole el pan de todos los días a Aquél que luego se donaría como Pan de Vida eterna.
Como padre, San José también le enseñó su oficio, el de carpintero, a Aquél que luego habría de subir al Leño de la Cruz, para salvar al mundo.
Por esto, San José, como padre, vivía en un permanente estado de asombro y estupor: cuidaba, alimentaba y educaba, acompañándolo en su crecimiento humano, a quien era su Creador y Redentor, y este asombro y estupor lo hacían a su vez crecer cada vez más en su amor de padre adoptivo, al contemplar el infinito Amor misericordioso de un Dios que, libremente, lo había elegido para que fuera su padre adoptivo en su vida terrena.
San José es también ejemplo para todo esposo, porque si bien era el esposo legal de la Virgen María, su trato para con Ella fue, en todo momento, sumamente casto y puro, puesto que ninguna pasión humana y terrena podía mancillar el matrimonio virginal entre San José y María Virgen.
Es modelo para todo esposo, por su amor esponsal casto y puro para con María Virgen, y si bien entre los santos esposos había únicamente un amor fraternal, un amor de hermanos, dedicó todo su empeño a ser un esposo fiel y dedicado, ayudando a María Virgen en la delicada y sublime tarea de educar al Niño Dios, preparándolo para su sacrificio, ya adulto, en el altar de la Cruz.
San José es también modelo para todo hijo, porque cumplió, santamente y a la perfección, como Padre Virgen de Jesús, y como esposo casto de María Santísima, el encargo que le dio Dios Padre, el cuidar de Dios Hijo en su paso por la tierra, mostrándose, de esta manera, como hijo amoroso de Dios Padre, dispuesto a cumplir en todo su voluntad, por amor.
Por todo esto, San José es modelo y ejemplo para todo esposo, para todo padre, para todo hijo.