Bienaventurados habitantes del cielo, Ángeles y Santos, vosotros que os alegráis en la contemplación y adoración de la Santísima Trinidad, interceded por nosotros, para que algún día seamos capaces de compartir vuestra infinita alegría.
San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
viernes, 7 de septiembre de 2012
El Sagrado Corazón y su dolor
jueves, 21 de junio de 2012
Solemnidad del Sagrado Corazón – Ciclo B – 2012
viernes, 1 de junio de 2012
La agonía del Sagrado Corazón en el Huerto de los Olivos
jueves, 23 de junio de 2011
La tristeza del Sagrado Corazón

En una de las apariciones del Sagrado Corazón, Jesús le dice a Santa Margarita que fuera a hacer adoración eucarística entre las once y las doce de la noche, y allí Él le haría participar de la tristeza de Getsemaní: “Todas las noches del jueves al viernes te haré participar de la mortal tristeza que quise padecer en el Huerto de los Olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte”.
¿Cuál es el origen de la tristeza del Sagrado Corazón?
Una primera causa de la tristeza, son los bautizados, los consagrados, sean laicos o sacerdotes, que lo abandonan en las tentaciones, o por falta de ánimo de lucha, o por no querer hacer mortificaciones, y así ceden al mal, a la oscuridad, como los discípulos que duermen mientras Jesús reza: “…veo en tu Corazón todas las heridas de las almas consagradas a ti, que, o por tentación o por estado de ánimo o por falta de mortificación, en vez de estrecharse a ti, de velar y de orar, se abandonan a sí mismas y, somnolientas, en vez de progresar en el amor y en la unión contigo, retroceden…”[1].
Otra causa de la tristeza y de los dolores del Sagrado Corazón, en Getsemaní, son los malos pensamientos, consentidos por las criaturas, sobre todo por aquellas llamadas, por su consagración bautismal, a tener pensamientos santos y puros, pensamientos de pureza, de castidad, de santidad, de bondad, de perdón, de amor, de reconciliación, de paz, de alegría por las cosas santas, y en vez de eso, tienen pensamientos de impureza, de falta o más bien ausencia de perdón, de odio y rencor, de ausencia de reconciliación, de discordia, de tristeza, de tedio y de fastidio hacia las cosas santas. Estos pensamientos malos de las criaturas, sobre todo de los hijos de
El devoto del Sagrado Corazón debe considerar que
viernes, 4 de marzo de 2011
El Sagrado Corazón y la Adoración Eucarística

¿Por qué motivo las cofradías del Sagrado Corazón están integradas, en su gran mayoría, por señoras de edad, y en tan escaso número? ¿No vino Jesús para todos, es decir, para varones y mujeres, para niños y jóvenes, para adultos y ancianos?
El motivo principal es el haber desvirtuado la devoción al Sagrado Corazón, confundiéndola con un sentimentalismo religioso vacío de contenido sobrenatural, y de esa manera, así desnaturalizado el verdadero sentido de las apariciones de Jesús, las cofradías se ven vacías.
Nada tiene que ver esta devoción con el sentimentalismo; por el contrario, su verdadero sentido se enmarca en las más duras pruebas que una persona puede afrontar en su vida, porque se trata de acompañar a Jesús en los momentos más duros de su Gran Tribulación, la oración en el Huerto y la Pasión en el Calvario. Es el mismo Jesús quien, en una de las apariciones, le dice a Santa Margarita que debe ir a hacer adoración, para reparar por las ingratitudes que recibe de los hombres, y para consolar y hacer más llevadera la dura agonía sufrida por Él en el Huerto de Getsemaní.
Es eso lo que dice Jesús, y es lo que constituye el núcleo de las revelaciones del Sagrado Corazón: “Todas las noches del jueves a viernes haré que participes de aquella mortal tristeza que Yo quise sentir en el huerto de los olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía mas difícil de sufrir que la muerte. Para acompañarme en la humilde oración que hice entonces a mi Padre en medio de todas mis congojas, te levantaré de once a doce de la noche para postrarte durante una hora conmigo; el rostro en el suelo, tanto para calmar la cólera divina, pidiendo misericordia para los pecadores, como para suavizar, en cierto modo, la amargura que sentí al ser abandonado por mis apóstoles, obligándome a echarles en cara el no haber podido velar una hora conmigo”.
La devoción al Sagrado Corazón no se limita entonces a participar de una cofradía que se reúne los primeros viernes para asistir a misa: la devoción implica un espíritu de penitencia, de mortificación, de ayuno, al menos los viernes, para acompañar a Jesús que, misteriosa pero realmente, sigue, actualmente, sufriendo en el Huerto de Getsemaní, y seguirá en ese estado hasta el fin de los tiempos, aún cuando sea verdad, como lo es, que Él ha resucitado.
Ser devoto del Sagrado Corazón implica mucho más que el mero asistir pasivo a
Así como Jesús en el Huerto de los Olivos sufrió una agonía de muerte, junto a una tristeza mortal, que lo llevó a sudar sangre, ante la vista de las almas que, a pesar de su sacrificio, habrían de condenarse, así Jesús, misteriosamente, prolonga su sufrimiento y lo hace actual, por medio del misterio eucarístico, de modo que quien hace adoración eucarística, hace adoración frente al Cristo que sufre en el Huerto de Getsemaní.
“(…) sólo frialdades y desaires tienen para todo mi afán en procurarles el bien. Al menos dame tú el gusto de suplir su ingratitud de todo cuanto te sea dado conforme a tus posibilidades”.
El verdadero sentido de la devoción al Sagrado Corazón está en el acompañamiento, por medio de la adoración eucarística, que el alma hace de Jesús orante y sufriente, con agonía de muerte, en el Huerto de Getsemaní”.
¿Por qué hay tan poca gente en las cofradías del Sagrado Corazón? ¿Será que es una devoción demasiado exigente, y que es mejor seguir durmiendo, sin que Jesús nos despierte de nuestro letargo?

