Bienaventurados habitantes del cielo, Ángeles y Santos, vosotros que os alegráis en la contemplación y adoración de la Santísima Trinidad, interceded por nosotros, para que algún día seamos capaces de compartir vuestra infinita alegría.
San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
viernes, 7 de agosto de 2015
Las elementos del Sagrado Corazón de Jesús y su significado
jueves, 4 de septiembre de 2014
El significado de las espinas, las llamas y la cruz del Sagrado Corazón de Jesús
jueves, 2 de junio de 2011
Las llamas del Sagrado Corazón

El Sagrado Corazón, según los relatos de Santa Margarita María de Alacquoque, aparece envuelto en llamas. Las llamas son figura del Ser divino, que es Amor celestial, espiritual y perfecto, en Acto Puro, cuyo ardor sólo puede ser representado adecuadamente por medio del fuego, porque así como el fuego abrasa y envuelve, así el Amor de Dios abrasa y envuelve a aquellos a los que ama, tomando posesión de ellos por la eternidad.
El significado de las llamas que envuelven al Sagrado Corazón es develado por el mismo Jesús en Persona, a Santa Margarita: “Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en el las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía”.
Lo que quiere hacer el Sagrado Corazón es tomar el corazón de cada persona –su ser, su alma, su cuerpo, su vida toda-, e introducirla en ese horno ardiente de caridad, para hacerlo arder en el fuego de su amor, y convertirlo así en una llama viviente del Amor divino: “Luego” -continúa Margarita-, “me pidió el corazón, el cual yo le suplicaba tomara y lo cual hizo, poniéndome entonces en el suyo adorable, desde el cual me lo hizo ver como un pequeño átomo que se consumía en el horno encendido del suyo, de donde lo sacó como llama encendida en forma de corazón, poniéndolo a continuación en el lugar de donde lo había tomado, diciéndome al propio tiempo: “He ahí, mi bien amada, una preciosa prenda de mi amor, que encierra en tu costado una chispa de sus mas vivas llamas, para que te sirva de corazón y te consumas hasta el último instante y cuyo ardor no se extinguirá ni enfriará. De tal forma te marcaré con
En la comunión eucarística se da, de manera real y mística, algo más grande que en las apariciones del Sagrado Corazón: más que pedirnos nuestro corazón, Jesús nos entrega su Corazón Eucarístico, envuelto en las llamas del Amor divino, para que al tomar contacto el alma con
Si esto no sucede, se debe únicamente a que el fuego no puede prender en la fría y dura roca.
viernes, 7 de enero de 2011
El Sagrado Corazón, el Amor divino y la ingratitud humana

Muchos, erróneamente, tildan a la devoción al Sagrado Corazón de sensiblera y superficial. Muchos, erróneamente, creen que una devoción así, en esta época hipertecnológica y cientificista, que todo lo explica con el rasero de la razón científica, es propio de señoras grandes, que se quedaron en el pasado, y que por lo tanto nada útil puede aportar para el progreso del hombre. El hombre del siglo XXI, dicen muchos, fascinado por el progreso de la ciencia y de la tecnología, no puede obtener nada útil de una devoción sensiblera y anticuada.
¿Cómo evitar caer en la deformación de la verdadera devoción al Corazón de Jesús? ¿De qué manera podemos al menos intuir el alcance de las apariciones de Jesús a Santa Margarita, apariciones que son para
No se comprende la devoción al Sagrado Corazón, si no se tienen en cuenta, por un lado, la inmensidad inabarcable y la profundidad insondable del Amor divino, expresado y manifestado en el amor del Hombre-Dios Jesucristo y, por otro, la inmensidad de la ingratitud y de la malicia del corazón del hombre sin Dios.
Ambos aspectos aparecen figurados en la segunda aparición de Jesús a Santa Margarita: “El divino Corazón se me presentó en un trono de llamas, mas brillante que el sol, y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas y significando las punzadas producidas por nuestros pecados, y una cruz en la parte superior, la cual significaba que, desde los primeros instantes de su Encarnación, es decir, desde que se formó el Sagrado Corazón, quedó plantado en él la cruz, quedando lleno, desde el primer momento, de todas las amarguras que debían producirle las humillaciones, la pobreza, el dolor, y el menosprecio que su Sagrada Humanidad iba a sufrir durante todo el curso de su vida y en Su Santa Pasión”.
El Sagrado Corazón aparece en un "trono de llamas", “transparente como el cristal”, con la “llaga adorable”, lo cual significa que el corazón humano del hombre Jesús de Nazareth, el corazón compuesto por músculo cardíaco, se encuentra unido a la divinidad, al corazón único de Dios, y está envuelto en el Amor de Dios, todo lo cual está significado por la transparencia del cristal, símbolo de la pureza del Ser divino, y por las llamas, símbolo del Amor divino. El corazón humano de Cristo, que late con la fuerza de su humanidad perfecta, sin pecado, santificada al infinito por el contacto con
El otro elemento de la aparición son la cruz y la corona de espinas, las cuales significan los dolores producidos por los pecados de los hombres, y la ingratitud y el menosprecio que recibiría el Amor de Dios, manifestado y donado en Cristo Jesús.
En el Corazón de Jesús, se ven entonces los dos elementos necesarios para comprender el alcance de la devoción: el Amor eterno, infinito, insondable, inabarcable, de un Dios que, en el extremo de locura de amor por su criatura, el hombre, se auto-dona a sí mismo por medio del amor humano del corazón humano de Jesús de Nazareth; por otro lado, se ve la ingratitud, el desprecio, la indiferencia, el rechazo, la maldad, del corazón humano, que al Amor de Dios le responde abofeteando su rostro, escupiéndolo en la cara, coronando de espinas su cabeza, y crucificándolo. Y no conforme con esto, estando ya muerto el Hombre-Dios, la maldad del hombre lo lleva a perforar su costado con una lanza, para asegurarse de que está bien muerto en la cruz, y que no volverá a vivir, pero Dios, en su locura de amor, responde con amor al odio deicida, porque en el momento en el que el soldado le traspasa su Corazón Sagrado, suspendido en la cruz, derrama su sangre sobre la humanidad, y con la efusión de su sangre, efunde su Espíritu Santo, su Espíritu de Amor. Al extremo odio deicida del hombre, que traspasa su cuerpo ya muerto, Dios responde derramando su sangre, y con su sangre, su Amor, el Espíritu Santo.
¿Qué hacer, entonces, no sólo para no desvirtuar a la devoción al Sagrado Corazón, pensando que es una devoción sentimentalista reservada a señoras grandes, pasada de moda, inútil para el mundo científico, racionalista, e hipertecnológico en el que vivimos?
El mismo Sagrado Corazón nos da la respuesta. Le dice así a Santa Margarita. “De Jueves a viernes haré que participes de aquella mortal tristeza que Yo quise sentir en el huerto de los olivos; tristeza que te reducirá a una especie de agonía mas difícil de sufrir que la muerte”. Es decir, la adoración al Santísimo Sacramento, en donde late, vivo y glorioso, el Sagrado Corazón, y la expiación y reparación por aquellos que no creen, ni esperan, ni adoran, ni aman. Nuevamente el Sagrado Corazón: “Una vez, estando expuesto el Santísimo Sacramento, se presentó Jesucristo resplandeciente de gloria, con sus cinco llagas que se presentaban como otro tanto soles, saliendo llamaradas de todas partes de Su Sagrada Humanidad, pero sobre todo de su adorable pecho que, parecía un horno encendido. Habiéndose abierto, me descubrió su amabilísimo y amante Corazón, que era el vivo manantial de las llamas. Entonces fue cuando me descubrió las inexplicables maravillas de su puro amor con que había amado hasta el exceso a los hombres, recibiendo solamente de ellos ingratitudes y desconocimiento. ‘Eso, le dice Jesús a Margarita, fue lo que más me dolió de todo cuanto sufrí en mi Pasión, mientras que si me correspondiesen con algo de amor, tendría por poco todo lo que hice por ellos y, de poder ser, aún habría querido hacer más. Mas sólo frialdades y desaires tienen para todo mi afán en procurarles el bien. Al menos dame tú el gusto de suplir su ingratitud de todo cuanto te sea dado conforme a tus posibilidades’”.
La verdadera devoción al Sagrado Corazón consiste en esto: en corresponder a su infinito amor con la adoración al Santísimo Sacramento, y con la expiación y reparación por los que no creen, ni esperan, ni adoran, ni aman.

