San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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jueves, 2 de junio de 2011

Las llamas del Sagrado Corazón

Las llamas que envuelven
al Sagrado Corazón,
representan al Ser divino,
que es Amor en Acto Puro.
Jesús comunica de estas llamas
en cada comunión eucarística,
y si el alma no se enciende
en el fuego del Amor divino,
es porque el fuego
no puede encender
la roca dura y fría.


El Sagrado Corazón, según los relatos de Santa Margarita María de Alacquoque, aparece envuelto en llamas. Las llamas son figura del Ser divino, que es Amor celestial, espiritual y perfecto, en Acto Puro, cuyo ardor sólo puede ser representado adecuadamente por medio del fuego, porque así como el fuego abrasa y envuelve, así el Amor de Dios abrasa y envuelve a aquellos a los que ama, tomando posesión de ellos por la eternidad.

El significado de las llamas que envuelven al Sagrado Corazón es develado por el mismo Jesús en Persona, a Santa Margarita: “Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en el las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía”.

Lo que quiere hacer el Sagrado Corazón es tomar el corazón de cada persona –su ser, su alma, su cuerpo, su vida toda-, e introducirla en ese horno ardiente de caridad, para hacerlo arder en el fuego de su amor, y convertirlo así en una llama viviente del Amor divino: “Luego” -continúa Margarita-, “me pidió el corazón, el cual yo le suplicaba tomara y lo cual hizo, poniéndome entonces en el suyo adorable, desde el cual me lo hizo ver como un pequeño átomo que se consumía en el horno encendido del suyo, de donde lo sacó como llama encendida en forma de corazón, poniéndolo a continuación en el lugar de donde lo había tomado, diciéndome al propio tiempo: “He ahí, mi bien amada, una preciosa prenda de mi amor, que encierra en tu costado una chispa de sus mas vivas llamas, para que te sirva de corazón y te consumas hasta el último instante y cuyo ardor no se extinguirá ni enfriará. De tal forma te marcaré con la Sangre de mi Cruz, que te reportará más humillaciones que consuelos. Y como prueba de que la gracia que te acabo de conceder no es nada imaginario, aunque he cerrado la llaga de tu costado, te quedará para siempre su dolor y, si hasta el presente solo has tomado el nombre de esclava mía, ahora te doy el de discípula muy amada de mi Sagrado Corazón”.

En la comunión eucarística se da, de manera real y mística, algo más grande que en las apariciones del Sagrado Corazón: más que pedirnos nuestro corazón, Jesús nos entrega su Corazón Eucarístico, envuelto en las llamas del Amor divino, para que al tomar contacto el alma con la Eucaristía, el corazón humano se encienda en el fuego del Amor de Dios, de modo que el alma quede toda encendida en la caridad divina.

Si esto no sucede, se debe únicamente a que el fuego no puede prender en la fría y dura roca.

miércoles, 1 de junio de 2011

Las espinas del Sagrado Corazón de Jesús

Las espinas que rodean
al Sagrado Corazón
representan a los bautizados,
que olvidándose de Jesús Eucaristía,
prefieren los placeres del mundo,
a los consuelos del Amor divino.

En las imágenes del Sagrado Corazón, el corazón de Jesús aparece, obviamente, estático y sin movimiento, pues se trata de una representación, ya sea en una lámina, o en una estatua, lo cual puede contribuir a dar una idea un tanto alejada de la realidad, ya que si se piensa que no se mueve, las espinas que lo rodean no le provocan ningún daño ni dolor.

En la realidad, por el contrario, el Sagrado Corazón está vivo, y porque está vivo, late, y late de modo continuo, como late el corazón de todo ser humano vivo -Jesús es el Hombre-Dios, es decir, verdadero Hombre y verdadero Dios-, y como está rodeado de espinas, porque la Pasión de Jesús está en Acto Presente –es decir, es misteriosamente actual, y lo es hasta el fin de los tiempos-, y es por eso que, en cada latido, el Sagrado Corazón es punzado por dolorosas espinas, minuto a minuto, centenares y miles de veces, las cuales le provocan un dolor continuo y una amargura permanente.

¿Qué significan esas espinas? Las espinas que punzan el Sagrado Corazón, representan, ante todo, a los consagrados -sacerdotes, religiosos, religiosas-, que olvidándose del Amor del Sagrado Corazón, se desvían en busca de placeres terrenos y mundanos; las espinas representan también a los niños, que prefieren sus juegos y sus diversiones, a la oración y a la penitencia; representan a los jóvenes, que prefieren seguir los impulsos del instinto, antes que considerarse como templos del Espíritu Santo; las espinas representan a los adultos, que han claudicado desde su juventud en el seguimiento de Cristo, y se han acomodado a los placeres del mundo, dejando en el más completo olvido el culto debido a Dios; las espinas representan a los ancianos, que viven la última etapa de su vida sin ofrecer sus sufrimientos, y sin pensar que les falta poco para encontrarse con su Creador.

El Sagrado Corazón está rodeado de espinas, pero su dolor más grande no se debe a ellas, sino a la frialdad y a la indiferencia de aquellos llamados a reparar, con actos de amor y adoración a su Presencia Eucarística, los horribles sacrilegios con los que es ofendido día a día.