San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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miércoles, 21 de septiembre de 2016

San Expedito eligió a Jesús en la cruz y no al diablo


         Cuando la Iglesia nos permite festejar litúrgicamente a un santo, lo hace para que, conociendo su vida y reflexionando acerca de sus virtudes, busquemos de imitarlo, al menos en alguna de las tantas virtudes que lo llevaron al cielo.

         En el caso de San Expedito, algo que se destaca en su vida de santidad es la celeridad o prontitud en elegir a Jesucristo, al mismo que tiempo que rechazaba al Diablo. Sabemos que cuando recibió la gracia de la conversión, al mismo tiempo se le apareció el Diablo para tentarlo, sugiriéndole que dejara su conversión para “mañana”. En ese momento, San Expedito tenía frente a sí dos posibilidades: o elegir a Jesucristo, respondiendo afirmativamente a la gracia de la conversión, o elegir al Diablo, respondiendo negativamente a esa gracia. La historia de su vida nos enseña que, luego de meditar brevemente acerca de estas dos posibilidades, San Expedito, aferrando en alto la Santa Cruz de Jesús y diciendo “¡Hoy!”, eligió a Jesús en vez de al Diablo. Es aquí entonces en donde podemos –y debemos- imitar a nuestro santo: en elegir a Jesús y no al Diablo, en preferir la Santa Cruz y no al Demonio. Ahora bien, a nosotros no se nos va a aparecer el Demonio en forma de cuervo, sino que permanecerá siempre invisible, tratando de tentarnos para que no cumplamos los Mandamientos de la Ley de Dios, ni los Mandamientos de Jesús –perdonar setenta veces siete, amar al enemigo, cargar la cruz de cada día-, ofreciéndonos en cambio cumplir sus mandamientos, los mandamientos de Satanás, que son los opuestos a los Mandamientos de Dios. ¿Cuáles son los mandamientos de Satanás? Haz lo que quieras, que se cumpla tu voluntad y no la de Dios; no santifiques el Domingo, dedícalo no a Dios, sino a tus intereses y úsalo para divertirte; mira espectáculos impuros; roba, quédate con lo que no es tuyo; que no te importe el cónyuge de tu prójimo, si lo deseas, es para ti, no importa que estén ya casados; comete adulterio, comete fornicación, todo está bien, bada es pecado y Dios no te lo va a tener en cuenta; no acudas a los Sacramentos de la Iglesia; no te confieses; comulga sin confesarte; confiésate sin arrepentirte de nada; no honres a tus padres, trátalos con desprecio; desobedece siempre, haz lo que te parezca. También nos tentará para no rezar, para no perdonar, para no amar al enemigo; nos tentará para que veamos programas inmorales o, al menos, inútiles; nos tentará para que nos desviemos de la fe y la contaminemos con sus ídolos, como la superstición, la magia, la brujería, y para que en la tribulación, acudamos a sus agentes, como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte, en vez de abrazarnos a la Cruz de Jesús y de cubrirnos con el Manto de María, etc. Es decir, el Demonio tratará de hacernos apartar de la fe en Jesús y en la Virgen como la Madre de Dios, para que creamos en sus mentiras. Aquí es donde San Expedito nos da el ejemplo de santidad: al igual que San Expedito, frente a la tentación y frente a la seducción del Tentador, que es el Demonio, debemos aferrar la Santa Cruz de Jesús y decir, desde lo más profundo del corazón: “¡Hoy y no mañana, comienzo a vivir según los Mandamientos de la Ley de Dios y no según los Mandamientos del Diablo! ¡Hoy elijo a Jesucristo como mi Rey y Señor y a la Virgen como la única Dueña de mi vida!”.

martes, 19 de abril de 2016

San Expedito, mártir del siglo IV a. C., valioso testimonio para los hombres del siglo XXI


         San Expedito fue un soldado romano que vivió en tiempos del emperador Diocleciano, a principios del siglo IV d. C. En un momento determinado, el emperador obligó a todos los oficiales de su ejército a realizar sacrificios a los dioses del panteón romano y a encarcelar y ejecutar a quienes se opusieran. Con esta medida, pretendía hacer renegar a los cristianos de su fe en Jesucristo, el Verdadero y Único Dios.  Puesto que San Expedito había recibido la gracia de la conversión, se negó rotundamente a abandonar su fe en Jesús, por lo que fue martirizado el 19 de abril del año 303 d. C.
Desde su martirio, San Expedito es representado con aquello que recuerda su proceso de conversión y su martirio: aparece sosteniendo una cruz en lo alto, con una palma en la otra mano; con un cuervo aplastado bajo su pie y con el casco romano en el suelo. San Expedito alza en alto la cruz victoriosa de Jesucristo, con la inscripción “Hodie”, que significa “Hoy”, puesto que venció, con la ayuda de la cruz de Jesús, la tentación del Demonio, que lo trataba de convencer de que dejara su conversión para después. Asistido por la gracia santificante que brota de la cruz de Jesús, San Expedito tuvo la sabiduría y la fortaleza divina necesarias para elegir a Jesucristo en vez del Demonio, haciéndolo inmediatamente y sin demoras, y es por esta razón que se convirtió en el “Patrono de las causas urgentes”. Al recibir la gracia de la conversión, en el mismo momento fue tentado por el Demonio para que la aplazara, pero fue la cruz de Jesús la que le dio la fortaleza necesaria para elegir a Jesús (es esta la primera "causa urgente" por la que debemos pedir a nuestro santo su intercesión: la propia conversión y la conversión de los seres queridos y de los pecadores más empedernidos).
         El santo aparece también con su pie aplastando a un cuervo, que es en realidad el Demonio, el cual se le había aparecido bajo la figura de ese animal, pretendiendo tentarlo para que continuara su vida de pagano y para que postergara la decisión de convertirse, dejándola para un incierto futuro. La proposición del Demonio era una falsedad y una temeridad, pues no sabemos si hemos amanecer "mañana"; no sabemos si Dios no nos llamará ante su Presencia para recibir nuestro Juicio Particular dentro de una hora, lo cual quiere decir que debemos estar preparados, en todo momento, para el día de la muerte, para atravesar con toda tranquilidad la comparecencia ante el Sumo Juez, para lo que se necesita, a su vez, estar convertidos o, al menos, haber iniciado el camino de la conversión del corazón a Jesucristo. San Expedito se nos muestra como un gran ejemplo al no cometer la temeridad que le proponía el Demonio -postergar la conversión para un incierto "mañana"-, al tiempo que, asistido por la gracia, dice: "Hodie", "Hoy, hoy mismo comienzo a ser cristiano, a cargar la cruz, a seguir a Jesús, a cumplir sus mandamientos; hoy y no mañana". 
         El casco de la legión en el suelo, indica que San Expedito dejó su servicio en el ejército romano, para comenzar a militar como soldado de Cristo; la palma en su mano derecha indica, a su vez, su condición de mártir, es decir, de aquel que derramó su sangre por proclamar a Jesucristo, el Hombre-Dios, como el Único Salvador de los hombres.

La vida y el ejemplo de santidad de San Expedito, un mártir del siglo IV a. C., son valiosísimos para todos los tiempos, pero lo son en especial para los nuestros, en los que el Demonio no se nos aparece como un cuervo negro, sino bajo múltiples ídolos: ateísmo, agnosticismo, relativismo, materialismo, brujería, magia, ocultismo, sectas, espiritismo, culto a ídolos demoníacos -como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte-, música que exalta las pasiones e induce a todo tipo de pecados –como la cumbia, el reggaetón, el rock satánico-, la drogadicción, la satisfacción sensual de las pasiones, etc. El Demonio es como un cocinero perverso, que prepara platos que, en apariencia, son apetitosos, pero que en realidad esconden el veneno del pecado. Lo que pretende el Demonio, a través de estos ídolos, es hacer olvidar al hombre que se encuentra en esta vida sólo de paso, que esta vida es una prueba para ganar el cielo y evitar la eterna condenación en el infierno y que sólo a través de Jesús crucificado podrá salvar el alma. Por estas razones, la vida y el martirio de San Expedito son sumamente actuales y valiosísimas para los hombres del siglo XXI.

martes, 19 de mayo de 2015

San Expedito y la verdadera causa urgente


         ¿Cuál es el mensaje de santidad que nos da San Expedito? Para saberlo, tenemos que observar su imagen y conocer su historia. Al contemplar su imagen, podemos constatar que San Expedito sostiene en alto la cruz de Jesucristo con su mano derecha, mientras que con su pie, aplasta a un cuervo negro; en la cruz, hay una inscripción en latín que dice: “hodie” y que traducida significa “hoy”; a su vez, el cuervo, aplastado bajo el pie de San Expedito, sostiene en su pico la inscripción latina “cras”, que significa “mañana”. Según narra el martirologio romano, San Expedito, que era un oficial del imperio romano[1], en un momento determinado de su vida, recibió una gracia de parte de Jesucristo, para que abandonara su vida de pagano y comenzara a vivir la vida nueva de los hijos de Dios, la vida de la gracia. Sin embargo, en ese mismo momento, se le apareció el Demonio en forma de cuervo negro, que comenzó a revolotear alrededor suyo, graznando y repitiendo con voz gutural: “cras, cras, cras”. Es decir, mientras Jesucristo lo llamaba a la conversión, a abrazar la cruz y la vida de la gracia, el demonio lo tentaba y lo seducía, diciéndole falsamente que ya tendría tiempo de convertirse, que dejara la conversión para mañana, que continuara con su vida de pagano, alejado de la vida de la gracia. Pero San Expedito, aferrándose a la cruz de Jesucristo, obteniendo la fuerza divina de la cruz de Jesús, dijo con firmeza: “Hodie, hoy! ¡Hoy me convertiré en cristiano! ¡Hoy, ya responderé a la gracia, y no mañana! ¡Hoy seguiré a Jesucristo y no mañana! ¡Hoy cargaré mi cruz para ir detrás de Jesús y no mañana!”. Y diciendo esto, movió su pie con toda velocidad y aplastó con fuerza al Demonio en forma de cuervo, que desprevenidamente había dejado de volar y se le había acercado caminando hasta quedar a pocos centímetros de distancia, convirtiéndose en blanco fácil para San Expedito.
         A todo ser humano se le presenta, a cada momento de la vida, la misma oportunidad de San Expedito: o la vida de pecado, o la vida de la gracia. A cada momento, podemos elegir, entre la cruz de Jesucristo y su gracia, o la vida de pecado y su consecuencia, el ser esclavos de Satanás. A San Expedito se le presentaron dos vidas muy bien diferenciadas, y la que él eligiera, esa le sería dada: o la vida de la gracia, que brotaba del Árbol de la cruz de Jesús, que era la vida eterna del Ser divino, o la vida del pecado, que surgía como un líquido pestilente, de su propio corazón, manchado por el pecado original, y del Ángel caído, y que lo llevaba a vivir dominado por sus pasiones -ira, lujuria, pereza, gula, avaricia, envidia, soberbia- y a cometer toda clase de pecados: borrachera, asesinatos, robos, brujería, etc. San Expedito, sin dudarlo un solo instante, contemplando la belleza del Ser trinitario de Dios, que habitaba en su plenitud en Jesucristo, el Hombre-Dios, dijo: “Hodie!”, “¡Hoy!” y, con la fuerza de la cruz, aplastó velozmente la cabeza del cuervo, comenzando así su vida cristiana, la que lo llevaría poco tiempo después al Reino de los cielos por medio del martirio. Al conmemorar a San Expedito, le pedimos por la verdadera causa urgente: la conversión del corazón, para nosotros y para nuestros seres queridos, puesto que todo lo demás, comparada con esta gracia, carece de importancia.



[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Expedito

viernes, 11 de julio de 2014

San Benito Abad y la Cruz de Jesús


         El abad San Benito creó una medalla con una cruz y una inscripción en latín, la cual luego fue reconocida por la Iglesia como sacramental, instituido en su memoria[1]. Con respecto a su significado, incorporado al Ritual Romano por Benedicto XIV en el año 1742[2], es de un neto contenido exorcístico, es decir, las inscripciones son en realidad las primeras letras de una oración de exorcismo contra el Demonio[3].
         ¿Cuál es su significado?
“Crux Sancta”: “La cruz santa”: la Cruz es santa porque en ella está Jesucristo, el Hombre-Dios, que es el Dios Tres veces Santo, y como tal, es quien santifica todo a su contacto, y por lo tanto, es quien hace a la cruz, santa; la cruz es santa porque es Jesús, el Dios Tres veces Santo, quien la santifica con su Ser divino trinitario; pero a su vez, la Cruz santa, santifica a quien se acerca a ella, porque la Cruz está empapada con la Sangre del Cordero, Sangre que es santa, porque brota de las heridas del Cordero “como degollado”, Cristo Jesús, que se inmola en el ara de la Cruz para salvar al hombre al precio de su vida, ofrecida en el sacrificio del Calvario, renovado de modo incruento, cada vez, en la Santa Misa.
“Sit Mihi Lux”: “sea mi luz (la Santa Cruz)”: la Cruz está empapada en Sangre, pero puesto que es la Sangre del Cordero, la Cruz es luz, porque la Sangre del Cordero es la Sangre de Dios y Dios es Luz (1 Jn 1, 5), Luz eterna, indefectible, trinitaria, celestial, sobrenatural, que da de esa vida eterna a aquel a quien ilumina, y por eso quien se acerca a la Cruz de Jesús, es iluminado por la luz eterna que brota del Costado abierto del Sagrado Corazón de Jesús.
“Non Draco Sit Mihi Dux”: “que el Dragón no sea mi guía”: quien se acerca a la Cruz de Jesús, es bañado por la Sangre del Cordero y es iluminado por la luz eterna que brota del Costado abierto del Hombre-Dios; quien se acerca a la Cruz de Jesús, recibe la vida eterna del Hijo de Dios encarnado, crucificado, muerto y resucitado y por lo mismo, es convertido en hijo adoptivo de Dios y como hijo adoptivo de Dios, es hijo de la luz y nada tiene que ver con las tinieblas, con los hijos del Dragón, la Serpiente Antigua, el Ángel caído, Satanás. Quien se acerca a la Cruz de Jesús, es bañado por la Sangre del Cordero de todas sus iniquidades y es iluminado por su luz eterna y así es conducido hacia la morada santa, el seno del Padre Eterno, y no es engañado por la Serpiente. Por el contrario, quien se aleja de la Cruz de Jesús, es arrastrado por el Dragón Rojo hacia el abismo en donde no hay redención; quien se aleja de la Cruz de Jesús, tiene por guía a la Estrella Roja, al Dragón del Infierno, que lo conduce con sus mentiras y engaños hacia la eterna perdición, hacia las tinieblas eternas.
“Vade retro Satana”: “Atrás Satanás”: solo la Cruz de Jesús hace retroceder al Dragón del Infierno; solo la Cruz de Jesús lo vence, de una vez y para siempre, porque la Cruz está empapada con la Sangre del Cordero de Dios; ante la vista de la Cruz de Jesús, la Serpiente Antigua huye como una fiera enloquecida de terror; ante la vista de la Cruz de Jesús, el Ángel caído, y el Infierno todo, se estremecen de pavor, se conmueven de terror, aúllan de desesperación, porque de la Cruz de Jesús emana la omnipotencia de Dios Uno y Trino que hace sentir todo el peso de la ira y de la justicia divina hasta en el último rincón del Infierno. Es por este motivo que Santa Teresa de Ávila decía: “Antes tenía temor del demonio; pero con la Cruz de Jesús, ahora es el demonio quien me tiene miedo a mí”.
“Nunquam Suadeas Mihi Vana”: “No me aconsejes cosas vanas”: la Cruz de Jesús protege de las cosas vanas que aconseja el demonio, las vanidades y superficialidades del mundo, que hoy están y a la tarde ya han desaparecido. Todo lo que no sea la Cruz de Jesús, es “vanidad de vanidades y pura vanidad y correr tras el viento” (Ecle 1, 2; 4, 4). Por eso San Ignacio de Loyola decía que el alma debía desear solo lo que Cristo deseaba en la Cruz, y debía desechar lo que Cristo desechaba en la Cruz: “Dolor con Cristo doloroso; quebranto con Cristo quebrantado; lágrimas, pena interna, de tanta pena que pasó por mis pecados”.
“Sunt Mala Quae Libas”: “Es malo lo que me ofreces”: el Demonio solo ofrece “cosas malas”, dice San Benito, y estas “cosas malas”, son las ideologías ofrecidas al hombre para que este se postre en su adoración: materialismo, relativismo, ateísmo, agnosticismo, panteísmo, neo-paganismo nueva era, comunismo, liberalismo, consumismo, existencialismo, sectas, falsas religiones, etc. Solo la Cruz de Jesús ofrece al hombre el verdadero Camino, la única Verdad y la Vida eterna, porque solo en la Cruz de Jesús encuentra el hombre a Cristo, el Hijo Eterno del Padre. Quien se abraza a la Cruz de Jesús, recibe el Espíritu Santo, que lo conduce al seno del Padre; por la Cruz de Jesús, recibimos el Amor Divino que nos perdona y nos conduce a la comunión plena en el Amor con el Padre y el Hijo.
“Ipse Venena Bibas”: “Bebe tú mismo tus venenos”: quien se abraza a la Cruz de Jesús, se abraza a la Carne y la Sangre del Cordero, Carne y Sangre que contienen el Fuego del Espíritu de Dios, y así su alma se alimenta con el Amor de Dios, y quien se alimenta del Amor de Dios, nada sabe de los venenos del Dragón, el cual debe así “beberse sus propios venenos”, el odio a Dios y a los hombres, la discordia, la maledicencia, la lujuria, la pereza, la ira, la gula, la avaricia, la soberbia. Quien se abraza a la Cruz de Jesús, se abraza al Amor de Dios, encarnado en el Cordero crucificado, y así se alimenta del Amor de Dios, el Amor que se dona a sí mismo en la Eucaristía, y nada sabe ni le interesa, de los venenos del Dragón.
“Pax”: “Paz”: la Cruz de Jesús da la Paz de Dios, la única y verdadera paz posible para el hombre, porque es la paz profunda, espiritual, que sobreviene al alma luego de ser bañada y purificada de sus pecados por la Sangre del Cordero y ser así convertida en templo santo de Dios, en donde mora la Santísima Trinidad. Solo la Cruz de Jesús, que limpia al alma de sus pecados con la Sangre de Jesús, la convierte en templo del Espíritu Santo, y la vuelve morada de Dios Uno y Trino, concede al alma la verdadera y única paz posible, la Paz de Jesucristo, la Paz de Dios.



[1] Como todo sacramental, su eficacia no radica en la medalla en sí misma, sino en Cristo, quien lo otorga a la Iglesia; además, es necesaria la fe en Cristo de quien usa la medalla.
[2] Cfr. http://es.wikipedia.org/wiki/Medalla_de_San_Benito
[3] En la cara Frontal o Anverso de la medalla de San Benito, aparece la figura de San Benito sosteniendo dos elementos: en su mano derecha, una cruz y en su mano izquierda, el libro de las Reglas, con la oración rodeando la figura del santo: Eius in obitu nostro praesentia muniamur! (A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia; por este motivo, San Benito es el Patrono de la buena muerte). En el fondo de la imagen aparece, hacia un lado, una copa envenenada, porque, según la tradición, cuando el santo hizo sobre ella la señal de la cruz, salió una serpiente. Hacia el otro lado del santo, aparece un cuervo que se lleva un pan, porque también según la tradición, un enemigo celoso intentó envenenar a San Benito, dándole un trozo de pan envenenado, pero antes de que el santo lo pudiera comer, apareció un cuervo y se lo llevó, y esto es lo que aparece representado en la medalla. Arriba de la cruz aparecen las palabras Crux sanctis patris Benedicti, es decir: “Cruz del santo Padre Benito”. En el reverso de la medalla, se muestra la cruz de San Benito con las letras: Crux Sancti Patris Benedicti (C.S.P.B.): que en castellano es: Cruz del Santo Padre Benito/Crux Sancta Sit Mihi Lux (C.S.S.M.L.): “La santa Cruz sea mi luz” (crucero vertical de la cruz)/Non Draco Sit Mihi Dux (N.D.S.M.D.): “No sea el demonio mi señor/guía (dux = duque = Señor (en un sentido feudal), en clara analogía a Dios mismo)” (crucero horizontal)/En círculo, comenzando por arriba hacia la derecha:/Vade Retro Satana! (V.R.S.): “¡Retrocede, Satanás!” (Vade =Ir ; Retro= Atrás)/Nunquam (algunos dicen que es “Non2) Suade Mihi Vana! (N.S.M.V.): “No me persuadas con cosas vanas”/Sunt Mala Quae Libas (S.M.Q.L.): “Malo es lo que me ofreces”/Ipse Venena bibas (I.V.B.): “Bebe tú mismo tus venenos”/PAX: “Paz”.

domingo, 2 de febrero de 2014

San Blas, obispo y mártir




Según relata la Tradición, la noche antes de morir, Nuestro Señor Jesucristo se le apareció a San Blas, que se encontraba refugiado en las montañas a causa de la persecución a los cristianos, pidiéndole que le ofreciera el sacrificio. San Blas entendió que el Señor le pedía el martirio, por lo que celebró la Santa Misa y se dispuso a esperar a los soldados del emperador que lo viniesen a arrestar, lo cual sucedió. Cuando estos llegaron y le dicen que salga de la gruta, San Blas los recibe con el rostro sonriente y con estas cariñosas palabras, según constan en las Actas de su martirio: “Bienvenidos seáis, hijitos míos. Me traéis una buena nueva. Vayamos prontamente. Y sea con nosotros mi Señor Jesucristo que desea la hostia de mi cuerpo”. Luego sucedió lo que todos sabemos, el milagro en el camino, el de la resurrección del hijo de una mujer, que había muerto a causa de una espina que se le había atravesado en la garganta y que vuelve a la vida luego de que San Blas le impusiera sus manos en la garganta y es el milagro que da origen a la fiesta que hoy celebramos.
         Pero más importante que ese milagro son las palabras de San Blas a sus captores, porque reflejan su disposición interior, espiritual, con la cual él como obispo y sacerdote celebraba la Santa Misa. Esta disposición es una disposición muy particular, y es la disposición misma del Salvador, es la disposición martirial. Jesús se le aparece tres veces por la noche antes del martirio físico, pidiéndole que celebre los “sagrados misterios”, es decir, la Santa Misa, como modo de prepararlo para la entrega final, definitiva y total de su vida en el martirio cruento que habría de suceder pocos días después.
La muerte martirial, por la cual él habría de derramar físicamente su sangre y entregar materialmente su vida, no tendría valor ni sentido si no estuviera precedida y fundamentada en la entrega sacrificial de su espíritu y en la inmolación de su ser en la cruz del altar, unido a Él, a Jesucristo, el Salvador, por medio de la Santa Misa, y es por esto que Jesús se le aparece por tres noches consecutivas, anteriores al martirio, para que se una espiritualmente a Él, al sacrificio de la Cruz, de modo tal que el sacrificio de su cuerpo, que sucederá días después, será solo la coronación del sacrificio del espíritu que ha sido ya inmolado en la Cruz al Rey de los mártires. Es esto lo que San Blas entiende y es esto lo que hace, y por eso es que San Blas dice a sus captores: “Mi Señor Jesucristo desea la hostia de mi cuerpo” y, lejos de oponerse a su captura o lejos de huir de una más que segura muerte, los recibe con cariño y afecto, porque sus verdugos son en realidad ejecutores del plan divino que para él, para San Blas, consiste en unirlo a la Cruz de Jesús y así conducirlo al cielo.
Es por esto que San Blas, además de ser para nosotros protector de todo mal de garganta –especialmente, del mal más terrible de todos, el mal del pecado, y por eso lo que debemos pedirle es que jamás salga, ni de nuestras gargantas ni de nuestros corazones, pecado alguno que ofenda la majestad y bondad divina-, nos enseña a participar en la Santa Misa con disposición martirial, de modo que en cada Santa Misa digamos, junto con San Blas: “Mi Señor Jesucristo desea la hostia de mi cuerpo y de mi espíritu”.