San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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viernes, 16 de julio de 2021

San Francisco Solano y la Evangelización en el Espíritu Santo


 


         San Francisco Solano fue un evangelizador de Cristo en tierras paganas, es decir, en estas tierras tucumanas que, antes de que viniera San Francisco Solano con la Cruz de Cristo, eran paganas.

         ¿Qué quiere decir esto?

         Quiere decir que, por un lado, ser evangelizador significa ser impulsado por el Espíritu Santo, porque no se explica de otra manera que una persona abandone no solo su vida laica para entrar en religión, sino que deje su familia, su tierra, su patria, para ir a otras tierras, a otras patrias, para predicar la Buena Noticia de Jesucristo.

         Quiere decir que este lugar, como todo lugar de misión, estaba infestado de demonios, de ángeles caídos, porque los ángeles rebeldes fueron precipitados a la tierra  luego de su rebelión, según las Escrituras. Estos demonios, a su vez, condujeron a los hombres caídos en pecado original a que los adoraran a ellos, en lugar de adorar al Verdadero y Único Dios, Uno y Trino y fue así que propiciaron la creación de numerosos ídolos paganos y demoníacos, como la Santa Muerte o Satánica Muerte y la Pachamama y en nuestros días, el Gauchito Gil, la Difunta Correa y también la Santa Muerte.

         El Evangelio dice que Nuestro Señor Jesucristo vino para “destruir las obras del Diablo” y los ídolos paganos son ídolos demoníacos que deben ser desaparecer del corazón y de la mente de los hombres, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo, para entronizar, en las mentes y en los corazones, al Sagrado Corazón y al Inmaculado Corazón de María.

         Por otro lado, ser evangelizador quiere decir que el Espíritu Santo envía hombres de religión católica para que propaguen la única y verdadera religión, la Religión Católica. Es falso decir que el Espíritu Santo suscitó religiones paganas en América y al mismo tiempo en Roma la religión católica y que por lo tanto todas son legítimas y verdaderas: Dios no puede contradecirse y no puede enseñar que el error –las religiones paganas amerindias prehispánicas- y la religión católica traída por los Conquistadores y Evangelizadores españoles son lo mismo: las religiones amerindias son paganas y falsas, en tanto que la religión católica es la única verdadera.

San Francisco Solano vino a enseñar la verdadera y única religión, la religión católica, que nos salva del pecado, del Infierno y del error, por la gracia, la fe, el amor, la cruz y el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, por lo que deben ser erradicados todos los cultos paganos demoníacos (como la Pachamama, el Gauchito Gil, San La Muerte, etc.). Por último, San Francisco Solano dejó una surgente de agua milagrosa, como signo de la gracia santificante, que aleja al Demonio y eleva el alma al deseo de la unión con Cristo y la Virgen. Así como donde está el agua bendita no está el Demonio, así donde está la gracia, no está el pecado y está Cristo Rey. Ése es el legado de San Francisco Solano.

domingo, 27 de septiembre de 2020

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

 


          Los Ángeles son seres puramente espirituales, que carecen de una corporeidad material, como la nuestra. Junto con nosotros, los seres humanos, los Ángeles forman parte de la Creación de seres inteligentes creados por Dios al inicio de los tiempos. A diferencia de nosotros, carecen de cuerpo, pero a semejanza de nosotros, poseen inteligencia y voluntad y por eso son llamados “personas”. La Iglesia celebra a tres Arcángeles en particular, Miguel, Gabriel y Rafael, puesto que son los únicos nombrados en la Biblia -aunque hay muchísimos más- y porque intervinieron, de una forma u otra, en la historia de la salvación de Jesucristo. Es conveniente recordar que hay otros ángeles, creados buenos por Dios, pero que se hicieron malos por propia voluntad, al no querer cumplir el fin para el cual fueron creados, esto es, amar y servir a Dios Uno y Trino y al Verbo Encarnado. Hay que recordar también que estos ángeles caídos se disfrazan de ángeles de luz y es por eso que ahora circulan oraciones a ángeles caídos, que son demonios, que se hacen llamar “Uriel”, “Azrael”, etc. Hay que saber que a estos ángeles no hay que rezarles, porque si uno lo hace, le está rezando a demonios.

          Otro aspecto a tener en cuenta es que los Ángeles buenos como Miguel, Gabriel y Rafael, tienen muchos buenos consejos para darnos: al haber participado ellos en la batalla en los cielos, entre ángeles buenos y malos, los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael pueden, si nosotros se los pedimos en la oración, hablarnos de cómo es Dios Trino, de su Belleza, de su Amor, de su deseo de que todos habitemos algún día en el Cielo; también pueden compartirnos de su experiencia de cómo es luchar contra los ángeles de las tinieblas, de manera que nosotros tengamos conocimiento y la gracia suficiente para enfrentar a estos ángeles oscuros y, con la ayuda de Dios, salir triunfantes en la lucha. Porque toda esta vida se reduce a una cosa: a una batalla, que no se libra en los cielos, sino en nuestros corazones, por la conquista de nuestros corazones, sea por Dios Trino y sus ángeles y santos, sea por el Demonio y los ángeles caídos que lo siguieron. Si queremos, al final de la vida terrena, ser llevados al Reino de los cielos, para servir, amar y adorar a Dios Uno y Trino y al Cordero por la eternidad, entonces invoquemos con frecuencia a los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael; así, acompañados por ellos en la tierra, adoraremos al Cordero por la eternidad en los cielos.

         

martes, 1 de octubre de 2019

Los ángeles en la Creación de Dios



         Los ángeles son seres espirituales, es decir, no poseen corporeidad, que fueron creados con inteligencia y voluntad con el mismo fin del hombre: conocer, hacer reverencia –adoración-, amar y servir a Dios. Para este fin fueron dotados de inteligencia, con la cual conocer a Dios y de voluntad, con la cual amar a Dios. Fueron creados en una jerarquía angélica, de manera que hay ángeles que son más poderosos que otros. Al igual que el hombre, también ellos fueron sometidos a una prueba para que decidan si querían servir a Dios o no porque, al ser seres personales, es decir, dotados de inteligencia y voluntad, son también seres libres, lo cual quiere decir que debían manifestar voluntariamente su deseo de servir a Dios. La prueba para decidir si queremos servir a Dios o no, en el hombre, dura lo que dura su vida terrena; en el caso de los ángeles, al no tener cuerpo, no viven en el tiempo terreno, sino en un “tiempo angélico” que se llama “aevum” y es en ese tiempo en el que los ángeles debieron decidirse por Dios o contra Dios. Muchos de los ángeles, al mando de San Miguel Arcángel, se decidieron a favor de Dios y es así que permanecieron en el cielo y permanecen en él por toda la eternidad; muchos otros, encabezados por Satanás, se rebelaron contra Dios, al grito de “Non serviam” o “No serviré” y fue así que cometieron el pecado de orgullo y luego de una batalla en el cielo con los ángeles buenos, los ángeles malos, que perdieron la gracia, fueron expulsados del cielo y precipitados en el Infierno, un lugar en donde sólo actúa la Justicia Divina, sin Misericordia, creado especialmente para ellos y al que van a hacerles compañía los hombres impíos, los hombres que, como ellos, son impíos y no quieren servir a Dios.
         Los ángeles entonces fueron creados para conocer, amar, adorar y servir a Dios, aunque también tienen otra función: cuando un alma humana es creada por Dios, inmediatamente Dios le asigna un ángel custodio, para que le ayude a conseguir el fin para el cual el hombre fue creado, esto es, conocer, amar y servir a Dios Uno y Trino. Estos ángeles reciben el nombre de “Ángel de la Guarda” y son asignados por Dios desde el mismo instante en el que el alma es creada. Por eso se debe rezar con frecuencia al Ángel de la Guarda, para que nos ayude a conocer y a amar cada vez más a Jesús y a la Virgen.
Por último, también hay que decir que, así como hay un ángel que nos protege y quiere conducirnos al Cielo, así también hay ángeles caídos que quieren nuestra eterna perdición y desean conducirnos al Infierno. Muchos ángeles caídos se hacen pasar por ángeles de luz, pero son ángeles del Infierno; estos ángeles se caracterizan por nombres como Uriel, Zalachiel, etc. y en vez de ayudarnos a vivir en gracia, prometen “luz y buenas vibraciones y prosperidad económica”; cuando sepamos de estos ángeles, debemos saber que estos son los ángeles de la secta luciferina Nueva Era y debemos apartarnos inmediatamente de ellos.
         Al recordar a nuestros Ángeles de la Guarda en su día, les pidamos que nos ayuden a conocer y amar cada vez más a Jesús Eucaristía y a la Virgen, Nuestra Señora de la Eucaristía, y así estaremos viviendo, en esta vida terrena, ya con el corazón en el cielo.

lunes, 1 de octubre de 2012

Los Santos Ángeles custodios nos enseñan el Camino para llegar al cielo: Cristo Jesús



         Con la devoción a los Ángeles Custodios se verifica, hoy en día, una triste paradoja: mientras los hijos de Dios -es decir, aquellos que han sido bautizados en la Iglesia Católica, a los que la Divina Providencia les ha asignado un ángel custodio para que los acompañen desde el nacimiento hasta la muerte, guiándolos en el camino que conduce a Cristo-, niegan su existencia, o la ignoran, o son indiferentes a su existencia, o la consideran un cuento de niños para Primera Comunión, los hijos de las tinieblas, por el contrario, exaltan el culto y la devoción a los ángeles, aunque no se trata, en este caso, de los ángeles de luz, sino de los ángeles de la oscuridad, los ángeles caídos, los ángeles de la Nueva Era. En otras palabras, mientras los católicos, poseedores de un ángel custodio, los relegan a la categoría de fábula, leyenda o cuento para niños que estudian el Catecismo, olvidándolos de esta manera por completo, los sectarios de la Nueva Era multiplican cada vez más el culto de los ángeles caídos. Estos ángeles de la oscuridad, que se presentan disfrazados de luz, prometen bienes pasajeros y superficiales, cuando no dañinos para la vida espiritual, como "buena suerte", "paz mundana", "sabiduría esotérica, gnóstica y ocultista", aumentando de esta manera, cada vez más, la confusión, el error, la maldad, en el mundo y sobre todo en la Iglesia.
         Nada tiene que ver esto con el verdadero culto a los ángeles custodios, los ángeles que se mantuvieron fieles a Dios Uno y Trino, seres espirituales puros que están ante la Presencia de Dios, y lo adoran continuamente. Estos seres celestiales tienen la misión de custodiar a los hombres en su peregrinar por la tierra hacia la Jerusalén celestial, pero no pueden ejercer de modo eficaz esta custodia, si los hombres no acuden a ellos en la oración; por lo tanto, el descuido de su devoción no es mera falta de piedad, sino abandono en masa, por parte de los hombres, del camino de la salvación. 
         El abandono de estos ángeles se debe, en gran medida, a una mala interpretación de su misión: por lo general, en ambientes católicos, comenzando por el Catecismo de Primera Comunión, es el primer lugar en donde se rebaja su misión, la cual queda reducida a una especie de "guardaespaldas" cuya tarea es simplemente velar o proteger físicamente a los seres humanos, para que no sufran percances. 
       Esta noción simplista, agregado al hecho de que su creencia ha quedado relegada a la infancia, puesto que "el hombre adulto y racional del siglo XXI no puede creer en cosas de la Edad Media", ha contribuido, en gran manera, a desvirtuar su función principal, la de proteger de los males espirituales, el primero de todos, el olvido de Dios y el pecado, y la de proteger de los espíritus malignos, los ángeles de la oscuridad.
Pero además de esta protección física y espiritual, los ángeles tienen otra misión, principalísima, y es la de hacer conocer al Hombre-Dios Jesucristo, y a la Reina de los ángeles, la Virgen María, y acompañar a los hombres a lo largo de esta vida terrena, en el camino del Calvario, el camino que los conduce a la feliz eternidad. Y debido a que en la Santa Misa se renueva sacramentalmente el Sacrificio del altar, que es el mismo y único sacrificio del Calvario, la tarea de los ángeles custodios alcanza su máxima eficacia cuando conduce al alma al Nuevo Calvario, el altar eucarístico.
         

jueves, 20 de septiembre de 2012

Que el mártir Andrés Kim Taegon interceda para que demos testimonio de Cristo en nuestros más que difíciles tiempos



“En este difícil tiempo, para ser victorioso se debe permanecer firme usando toda nuestra fuerza y habilidades como valientes soldados completamente armados en el campo de batalla”. Es el texto de una de una carta encontrada entre las pertenencias del sacerdote coreano San Andrés Kim Taegon, decapitado a los 26 años.
Esa carta conserva toda su actualidad, desde el momento en que ha sido escrita por un mártir, y desde el momento en que es el Espíritu Santo quien asiste, ilumina e inspira a todo mártir que muere en nombre de Cristo. El Padre Andrés habla de “difícil tiempo”, ya en el año 1814, época en la cual todavía no se había exaltado la contra-natura a rango de derecho humano, ni se osaba destruir la familia tradicional, reemplazándola por toda clase de uniones anti-naturales, ni se había autorizado por ley el asesinato de los niños por nacer, ni tampoco se hablaba de una iniciación luciferina planetaria, preparada en nuestros días por películas que ensalzan el ocultismo y la magia negra.    
Por lo tanto, si los tiempos de los mártires coreanos eran difíciles, mucho más lo son nuestros tiempos actuales.
         Pero el P. Andrés no se detiene en la mera consideración de los tiempos difíciles; ante todo, habla de la victoria que se avecina, y que está al alcance de la mano: “para ser victorioso se debe permanecer firme usando toda nuestra fuerza y habilidades”, para lo cual debemos alistarnos en la batalla como valientes soldados fuertemente armados: “como valientes soldados completamente armados en el campo de batalla”.
       Como en los tiempos del P. Andrés, también nosotros nos encontramos inmersos en una batalla, la misma batalla de la que habla el P. Andrés: la batalla que libramos es la continuación de la iniciada en los cielos, entre los ángeles de luz y los ángeles rebeldes y apóstatas, comandados por Satanás; es una batalla que, ganada en el cielo por los ángeles de Dios, la continúa librando en la tierra hasta el fin de los tiempos la Iglesia Católica; es una batalla que se libra con armas, aunque son muy distintas, según el ejército que se trate: mientras que las armas del demonio son la mentira, la calumnia, la soberbia, la auto-suficiencia y la impiedad, las armas de los hijos de Dios son la humildad, la caridad, el Santo Rosario, el Escapulario, la Santa Misa y la Confesión sacramental; es una batalla que se libra en un campo de batalla, y el campo de batalla es el corazón de cada hombre; es una batalla en la que se enfrentan dos ejércitos, y los ejércitos que se enfrentan son, por un lado, los que aman a Jesucristo, los ángeles de luz y los hombres de buena voluntad, y por otro, los ángeles caídos y los hombres pervertidos que adoran a Lucifer; es una batalla en la que se enarbolan al viento los estandartes, y los estandartes que identifican estos ejércitos son la negra y siniestra bandera de Lucifer, de un lado, y el estandarte ensangrentado de la Cruz y la Bandera celeste y blanca de la Inmaculada, del otro.
Que el ejemplo de Andrés Kim Taegon y compañeros mártires nos estimule a “combatir el buen combate hasta el fin” (1 Tim 6, 12), a dar testimonio de Cristo en nuestros más que difíciles tiempos, para recibir, en la otra vida, el premio inmerecido, la feliz contemplación de la Trinidad por la eternidad.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

En un mundo hiper-racionalista, que rebaja todo al nivel de la razón, y que al mismo tiempo relativiza toda verdad, los ángeles son poco menos que seres de fantasía.

Casi nadie cree en ellos, y aún entre los pocos que creen, para muchos de estos no pasan de ser personajes mitológicos, sin importancia ni incidencia alguna en la vida real.

Y sin embargo, los ángeles, por orden de Dios, intervienen activamente a lo largo de la historia humana, como por ejemplo el Arcángel Gabriel, anunciando el evento más importante para la humanidad, la Encarnación del Hijo de Dios.

Los ángeles continúan actuando aún hoy, y lo seguirán haciendo hasta el Día del Juicio Final, pues serán ellos los encargados de reunir a los hombres, tanto a los buenos como a los malos.

Pero no sólo actúan los ángeles de Dios, los ángeles de luz: también actúan e intervienen en la historia humana los ángeles rebeldes, los ángeles apóstatas, aquellos que se rebelaron en los cielos y se pervirtieron para siempre.

Estos seres de oscuridad, movidos por el odio a Dios y a su imagen, el hombre, buscan arrastrar a la mayor cantidad de almas al infierno, antes del Último Día, y su presencia y actividad entre los hombres aumenta día a día, a medida que la historia humana se acerca a su consumación.

Hay datos estadísticos que registran la creciente actividad por parte de los ángeles caídos: en continentes enteros, como Europa y Norteamérica, la actividad de los brujos, hechiceros, magos y ocultistas, ha aumentado considerablemente. Pero no hace falta viajar al hemisferio norte, puesto que en nuestra realidad cotidiana podemos apreciar cómo los mensajeros de las tinieblas se han infiltrado en todos los niveles de la cultura y del quehacer humanos, particularmente entre los niños y los jóvenes: prácticamente no hay canción que no tenga mensajes subliminales, que exaltan lo oculto y lo esotérico; entre los programas de televisión, son cada vez más las series televisivas que presentan a la magia, a la hechicería, al contacto con los muertos, a la brujería, como algo inocente, divertido, bueno, agradable; películas como la saga de Harry Potter, han adiestrado e introducido a generaciones de niños y jóvenes en el ocultismo y la brujería; elementos siniestros, utilizados por los satanistas para la invocación directa del demonio, como el tablero guija, son vendidos como inocentes juguetes para niños; el juego de la copa, en la que intervienen seres diabólicos, es jugado desde la Escuela Primaria por miles de niños; entre los adultos, el satanismo es explícito en numerosas manifestaciones del quehacer del hombre, como por ejemplo, las leyes que aprueban la educación sexual anti-natural, el homomonio, el aborto, la eutanasia; aunque también el satanismo se manifiesta de manera implícita cuando se exalta el disfrute y el goce de los sentidos a toda costa y en todo momento; cuando se emplea la violencia irracional; cuando se presenta al dinero y al oro como los fines últimos de la vida; cuando se exalta un modo de ser y de vivir en el que la compasión, la caridad, la bondad, el respeto, son despreciados y considerados como muestras débiles, para reemplazarlos por la ausencia de misericordia en todos los niveles de relación del hombre con el hombre.

Toda esta actividad de los ángeles caídos se ve favorecida por los cristianos que piensan que los ángeles, si no son seres de fantasía, son personajes pertenecientes al folclore religioso, a los que se los recuerda, de tanto en tanto, en alguna fecha especial, con una ceremonia litúrgica.

Estos tales cristianos, al no invocar a los ángeles de Dios para esa lucha diaria que se combate en el corazón de todo hombre, entre los ángeles de luz y los ángeles caídos, favorecen, con su inacción, el sombrío trabajo de los ángeles rebeldes.