San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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martes, 2 de octubre de 2018

Los ángeles custodios y nuestro destino eterno



         Los ángeles custodios son personas angélicas, seres espirituales, creados por Dios y asignados por Él a cada ser humano desde el momento mismo en que cada ser humano es concebido. Ahora bien, ¿para qué asigna Dios un ángel a cada ser humano? La imaginería popular y también el descenso de la fe y la adulteración de la fe católica por parte de los mismos católicos, ha desvirtuado, desdibujado y hasta alterado la función de los ángeles. En la gran mayoría de los católicos, los ángeles -cuando se cree en ellos, puesto que la gran mayoría de los católicos no cree en los ángeles custodios- cumplen un rol que poco o nada tiene que ver con el verdadero rol de los ángeles custodios asignados por Dios a los hombres. Para muchos católicos, el ángel de la guarda es casi un personaje mitológico, en el sentido de que su existencia no es verdad de fe, sino una especie de “narración” piadosa –no tiene existencia en la realidad- cuya función es la de “proteger” a niños pequeños –cuanto más pequeños, mejor- pero, a medida que esos niños crecen, la función “protectora” de estos seres míticos se desdibuja a tal punto, que termina por desaparecer. De hecho, el noventa por ciento o más de los católicos adultos, no cree en el existencia de los ángeles de la guarda y esto se comprueba porque no se dirigen a ellos por la oración ni tampoco saben para qué están, si es que creen que están. Esta falta de fe en los ángeles custodios es parte de –paradójicamente- de la crisis de fe de los católicos, una fe infantil, que se quedó en las primeras clases de Catecismo y que jamás fue profundizada ni, mucho menos, practicada.
         Dicho esto, recordemos entonces para qué están los ángeles de la guarda, asignados por Dios a cada ser humano desde el momento mismo en que es concebido. La función de los ángeles custodios, como su nombre lo indica, es la de ser “mensajeros guardianes” -puesto que “ángel” significa “mensajero”- y como un mensajero lleva mensajes, en el caso de los ángeles, los mensajes que trae al hombre vienen de parte de Dios. ¿Y qué dicen esos mensajes? Le dicen al hombre que tenga presentes, en su mente y en su corazón, los Mandamientos de la Ley de Dios; le dicen al hombre que piense más en Jesús y en su Pasión, que en las cosas del mundo; le dicen al hombre que piense en su destino eterno, porque esta vida pasa pronto y llega el Juicio Particular, juicio que podrá sortear sólo si tiene su corazón en gracia y sus manos llenas de obras de misericordia. Ésos son los mensajes que los ángeles de la guarda dan a los hombres, pero el hombre, cuanto más aturdido está por el mundo, menos capaz se vuelve de escuchar a estos celestiales seres, de ahí la importancia del silencio y de la oración. Estos ángeles son también “guardianes” y un guardián es alguien que protege del mal. ¿De qué mal? Ante todo, del mal del materialismo, del hedonismo, del ateísmo, que le hacen perder al hombre el sentido de trascendencia y de eternidad. Pero también protegen estos seres celestiales del mal hecho persona, es decir, de los ángeles caídos, las “potestades malignas de los aires”, los ángeles rebeldes y apóstatas, que libremente decidieron no amar y no servir a Dios y por eso mismo fueron precipitados al Infierno eterno. Ahora bien, estos ángeles malignos acechan al hombre y le tienden trampas a cada paso, buscando perder sus almas por el pecado. Los ángeles custodios tienen la misión, encargada por Dios, de defender a los hombres de las acechanzas de los demonios, de manera tal de que sean capaces de no solo evitar estas trampas, sino de conservar la vida de la gracia, hasta el momento del Juicio Particular.
         La tarea de los ángeles de la guarda se ve facilitada cuando las personas no solo creen en ellos, sino que además acuden a ellos, pidiéndoles que los protejan de los ángeles de la oscuridad y que los ayuden a conservar la gracia santificante, de manera tal de poder alcanzar algún día el Reino de los cielos. La tarea de los ángeles de la guarda se dificulta cuando el católico “piadoso” reduce su existencia a seres míticos que solo protegen a la infancia y que desaparecen cuando los niños crecen. Con una fe infantil, la tarea de los ángeles se dificulta mucho.

martes, 1 de octubre de 2013

Qué hacen nuestros Ángeles en el cielo y en la tierra

         
    Debido a que están en contacto con la eternidad y el tiempo -enviando mensajes de Dios, desde la eternidad, a los hombres, que viven en el tiempo, y llevando la respuesta de los hombres a Dios-, los ángeles realizan, por así decirlo, dos tipos de actividades, en el cielo y en la tierra.
         ¿Qué hacen en el cielo? En el cielo, adoran al Cordero, que está en el trono de Dios, postrándose en su Presencia, cantando y exultando de alegría, y pasan de éxtasis en éxtasis de amor por siglos sin fin. También transmiten los mensajes de Dios a los hombres –y por eso “ángeles” quiere decir “mensajeros”-, pero su tarea principal es contemplar, adorar y amar al Cordero en su trono, el altar de los cielos.
         ¿Y en la tierra? En la tierra, nuestros Ángeles Custodios adoran al Cordero, que está en su trono, la Cruz sacrosanta, que se eleva majestuosa y radiante de gloria divina en el altar eucarístico y junto con el sacerdote ministerial, recogen en el cáliz, en cada Santa Misa, la Sangre preciosísima que mana de sus manos, de sus pies y de su costado traspasado, para darla de beber a quienes, como ellos, adoran y aman al Hombre-Dios. Nuestros Ángeles Custodios adoran también al Cordero en los sagrarios, sobre todo en los sagrarios en los que Él ha sido abandonado y dejado solo, y cuando no están adorando, van presurosos hasta los hombres que viven en las tinieblas, para susurrarles al oído que el Cordero está solo y esperando por ellos en su Prisión de Amor y, una vez entregado el mensaje, regresan a su puesto de adoración. Algunas veces, su mensaje es escuchado; otras, las más, es ignorado.

         

lunes, 1 de octubre de 2012

Los Santos Ángeles custodios nos enseñan el Camino para llegar al cielo: Cristo Jesús



         Con la devoción a los Ángeles Custodios se verifica, hoy en día, una triste paradoja: mientras los hijos de Dios -es decir, aquellos que han sido bautizados en la Iglesia Católica, a los que la Divina Providencia les ha asignado un ángel custodio para que los acompañen desde el nacimiento hasta la muerte, guiándolos en el camino que conduce a Cristo-, niegan su existencia, o la ignoran, o son indiferentes a su existencia, o la consideran un cuento de niños para Primera Comunión, los hijos de las tinieblas, por el contrario, exaltan el culto y la devoción a los ángeles, aunque no se trata, en este caso, de los ángeles de luz, sino de los ángeles de la oscuridad, los ángeles caídos, los ángeles de la Nueva Era. En otras palabras, mientras los católicos, poseedores de un ángel custodio, los relegan a la categoría de fábula, leyenda o cuento para niños que estudian el Catecismo, olvidándolos de esta manera por completo, los sectarios de la Nueva Era multiplican cada vez más el culto de los ángeles caídos. Estos ángeles de la oscuridad, que se presentan disfrazados de luz, prometen bienes pasajeros y superficiales, cuando no dañinos para la vida espiritual, como "buena suerte", "paz mundana", "sabiduría esotérica, gnóstica y ocultista", aumentando de esta manera, cada vez más, la confusión, el error, la maldad, en el mundo y sobre todo en la Iglesia.
         Nada tiene que ver esto con el verdadero culto a los ángeles custodios, los ángeles que se mantuvieron fieles a Dios Uno y Trino, seres espirituales puros que están ante la Presencia de Dios, y lo adoran continuamente. Estos seres celestiales tienen la misión de custodiar a los hombres en su peregrinar por la tierra hacia la Jerusalén celestial, pero no pueden ejercer de modo eficaz esta custodia, si los hombres no acuden a ellos en la oración; por lo tanto, el descuido de su devoción no es mera falta de piedad, sino abandono en masa, por parte de los hombres, del camino de la salvación. 
         El abandono de estos ángeles se debe, en gran medida, a una mala interpretación de su misión: por lo general, en ambientes católicos, comenzando por el Catecismo de Primera Comunión, es el primer lugar en donde se rebaja su misión, la cual queda reducida a una especie de "guardaespaldas" cuya tarea es simplemente velar o proteger físicamente a los seres humanos, para que no sufran percances. 
       Esta noción simplista, agregado al hecho de que su creencia ha quedado relegada a la infancia, puesto que "el hombre adulto y racional del siglo XXI no puede creer en cosas de la Edad Media", ha contribuido, en gran manera, a desvirtuar su función principal, la de proteger de los males espirituales, el primero de todos, el olvido de Dios y el pecado, y la de proteger de los espíritus malignos, los ángeles de la oscuridad.
Pero además de esta protección física y espiritual, los ángeles tienen otra misión, principalísima, y es la de hacer conocer al Hombre-Dios Jesucristo, y a la Reina de los ángeles, la Virgen María, y acompañar a los hombres a lo largo de esta vida terrena, en el camino del Calvario, el camino que los conduce a la feliz eternidad. Y debido a que en la Santa Misa se renueva sacramentalmente el Sacrificio del altar, que es el mismo y único sacrificio del Calvario, la tarea de los ángeles custodios alcanza su máxima eficacia cuando conduce al alma al Nuevo Calvario, el altar eucarístico.