San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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lunes, 2 de marzo de 2020

San Casimiro


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Vida de santidad[1].

San Casimiro era hijo del rey de Polonia y tuvo la gracia de ser educado por unos padres sumamente devotos y por el profesor Calímaco, quien lo introdujo en el camino de la santidad. Su más grande anhelo y su más fuerte deseo era siempre agradar a Dios y por eso trataba siempre de evitar no solo el pecado mortal, sino también el venial e incluso las imperfecciones. Para lograr esto buscaba de dominar su cuerpo, antes de que las pasiones sensuales mancharan su alma. Aunque era hijo del rey, sin embargo vestía muy sencillamente, sin ningún lujo. Hacía múltiples mortificaciones, sea en el comer, en el beber, en el mirar y en el dormir; muchas veces dormía sobre el duro suelo y se esforzaba por no tomar licor. Y esto lo hacía en un palacio real, donde las gentes eran bastante inclinadas a una vida fácil y de muchas comodidades y comilonas.
Para Casimiro el centro no solo de su devoción sino de su vida, era la Pasión y Muerte de Jesucristo. San Casimiro sabía que para crecer en el amor a Dios es muy provechoso meditar en la Pasión de Jesucristo y es así que pasaba la mayoría del tiempo meditando en la Agonía de Jesús en el Huerto y en los azotes que padeció, como también en la coronación de espinas y las bofetadas que le dieron a Nuestro Señor, además de la subida de Jesús al Calvario y en las cinco heridas del crucificado, meditando también en el amor que llevó a Jesús a sacrificarse por nosotros. Le gustaban los cristos muy sangrantes, y ante un crucifijo se quedaba tiempos y tiempos meditando, suplicando y dando gracias.
Otra gran devoción de Casimiro era la de Jesús Sacramentado. Como durante el día estaba sumamente ocupado ayudando a su padre a gobernar el Reino de Polonia y de Lituania, aprovechaba el descanso y el silencio de las noches para ir a los templos y pasar horas y horas adorando a Jesús en la Santa Hostia.
A pesar de tener mucha gente adinerada a su alrededor, pues eran los miembros de la corte real, sus preferidos sin embargo eran los pobres. La gente se admiraba de que, siendo hijo de un rey, nunca ni en sus palabras ni en su trato se mostraba orgulloso o despreciador con ninguno, ni siquiera con los más miserables y antipáticos. Esta predilección por los pobres no era pura filantropía, sino que era el amor tan grande que le tenía a Dios, el que lo llevaba a amar inmensamente al prójimo, y es por esto que nada le era tan agradable y apetecible como la entrega de todos sus bienes en favor de los más necesitados, y no sólo de sus bienes materiales, sino de su tiempo, sus energías, de su influencia respecto a su padre y de su inteligencia. Otra virtud que se destacó en San Casimiro fue el amor a la pureza: su padre quiso casarlo con la hija del Emperador Federico, pero Casimiro dijo que le había prometido a la Virgen Santísima conservarse en perpetua castidad y es por esto que renunció a tan honroso matrimonio.
Los secretarios y otras personas que vivieron con Casimiro durante varios años estuvieron todos de acuerdo en afirmar que lo más probable es que este santo joven no cometió ni un solo pecado grave en toda su vida. Y esto es tanto más admirable en cuanto que vivía en un ambiente de palacio de gobierno donde generalmente hay mucha relajación de costumbres. A su padre el rey le advertía con todo respeto pero con mucha valentía, las fallas que encontraba en el gobierno, especialmente cuando se cometían injusticias contra los pobres.
Se enfermó de tuberculosis, y el 4 de marzo de 1484, a la corta edad de 26 años, murió santamente dejando en todos los más edificantes recuerdos de bondad y de pureza. Lo sepultaron en Vilma, capital de Lituania.

Mensaje de santidad.

En un tiempo en donde se enarbolan las banderas de la impureza, de la lujuria, de la fornicación, como derechos humanos, y en un tiempo en el que los jóvenes pasan su tiempo embelesados con esos espejitos de colores que son los celulares, las computadoras y la televisión, el ejemplo de San Casimiro resplandece con todo el brillo de la santidad, señalando para los jóvenes de nuestro tiempo el camino que conduce al cielo. San Casimiro transmite a los jóvenes –y a los no tan jóvenes- cuál es el camino que conduce al cielo: el amor a la gracia –no basta con evitar el pecado-, el amor a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo –en vez de pasar horas consumiendo contenido vacío de santidad en las pantallas-, el deseo de imitarlo –en vez de imitar a tantos personajes que llevan vida disipada-, el amor a los pobres –que, como dijimos, no es filantropía, sino reverberación del amor a Dios, que se vuelca de preferencia en los más desamparados-; por último, el amor a la pureza, a la castidad, en lugar del desenfreno de las pasiones que alejan del camino de la santidad. La vida  de San Casimiro es un libro abierto en donde los jóvenes de hoy pueden contemplar cómo es el camino que conduce a la unión con Dios en esta vida y por la eternidad.
         

viernes, 26 de enero de 2018

Memoria de los Santos Timoteo y Tito


         Vida de santidad[1].

Timoteo y Tito, discípulos y colaboradores del apóstol Pablo, presidieron las Iglesias de Éfeso y Creta, respectivamente. Ellos fueron los destinatarios de las cartas llamadas “pastorales”, cartas llenas de excelentes recomendaciones para la formación de pastores y fieles.

Mensaje de santidad.

En una de las dos cartas que San Pablo le escribe a Timoteo, le dice así: “Que nadie te desprecie por tu juventud. Muéstrate en todo un modelo para los creyentes, por la palabra, la conducta, la caridad, la pureza y la fe (1 Tim 4,12).
San Pablo le aconseja a Timoteo, en ese entonces, un joven, que dé testimonio de Cristo, tanto con la prédica, como con “la conducta, la caridad, la pureza y la fe”, además de no permitir ser amedrentado por su juventud. Estos consejos son válidos para todos los jóvenes de todos los tiempos, y mucho más en nuestros días, en los que la oscuridad espiritual, disfrazada de ateísmo materialismo y del gnosticismo de la Nueva Era, ha invadido las mentes y los corazones de una inmensa cantidad de jóvenes. Muchos jóvenes, por desconocer a Cristo, a sus Mandamientos, a su Iglesia, a sus Sacramentos –entre ellos, la Eucaristía y la Confesión sacramental-, no encuentran el sentido último de esta vida, que es la salvación eterna del alma, y es así como, en el mejor de los casos, desperdician sus jóvenes vidas, en caminándose detrás de ideales falsos. En el día de los Santos Timoteo y Tito, les pedimos que intercedan por los jóvenes de nuestra Patria y de todo el mundo para que no sean engañados por las falsas religiones, iluminados por la luz de Cristo, lo sigan a Él, cargando la cruz de cada día, hasta que lleguen, algún día, a la Jerusalén celestial.



[1] http://www.liturgiadelashoras.com.ar/

jueves, 31 de enero de 2013

San Juan Bosco y la educación de la castidad en los jóvenes



         Una de las cosas que sobresale en el misticismo de San Juan Bosco, manifestado principalmente en sus sueños, es la continua advertencia que del cielo se dirige a los jóvenes, en relación a la santa pureza. En numerosos sueños, San Juan Bosco es advertido, por el cielo, del enorme peligro bajo el que se encontraban los jóvenes de Turín, lugar en donde el santo pasó gran parte de su vida.
La crítica progresista diría que los sueños eran producto de su imaginación, la cual, a su vez, era consecuencia de su formación sacerdotal excesivamente rigurosa, propia de su tiempo. Para el progresismo católico, los sueños de San Juan Bosco, junto con todo su valiosísimo mensaje moral pero ante todo espiritual –porque las consecuencias del desvío moral conducen a la pérdida de la gracia santificante en esta vida y, de perdurar esta situación, a la eterna condenación-, no pasan de ser expresiones de una religiosidad “antigua”, “pasada de moda”, “represiva”, que no se adapta al paso del tiempo.
Ahora bien, el no proporcionar a los jóvenes el inmenso tesoro –psicológico, moral, espiritual- que suponen los sueños, las enseñanzas, y la vida de Don Bosco, implica no solo dejar caer en el olvido a un gran santo de la Iglesia Católica sino, mucho más grave aún, condenar a miles de jóvenes a una existencia vacía, caracterizada por no poseer ni valores cristianos ni humanos de ningún tipo. Sin embargo, el daño hecho a estos jóvenes, a los que se les oculta la vida y las enseñanzas de Don Bosco, no termina ahí, porque el joven, sin el ideal de Cristo que Don Bosco propone, termina siendo absorbido, inevitablemente, por el mundo contemporáneo, cuyas características, en el inicio del siglo XXI, son el gnosticismo, el relativismo moral, el hedonismo, el materialismo y el neo-paganismo “New Age”.
Los sueños de Don Bosco no son el producto de la frondosa imaginación de un sacerdote del siglo XVIII: son el llamado del cielo a los jóvenes –a todo hombre en general, pero a los jóvenes en particular, porque ese es el carisma de Don Bosco-, a imitar y participar de la pureza del Ser divino, encarnado y manifestado en Cristo, el Hombre-Dios. Ocultar este grandioso ideal, manifestado en imágenes en los sueños de Don Bosco, constituye un gran engaño a cientos de miles de jóvenes que, de conocerlo, no dudarían en imitar a Cristo, en vez de dejarse arrastrar por las pasiones y por el mundo sin Dios.