San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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viernes, 26 de enero de 2018

Memoria de los Santos Timoteo y Tito


         Vida de santidad[1].

Timoteo y Tito, discípulos y colaboradores del apóstol Pablo, presidieron las Iglesias de Éfeso y Creta, respectivamente. Ellos fueron los destinatarios de las cartas llamadas “pastorales”, cartas llenas de excelentes recomendaciones para la formación de pastores y fieles.

Mensaje de santidad.

En una de las dos cartas que San Pablo le escribe a Timoteo, le dice así: “Que nadie te desprecie por tu juventud. Muéstrate en todo un modelo para los creyentes, por la palabra, la conducta, la caridad, la pureza y la fe (1 Tim 4,12).
San Pablo le aconseja a Timoteo, en ese entonces, un joven, que dé testimonio de Cristo, tanto con la prédica, como con “la conducta, la caridad, la pureza y la fe”, además de no permitir ser amedrentado por su juventud. Estos consejos son válidos para todos los jóvenes de todos los tiempos, y mucho más en nuestros días, en los que la oscuridad espiritual, disfrazada de ateísmo materialismo y del gnosticismo de la Nueva Era, ha invadido las mentes y los corazones de una inmensa cantidad de jóvenes. Muchos jóvenes, por desconocer a Cristo, a sus Mandamientos, a su Iglesia, a sus Sacramentos –entre ellos, la Eucaristía y la Confesión sacramental-, no encuentran el sentido último de esta vida, que es la salvación eterna del alma, y es así como, en el mejor de los casos, desperdician sus jóvenes vidas, en caminándose detrás de ideales falsos. En el día de los Santos Timoteo y Tito, les pedimos que intercedan por los jóvenes de nuestra Patria y de todo el mundo para que no sean engañados por las falsas religiones, iluminados por la luz de Cristo, lo sigan a Él, cargando la cruz de cada día, hasta que lleguen, algún día, a la Jerusalén celestial.



[1] http://www.liturgiadelashoras.com.ar/

viernes, 27 de enero de 2017

Santos Timoteo y Tito


La muerte martirial de San Timoteo, ocurrida en el año 97 de la Era Cristiana, es un ejemplo y un modelo de fe y de amor a Jesucristo de tal magnitud, que trasciende el tiempo: acaecida pocos años después de la muerte de Cristo, conserva todo su valor testimonial en el siglo XXI. Luego de ser nombrado como primer obispo de la Iglesia de Éfeso, fue encarcelado, sentenciado a morir apaleado y apedreado, siendo finalmente ejecutado por orden del emperador Diocleciano. ¿La razón de su martirio? El oponerse, como cristiano, a un festival pagano en honor de una de las diosas del panteón politeísta romano llamada Diana.

En nuestros días, se produce un fenómeno contrario al del martirio, y es la apostasía: una inmensa multitud de cristianos –católicos-, al revés de San Timoteo, que perdió su vida terrena por no renegar y rechazar a Jesucristo en favor de los ídolos, estos cristianos ofrendan sus vidas a los múltiples ídolos de nuestro mundo contemporáneo –dinero, placer, hedonismo, materialismo, ocultismo, paganismo-, renegando y rechazando a Nuestro Señor Jesucristo, Presente en Persona, real, verdadera y substancialmente en la Eucaristía. Lo único que quiere Jesús es darnos su Amor, el Amor inefable, infinito y eterno, de su Sagrado Corazón Eucarístico, pero los hombres de hoy, envueltos en las más siniestras tinieblas, prefieren –sólo por dar un ejemplo- un espectáculo deportivo en lugar de la Santa Misa dominical. La apostasía es la contracara perversa del martirio, y ésta es la razón por la cual la muerte martirial de San Timoteo, ocurrida a veinte siglos de distancia, es válida y actual para nosotros, católicos que vivimos en la posmodernidad. 

martes, 26 de enero de 2016

Santos Timoteo y Tito


Timoteo y Tito fueron discípulos y colaboradores del apóstol Pablo y, como tales, fueron los destinatarios de sus consejos espirituales; puesto que son santos, eso significa que siguieron al pie de la letra estos consejos y eso significa también que son útiles para nosotros, los cristianos.
¿Qué consejos les dio San Pablo? En las respectivas “Cartas” a Timoteo y Tito (1Tm 6, 11-12; Tt 2, 1), San Pablo les decía así: “Como hombre de Dios que eres, corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura”; “Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna”; “Enseña lo que es conforme a la sana doctrina”.
“Como hombre de Dios que eres”: un cristiano es un “hombre de Dios”, no un hombre mundano; eso quiere decir que lo que guía su vida es Jesucristo y sus mandatos, sobre todo el mandato de la caridad, que lo lleva a perdonar a su prójimo “setenta veces siete” y a “amar a los enemigos”, tal como Jesús lo pide. El cristiano, como “hombre de Dios”, no guía su vida por principios mundanos, sino que “su alimento es hacer la voluntad de Jesucristo” y en eso se diferencia de los hombres mundanos, para quienes Jesucristo “es un fantasma”.
“Corre al alcance de la justicia”: al cristiano le preocupa la injusticia, pero no la mera injusticia social, sino la injusticia que significa que Dios Uno y Trino no sea conocido, amado y adorado por los hombres, como Él se lo merece.
“de la piedad”: un cristiano es piadoso, porque la piedad es una virtud que nace del amor a Dios que anida en lo más profundo del corazón.
“de la fe”: el cristiano tiene fe, pero no una fe construida a su medida, ni tampoco cree en lo que le parece mientras deja de creer en lo que no le parece; el cristiano tiene la fe de la Santa Iglesia Católica, una fe de dos mil años de antigüedad, una fe que cree en Jesús no como un simple hombre, sino como el Hombre-Dios, como el Dios de la Eucaristía y del sagrario, Presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía.
“de la caridad”: el cristiano no se mueve según los impulsos de un afecto sentimentalista pasajero, sino por el Amor sobrenatural de Dios, infundido en el alma por Jesucristo.
“de la paciencia en el sufrimiento”: el cristiano no se queja en las tribulaciones, sino que todos sus sufrimientos los ofrece a Jesucristo, que por él sufre en la cruz.
“de la dulzura”: el cristiano ni reprime sus afectos, ni tampoco es dominado por sus pasiones, porque la gracia santificante de Jesucristo purifica y santifica los afectos y los sentimientos, de manera que lo que ama, lo ama en Dios, por Dios y para Dios, y nada ama que no sea para Él.
“Combate el buen combate de la fe y conquista la vida eterna”: el cristiano considera a esta vida como una lucha, un combate continuo contra las propias pasiones, para adquirir, conservar y acrecentar la gracia, de modo tal de conseguir la vida eterna, como un premio dado por Jesucristo, cuando finalice esta vida terrena.
“Enseña lo que es conforme a la sana doctrina”: el cristiano conserva pura su fe, sin contaminarla con doctrinas “llamativas y extrañas”; vive de esa fe y enseña, con su ejemplo de vida, la fe bimilenaria de la Iglesia.

Los consejos de San Pablo a Timoteo y Tito, hicieron de ellos grandes santos y también pueden hacer lo mismo con nosotros, cristianos del siglo XXI.

lunes, 26 de enero de 2015

Santos Timoteo y Tito


Fueron colaboradores y discípulos de predilección de Pablo. De Timoteo se cree que su madre Eunice, su abuela Lois y él mismo abrazaron el cristianismo y se hicieron bautizar durante la primera visita de San Pablo a Listra[1]. Fue su familia quien lo había introducido en la lectura de las Sagradas Escrituras, desde muy pequeño, como lo recuerda Pablo: “...Que esa fe se conserve en ti, ya que desde tu más tierna edad te hicieron leer y meditar las Sagradas Escrituras” (1Tim 1, 5; 4, 14). Cuando Pablo regresó donde vivían Timoteo y su familia, en su segundo viaje misionero, los cristianos de allí le dieron maravillosas recomendaciones acerca de Timoteo; esto llevó a Pablo a confiarle la misión de predicar. Desde ese momento, y debido a la fidelidad y amistad de Timoteo, Pablo lo eligió como colaborador, gran amigo y compañero de misiones, además de considerarlo siempre como un “hijo suyo”, tal como lo llama en la primera Carta a los Corintios: “Timoteo, mi hijo amado” (1 Corintios); y lo llama de la misma manera en las dos cartas que le escribió a él.
Es en el lugar donde vivían Timoteo y su familia, en donde ocurre uno de los milagros más portentosos de Pablo, relatados en la Escritura, la curación del hombre paralítico. También relata la Escritura que, tras dicha curación, la gente del lugar los confundió con dioses disfrazados de hombres, pretendiendo adorarlos y ofrecerles sacrificios. Sin embargo Pablo no se los permitió de ninguna manera, aclarándoles que eran tan sólo criaturas igual que ellos. Pasado este episodio, los judíos incitan al pueblo contra Pablo y Bernabé: los apedrean y los abandonan casi muertos, pero los cristianos los conducen a la casa de Timoteo, en donde son atendidos.
Hacia el año 53, Pablo envía a Timoteo a las Iglesias de Macedonia y de Corinto. Trabajaron juntos nuevamente los años siguientes en Macedonia, en el Peloponeso y en la Tróada. Y cuando Pablo les escribe a los romanos, desde su prisión, les menciona que lo acompaña Timoteo, su fiel discípulo[2].
La primera carta que le escribió San Pablo a Timoteo fue en el año 65, desde Macedonia; y la segunda, desde Roma, mientras se encontraba preso, aguardando su ejecución. En una de las cartas del apóstol a Timoteo, le dice: “Que nadie te desprecie por tu juventud. Muéstrate en todo como un modelo para los creyentes, por la palabra, la conducta, la caridad, la pureza y la fe” (2 Tim 2). En otro pasaje, Pablo le recomienda que no tome sólo agua sino también un poco de vino, debido a los continuos malestares estomacales de Timoteo (cfr. 1Tim 5, 23); ésta es la razón por la cual Timoteo es patrono de los afectados por malestares estomacales.
El historiador Eusebio cuenta que S. Pablo nombró a Timoteo primer obispo de la Iglesia de Éfeso, en donde sufrió el martirio en el año 97 –fue apaleado y apedreado- por orden del emperador Diocleciano, al oponerse a un festival pagano en honor de Diana.
         ¿Cuál es el mensaje de santidad de Timoteo? Su mensaje de santidad es que Timoteo da su vida no solo por oponerse al culto idolátrico y pagano de la diosa Diana, sino ante todo por defender la Verdad de la divinidad del Cordero de Dios, Jesucristo: con su sacrificio martirial, Timoteo nos está diciendo que no solo el culto pagano a la diosa es radicalmente falso, sino que el Único Dios Verdadero, al cual se debe adorar y al cual se le debe rendir culto, es Jesucristo. Por este hecho, su ejemplo es muy valedero para nuestros días, en el que miles de católicos abandonan la Iglesia, apostatando de la verdadera fe, para seguir y postrarse ante los ídolos neo-paganos del mundo de hoy, tanto los que ofrece la secta luciferina de la Nueva Era -la wicca, la brujería, el ocultismo, el tarot, el gnosticismo, etc.-, como los ídolos neo-paganos del mundo moderno –el hedonismo, el materialismo, el relativismo, el ateísmo teórico y práctico, etc.-; unos y otros ídolos serán, para los católicos apóstatas de hoy, siempre más atractivos que Jesús resucitado, vivo y glorioso en la Eucaristía.
         En nuestros días, asistimos a un fenómeno inverso al del martirio, el anti-martirio, si podemos decirlo así: mientras que Timoteo dio la vida por Jesucristo, oponiéndose al falso culto de una deidad pagana, hoy, por el contrario, millones de católicos no solo niegan a Jesucristo en la Eucaristía, sino que entregan literalmente sus vidas –toda su existencia- a los ídolos neo-paganos: las estrellas del rock, del cine, de la música, de la política, del fútbol, del deporte en general, porque mientras el Día del Señor, el Domingo, dejan vacías las Iglesias, acuden en cambio en masa a cuanta actividad propongan estos verdaderos ídolos con pies de barro. Así, rinden culto y pleitesía a hombres, que nada hicieron y nada harán por su salvación, mientras dejan solo y abandonado a Jesús, que en cada Santa Misa desciende del cielo sobre el altar eucarístico, para renovar sacramental e incruentamente su sacrificio en cruz, obrando en el altar la misma obra del Calvario: así como entregó su Cuerpo y derramó su Sangre en la cruz, así en la Santa Misa entrega su Cuerpo en la Eucaristía y derrama su Sangre en el cáliz del altar.
         Según las actas del martirio, Timoteo recibió golpes mortales dados con palos y piedras, para dar testimonio de Jesucristo; hoy, son una multitud de cristianos quienes propinan golpes mucho más violentos a Jesús, con sus ultrajes, sacrilegios e indiferencias hacia la Santa Misa y hacia su Presencia Real Eucarística.
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[1] http://www.corazones.org/santos/timoteo_tito.htm
[2] Cfr. ibidem.