San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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martes, 14 de febrero de 2023

San Valentín, Patrono de los novios en Cristo

 



         Vida de santidad.

         San Valentín nació en Interamna Terni, unos 100 kilómetros al norte de Roma, cerca del año 175. Fue ordenado por San Felicio de Foligno y consagrado obispo de Interamna por el Papa Víctor I en el año 190 d. C. Reconocido por su fervor evangelizador, por sus milagros y curaciones, ejerció como sacerdote en Roma durante el siglo III bajo el gobierno del Emperador Claudio II, para luego ser torturado y decapitado el 14 de febrero del año 270[1].

         Mensaje de santidad.

         En la época de San Valentín, el emperador había decretado la prohibición de los matrimonios, puesto que consideraba -erróneamente- que “Los solteros sin familia son mejores soldados, ya que no tienen ataduras”. San Valentín consideraba, acertadamente, que este decreto era injusto, puesto que privaba a los jóvenes de recibir el Santo Sacramento del Matrimonio. Puesto que San Valentín instruía en el sentido del verdadero noviazgo en Cristo a los jóvenes novios y luego les impartía el Sacramento del Matrimonio, fue detenido por los soldados del emperador y luego condenado a muerte. Debido a que murió dando testimonio de Cristo como Esposo de la Iglesia Esposa, lo cual es el fundamento del matrimonio sacramental católico, llevando al altar a los novios luego de ser catequizados, para que se unieran bajo el Sacramento del Matrimonio, San Valentín es Patrono de los novios que se aman con el Amor Puro e Inmaculado del Sagrado Corazón de Jesús; es el Patrono de los novios que se aman con un amor casto, puro, un amor que es partícipe del Amor casto y puro del Sagrado Corazón de Jesús y también de la Pureza del Inmaculado Corazón de María.

         Por esto mismo, San Valentín no es “patrono de los enamorados”, de forma genérica y abstracta y mucho menos cuando en nuestros días la palabra y el concepto de “amor” han sido degradados a la pasión, ahora no ya entre varón y mujer sino en cualquier tipo de unión. La memoria de San Valentín no tiene nada que ver con el proceso de secularización, descristianización y materialización que el mundo moderno ha hecho de su memoria en nuestros días, al reducir el día de San Valentín a una fecha secular en la que quienes están en relaciones pre-matrimoniales intercambian tarjetas, regalos y cosas por el estilo. San Valentín es Patrono solo, pura y exclusivamente, de quienes se aman en Cristo, de quienes llevan un verdadero noviazgo católico -sin relaciones prematrimoniales, sin convivencia concubinaria, sin relaciones múltiples como la aberración del “poliamor”- y que, en Cristo, desean formar una familia luego de recibir el sacramento del matrimonio.

Los novios que se aman con el amor puro de Cristo, no mancillan sus cuerpos con relaciones carnales, las cuales están reservadas, según el orden natural, para el matrimonio sacramental. La prueba de que los novios se aman verdaderamente en Cristo, es que precisamente no harán lo que está reservado para el matrimonio, esto es, las relaciones pre-matrimoniales, vividas en nuestros días como si eso fuera “normal” o como si no tuvieran consecuencias en el plano espiritual -la consecuencia es el pecado mortal-. Las relaciones propias del matrimonio, fuera del matrimonio, constituyen un pecado mortal y es por eso que si los novios se aman verdaderamente, no inducirán a su ser amado a cometer el más grave error que puede cometer un alma en esta vida y es el pecado mortal, en este caso, la fornicación. San Valentín es Patrono solamente de quienes se profesan el verdadero y único amor del noviazgo cristiano, el amor puro y casto, un amor que participa de la pureza del Amor de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

 

sábado, 15 de febrero de 2020

San Valentín


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          Vida de santidad[1].

San Valentín era un sacerdote que hacia el siglo III ejercía en Roma, durante el gobierno del emperador Claudio II. Resulta que este emperador tomó la decisión de prohibir la celebración de matrimonios -sobre todo para los jóvenes-, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras, al no tener esposa ni familia para mantener económica y afectivamente. De esta manera, todos los matrimonios sacramentales quedaron suspendidos por decreto en el imperio. Sin embargo, San Valentín, consciente del valor del sacramento del matrimonio y considerando que el decreto del emperador atentaba contra la Ley de Dios, decidió no acatarla y esto está bien, porque las leyes injustas no se deben de ninguna manera acatar. San Valentín, considerando entonces que el decreto era injusto, no lo acató de ninguna manera y por el contrario, se dedicó a celebrar matrimonios sacramentales en secreto; es aquí donde surge el hecho de que San Valentín sea sea considerado el patrono de los enamorados.
El emperador Claudio se enteró de las actividades sacerdotales de San Valentín y como San Valentín gozaba de un gran prestigio en Roma, lo llamó a Palacio. San Valentín aprovechó la ocasión para evangelizar al emperador y su corte. Aunque en un principio Claudio II mostró interés por la conversión al cristianismo, sin embargo fue persuadido de lo contrario principalmente por el gobernador de Roma, llamado Calpurnio.
Inclinado explícitamente al paganismo y rechazando las actividades en favor del matrimonio sacramental que hacía San Valentín, el emperador Claudio dio entonces la orden de que encarcelasen a Valentín. Estando en la cárcel, hizo el milagro de devolverle la vista a la hija ciega del jefe de la cárcel, llamado Asterius, quien desde entonces se convirtió al cristianismo. Este hecho no consiguió la libertad de San Valentín, quien continuó preso en la cárcel hasta que el emperador Claudio finalmente ordenó que lo martirizaran y ejecutaran el 14 de Febrero del año 270. La joven Julia, agradecida al santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. De ahí que  el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos.
La fecha de celebración del 14 de febrero fue establecida por el Papa Gelasio para honrar a San Valentín entre el año 496 y el 498 después de Cristo. Los restos mortales de San Valentín se conservan actualmente en la Basílica de su mismo nombre, que está situada en la ciudad italiana de Terni (Italia). Cada 14 de febrero se celebra en dicho templo, un acto de compromiso por parte de diferentes parejas que quieren contraer matrimonio al año siguiente.

Mensaje de santidad.

San Valentín es un ejemplo para nuestros días porque él murió dando testimonio de Cristo y del misterio esponsal de Cristo Esposo unido a la Iglesia Esposa, manifestado y participado en el sacramento del matrimonio. Es ejemplo para nuestros días, porque nunca antes se había desvalorizado tanto el sacramento del matrimonio como lo vemos hoy en día. En vez de considerarlo como es, como una inserción de los esposos en el misterio esponsal entre Cristo y la Iglesia, que convierte al varón en prolongación y representación de Cristo Esposo y a la mujer la convierte en prolongación de y representación de la Iglesia Esposa, ante el mundo y la sociedad, con la riqueza de gracia que esto representa, se ve al matrimonio sacramental como un simple compromiso humano que se reduce a un consentimiento firmado, que puede romperse cuando los esposos así lo decidan. Al recordar a San Valentín en su día, recordemos el valor inapreciable del sacramento del matrimonio, por el cual el varón se convierte en imagen de Cristo Esposo y la mujer, en imagen de la Iglesia Esposa. También es un momento para reflexionar acerca de las exigencias de la fe católica, puesto que creer en Cristo Dios supone estar dispuestos a dar la vida por el Hombre-Dios Jesucristo, como hizo San Valentín.


viernes, 15 de febrero de 2019

San Valentín



Vida de santidad.

A finales del siglo III se había desencadenado por todo el Imperio Romano la persecución[1]. Valentín, que era un presbítero romano, residía en la capital del Imperio, reinando Claudio II. El emperador había prohibido los matrimonios, aduciendo que esto constituía una carga para los jóvenes, que así se veían impedidos de servir en el ejército. Contrariando estas órdenes humanas, San Valentín se dedicó a visitar clandestinamente a los esposos, para unirlos en santo matrimonio. Enterado de esto, el emperador lo hizo conducir ante sí por los soldados. El emperador lo trató de disuadir de sus convicciones cristianas. Pero Valentín le contestó: “Si conocierais, señor, el don de Dios, y quién es Aquel a quien yo adoro, os tendríais por feliz en reconocer a tan soberano dueño, y abjurando del culto de los falsos dioses adoraríais conmigo al solo Dios verdadero”.
Asistieron a la entrevista, un letrado del emperador y Calfurnio, prefecto de la ciudad, quienes protestaron enérgicamente por lo que consideraron las atrevidas palabras dirigidas contra los dioses romanos, calificándolas de blasfemas. Temeroso Claudio II de que el prefecto levantara al pueblo y se produjeran tumultos, ordenó que Valentín fuese juzgado de acuerdo a las leyes.
Interrogado por Asterio, teniente del prefecto, Valentín continuó haciendo profesión de su fe, afirmando que es Jesucristo “la única luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”.
El juez, que tenía una hija ciega, al oír estas palabras, pretendiendo confundirle, le desafió: “Pues si es cierto que Cristo es la luz verdadera, te ofrezco ocasión de que lo pruebes; devuelve en su nombre la luz a los ojos de mi hija, que desde hace dos años están sumidos en las tinieblas, y entonces yo seré también cristiano”.
Valentín hizo llamar a la joven a su presencia, y elevando a Dios su corazón lleno de fe, hizo sobre sus ojos la señal de la cruz, exclamando: “Tú que eres, Señor, la luz verdadera, no se la niegues a ésta tu sierva”.
Al pronunciar estas palabras, la muchacha recobró milagrosamente la vista, aunque su padre, Asterio y también su esposa, recobraron la vista espiritual, que se convirtieron a Jesús y, conmovidos, se arrojaron a los pies del Santo, pidiéndole el Bautismo, que recibieron, juntamente con todos los suyos, después de instruidos en la fe católica.
El emperador se admiró del prodigio realizado y de la conversión obrada en la familia de Asterio; pero aunque deseaba salvar de la muerte al presbítero romano, tuvo miedo de aparecer, ante el pueblo, sospechoso de cristianismo. Por lo tanto, no le fue conmutada su pena de muerte, sino llevada a cabo, con lo que San Valentín, después de ser encarcelado, cargado de cadenas, y apaleado con varas nudosas hasta quebrantarle los huesos, se unió íntima y definitivamente con Cristo, luego de ser decapitado.

Mensaje de santidad.

El mensaje de santidad que nos deja el sacerdote San Valentín es doble: por un lado, amor a la Iglesia y a sus sacramentos, sobre todo el sacramento del matrimonio y por otro, el amor a Jesucristo, al punto que dio su vida por él, muriendo mártir. Con respecto al matrimonio, San Valentín sabía que la unión sacramental de los esposos los convertía a estos en una prolongación, para la sociedad y el mundo, de la unión esponsal entre Cristo Esposo y la Iglesia Esposa, de manera que los esposos se convertían, por el sacramento, en imágenes vivientes, el esposo terreno de Cristo Esposo y la esposa terrena, de la Iglesia Esposa. Arriesgaba su vida para unir a los esposos sacramentalmente y esto es un valioso testimonio en nuestros días, en los que el matrimonio sacramental se ha devaluado a los ojos de una sociedad atea, materialista, agnóstica y relativista, que desprecia los sacramentos de la Iglesia. Para quienes prefieren el pecado mortal del concubinato antes que la fuente de gracias del matrimonio, sería conveniente que leyeran la vida de San Valentín.
Con respecto a Jesucristo, San Valentín dio su vida por Él, a quien consideraba el único Dios Verdadero y frente al cual los dioses de los paganos son nada. Hoy en día, en el que la sociedad ha desplazado al Dios Verdadero y lo ha reemplazado por ídolos falsos, sería conveniente que reflexionara sobre las palabras y el testimonio de vida de San Valentín.
Por último, el folklore y las costumbres han rebajado la figura de San Valentín a una especie de “protector” de los enamorados o incluso hasta de cualquier amor humano, como el amor de amistad. Esto último es válido para los novios católicos que desean unirse en santo matrimonio, es decir, el santo es su patrono y protector para quienes aprecian el sacramento del matrimonio y aman y reconocen a Jesucristo como al Verdadero y Único Dios. Todo lo otro –prentender que San Valentín es patrono de los concubinarios, adúlteros, o de quienes confunden “amor” con “pasión”-, es banalizar la figura del santo y desconocer y menospreciar su auténtico mensaje de santidad: el aprecio por el sacramento del matrimonio y el amor a Jesucristo, Hombre-Dios, hasta dar la vida.



miércoles, 14 de febrero de 2018

San Valentín, sacerdote y mártir de Cristo



         Vida de santidad.

San Valentín fue un sacerdote católico, que ejercía su ministerio sacerdotal hacia el siglo III d.C. en Roma. En ese entonces, gobernaba el emperador Claudio II, quien decidió prohibir la celebración de matrimonios para los jóvenes, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras. Considerando San Valentín que esta disposición era contraria a la Ley de Dios y de la Iglesia, y en pleno derecho de ejercer su ministerio para el cual había sido ordenado, San Valentín comenzó a celebrar matrimonios en secreto, casando a jóvenes enamorados, lo cual hizo que luego se popularizara su figura como “Patrono de los enamorados”, título que sí es verdad, pero que nada tiene que ver con la connotación pagana y superficial con la que se recuerda su día. Enterado el emperador de las actividades secretas de San Valentín, ordenó que fuera llamado a su palacio. Aunque en un principio Claudio II mostró interés, el ejército y el Gobernador de Roma, llamado Calpurnio, le persuadieron para que quitara de en medio a San Valentín. El emperador Claudio dio entonces orden de que encarcelasen a Valentín. Entonces, el oficial Asterius, encargado de encarcelarle, quiso ridiculizar y poner a prueba a Valentín. Le retó a que devolviese la vista a una hija suya, llamada Julia, que nació ciega. Valentín aceptó y en nombre del Señor, le devolvió la vista. Este prodigio no solo devolvió la vista a la hija de Asterius, sino que le concedió la vista espiritual de la fe en Cristo a Asterius, convirtiéndose él y toda su familia al cristianismo. Sin embargo, San Valentín siguió preso y el débil emperador Claudio finalmente ordenó que lo martirizaran y ejecutaran el 14 de Febrero del año 270. La joven Julia, agradecida al santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. De ahí que  el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos.
La fecha de celebración del 14 de febrero fue establecida por el Papa Gelasio para honrar a San Valentín entre el año 496 y el 498 después de Cristo. Los restos mortales de San Valentín se conservan actualmente en la Basílica de su mismo nombre, que está situada en la ciudad italiana de Terni (Italia). Cada 14 de febrero se celebra en dicho templo, un acto de compromiso por parte de enamorados que desean contraer matrimonio al año siguiente. La costumbre de intercambiar regalos y cartas de amor el 14 de febrero nació en Gran Bretaña y en Francia durante la Edad Media, entre la caída del Imperio Romano y mediados del siglo XV.

Mensaje de santidad.

En nuestros días, el mensaje de santidad y la figura misma del santo han quedado ocultos y pasan desapercibidos, desde el momento en que su conmemoración se ha visto reducida a una simple costumbre de celebrar no solo el noviazgo –que ya no tiene nada de cristiano ni católico-, sino también la amistad. Sin menospreciar este sentido, el mensaje de santidad de San Valentín es mucho más profundo y se funda en el mismo Jesucristo, por lo que festejar San Valentín y dejar de lado a Cristo, hace que el festejo carezca de sentido.
El mensaje de santidad de San Valentín se funda, como decimos, en Cristo, porque era sacerdote ministerial convencido de la bendición que significa la unión sacramental del varón y la mujer, por medio del sacramento del matrimonio. Para San Valentín, los enamorados debían casarse en el Amor de Cristo, lo cual quiere decir que, por el sacramento del matrimonio y ante la sociedad, el varón debe ser una prolongación y actuación del misterio de Cristo Esposo y la mujer, una prolongación y actuación del misterio de la Iglesia Esposa. De esta inserción de los nuevos esposos en el misterio de la unión esponsal entre Cristo Esposo y la Iglesia Esposa, es que se derivan todas las características del matrimonio cristiano –fidelidad, unidad, indisolubilidad-, características que santifican al matrimonio y la familia cristianos, como así también a la sociedad. Festejar San Valentín, sin hacer referencia a este “gran misterio”, no tiene mayor sentido.



lunes, 13 de febrero de 2017

San Valentín


Vida de santidad.

San Valentín, sacerdote ministerial, ejercía su sacerdocio en Roma, en el siglo III. En ese entonces –y tal como sucede hoy-, el matrimonio sacramental se encontraba duramente desacreditado, hasta el punto en que el emperador Claudio II decidió prohibir la celebración de matrimonios para jóvenes, argumentando que los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras[1] terrenas y estaban, por lo tanto, más disponibles para luchar por los fines del imperio. Según dice una tradición, San Valentín arriesgaba su vida para casar cristianamente a las parejas durante el tiempo de persecución[2]. San Valentín, que era un sacerdote celoso de su ministerio y comprendía tanto el error del emperador, como el valor sobrenatural del matrimonio sacramental, desafiando al decreto del emperador, comenzó a celebrar matrimonios en secreto. Puesto que se trataba de tiempos de persecución, el emperador Claudio se enteró y dio la orden de que el sacerdote fuera arrestado y encarcelado. Estando en la cárcel, San Valentín continuaba predicando el Evangelio, además de realizar un prodigioso milagro en favor de la hija no vidente de su carcelero, el oficial Asterius, quien luego de este prodigio se convirtió al cristianismo, junto con toda su familia. A pesar de esto, el emperador Claudio finalmente ordenó que lo martirizaran y ejecutaran el 14 de Febrero del año 270.

Mensaje de santidad.

Reducir la figura de San Valentín a “Patrono de los enamorados” significa reducir, casi a la nada, su mensaje de santidad. Para poder apreciar su mensaje de santidad tenemos que tener presente, por un lado, el ambiente pagano que era propio del Imperio Romano del siglo III, ambiente que abarcaba e inficionaba de paganismo todos los aspectos de la vida, incluido el matrimonio. No solo no se tenía en cuenta su santidad, sino que se lo prohibía por los supuestos “intereses supremos” del imperio, como hemos visto. Por otro lado, San Valentín no arriesgaba su vida para casar sacramentalmente a los novios, por el hecho de que fuera un contestatario o un revolucionario: era un fiel sacerdote de Jesucristo, que amaba a Cristo, al sacerdocio ministerial y a la Iglesia y sus sacramentos. San Valentín comprendía el enorme valor sobrenatural del matrimonio sacramental católico, que consistía en ser una prolongación y actuación, en el mundo y en el tiempo, del matrimonio celestial y místico entre Jesús Esposos y la Iglesia Esposa. San Valentín comprendía que, en virtud del sacramento, los esposos católicos eran “injertados” en la unión nupcial y sobrenatural, celestial y divina, anterior a todo matrimonio humano, el desposorio místico entre Cristo Esposo y la Iglesia Esposa, viniendo así a representar, los esposos católicos, a este matrimonio místico, en el mundo: el esposo varón, representa a Jesucristo Esposo, mientras que la esposa mujer representa a la Iglesia Esposa. Además, San Valentín era consciente de que los esposos católicos recibían, a través del sacramento del matrimonio, absolutamente todas las gracias que habrían de necesitar para constituir un matrimonio primero y una familia después, en la santidad de Jesucristo. En estos tiempos nuestros en los que vivimos, a inicios del siglo XXI, el matrimonio sacramental está todavía peor considerado que en los tiempos de San Valentín, al punto que los matrimonios civiles o, peor aún, las convivencias concubinarias, han superado, en la gran mayoría de los países católicos, al matrimonio sacramental. Esta es la razón por la cual la vida y el mensaje de santidad de San Valentín constituyen, para estos oscuros tiempos sin Dios en los que vivimos, un luminoso faro que señala, sobre todo a los jóvenes que se aman al punto de querer formar una familia, en donde se encuentra la raíz y la fuente de la santidad para sus vidas: el matrimonio sacramental católico.




[1] http://webcatolicodejavier.org/sanvalentin.html
[2] https://www.aciprensa.com/recursos/san-valentin-4164/

jueves, 13 de febrero de 2014

San Valentín dio la vida por el amor puro y santo de los novios en Cristo


         Según la tradición, el sacerdote San Valentín arriesgaba su vida para casar cristianamente a las parejas durante el tiempo de persecución. Con San Mario y su familia socorría a los presos que iban a ser martirizados durante la persecución de Claudio el Godo. Precisamente, se encontraba en esta tarea cuando fue aprehendido y enviado por el emperador al prefecto de Roma, quien al comprobar que sus intentos de hacerlo renunciar a la fe en Jesucristo eran vanos, mandó que lo golpearan con mazas y después lo decapitaran. Esto ocurrió el 14 de febrero del año 269, según el martirologio romano.
         Puede afirmarse que San Valentín dio su vida por Cristo y por el amor puro y santo de los novios en Cristo porque, como vimos más arriba, arriesgaba su vida para que recibieran el sacramento del matrimonio las parejas en tiempos en que arreciaba la persecución por parte del emperador romano. El emperador, que era pagano, además de oponerse al sacramento cristiano por motivos de su creencia pagana, lo hacía por conveniencia estratégica: necesitaba hombres para su ejército y veía en el matrimonio un impedimento para engrosar sus filas. Pero San Valentín se oponía principalmente a la convivencia concubinaria de los novios por el hecho de ser opuesta al verdadero amor de novios, al amor casto y puro de Cristo que emana de la Cruz y que prepara para el amor esponsal. Cuando el amor que une a los novios es el amor casto y puro de Cristo, tanto más se acerca al amor esponsal y tanto más los prepara para el sacramento del matrimonio, y como este amor es más espiritual que carnal y pasional, se asemeja mucho a la perfección del amor esponsal, aún sin serlo, y por lo tanto concede a los novios no solo una gran estabilidad emocional y psíquica, sino ante todo serenidad, paz, confianza mutua, alegría y, principalmente, la seguridad de saber de que se ha encontrado el amor que Dios había destinado desde la eternidad para uno mismo.
         Por el contrario, cuando los novios no se aman en Cristo, sino egoístamente, en sí mismos, todo cambia: ni siquiera pueden ser llamados “novios”, porque esa palabra se aplica a quienes se aman con el amor puro y casto de Cristo, por lo que deben buscarse otra palabra que los identifique, como “amantes”, o algo por el estilo; el amor tampoco es espiritual ni se eleva a la perfección del amor esponsal, sino que desciende y se degrada a la imperfección de la pasión carnal y de la satisfacción genital; lejos de la estabilidad emocional y psíquica, hay desequilibrio de las pasiones y lejos de la seguridad de haber encontrado al amor de la vida, se tiene la certeza de haber encontrado a alguien que no sabe dónde va ni a qué fines.
         El celo sacerdotal de San Valentín es sumamente valioso y tanto más en nuestros días, cuando el noviazgo católico se ha desvirtuado al colmo de la perversión, al extremo de que se piensa que estar de novios es tener relaciones prematrimoniales y que “festejar” el noviazgo es enviarse fotos sexuales[1].
         En las antípodas de esta perversión que degrada al hombre a un estadio más bajo que las bestias -en efecto, las bestias irracionales nada malo hacen cuando usan de su sexualidad animal, porque así lo ha dispuesto el Creador; en cambio, cuando el hombre usa su sexualidad fuera del plan divino de salvación y fuera del amor casto y puro de Cristo, se degrada más bajo que los animales-, San Valentín deseaba que los novios se amaran con el amor casto y puro de Cristo, como modo de alcanzar el amor perfecto de los esposos, el amor esponsal, que es el amor con el cual Cristo Esposo ama a la Iglesia Esposa por la eternidad, y que es el amor con el cual la amó desde la cruz. 
       El amor casto y puro que llega hasta la muerte de cruz es el signo de que los novios se aman con amor puro y verdadero, el amor de Cristo. 

miércoles, 8 de febrero de 2012

San Valentín de Roma


14 de febrero

Vida y milagros de San Valentín[1]
            Fue un sacerdote que vivió en el siglo III, en Roma. Junto a San Mario y su familia, asistía espiritualmente a los presos que iban a ser martirizados en la persecución del Emperador Claudio II el Godo. Precisamente este emperador, pagano, había prohibido la celebración de matrimonios para los jóvenes, con la excusa de que los jóvenes solteros, al no tener esposas y familias que los soliciten sentimentalmente, podían ser mejores soldados para el imperio romano.
San Valentín, que consideraba esto como una injusticia, tanto para los jóvenes como para la Iglesia de Cristo, y en cumplimiento de su mandato sacerdotal, comenzó a celebrar en secreto matrimonios para jóvenes enamorados, y esta es la razón por la que San Valentín es el patrono de los enamorados. El emperador Claudio se enteró y como San Valentín gozaba de un gran prestigio en Roma, el emperador lo llamó al Palacio, en donde San Valentín aprovechó para predicar acerca de Cristo y del cristianismo. Aunque en un principio Claudio II mostró interés, el ejército y el Gobernador de Roma, llamado Calpurnio, lo convencieron para que eliminara a San Valentín. El emperador Claudio dio entonces orden de que encarcelasen a Valentín.
Pero fue allí, en la cárcel, en donde sucedió un prodigio: el oficial Asterius, encargado de encarcelarle, lo desafió a que devolviese la vista a una hija suya, llamada Julia, que nació ciega. Valentín aceptó y en nombre del Señor, le devolvió la vista. 
Por este hecho Asterius y su familia se convirtieron al cristianismo, aunque San Valentín continuó encarcelado de todas formas. El emperador Claudio, al ver que no podía hacerlo renunciar a la fe en Cristo, finalmente ordenó que lo martirizaran, golpeándolo con mazas y luego decapitándolo –por eso aparece en su imagen con un hacha- el 14 de Febrero del año 269. La joven Julia, agradecida al santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba; de ahí que  el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos.
La fecha de celebración del 14 de febrero fue establecida por el Papa Gelasio para honrar a San Valentín entre el año 496 y el 498 después de Cristo. Los restos mortales de San Valentín se conservan actualmente en la Basílica de su mismo nombre, que está situada en la ciudad italiana de Terni (Italia). Cada 14 de febrero se celebra en dicho templo, un acto de compromiso por parte de diferentes parejas que quieren contraer matrimonio al año siguiente. 
Aunque sean los enamorados los que principalmente celebran este día, sin embargo se festeja también a todos aquellos que comparten la amistad, ya sea maestros, parientes, compañeros de trabajo, etc.

Mensaje de santidad de San Valentín de Roma
Según la tradición, San Valentín arriesgaba su vida para casar cristianamente a las parejas durante el tiempo de persecución, y esto lo hacía porque tenía un gran amor a Jesucristo y porque estaba convencido de que el sacramento del matrimonio no es un mero trámite más, sino la prolongación, en el tiempo y en el espacio, por parte de los cónyuges católicos, del amor esponsal de Cristo Esposo y de la Iglesia Esposa. De esta manera, San Valentín se enfrentaba y combatía al paganismo de su época el cual, mediante el pretexto de incrementar y fortalecer al ejército del emperador, obraba en contra de Jesucristo, volviéndose enemigo de las almas y de su salvación.
En San Valentín destacan entonces el amor sacerdotal a Jesucristo y a sus sacramentos, particularmente el Sacramento del Matrimonio, por medio del cual la gracia divina se derrama a raudales para santificar a los esposos, haciéndolos dignos de la vida eterna.
Y al igual que todo mártir, el amor de San Valentín por Jesucristo –y también por las almas, principalmente de los jóvenes novios y esposos, por cuya salvación arriesgó su vida-, no se queda en meras declaraciones, ya que entregó su vida como mártir, y como el martirio es la máxima manifestación del amor del alma a Cristo Dios, San Valentín selló con su sangre y con su vida su declaración de amor por Jesús.
Como cristianos, no podemos dejar pasar por alto estas consideraciones, para no reducir la fiesta de San Valentín a un mero intercambio de saludos que, aunque sean de buena fe, por lo general nada dicen de la inmensidad del amor que encendía el alma de San Valentino, y que lo llevó a dar su vida. La fiesta de San Valentín nos debe hacer meditar, no solo a quienes estén de novios, sino a todo cristiano que desee vivir en el amor de Dios, en el amor santificador de Cristo, manifestado en el sacramento del matrimonio y en la entrega martirial de la vida propia, como San Valentín.


[1] Adaptado de: www.catholic.net; autor: P. Felipe Santos.