San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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martes, 1 de octubre de 2013

Qué hacen nuestros Ángeles en el cielo y en la tierra

         
    Debido a que están en contacto con la eternidad y el tiempo -enviando mensajes de Dios, desde la eternidad, a los hombres, que viven en el tiempo, y llevando la respuesta de los hombres a Dios-, los ángeles realizan, por así decirlo, dos tipos de actividades, en el cielo y en la tierra.
         ¿Qué hacen en el cielo? En el cielo, adoran al Cordero, que está en el trono de Dios, postrándose en su Presencia, cantando y exultando de alegría, y pasan de éxtasis en éxtasis de amor por siglos sin fin. También transmiten los mensajes de Dios a los hombres –y por eso “ángeles” quiere decir “mensajeros”-, pero su tarea principal es contemplar, adorar y amar al Cordero en su trono, el altar de los cielos.
         ¿Y en la tierra? En la tierra, nuestros Ángeles Custodios adoran al Cordero, que está en su trono, la Cruz sacrosanta, que se eleva majestuosa y radiante de gloria divina en el altar eucarístico y junto con el sacerdote ministerial, recogen en el cáliz, en cada Santa Misa, la Sangre preciosísima que mana de sus manos, de sus pies y de su costado traspasado, para darla de beber a quienes, como ellos, adoran y aman al Hombre-Dios. Nuestros Ángeles Custodios adoran también al Cordero en los sagrarios, sobre todo en los sagrarios en los que Él ha sido abandonado y dejado solo, y cuando no están adorando, van presurosos hasta los hombres que viven en las tinieblas, para susurrarles al oído que el Cordero está solo y esperando por ellos en su Prisión de Amor y, una vez entregado el mensaje, regresan a su puesto de adoración. Algunas veces, su mensaje es escuchado; otras, las más, es ignorado.

         

viernes, 9 de agosto de 2013

Santa Teresa Benedicta de la Cruz


         Representa, en su persona y en su vida, a todo lo humano asumido y redimido en Cristo: es de raza hebrea y de religión judía, y se convierte a Cristo, en quien ya no hay “ni judío ni gentil”; es filósofa, y por el camino del Amor a la Verdad Absoluta abre su mente y prepara su espíritu para el don de la gracia, que la hará partícipe de la Sabiduría de Dios, Jesús de Nazareth; es  laica y abraza la vida religiosa en el Carmelo, entregando su vida como esposa del Cordero; finalmente, al ser apresada y ejecutada por el paganismo nazi, entrega todo su ser, cuerpo y alma, en un doble holocausto: en el holocausto de la Shoá, el sufrido por todo el pueblo hebreo, y en el Holocausto del Cordero, al ser consumida en las llamas del Fuego del Amor divino que brota del Sagrado Corazón traspasado de Jesús.

         Por todo esto, Santa Teresa Benedicta de la Cruz representa a la Nueva Humanidad, la humanidad regenerada por la gracia divina, la humanidad que está y estará delante del Cordero, alegrándose en su Presencia, cantando junto a los ángeles loas de alabanza, y cánticos de acción de gracias, adorándolo y amándolo por toda la eternidad.