San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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jueves, 2 de febrero de 2023

San Blas, obispo y mártir

 



         Vida de santidad[1].

         San Blas fue obispo de Sebaste, Armenia, conocido por sus contemporáneos por haber obrado numerosas curaciones milagrosas, aun en vida terrena. Ejercía la profesión de médico y luego decidió retirarse para vivir en la oración y la penitencia, como eremita y esto lo hizo incluso después de haber sido nombrado obispo, convirtiendo la cueva en la que vivía, ubicada en el bosque del monte Argeus, en su sede episcopal.

         Mensaje de santidad.

En la actualidad, San Blas es patrono de los otorrinolaringólogos y de quienes padecen alguna afección a la garganta y esto se debe a que, según la tradición, San Blas volvió a la vida a un niño que acababa de morir al habérsele atravesado una espina de pescado en la garganta. Es de este milagro de donde se deriva la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, 3 de febrero.

Forma parte de su vida de santidad el afecto y aprecio que tenía por los animales, considerándolos como parte de la Creación de Dios. Por este afecto a los animales, también los curaba y también según la tradición, los animales enfermos o heridos se acercaban a su cueva en Argeus para que los cure. Estos, en retribución, no le hacían daño ni lo molestaban cuando oraba.

Debido a que los animales enfermos se reunían en la entrada de la cueva donde vivía San Blas, fue esto lo que llamó la atención de un grupo de cazadores: estos habían ido al monte a cazar animales para utilizarlos en los juegos de la arena en el circo y al ver a numerosos animales feroces esperando mansamente a la entrada de una cueva, decidieron entrar en la cueva para ver de qué se trataba y así fue como encontraron a San Blas. Lo llevaron preso, porque en esos días se había desencadenado una persecución contra los cristianos debido a una orden del gobernador de Capadocia, llamado Agrícola. Una vez que estuvo en presencia del gobernador, que era pagano y anticristiano, le exigieron bajo amenaza de muerte que renegara de la fe en Jesucristo, pero San Blas se opuso firmemente. Por su negativa a renunciar a la fe en Jesucristo, San Blas fue sentenciado a muerte y conducido a prisión, en donde debía esperar para su ejecución, pero incluso estando en prisión, seguía haciendo milagros y curando a los enfermos y bautizando a los que querían hacerse cristianos. De acuerdo a las Actas de San Blas, fue condenado a morir por ahogamiento pero, cuando fue arrojado a las aguas, el Santo empezó a caminar sobre estas, repitiendo el milagro que hizo Jesucristo. Entonces fue conducido al cadalso, fue torturado y, finalmente, decapitado. Murió, como mártir, el año 316 D. C, en tiempos del Emperador Licinio. Así como la muerte martirial de San Blas fue en su tiempo un testimonio de fe en Jesucristo como Dios y Salvador, así lo es en nuestros días, caracterizados por la apostasía generalizada, es decir, por el abandono voluntario de la fe católica, llegando incluso algunos al extremo de formar agrupaciones para exigir que se borren sus nombres de los libros de bautismos de las parroquias; no se dan cuenta que así están borrando voluntariamente sus nombres del Libro de la Vida y por lo tanto, al fin de la vida terrena, sufrirán la muerte eterna en el Infierno. Pidamos a San Blas que interceda para que perseveremos en la fe católica y en las obras de misericordia todos los días de nuestra vida terrena, hasta el último día, para que así seamos conducidos al Reino de los cielos en la eternidad y le pidamos también al santo que bendiga nuestras gargantas, pero no solo para que no nos enfermemos de la garganta o para que nos curemos si estamos enfermos, sino para que de nuestras gargantas solo salgan palabras de compasión para con nuestros prójimos y de adoración para con nuestro Dios, Jesús Eucaristía.

 

 

lunes, 1 de febrero de 2021

San Blas, obispo y mártir


 

         Vida de santidad[1].

         San Blas, obispo de Sebaste de Armenia y mártir, que, por ser cristiano, padeció en tiempo del emperador Licinio en la ciudad de Sebaste de Armenia (Sivas de la actual Turquía) (c. 320). Era el año 316. Parece que San Blas, siguiendo la advertencia del Cielo, huyó de la persecución y se refugió en una gruta. La Tradición nos presenta al anciano obispo rodeado de animales salvajes que lo visitan y le llevan alimento; pero como los cazadores van detrás de estos animales, el santo fue descubierto y llevado amarrado como un malhechor a la cárcel de la ciudad. A pesar de los prodigios que el santo hacía en la cárcel, lo llevaron a juicio y como no quiso renegar de Cristo y sacrificar a los ídolos, fue condenado al martirio: primero lo torturaron y después le cortaron la cabeza con una espada. A San Blas se le atribuye un milagro y que ha perpetuado la conocida bendición contra el mal de la garganta. En efecto, se conoce que mientras llevaban al santo al martirio, una mujer se abrió paso entre la muchedumbre y colocó a los pies del santo obispo a su hijo que estaba muriendo sofocado por una espina de pescado que se le había atravesado en la garganta. San Blas puso sus manos sobre la cabeza del niño y permaneció en oración. Un instante después el niño estaba completamente sano. Este episodio lo hizo famoso como obrador de milagros en el transcurso de los siglos, y sobre todo para la curación de las enfermedades de la garganta.

         Mensaje de santidad.

         Debido a esta curación milagrosa, es que se origina la Tradición de bendecir las gargantas y es por esto que San Blas es el Patrono de los que padecen alguna afección de la garganta. Le pidamos a San Blas que nos proteja de todo mal de garganta, en el sentido de que, si es la voluntad de Dios, no nos enfermemos, ni de la garganta ni de ningún mal corporal, pero le pidamos al santo una gracia todavía más importante: le pidamos la gracia de que por nuestras gargantas no solo no salga mala palabra alguna, ni maledicencia alguna, ni mentira alguna, sino que solo salgan palabras de bendición y misericordia para nuestro prójimo –incluido el que es nuestro enemigo- y que solo salgan palabras de acción de gracias, de amor y de adoración hacia Dios Uno y Trino. De nada nos valdría tener la garganta sana físicamente, sin ninguna afección corporal, si no bendijéramos a nuestro prójimo y si no alabáramos, ensalzáramos y adoráramos a nuestro Dios. Es esta gracia la que vamos a pedir a San Blas.

viernes, 5 de junio de 2020

San Bonifacio, obispo y mártir


Congregación Obispo Alois Hudal: San Bonifacio, Obispo y mártir ...

          Vida de santidad[1].

          Nació en Inglaterra hacia el año 673; después de haber vivido como monje en el monasterio de Exeter, el año 719 partió para Alemania, dónde predicó la Buena Noticia del Evangelio de Cristo, obteniendo muchas conversiones a la fe católica. Más tarde, fue ordenado obispo y gobernó la Iglesia de Maguncia y con la ayuda de varios colaboradores, fundó o restauró diversas Iglesias en Baviera, Turingia y Franconia. También convocó concilios y promulgó leyes eclesiásticas. En el año 754, mientras evangelizaba a los frisones, fue asesinado por unos paganos. Su cuerpo recibió sepultura en el monasterio de Fulda.

          Mensaje de santidad[2].

          Parte de su mensaje de santidad lo podemos encontrar en una de sus cartas, en las que vela como un “pastor solícito sobre su rebaño”. En esta carta compara a la Iglesia como una “nave que surca los mares del mundo y es azotada por una tormenta” y como toda nave, no debe ser abandonada, sino gobernada: “La Iglesia, que como una gran nave surca los mares de este mundo, y que es azotada por las olas de las diversas pruebas de esta vida, no ha de ser abandonada a sí misma, sino gobernada”.
          Pone como ejemplo de gobierno de la Iglesia a grandes pastores que lo precedieron, quienes gobernaron la Iglesia de Cristo bajo el gobierno civil de emperadores paganos, es decir, en tiempos de mucha dificultad para la difusión de la fe, y cómo estos pastores dieron sus vidas por la Iglesia: “De ello nos dan ejemplo nuestros primeros padres Clemente y Cornelio y muchos otros en la ciudad de Roma, Cipriano en Cartago, Atanasio en Alejandría, los cuales, bajo el reinado de los emperadores paganos, gobernaban la nave de Cristo, su amada esposa, que es la Iglesia, con sus enseñanzas, con su protección, con sus trabajos y sufrimientos hasta derramar su sangre”.
          Luego San Bonifacio confiesa su debilidad para gobernar la Iglesia, pero al mismo tiempo se muestra confiado en las Sagradas Escrituras: “Al pensar en éstos y otros semejantes, me estremezco y me asalta el temor y el terror, me cubre el espanto por mis pecados, y de buena gana abandonaría el gobierno de la Iglesia que me ha sido confiado, si para ello encontrara apoyo en el ejemplo de los Padres o en la sagrada Escritura. Mas, puesto que las cosas son así y la verdad puede ser impugnada, pero no vencida ni engañada, nuestra mente fatigada se refugia en aquellas palabras de Salomón: Confía en el Señor con toda el alma, no te fíes de tu propia inteligencia; en todos tus caminos piensa en él, y él allanará tus sendas. Y en otro lugar: Torre fortísima es el nombre del Señor, en él espera el justo y es socorrido. Mantengámonos en la justicia y preparemos nuestras almas para la prueba; sepamos aguantar hasta el tiempo que Dios quiera y digámosle: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación”.
          San Bonifacio continúa diciendo que es Dios quien nos ha impuesto la carga y que, si la sobrellevamos, no es por fuerzas propias, sino con la fuerza misma de Dios y que si nos mantenemos fieles en esta tarea, conseguiremos la vida eterna: “Tengamos confianza en él, que es quien nos ha impuesto esta carga. Lo que no podamos llevar por nosotros mismos, llevémoslo con la fuerza de aquel que es todopoderoso y que ha dicho: Mi yugo es suave y mi carga ligera. Mantengámonos firmes en la lucha en el día del Señor, ya que han venido sobre nosotros días de angustia y aflicción. Muramos, si así lo quiere Dios, por las santas leyes de nuestros padres, para que merezcamos como ellos conseguir la herencia eterna”.       
          Por último, San Bonifacio alienta a “no ser perros mudos” ni “mercenarios que huyen ante el lobo”; por el contrario, anima a ser “pastores fieles que vigilan el rebaño de Cristo, anunciando la Buena Noticia de Cristo a todos los hombres, sin distinción de ninguna clase: “No seamos perros mudos, no seamos centinelas silenciosos, no seamos mercenarios que huyen del lobo, sino pastores solícitos que vigilan sobre el rebaño de Cristo, anunciando el designio de Dios a los grandes y a los pequeños, a los ricos y a los pobres, a los hombres de toda condición y de toda edad, en la medida en que Dios nos dé fuerzas, a tiempo y a destiempo, tal como lo escribió san Gregorio en su libro a los pastores de la Iglesia”.
Al recordar a San Bonifacio, le pidamos que interceda ante Dios Nuestro Señor, para que seamos firmes y fieles en la realización de obras de misericordia, que testimonian así nuestra fe en el Hombre-Dios, Cristo Jesús. Y esto, hasta dar la vida, si fuera necesario.


[2] Cfr. De las Cartas de san Bonifacio, obispo y mártir, Carta 78; MGH, Epistolae 3, 352. 354.

jueves, 28 de junio de 2018

San Ireneo, obispo y mártir



         Vida de santidad[1].

San Irineo nació en el Asia Menor hacia el año 125 y fue educado por San Policarpo, quien a su vez fue discípulo directo del evangelista San Juan. Es considerado como uno de los padres de la Iglesia, porque en la Antigüedad luchó intelectualmente contra la secta de los Gnósticos, una de las más peligrosas sectas aparecidas en la tierra y con las cuales la Iglesia ha debido enfrentarse. Se considera que gracias a su sabiduría y sus escritos, la Cristiandad se libró de caer en los gravísimos errores que los gnósticos esparcían con sus dañosísimas enseñanzas.
Para advertir a un amigo suyo acerca del peligro de la secta en que éste había ingresado, dice así San Ireneo: “Te recuerdo que siendo yo un niño, allá en Asia Menor me eduqué junto al gran obispo Policarpo. Y también tú aprendiste con él, antes de pasarte a la perniciosa secta. ¡Con qué cariño recuerdo las enseñanzas de este gran sabio Policarpo! Podría señalar todavía el sitio donde se colocaba para enseñar, y su modo de andar y de accionar, y los rasgos de su fisonomía y las palabras que dirigía a la muchedumbre. Podría todavía repetir (aunque han pasado tantos años) las palabras con las cuales nos contaba como él había tratado con Juan el Evangelista y con otros que conocieron personalmente a Nuestro Señor. Y como el apóstol Juan les repetía las mismas palabras que el Redentor dijo a ellos y les contaba los hechos maravillosos que ellos presenciaron cuando vivieron junto al Hijo de Dios. Todo esto lo repetía muchas veces Policarpo y lo que él enseñaba estaba totalmente de acuerdo con las Sagradas Escrituras. Yo oía todo aquello con inmensa emoción y se me quedaba grabado en el corazón y en la memoria. Y lo pienso y lo medito, y lo recuerdo, con la gracia de Dios cada día”.
Y luego continúa: “En la presencia del Señor Dios, te puedo asegurar que aquel santo anciano Policarpo, si oyera las herejías gnósticas que tú enseñas, se taparía los oídos y exclamaría: “¡Oh Dios: que cosas tan horribles me ha tocado escuchar en mi vida! ¡A qué excesos de error se ha llegado en estos tiempos! ¿Por qué tengo que escuchar semejantes errores?”, y saldría huyendo de aquél lugar donde se escuchan tus dañosas enseñanzas”.
Más tarde, San Ireneo fue enviado desde Lyon a Roma con el objetivo de obtener del Sumo Pontífice su perdón a un grupo de cristianos que antes habían sido infieles pero que ahora querían otra vez ser fieles a la Santa Religión. Sucedió que mientras él estaba en Roma estalló en Lyon la terrible persecución en la cual murieron el obispo San Potino y un inmenso número de mártires, aunque Irineo no murió en la persecución porque la misma había finalizado cuando él regresó. Proclamado por el pueblo como sucesor del obispo San Potino, se dedicó con toda su capacidad intelectual tanto a enfervorizar a sus cristianos como a defenderlos de los errores de los herejes.
Catorce años después de su primera embajada fue enviado otra vez Irineo a Roma a pedir al Papa que quitara la excomunión a algunos cristianos que no habían querido obedecer las leyes de la Iglesia en cuanto a las fechas para la Semana Santa y Pascua. Debido a que obtuvo el perdón del Sumo Pontífice, la gente consideró que hacía honor a su nombre, que significa: “Amigo de la paz”, ya que consiguió hacer regresar a la Iglesia a quienes sin fundamento se habían alejado de ella y declarado sus enemigos.
No se sabe a ciencia cierta si Irineo murió mártir o murió de muerte natural. Pero lo que sí es cierto es que sus escritos han sido siempre de gran provecho espiritual para los cristianos.

Mensaje de santidad.

En su tiempo se difundió mucho una de las herejías que más daño han hecho a la religión Católica y que aún en nuestros días existe en muchas partes, la secta de los gnósticos. Estos enseñan un sinfín de errores que no se basan en las Sagradas Escrituras sino en doctrinas raras e inventadas por los hombres. Entre otras cosas, creen en la reencarnación y piensan que con la sola mente humana se logran conseguir todas las soluciones a todos los problemas, sin la necesidad de la fe y de la revelación de Nuestro Señor Jesucristo. San Irineo, que era un gran estudioso, se propuso analizar detenidamente todos los errores de los gnósticos y publicó cinco libros en los cuales los fue desenmascarando en todos sus errores. No atacaba con amargura, pero iba presentando lo absurdas que son las enseñanzas de los gnósticos. Además de la defensa de la fe, se preocupaba por convertir a los que estaban en el error y esa es la razón por la que era moderado y suave en sus ataques al enemigo. Pero de vez en cuando se le escapan algunas saetas como estas: “Con un poquito de ciencias raras que aprenden, los gnósticos ya se imaginan que bajaron directamente del cielo; se pavonean como gallos orgullosos y parece que estuvieran andando de gancho con los ángeles”.
         Ahora bien, ¿en qué consiste, propiamente, el gnosticismo, que tanto daño ha hecho y hace a la Santa Iglesia de Dios?
         Según la Enciclopedia Hispánica, el gnosticismo, que deriva de la palabra griega “gnosis”, que significa “conocimiento”, es un movimiento filosófico y religioso caracterizado por un conocimiento de tipo esotérico, adquirido no por aprendizaje u observación empírica, sino por revelación divina[2], aunque de ninguna manera es la revelación divina de Nuestro Señor Jesucristo. Los gnósticos se consideraban a sí mismos como gnósticos, es decir, como iniciados o iluminados, los que estaban en posesión de la verdadera creencia, mientras que los que no conocían la gnosis, pertenecían a la pistis, o mera creencia. Se ingresaba en el gnosticismo por medio una “iluminación”, la consistía en una especie de nuevo nacimiento o regeneración, que implicaba una divinización; de modo simultáneo, el gnóstico o iluminado conocía, precisamente por iluminación, su auténtica naturaleza, que era divina y no humana. Esto es lo que llevaba a que se creyeran a sí mismos como una emanación de Dios, que conocían la mente de Dios –pues ellos eran ese mismo Dios- y ajenos al mundo terreno. Con esta iluminación gnóstica, los gnósticos consideraban que no necesitaban de nada más para su eterna salvación.
         Para los gnósticos, el hombre vive en una dualidad cósmica: por un lado, su alma es emanación de Dios, pero por otro, esta alma divina está prisionera en un cuerpo material, porque para ellos, todo lo que es materia y visible, es malo, al haber sido creado por un demiurgo maligno, en tanto que el alma y lo espiritual había sido creado por un Dios bueno.
Los gnósticos creían en un Apocalipsis, pero no en el Apocalipsis cristiano, sino en el Apocalipsis gnóstico: cuando sucediera, el mundo malvado de la materia sería sustituido por el reino benigno del espíritu y las almas por fin serían libres de la corporeidad. En ese entonces, solo los que fueran puros, es decir, gnósticos, seres puramente espirituales y llamados por esto “pneumáticos” (conocedores de la gnosis) ascenderían hasta el pleroma, considerado por ellos como el reino de la luz y la perfección, mientras que el fuego latente oculto en el cosmos se avivaría y consumiría toda la materia con él, pereciendo también todos los “písticos”, es decir, los que no conocían la gnosis y por lo tanto no eran “pneumáticos”.
Por su origen esotérico, se considera que hay una gnosis no cristiana, completamente alejada del cristianismo –el hermetismo y el maniqueísmo- y una gnosis cristina, pero herética, porque posee elementos cristianos pero estos contenidos cristianos están contaminados por la gnosis. Fue contra esta última gnosis, desarrollada en el siglo II por Basílides y Valentín, y que afirmaba la realidad de un Dios trascendente y desconocido en tanto que identificaba al demiurgo creador del corrupto mundo físico con el Jehová bíblico, contra la cual se dirigieron los ataques de Ireneo, y también de Hipólito. Los libros de Irineo contra los gnósticos fueron traducidos a los idiomas más extendidos de ese entonces y se divulgaron por todas las iglesias y con ellos se logró detener la peligrosa secta y librar a la religión de errores sumamente dañinos.
Todo intento de conocimiento sobrenatural o divino que prescinda de la gracia de Dios –por la cual la inteligencia humana participa del conocimiento divino de Dios Trino- es considerado gnosticismo. En este sentido, vemos que el gnosticismo existe desde el inicio de los tiempos hasta nuestros días, pues el pecado original de Adán y Eva fue un pecado gnóstico –Eva cae en la mentira de la Serpiente que le ofrece “ser como Dios”-, en tanto que la más grande secta que existe en nuestro siglo XXI, la Nueva Era, New Age o Conspiración de Acuario, es eminentemente gnóstica. Es decir, en la actualidad la gnosis, lejos de desaparecer, ha resurgido con una fuerza aún más grande que la que tenía en tiempos de Ireneo y ha tomado el nombre de una secta luciferina que pretende la iniciación gnóstica –satánica- de toda la humanidad, la mencionada secta de la Nueva Era, New Age o Conspiración de Acuario. Por esto mismo, no solo la vida, sino las enseñanzas de San Ireneo, son más válidas y actuales que nunca.

jueves, 12 de abril de 2018

San Estanislao, Obispo y mártir



         Vida de santidad[1].

Nació cerca de Cracovia, en el año 1030, siendo educado por sus padres con toda piedad y amor a la santa religión católica. Estudió en Polonia y en París y ordenado sacerdote por el obispo de Cracovia fue nombrado Párroco de la catedral. Se distinguió no solo por su gran elocuencia, sino ante todo por su asombrosa vida de santidad, con cuyo ejemplo instaba a la conversión a gran número de personas. A pesar de no considerarse digno de ser obispos, el pueblo lo eligió para ejercer el obispado, cargo que ocupó durante siete años, desde el año 1072, hasta el años de su muerte, en 1079.
Exigía a sus sacerdotes el estricto cumplimiento de sus votos sacerdotales, así como de sus deberes propios del estado clerical. Todos los años visitaba las parroquias, además de dedicar mucho tiempo a la predicación y a la instrucción en la fe a los fieles creyentes. Ejercía la misericordia sin cansancio, por lo que su palacio episcopal vivía lleno de pobres, al no negarse nunca a ayudar a los más necesitados.
En ese entonces, el rey de Polonia se llamaba Boleslao, un valiente guerrero pero dominado por sus pasiones, las cuales le hacían cometer graves faltas que escandalizaban al pueblo. Esto motivó la intervención de San Estanislao, lo cual le trajo como consecuencia la enemistad con el rey, ya que el santo conocía muy bien la famosa frase del profeta Isaías: “Ay de los jefes espirituales que sean como perros mudos que no ladran cuando llegan los ladrones a robar en el campo del Señor”. Y él no quería ser perro mudo que se queda sin dar la voz de alerta ante los enemigos y los peligros. La gota que rebalsó el vaso de las iniquidades del rey fue el rapto y secuestro que ordenó Boleslao sobre una mujer casada para llevársela como concubina a su palacio. Estanislao se presentó ante el rey reprochándole el escandaloso pecado que cometía a los ojos de todo el pueblo y como el rey no hiciera caso de sus reprimendas, San Estanislao lo amenazó con terribles castigos si no se arrepentía de su pecado impuro y no dejaba aquella mala amistad. El rey, sin tomar demasiado en serio las advertencias de San Estanislao y sin arrepentirse de sus fechorías, se atrevió a asistir a una misa en la catedral. Sin embargo, cuando Estanislao se dio cuenta de su presencia, mandó suspender la misa porque no aceptaba que un pecador tan rebelde y escandaloso estuviera allí dando mal ejemplo a todos. Fue entonces cuando el rey, empedernido en su pecado, decidió vengarse del santo, mandando a asesinarlo un día once de abril, mientras San Estanislao se encontraba celebrando la Santa Misa. Aunque la orden era que los soldados lo asesinaran allí mismo en el altar, estos no se atrevieron a cumplir la orden, testificando que en el momento en que quisieron hacerlo, el santo aparecía rodeado de grandes resplandores. En el colmo de la impiedad, el mismo Boleslao subió al altar y con sus propias manos asesinó al santo obispo. Era el día 11 de abril del año 1079. No contento con asesinarlo, el rey hizo que el cadáver del santo quedara en el campo sin sepultar, para que lo devoraran los cuervos. Pero entonces aparecieron dos águilas que no dejaron que ninguna de estas aves de rapiña se acercara al cuerpo del difunto, y la situación se mantuvo así hasta que llegaron unos devotos fervorosos y le dieron santa sepultura, en la capilla de San Miguel.
Desde entonces las cosas comenzaron a suceder cada día más de mal en peor para el rey Boleslao que tuvo que llorar muy amargamente el crimen tan espantoso que cometió, pues durante el resto de su vida, el rey vivió atormentado día y noche por tan nefasto crimen. El Papa Inocencio canonizó a San Estanislao en el año 1253.

Mensaje de santidad.

San Estanislao dio su vida en el cumplimiento de las palabras y mandatos de Nuestro Señor Jesucristo, reprimiendo al rey por su conducta impura e inmoral. La impureza corporal se contrapone a la santidad no solo porque es una falta contra los Mandamientos de la Ley de Dios, sino porque se opone en forma diametralmente opuesta a la pureza del Ser divino trinitario. Además, el adulterio no solo es una traición al Amor de Cristo, ante el cual contrajeron nupcias los esposos, sino que atenta contra la santidad del matrimonio sacramental, que en cuanto tal, es una prolongación y actualización, ante el mundo, de la unión esponsal mística entre Cristo Esposo y la Iglesia. San Estanislao dio su vida por el Nombre de Cristo y por la santidad de la unión esponsal entre Cristo Esposo y la Iglesia Esposa, reflejada y actualizada en el matrimonio sacramental de los esposos terrenos.