San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos


         ¿Por qué la Iglesia conmemora a los Fieles Difuntos? Porque la Iglesia es Madre y, como Madre que es, quiere que todos sus hijos alcancen el Reino de los cielos. Para entender un poco esta solicitud de la Iglesia, debemos recordar qué es lo que sucede en el momento de la muerte en las almas que están en gracia, en las que están en pecado mortal, y en las que están en gracia pero con pecados veniales no confesados.
         Cuando el alma muere en gracia, su alma se encuentra ya, desde la tierra, participando de la vida de Dios, lo cual quiere decir que, al momento de morir, el alma vive en el Amor de Dios y por lo tanto no hay nada que la separe de este Amor, con lo cual ingresa directamente en el Reino de los cielos.
         Cuando el alma muere en pecado mortal, no tiene en sí la gracia de Dios y por lo tanto no tiene ni su vida ni su Amor; por lo tanto, al morir, y al no haber ya oportunidad alguna de arrepentimiento, comprueba por sí misma que el único lugar al que puede ir, para siempre, es el Infierno, que es el lugar adonde van los que “libremente deciden morir en pecado mortal”, tal como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 212).
         Por último, cuando el alma muere en estado de gracia pero con pecados veniales –enojos, impaciencias, mentiras leves, etc., los cuales al no haber sido confesados llevan consigo la pena que les corresponde-, va dicha alma al Purgatorio, en donde las penas de esos pecados veniales son purgadas o purificadas en las llamas del Divino Amor, permaneciendo el alma allí hasta que esas penas sean debidamente eliminadas del alma. En otras palabras, el pecado venial es falta de amor a Dios en algo no grave, es decir, una falta leve en el amor a Dios –el pecado mortal es una falta grave a este amor divino-: en el Purgatorio, el alma “purga” o “se purifica” de esta falta, al crecer, a cada momento que pasa en el Purgatorio, en el amor a Dios, ese mismo amor para con el cual, en la tierra, se mostró distante, fría o tibia, porque no hizo suficiente oración, ni ayunos, ni penitencias, ni obras de caridad.
Al verse a la luz de Dios, el alma se da cuenta de que está en gracia pero que, al mismo tiempo, no posee un amor perfecto a Dios a causa, precisamente, de las faltas veniales que tuvo en la vida terrena –por ejemplo, una falta de perdón, o un enojo, o incapacidad de pedir perdón-; entonces, el alma misma pide, para sí misma, la purificación en el Amor, y eso es el Purgatorio. No está en estado de gracia santificante perfecto, como el alma del bienaventurado que ingresa directamente al cielo; tampoco está en estado de pecado mortal, como el que libremente decidió apartarse de Dios y por eso tampoco le corresponde el Infierno. Pero sí se ve, con perfección –porque se contempla a la luz de Dios, como hemos dicho-, que su amor a Dios es muy imperfecto, tal como lo era en la tierra –por ejemplo, prefería su propia impaciencia, antes que crecer en la humildad y en la mansedumbre del Cordero-, y es así que el alma misma pide, para sí misma, y con toda justicia, ser conducida al Purgatorio, de manera de crecer en el amor a Dios hasta el grado perfecto que le permita ingresar al Reino de los cielos.
Es para estos Fieles Difuntos, que murieron en amistad y en gracia de Dios, pero que necesitan que su amor a Dios se purifique y se haga perfecto, para los cuales la Iglesia destina todo un día, para que nosotros, que somos parte de la Iglesia Militante, abreviemos su Purgatorio con oraciones, sacrificios, misas y rosarios ofrecidos, penitencias.
         Es decir, con sus oraciones, la Iglesia Militante ayuda a que el tiempo que las almas pasan en el Purgatorio se abrevie, y es para esto para lo que la Iglesia destina todo un día, para conmemorar a los difuntos que murieron en gracia pero con pecados veniales, para rezar por ellos y así acortar el tiempo que deben pasar en el Purgatorio. Y si el alma del difunto ya está en el Cielo, las oraciones, sacrificios, penitencias y ayunos que se ofrecen en sufragio por estas almas, se aplican a otras almas que sí lo necesitan, por lo que las oraciones por las Almas del Purgatorio nunca están de más. Por sí mismas, estas Benditas Almas del Purgatorio no pueden realizar obras meritorias que acorten su estancia allí, pero sí lo podemos hacer nosotros, miembros de la Iglesia Militante, y es para eso que la Iglesia dispone la Conmemoración de los Fieles Difuntos: para que, extrayendo del tesoro de gracias del Sacrificio Redentor de Cristo en la Cruz, ganemos indulgencias para las Almas del Purgatorio[1].




[1] ¿Cómo ganar indulgencias para estas Benditas Almas del Purgatorio? Visitando piadosamente una Iglesia u oratorio el Día de los Fieles Difuntos y rezando un Padrenuestro y un Credo, aunque también se puede hacer esta visita, con el consentimiento del Ordinario, el domingo anterior o posterior, o en la Solemnidad de Todos los Santos. La otra forma es, desde el 1 al 8 de noviembre, visitar piadosamente un cementerio (aunque sea mentalmente) y rezar pidiendo por los difuntos. Para ganar una indulgencia plenaria, además de querer evitar cualquier pecado mortal o venial, hace falta cumplir tres condiciones: Confesión sacramental; Comunión Eucarística; Oración por las intenciones del Papa. Rezar por los Fieles Difuntos es una preciosísima obra de caridad, encomendada encarecidamente por el Amor Divino; es una muestra de amor sobrenatural el rezar por quien ha fallecido y necesita del alivio del ardor de las llamas del Purgatorio (recordemos que la intensidad del dolor es similar a la del Infierno, pero con la esencial diferencia de que en el Purgatorio el sufrimiento es gozoso, por así decirlo, porque se tiene pleno conocimiento de que finalizará algún día, y ese día será el inicio de la Eterna Bienaventuranza). Quienes oren por las Benditas Almas del Purgatorio, a la par de acortar el tiempo de purificación de los Fieles Difuntos, acortan al mismo tiempo su propio Purgatorio, porque la obra de misericordia consiste en que, con nuestras oraciones y buenas obras, les alcanzamos la Sangre de Jesucristo, que de esa manera apaga las llamas ardientes del Purgatorio y les concede alivio, lo cual será aplicado también para nosotros, en caso de necesitarlo, desde el día de nuestra muerte, es decir, si vamos al Purgatorio.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos


         La Divina Piedad ha establecido que la Iglesia celebre un día en el que, de modo especial, se eleven oraciones a lo largo y ancho del mundo, para pedir por quienes, habiendo muerto en la gracia de Dios, deben sin embargo pagar sus penas para poder pasar al Reino de la eterna felicidad, la Casa del Padre. Es doctrina de la Iglesia Católica que, inmediatamente después de morir, el alma va ante la Presencia de Dios, a recibir su Juicio Particular. Una vez delante de Dios, toda la vida de la persona pasa delante de sus ojos y ve, con suma claridad, a la luz de Dios, sus actos buenos y malos, y ve sobre todo el momento de la muerte, en qué estado estaba su corazón en el momento de morir. El alma sabe si al momento de morir su corazón estaba en estado de gracia plena, o si estaba en gracia pero con pecados veniales, o si estaba en pecado mortal. De acuerdo a lo que ve en sí misma, a la luz de Dios, sabe cuál es su destino eterno, y ella misma lo pide ante la Divina Justicia: el alma sabe que si estaba en estado de gracia plena, le corresponde ir al cielo, para estar delante de Dios, que es la Gracia Increada, porque “lo semejante atrae a lo semejante”, y en este caso el alma ve que, por el estado de gracia que hay en ella, posee en sí misma la participación al Amor, la Luz, la Gracia, la Alegría infinita de Dios Uno y Trino y atraída por Dios Trinidad, pide ser introducida en el seno de Dios Trino, esto es, el cielo, por toda la eternidad. Esta clase de almas, llamadas “beatas” o “felices”, no necesitan estrictamente oraciones, porque están ya plenamente salvadas, así que no son las destinatarias de las oraciones de la Iglesia en este día. Por el contrario, a estas almas se les reza como a santos, pidiendo por su intercesión para obtener gracias para los que aún vivimos en esta tierra y en este mundo.
De otro modo sucede para quien, por libre y soberana decisión, eligió morir en estado de pecado mortal: al contemplar, también a la luz de Dios, por un lado, la inmensidad del Amor Divino que es Dios en sí mismo, y al contemplar la enormidad y negrura del pecado mortal con el que murió en su corazón, el alma se da cuenta que, en ese estado, es imposible permanecer delante de Dios, porque nada tienen que ver la Bondad y santidad infinitas que es Dios en sí mismo, con el Pecado y su malicia, y por lo tanto, el alma sola pide, ante la Justicia Divina, ser excluida para siempre de la amorosa Presencia de Dios, recibiendo lo que libremente eligió al morir con el pecado mortal, es decir, el infierno, la eterna condenación, en donde no hay redención y en donde el pecado permanece para siempre con aquel que lo eligió en vida como su fiel compañero. Tampoco son destinatarias de la oración de la Iglesia esta clase de almas, porque ya no hay redención posible y porque si Dios les llegara a conceder la gracia de la conversión, la rechazarían con aversión, porque ya es imposible para estas almas desear otra cosa que no sea el pecado, el apartamiento de Dios y la eterna condenación.
Las que sí son destinatarias de la oración de la Iglesia son en cambio las almas que, habiendo muerto en gracia de Dios, deben sin embargo purgar sus penas, porque no lo hicieron en esta vida, o no lo hicieron de modo suficiente, a través de mortificaciones, ayunos, penitencias, obras de caridad, oración. El alma se contempla a sí misma en gracia, pero con la necesidad de purificarse en el Amor, por lo cual no pide ni el cielo, adonde todavía no puede ir, porque es muy imperfecta en el Amor, ni tampoco el infierno, adonde no le corresponde ir, porque no está en estado de pecado mortal; pide en cambio ser conducida, cuanto antes, al Purgatorio, para purificarse del todo por medio de las llamas del Divino Amor y así empezar a gozar de una vez y para siempre de ese Amor, del cual está separada por sus imperfecciones. Este tercer grupo de almas, las de los Fieles Difuntos que murieron en gracia pero necesitan ser purificadas por el Amor de Dios en el Purgatorio, es el destinatario, propiamente hablando, de las oraciones de la Iglesia en el Día de los Fieles Difuntos.
La Iglesia, por medio de la Comunión de los Santos, puede dar alivio a estas almas que, por sí mismas, no pueden hacer nada, puesto que ya no pueden hacer obras buenas meritorias para salir del Purgatorio, pero sí lo pueden hacer, por ellas, implorando al Divino Amor, los miembros de la Iglesia Militante, es decir, aquellos que nos encontramos en estado de “viadores”, es decir, de “paso” en esta vida. 
¿Cómo ganar indulgencias para estas Benditas Almas del Purgatorio? Visitando piadosamente una Iglesia u oratorio el Día de los Fieles Difuntos y rezando un Padrenuestro y un Credo, aunque también se puede hacer esta visita, con el consentimiento del Ordinario, el domingo anterior o posterior, o en la Solemnidad de Todos los Santos. La otra forma es, desde el 1 al 8 de noviembre, visitar piadosamente un cementerio (aunque sea mentalmente) y rezar pidiendo por los difuntos.
Para ganar una indulgencia plenaria, además de querer evitar cualquier pecado mortal o venial, hace falta cumplir tres condiciones: Confesión sacramental; Comunión Eucarística; Oración por las intenciones del Papa.
Rezar por los Fieles Difuntos es una preciosísima obra de caridad, encomendada encarecidamente por el Amor Divino; es una muestra de amor sobrenatural el rezar por quien ha fallecido y necesita del alivio del ardor de las llamas del Purgatorio (recordemos que la intensidad del dolor es similar a la del Infierno, pero con la esencial diferencia de que en el Purgatorio el sufrimiento es gozoso, por así decirlo, porque se tiene pleno conocimiento de que finalizará algún día, y ese día será el inicio de la Eterna Bienaventuranza).

Quienes oren por las Benditas Almas del Purgatorio, a la par de acortar el tiempo de purificación de los Fieles Difuntos, acortan al mismo tiempo su propio Purgatorio, porque la obra de misericordia consiste en que, con nuestras oraciones y buenas obras, les alcanzamos la Sangre de Jesucristo, que de esa manera apaga las llamas ardientes del Purgatorio y les concede alivio, lo cual será aplicado también para nosotros, en caso de necesitarlo, desde el día de nuestra muerte, es decir, si vamos al Purgatorio.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Conmemoración de Todos los fieles difuntos



         Si bien la muerte –y su conmemoración- provocan tristeza y dolor, debido a que el ser querido a quien se recuerda especialmente en este día, ya no está en este mundo, para el cristiano, para el católico, la conmemoración de los fieles difuntos no puede ni debe nunca quedar en el mero recuerdo nostálgico.
         El recuerdo del ser querido, fallecido, es una oportunidad para traer a la memoria y al corazón su vida, pero también y sobre todo, el misterio pascual de Jesús, pues Jesús lo incorporó a sí mismo por el Bautismo, le perdonó sus culpas en la confesión sacramental, le concedió el don del Espíritu Santo en la Confirmación, se donó a sí mismo como alimento celestial en la Eucaristía, lo reconfortó en sus últimas horas con la unción de los enfermos, y si era casado, bendijo su unión matrimonial por el sacramento del matrimonio, y si era religioso, lo convirtió en una prolongación viviente suya por el sacramento del orden.
         No se puede recordar a un fiel difunto si no se tiene en cuenta su relación con Cristo Jesús, que le demostró su Amor eterno en cada confesión, en cada comunión sacramental, en cada sacramento concedido, y si Jesús le demostró su Amor en esta vida, es de pensar que hizo lo mismo, y todavía más, en la hora de la muerte.
Es decir, en la conmemoración de los fieles difuntos, no puede nunca quedar la conmemoración en un mero recuerdo, y mucho menos nostálgico, puesto que si Cristo le concedió todos estos dones en vida, era porque lo amaba, y es de esperar que, por su infinita misericordia, haya perdonado sus culpas, y tenga a nuestro ser querido entre sus santos del cielo, y este pensamiento, basado en la fe en Jesucristo, Hombre-Dios muerto y resucitado, es suficiente para que la alegría de la Resurrección de Cristo, por la cual esperamos reencontrarnos con nuestros seres amados fallecidos, supere a la tristeza que provoca su ausencia física.
La conmemoración de los fieles difuntos es una ocasión, entonces, de además de elevar piadosas oraciones pidiendo por su eterno descanso, de agradecer a Cristo Dios porque en su agonía del Huerto de los Olivos, asumió la muerte de todos y cada uno de los hombres, y también la de nuestros seres queridos, la destruyó, y les infundió su vida divina, su vida de Hombre-Dios, y es esto lo que constituye el fundamento de la esperanza en la Resurrección.
En el día en el que conmemoramos a los fieles difuntos, glorifiquemos en primer lugar a Cristo Jesús, por cuya infinita misericordia esperamos volver a encontrarlos, en el cielo, para ya nunca más separarnos.
         

Nota: para ganar indulgencias plenarias, hay que visitar una Iglesia u Oratorio (aplicable sólo a las almas del Purgatorio), o hacer una visita al cementerio (aplicable sólo a las almas del Purgatorio; se sufraga por un alma diferente cada vez, si ya se encuentra en el cielo, el Señor aplicará la indulgencia por otra alma), y rezar un Padrenuestro, un Avemaría, un Gloria y un Credo, por la salud del Santo Padre, además de confesar sacramentalmente y comulgar, entre los días 1 y 8 de Noviembre.