San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

domingo, 30 de julio de 2023

San Alfonso María de Ligori

 



         Vida de santidad[1].

San Alfonso nació en Nápoles el 27 de septiembre de 1696. Sus padres Don José de Liguori y Doña Ana Cavalieri eran de familias nobles y distinguidas. Era un “niño prodigio” que demostraba, entre otras cosas, una gran facilidad para los idiomas, pero también para las ciencias, el arte, la música y muchas otras disciplinas. Empezó a estudiar leyes a los 13 años y a los 16 años presentó el examen de doctorado en derecho civil y canónico en la Universidad de Nápoles. A los 19 años ya era un abogado famoso.

Mensaje de santidad[2].

De toda su vida de santidad, podemos destacar un mensaje destinado a pensar en las postrimerías, es decir, en lo que sucede en la muerte y luego de ella. San Alfonso escribió para este propósito el libro llamado “Preparación para la muerte”, en donde el santo proporciona diversas meditaciones sobre las verdades eternas -muerte, juicio particular, cielo, purgatorio, infierno- destinadas a aquellas almas que desean crecer en su vida espiritual.

Dice así San Alfonso: “El lector debe rezar siempre, pidiendo la gracia de la perseverancia y del amor a Dios, porque éstas son las dos gracias más necesarias para alcanzar la eterna salvación”. Es decir, debemos pedir siempre la gracia de la perseverancia final, tanto en las obras de misericordia, como en la fe, ya que esto nos garantiza, si obramos dedicando estas obras a Jesús y además ayudados por la gracia y por el Inmaculado Corazón de María, el ingreso al menos en el Purgatorio.

Luego San Alfonso dice algo muy importante para la vida espiritual, dando las razones para pedir constantemente, en la oración, la gracia del Amor Divino, el cual es infinitamente distinto al amor humano, este último cargado de concupiscencia e inclinado, por el pecado original, hacia el mal. Dice así San Francisco de Sales: “La gracia del amor divino es aquella gracia que contiene en sí a todas las demás, porque la virtud de la caridad para con Dios lleva consigo todas las virtudes. Quien ama a Dios es humilde, casto, obediente, mortificado...; posee, en suma, las virtudes todas. Por eso decía San Agustín: “Ama a Dios y haz lo que quieras”, pues el que ama a Dios evitará cuanto pueda desagradar al Señor, y sólo procurará complacerle en todo”. Aquí podemos ver la sabiduría de San Alfonso, porque los satanistas tienen como primer mandamiento: “Haz lo que quieras”, pero sin el Amor da Dios; en cambio, el que ama a Dios en primer lugar, luego sí podrá hacer lo que quiera, porque lo hará todo en su Divino Amor, sin perjudicar a nada ni a nadie.

Continúa el santo: “La otra gracia de la perseverancia es aquella que nos hace alcanzar la eterna salvación. Dice San Bernardo[3] que el cielo está prometido a los que comienzan a vivir santamente; pero que no se da sino a los que perseveran hasta el fin. Mas esta perseverancia, como enseñan los Santos Padres, sólo se otorga a los que la piden. Por lo cual afirma Santo Tomás (3 p., q. 30, art. 5) que para entrar en la gloria se requiere continua oración, según lo que antes había dicho nuestro Salvador (Lc 28, 1): Conviene orar siempre y no desfallecer; de aquí procede que muchos pecadores, aunque hayan sido perdonados, no perseveran en la gracia de Dios, porque después de alcanzar el perdón olvidan pedir a Dios perseverancia, sobre todo en tiempo de tentaciones, y recaen miserablemente. Y aunque el don de la perseverancia es enteramente gratuito y no podemos merecerle con nuestras obras, podemos, sin embargo, dice el Padre Suárez, alcanzarle infaliblemente por medio de la oración, como había dicho ya San Agustín[4]. Nos enseña el santo aquí que la oración es clave no solo para obtener el perdón, sino para, luego de ser perdonado, perseverar en la oración, porque les sucede a muchos que, una vez perdonados o una vez liberados de alguna tribulación, se desentienden de Dios, olvidando completamente el beneficio que de Él habían recibido.

Finaliza luego el santo, pidiendo oraciones por él y prometiendo que él rezará por el fiel devoto, desde el cielo: “Ruego al que leyere este libro, ya en mi vida, ya después de mi muerte, que me encomiende mucho a Jesucristo, y yo prometo hacer lo mismo por todos los que tengan para conmigo esa caridad. ¡Viva Jesús, nuestro amor, y María, nuestra esperanza!”.

Encomendémonos a San Alfonso para que el santo nos obtenga la gracia del perdón, de la perseverancia y del obrar la misericordia, para que así el día de nuestra muerte sea, por la Infinita Misericordia de Dios, el día en el que ingresemos en la vida eterna, en el Reino de los cielos.

 

 

martes, 25 de julio de 2023

Santos Joaquín y Ana

 



Vida de santidad. Memoria de san Joaquín y santa Ana, padres de la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, cuyos nombres se conservaron gracias a la tradición de los cristianos[1]. San Joaquín (Yahvé prepara) fue el padre de la Virgen María, Madre de Dios. Según la tradición, basándose en testimonios antiquísimos y muy tempranamente, saludó a los santos esposos Joaquín y Ana como padre y madre de la Madre de Dios.

Es tradición que los padres de Santa María, que aparentemente vivieron primero en Galilea, se instalaron después en Jerusalén; donde nació y creció Nuestra Señora; allí también murieron y fueron enterrados[2].

El Protoevangelio aporta la siguiente relación: en Nazaret vivía una pareja rica y piadosa, Joaquín y Ana. No tenían hijos. Cuando con ocasión de cierto día festivo Joaquín se presentó a ofrecer un sacrificio en el templo, fue arrojado de él por un tal Rubén, porque los varones sin descendencia eran indignos de ser admitidos. Joaquín entonces, transido de dolor, no regresó a su casa, sino que se dirigió a las montañas para manifestar su sentimiento a Dios en soledad. También Ana, puesta ya al tanto de la prolongada ausencia de su marido, dirigió lastimeras súplicas a Dios para que le levantara la maldición de la esterilidad, prometiendo dedicar el hijo a su servicio.

Sus plegarias fueron oídas; un ángel se presentó ante Ana y le dijo: “Ana, el Señor ha visto tus lágrimas; concebirás y darás a luz, y el fruto de tu seno será bendecido por todo el mundo”. El ángel hizo la misma promesa a Joaquín, que volvió al lado de su esposa. Ana dio a luz una hija, a la que llamó Miriam.

Joaquín y Ana -considerados santos patronos de los abuelos- fueron personas de profunda fe y confianza en las promesas de Dios. Ambos educaron a la Virgen María en la fe del Pueblo de Israel, alimentando en Ella el amor hacia el Creador y preparándola para su misión[3].

Mensaje de santidad.

El Papa Emérito Benedicto XVI, un día como hoy del año 2009, resaltaba -a través de las figuras de San Joaquín y Santa Ana- la importancia del rol educativo de los abuelos dentro de la familia, y no solo del rol educativo en lo referente a la familia humana -el respeto, la bondad, la servicialidad, la obediencia-, sino ante todo el rol de transmisores de la fe en Cristo Jesús; podemos decir entonces que los abuelos, junto con los padres, son los primeros catequistas de los niños de la famlia. El Papa decía que los abuelos “son depositarios y con frecuencia testimonio de los valores fundamentales de la vida”, pero también de la vida cristiana, es decir, son quienes enseñan a los niños los rudimentos de la fe.

Pero hay algo más en el mensaje de santidad que nos dejan Santa Ana y San Joaquín y es en la inmensidad infinita del Amor de Dios, que se refleja y manifiesta en el don que Dios les hizo, al concederles una niña, que no solo les quitó la vergüenza que para ese tiempo era no tener hijos, sino que les concedió una Niña Santa, una Niña que era toda Pureza, una Niña que era toda Inmaculada, una Niña que años más tarde habría de engendrar al Salvador del mundo, Cristo Jesús; una Niña a quien Dios la amaría más que a todos los ángeles y santos juntos, la Virgen María; una Niña que habría de aplastarle la cabeza al Monstruo del Infierno, Satanás. Joaquín y Ana, como eran justos y santos, agradecieron a Dios el haber escuchado sus oraciones y el haber obtenido, a pesar de sus avanzadas edades, una niña. Pero nunca imaginarían que la Bondad, el Poder y la Sabiduría de Dios les concedería una Niña Pura, Santa e Inmaculada, destinada a ser la Madre de Dios, la Virgen María, la Corredentora de los hombres.

Santiago Apóstol, Patrono de España

 



         Vida de santidad.

         Hoy, 25 de julio, la Iglesia celebra la festividad de Santiago Apóstol, santo patrono del Reino de España. Santiago fue uno de los doce apóstoles y uno de los más cercanos a Jesús. Apodado Santiago “el Mayor”, formó parte de la Iglesia primitiva de Jerusalén y a él se le atribuye la evangelización del territorio que, en los inicios de la era cristiana, se conocía como la Hispania Romana. Santiago propagó el Evangelio desde Galilea hasta lo que en aquellos tiempos se consideraba el fin del mundo: Finisterre. Cuando se hallaba desanimado por su fracaso, la Santísima Virgen María se le apareció de pie sobre un pilar y lo impulsó a continuar con su apostolado. Fue el primero en ser martirizado por predicar la fe, siendo decapitado en el año 44 por orden del Rey Herodes Agripa I, de Judea. Según la leyenda, sus restos fueron trasladados por los apóstoles hasta Galicia. La famosa catedral de Santiago de Compostela fue construida en el lugar dónde fue hallado su sepulcro y sus restos descansan allí. Previo a la unidad del reino español, un grupo de cristianos se encomendó al apóstol antes de la batalla de Navas de Tolosa, que resultó decisiva para el futuro del territorio. Al triunfar inesperadamente, tomaron a Santiago como su nuevo Patrono y protector. La presencia espiritual de Santiago acompañó siempre a los soldados españoles en aquellos lugares y momentos donde se libraron las batallas que finalmente terminaron con 8 siglos de dominación musulmana sobre la Península Ibérica. España es el único país que expulsó a los musulmanes. Tras la unidad, el patronazgo de Santiago se extendió a todo el reino de España. Es así como Santiago les ha otorgado a los españoles tanto la religión como la unidad del reino, pues fue la devoción al apóstol la que impulsó a los españoles durante la Reconquista y la que contribuyó a la formación de su identidad cultural, histórica y religiosa.

Cuando Jesús caminaba por la orilla del lago de Genesaret, también llamado mar de Galilea, vio a dos hermanos, Pedro y Andrés, que estaban pescando, los llamó para seguirle y convertirlos en pescadores de hombres. También, llamó a los hermanos Santiago y Juan, que en una barca, con su padre Zebedeo, estaban remendando redes. Los dos abandonaron lo que estaban haciendo dejando a su padre, que no se opuso a su vocación, y siguieron al Maestro. Ellos eran discípulos de Juan Bautista. Jesús les puso a ambos, el sobrenombre de “Boanerges”, que significa “hijos del trueno”, porque eran muy impulsivos, francos y fogosos. En una ocasión, Jesús no fue bien recibido por los samaritanos y los hermanos le preguntaron a Jesús si quería que hicieran bajar fuego del cielo para consumirlos en él.

         Durante la vida pública de Jesucristo, Santiago fue uno de los predilectos: Estuvo presente, junto con su hermano Juan y con Pedro, en la curación milagrosa de la suegra de Pedro y en la resurrección de la hija de Jairo. Con ellos, fue testigo ocular de la Transfiguración de Jesús. Lo acompañó de cerca durante su agonía en el huerto de Getsemaní. Además, fue uno de los cuatro Apóstoles privilegiados que oyeron de labios de Cristo la historia profética del Reino de Dios.

         Fue el primer mártir entre los Apóstoles. Murió en Jerusalén en el año 44, por orden de Herodes Agripa I, quien persiguió a los cristianos para quedar bien con los judíos. Se cuenta que un escriba amigo suyo, lo traicionó, pero luego éste se arrepintió y le pidió perdón antes de la ejecución. Santiago le dijo: “La paz sea contigo”, lo abrazó y lo bautizó. Ambos fueron decapitados juntos[1]. Algunos investigadores afirman que los restos de Santiago, el Mayor, fueron trasladados a España y se encuentran en Campus Stellae (Campo de Estrellas), actualmente, Santiago de Compostela. Es el Santo patrono de España, por la doble creencia de que España fue evangelizada por Santiago y posee sus reliquias.

Existe una tradición española del siglo IX que cuenta que Santiago se apareció cerca del lugar donde se veneraban sus reliquias, montado sobre un caballo blanco, con varias estrellas, llevando un libro en la mano, como símbolo de su misión evangelizadora. Según las narraciones de la época, Santiago Apóstol se aparecía en las batallas contra los infieles moros, sobre un caballo blanco, en imponente aspecto y llevando un gran estandarte blanco y también espada, conduciendo a los cristianos españoles a la victoria, quienes decían como grito de batalla: “Santiago y cierra España”[2].El significado de la frase completa, poco entendible sin análisis, comienza por invocar al apóstol Santiago, patrono de España. ¡Cierra! es una orden militar con un doble significado; por un lado cerrar filas, para que nadie abandone su puesto de combate y no se formen huecos que permitan la penetración del enemigo, y por otro, entrar en combate cerrando la distancia entre las fuerzas propias y las del enemigo. El famoso lema tradicional español ¡Santiago y Cierra, España! Se origina en el grito de guerra pronunciado por las tropas cristianas durante las guerras de la Reconquista. “Cuando por todas partes nos apretaban las guerras, fuiste visto Tú, en medio de la batalla, abatiendo brioso a los desaforados moros, con tu corcel y con tu espada”. Así reza el Oficio propio de España del Breviario Romano del 25 de julio. Por eso Santiago es también el Patrono de la Caballería Española[3].

Mensaje de santidad.

Nos enseña a no desanimarnos, porque siempre está la Virgen para acudir en nuestro auxilio y darnos el triunfo en lo que emprendemos por su Hijo y eso es lo que le pasó a Santiago, se le apareció la Virgen del Pilar.

Nos enseña a cumplir con nuestra misión de anunciar el Evangelio, desde nuestro estado de vida ya cueste lo que cueste, aun el precio de la propia vida, ya que a él le costó el martirio.

Nos enseña a ser fieles a Jesús y a su Iglesia Católica. Nosotros somos fieles a la Iglesia creyendo el denominado “Credo de los Apóstoles”, pues ésa es la fe de la Iglesia Católica y es la fe con la que debemos proclamar la Nueva Evangelización. . Nuestro grito de guerra, nuestro grito de "Santiago, y cierra España", es el Credo de los Apóstoles, por eso mismo, no debemos permitir que ningún ángel, ningún sínodo, cambie nuestra fe católica, expresada en el Credo.

Nos enseña a defender a la Iglesia, depositaria de la Verdad Revelada por Nuestro Señor Jesucristo, de las falsas iglesias, que se caracterizan por el error. Nos enseña a amar la Verdad, que es Cristo Dios y a combatir el error, disfrazado en diversas y falsas religiones.

lunes, 10 de julio de 2023

San Benito Abad

 



Vida de santidad[1].

Nació en Nursia, en la región de Umbría; fue educado en Roma estudiando retórica y filosofía y luego abrazó la vida eremítica en la región de Subiaco bajo la guía de un ermitaño y viviendo en una cueva. Pasado un tiempo, se trasladó a Casino, donde fundó el célebre monasterio en el año 529 y escribió un Regla -llamada “La Santa Regla”-, que se propagó de tal modo por todas partes que por ella mereció ser llamado “Patriarca de los monjes de Occidente”, ya que sirvió de inspiración para los reglamentos de muchas otras congregaciones religiosas. Murió, según la tradición, el veintiuno de marzo de 547. Es Patrón de Occidente, de Europa, de los maestros y los escolares, de los caldereros, mineros, espeólogos, de los moribundos, contra la fiebre, las inflamaciones, envenenamientos, los cólicos y también contra la hechicería, ya que fue un poderoso exorcista, un don recibido de lo alto, mediante el cual sometía y expulsaba a los espíritus malignos, los demonios, utilizando como sacramental la conocida “Medalla y Cruz de San Benito”. San Benito predijo el día de su propia muerte, que ocurrió el 21 de marzo del 547, pocos días después de la muerte de su hermana, santa Escolástica.

Mensaje de santidad.

Su principal mensaje de santidad es su vida como monje, dedicado exclusivamente a la oración, al trabajo y a la disciplina, observando la Regla que él mismo había redactado, como forma de acceder a la unión con Dios por medio de la oración y el trabajo. Se levantaba a las dos de la madrugada a rezar los salmos y pasaba horas rezando y meditando. Pero no solo rezaba y meditaba sino que, imitando a Nuestro Señor Jesucristo, que siendo Hombre-Dios trabajaba en la carpintería, San Benito también pasaba largas horas haciendo trabajo manual, ya que consideraba el trabajo como fuente de santificación, al haberlo santificado Nuestro Señor en su vida terrena. Ayunaba diariamente, sin comer nada hasta la tarde. Recibía a muchos para dirección espiritual y algunas veces acudía a los pueblos con sus monjes a predicar. Era famoso por su trato amable con todos. Su gran amor y su fuerza fueron la Santa Cruz con la que hizo muchos milagros. Fue un poderoso exorcista. Este don para someter a los espíritus malignos lo ejerció utilizando como sacramental la famosa Cruz de San Benito.

De su extenso mensaje de santidad, nos detendremos brevemente en la famosa “Medalla o Cruz de San Benito”, puesto que el santo la usaba para hacer exorcismos, para expulsar demonios y para impedir el ingreso de brujas y de espíritus malignos sea en las personas como en los conventos.

La medalla de San Benito es un sacramental reconocido por la Iglesia con gran poder de exorcismo. Como todo sacramental, su poder está no en sí misma sino en Cristo quien lo otorga a la Iglesia y por la fervorosa disposición de quién usa la medalla. Ésta es la descripción de la medalla:

Medalla de San Benito

En el frente de la medalla aparece San Benito con la Cruz en una mano y el libro de las Reglas en la otra mano, con la oración: “A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia”. (Oración de la Buena Muerte). El reverso muestra la cruz de San Benito con las letras:

C.S.P.B.: “Santa Cruz del Padre Benito”.

C.S.S.M.L.: “La santa Cruz sea mi luz” (crucero vertical de la cruz)

N.D.S.M.D.: “y que el Dragón no sea mi guía” (crucero horizontal)

En círculo, comenzando por arriba hacia la derecha:

V.R.S.: “Retrocede Satanás”

N.S.M.V.: “Deja de atraerme con tus mentiras”

S.M.Q.L.: “Venenosa es tu carnada”

I.V.B. : “Trágatela tu mismo”

PAX: “Paz”

En la iconografía, se lo presenta como abad, con hábito benedictino, pues es el fundador de la Orden; se lo representa con un vaso que tiene dentro una serpiente debido a que sus mismos monjes trataron de envenenarlo por la severa disciplina que exigía; también aparece un cuervo, porque en otro intento de envenenamiento, apareció de la nada un cuervo, quien tomó con el pico el pan envenenado dirigido a San Benito y se lo llevó, salvándole la vida; por último, se lo representa con el libro de la regla monástica, la que él escribió.

La Medalla y la Cruz de San Benito es un poderosísimo sacramental, investido de la fuerza divina de Nuestro Señor Jesucristo y utilizado por San Benito para hacer exorcismos y alejar a las brujas y demonios. La Iglesia lo continúa usando en la actualidad y aconseja incansablemente su uso por parte de los fieles católicos, tanto más, cuanto que la actividad demoníaca y de sus servidores, los brujos, es la más alta en nuestros días que en cualquier otra época de la humanidad. Utilicemos el sacramental de la Medalla de San Benito y encomendémonos al santo, para vernos libres, por la Santa Cruz de Jesús, de las acechanzas del Demonio y de la perversidad y malicia de los servidores del Demonio, los brujos, los hechiceros, los chamanes, los satanistas y los ocultistas.

 

 

viernes, 30 de junio de 2023

Primeros Mártires de la Santa Iglesia Romana

 



         Vida de santidad[1].

Los Santos Protomártires de la santa Iglesia Romana son cristianos que fueron injustamente acusados de haber incendiado la Ciudad de Roma; en consecuencia y por orden del emperador Nerón, unos fueron asesinados después de crueles tormentos, otros, cubiertos con pieles de fieras, entregados a perros rabiosos, y los demás, tras clavarlos en cruces, quemados vivos para que, al caer el día, alumbrasen la oscuridad. Todos eran discípulos de los Apóstoles y fueron las primicias del martirio que la iglesia de Roma presentó al Señor, en el año 64 d. C.

Mensaje de santidad.

La celebración de hoy se refiere a los protomártires de la Iglesia de Roma, víctimas de la persecución de Nerón después del incendio de Roma, que tuvo lugar el 19 de julio del año 64. ¿Por qué Nerón persiguió a los cristianos? Nos lo dice Cornelio Tácito en el libro XV de los Annales: “Como corrían voces que el incendio de Roma había sido doloso, Nerón los presentó como culpables, castigándolos con penas excepcionales, a los que, odiados por sus abominaciones, el pueblo llamaba cristianos”.

En tiempos de Nerón, en Roma, junto a la comunidad hebrea, vivía la pequeña y pacífica de los cristianos. De ellos, poco conocidos, circulaban voces calumniosas. Sobre ellos descargó Nerón su furia diabólica, condenándolos a terribles suplicios, haciéndolos culpables a los cristianos de las acusaciones que se le habían hecho a él. Los Primeros Cristianos eran odiados porque su fe en un único Dios Uno y Trino se oponía frontalmente a la creencia falsa de los paganos en ídolos paganos, los cuales son demonios y dentro de su culto se los presentaba como celosos y vengativos.

Dice Tertuliano: “Los paganos atribuyen a los cristianos cualquier calamidad pública, cualquier flagelo. Si las aguas del Tíber se desbordan e inundan la ciudad, si por el contrario el Nilo no se desborda ni inunda los campos, si hay sequía, carestía, peste, terremoto, la culpa es toda de los cristianos, que desprecian a los dioses, y por todas partes se grita: ¡Los cristianos a los leones!”. Nerón tuvo la responsabilidad de haber iniciado la absurda e injusta hostilidad del pueblo romano hacia los cristianos: la ferocidad con la que castigó a los presuntos incendiarios no se justifica ni siquiera por el supremo interés del imperio, ni tampoco por las pasiones humanas, sino por un odio preternatural, es decir, un odio originado en la naturaleza angélica de los ángeles caídos, los demonios.

Las formas de ejecuciones de los cristianos fueron de una especial malicia demoníaca, como el de las antorchas humanas, rociadas con brea y dejadas ardiendo en los jardines de la colina Oppio, o como aquel de mujeres y niños vestidos con pieles de animales y dejados a merced de las bestias feroces en el circo y fueron tan violentas, que despertaron un sentimiento de compasión incluso entre los mismos paganos que se habían dado cita en el Coliseo para ver el espectáculo de los cristianos siendo asesinados por su fe. “Entonces —sigue diciendo Tácito—se manifestó un sentimiento de piedad, aún tratándose de gente merecedora de los más ejemplares castigos, porque se veía que eran eliminados no por el bien público, sino para satisfacer la crueldad de un individuo”, Nerón. La persecución no terminó en aquel fatal verano del 64, sino que continuó hasta el año 67.

Entre los mártires más ilustres se encuentran el príncipe de los apóstoles, crucificado en el circo neroniano, en donde hoy está la Basílica de San Pedro, y el apóstol de los gentiles, san Pablo, decapitado en las “Acque Galvie” y enterrado en la vía Ostiense. Después de la fiesta de los dos apóstoles, el nuevo calendario quiere celebrar la memoria de los numerosos mártires que no pudieron tener un lugar especial en la liturgia.

En nuestros días se produce un fenómeno inverso al de los Primeros Mártires: si ellos dieron sus vidas por Cristo y por la Eucaristía, hoy, la inmensa mayoría de los cristianos huye de la Presencia real de Cristo en la Eucaristía, además de vivir como si Cristo nunca hubiera existido, como si Cristo nunca hubiera venido a la tierra para salvarnos y si los Santos Primeros Mártires dieron sus vidas por la Santa Misa dominical, en nuestros días la apostasía masiva hace lleva a los bautizados católicos a abandonar aquello por lo cual los Mártires dieron sus vidas, la Santa Misa. Al recordar a los Santos Mártires de Roma, les pidamos que intercedan para que también nosotros seamos capaces de amar a Jesús Eucaristía hasta la muerte, si así es la voluntad de Dios.

        

jueves, 29 de junio de 2023

Solemnidad de San Pedro y San Pablo


 


         Esta solemnidad festeja a las dos columnas de la Iglesia[1], San Pedro y San Pablo, cada uno con su don particular de gracia y con una misión establecida por Nuestro Señor Jesucristo.

Se celebra por una parte a Pedro, quien se caracteriza por ser el elegido por Cristo para ser “la roca” de la Iglesia, el elemento central de unidad y de poder sacerdotal sobre el que el mismo Cristo edificará su Iglesia, según sus palabras: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 16). San Pedro acepta humildemente su misión y por el nombre de Jesús sufre la cárcel y maltratos de parte de quienes se oponen a la Revelación de Cristo (cfr. Hch 5, 41). Predica con “parresía”, es decir, con valor y amor sobrenatural, lleno del Espíritu Santo (cfr. Hch 4, 8). Pedro es el amigo entrañable de Cristo, el hombre que ha sido elegido por Cristo para ser su Vicario en la tierra y que, a pesar de este amor de predilección que le muestra Jesucristo, lo niega tres veces, aunque luego se arrepiente de haber negado a su maestro, reparando la triple negación con la triple declaración de fe y de amor que hará luego del encuentro con Jesús resucitado. La fe de Pedro no es una fe más entre tantas, es la fe de la Iglesia, es la fe que reconoce en Cristo como Mesías, como el Salvador de los hombres; es la fe que reconoce en Cristo a la Segunda Persona de la Trinidad encarnada en la Humanidad Santísima de Jesús de Nazareth: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (cfr. Mt 16, 16). Esta confesión de Pedro, revelada por el Espíritu Santo, en la que reconoce la Divinidad de Cristo -"Tú eres Dios Hijo"-, es fundamental para la Doctrina Eucarística de la Iglesia Católica, porque si Jesús es Dios Hijo encarnado, la Eucaristía es el mism Dios Hijo, que prolonga su Encarnación en la Eucaristía. La misión de Pedro finalizará con el supremo testimonio del martirio, profetizado por Jesús: “Cuando seas viejo otro te ceñirá y te llevará donde no quieres” (cfr. Jn 21, 18).

Pablo, por su parte, recibe la gracia de la conversión a Cristo cuando se dirigía a Damasco y esta conversión lo lleva a un cambio radical en su vida: pasa de ser un tenaz perseguidor de los cristianos, a ser el “Apóstol de los gentiles”, llamado así porque con su prédica fervorosa numerosos cristianos se convertirán a su vez a Cristo.  Luego de su encuentro con Cristo, Pablo se convierte en el Apóstol incansable que recorre el mundo conocido en la época para anunciar la Buena Nueva de la salvación en Cristo Jesús, sin importarle ninguna otra cosa más que predicar a Cristo crucificado y resucitado por nuestra salvación: “¡Ay de mí si no evangelizare!” (1 Co 9, 16). También a Pablo se le reservaba, al igual que Pedro, la gracia del martirio, derramando su sangre por Cristo[2].

Además de estas misiones particulares, San Pedro y San Pablo forman, por disposición del Señor Jesús, lo que se conoce como “Colegio Apostólico”, en el que Pedro, Vicario de Cristo, el Papa, es el principal elemento constitutivo de este Colegio Episcopal, es su cabeza. Entonces, en el Colegio Apostólico, los Apóstoles están unidos entre sí al Romano Pontífice, sucesor de Pedro y los obispos, sucesores de los Apóstoles, están unidos al Papa y el Papa a Cristo, Segunda Persona de la Trinidad. De ahí que la estructura de la Iglesia sea vertical y jerárquica: Santísima Trinidad, Dios Hijo se encarna en Jesús de Nazareth, el Papa como Vicario de Jesús el Cristo, los Apóstoles, los suceros de los Apóstoles, los obispos, el pueblo fiel de bautizados. De esto se ve que la estructura vertical y jerárquica de la Iglesia forma parte de su esencia y que el que diseñó de esta manera a la Iglesia, es solamente Dios Uno y Trino. De esto también se deduce la temeridad diabólica de pretender cambiar la estructura jerárquica de la Iglesia, por una "democrática", como lo pretende el Sínodo alemán. Además de esto, el Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia, le entregó las llaves de ella y lo instituyó pastor de todo el rebaño: "Está claro que también el Colegio de los apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro". Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia y se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.

El Papa, obispo de Roma y sucesor de san Pedro, "es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles". "El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad". (Catecismo de la Iglesia Católica 881-882).

Por último, como dice San Agustín[3], celebramos en un mismo día el martirio de los dos Apóstoles, aunque fueran martirizados en diversos días, porque ambos en realidad eran una misma cosa. Y, también como dice San Agustín, “procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina”[4].



[2] Juan Pablo II, 29 de junio de 2002.

[3] Cfr. Sermón 295, 1-2. 4-7. 8: PL 38, 1348-1353.

[4] Cfr. ibidem.

lunes, 26 de junio de 2023

San Ireneo

 



          Vida de santidad[1].

San Ireneo, educado en Esmirna; fue discípulo de la San Policarpo, obispo de aquella ciudad, quién a su vez fue discípulo del Apóstol San Juan. En el año 177 era presbítero en Lyon (Francia), y poco después ocupó la sede episcopal de dicha ciudad.

Las obras literarias de San Ireneo le han valido la dignidad de figurar prominentemente entre los Padres de la Iglesia, ya que sus escritos no sólo sirvieron para poner los cimientos de la teología cristiana, sino también para exponer y refutar los errores de los gnósticos y salvar así a la fe católica del grave peligro que corrió de contaminarse y corromperse por las insidiosas doctrinas de aquellos herejes. Recibió la palma del martirio, según las Actas de los Mártires, alrededor del año 200.

Mensaje de santidad.

San Ireneo se caracterizó por su lucha intelectual contra el gnosticismo, una doctrina religiosa esotérica -ocultista- y herética -niega las verdades fundamentales de la fe católica- según la cual la salvación no la concede Cristo -a quien consideran solo como un hombre y no como al Verbo de Dios Encarnado-, sino que se consigue por medio de la adquisición de  un conocimiento intuitivo, misterioso y secreto -reservado solo para los iniciados y no para los “profanos”- de las cosas divinas. Por ejemplo, el gnosticismo no solo niega a Jesús como al Hombre-Dios, sino que niega además la necesidad de la gracia santificante para el perdón de los pecados y para participar de la vida divina de la Trinidad: para el gnosticismo, el hombre no necesita participar de la vida divina, porque el hombre mismo es su propio dios y cuando alcanza este conocimiento, ahí es donde se da la salvación. Esta doctrina ocultista y herética, el gnosticismo, se infiltra incluso en la Iglesia católica misma y San Ireneo, dándose cuenta del enorme peligro del gnosticismo, se dedicó a combatirlo intelectual y espiritualmente y aunque el santo derrotó al gnosticismo en su época, esta doctrina ocultista ha resurgido con fuerza en nuestros días, en el seno mismo de la Iglesia Católica. El gnosticismo ocultista tergiversa y falsifica la Verdad Revelada contenida en las Sagradas Escrituras[2] y por eso mismo es necesario combatirlo, en nuestros días, como en los días de San Ireneo. Al recordar al santo en su día, le pidamos la gracia de poder detectar al gnosticismo para combatirlo intelectualmente y así permanecer fieles a las enseñanzas del Hombre-Dios Jesucristo.

 

 



[2] Hay un buen ejemplo sobre el método de combate que siguió San Ireneo: cuando trata sobre la creencia gnóstica de que el mundo visible fue creado, conservado y gobernado por seres angelicales y no por Dios, quien sin participación seguirá eternamente desligado del mundo, superior, indiferente, Ireneo expone la teoría, la desarrolla hasta llegar a su conclusión lógica y, por medio de una eficaz reductio ad absurdum, procede a demostrar su falsedad. Ireneo expresa la verdadera doctrina cristiana sobre la estrecha relación entre Dios y el mundo que El creó los siguientes términos: “El Padre está por encima de todo y Él es la cabeza de Cristo; pero a través del Verbo se hicieron todas las cosas y El mismo es el jefe de la Iglesia, en tanto que Su Espíritu se halla en todos nosotros; es El esa agua viva que el Señor da a los que creen en El y le aman porque saben que hay un Padre por encima de todas las cosas, a través de todas las cosas y en todas las cosas”.