San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

martes, 28 de enero de 2020

Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre


Resultado de imagen para santo tomas de aquino

          Según afirma Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así: en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo, porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
          En la orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e intrascendente horizonte de la pura humanidad.
          Si seguimos el camino tomista, seremos capaces  de Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de ellos.

Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre


Resultado de imagen para santo tomas de aquino

          Según afirma Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así: en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo, porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
          En la orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e intrascendente horizonte de la pura humanidad.
          Si seguimos el camino tomista, seremos capaces  de Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de ellos.

Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre


Resultado de imagen para santo tomas de aquino

          Según afirma Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así: en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo, porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
          En la orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e intrascendente horizonte de la pura humanidad.
          Si seguimos el camino tomista, seremos capaces  de Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de ellos.

Santo Tomás de Aquino, el conocimiento de Dios y la trascendencia del hombre


Resultado de imagen para santo tomas de aquino

          Según afirma Santo Tomás de Aquino, el hombre es capaz de conocer a Dios y por lo tanto, es capaz de eternidad, puesto que “Dios es su propia eternidad”, como lo afirma el mismo santo. No vamos a detenernos en las vías del conocimiento de Dios formuladas por Santo Tomás de Aquino, sino en el porqué de su afirmación de que el hombre puede conocer a Dios. La razón está en su gnoseología, en su metafísica y en su cosmovisión del mundo y de Dios. Según su cosmovisión, Dios y el hombre son dos entes distintos, absolutamente distintos, uno Creador del otro y esto a tal punto, que el hombre no encuentra razón de ser ontológica sino es en referencia a Dios, Inteligencia Creadora y de la cual el hombre participa y por el cual subsiste. Según su gnoseología, es decir, según su teoría del conocimiento, el hombre puede conocer a Dios porque puede conocer el acto de ser que está en la esencia de las cosas, actualizándolas y poniéndolas en el ser. En efecto, para Santo Tomás, el ser tiene tres estados o “estratos”, si podemos llamarlos así: en las cosas, en la simple aprehensión del intelecto y en el juicio. Lo que tiene “solidez y actualidad” ontológica es el ser que está en las cosas, llamado también “acto de ser”, que pone en la realidad una esencia que, sin el acto de ser, sería sólo una esencia, es decir, un producto del pensamiento. Con relación a la metafísica, está en estrecha relación con la gnoseología que acabamos de describir y es lo que la hace posible. Todo esto, que parece un embrollo de términos reservados a filósofos y teólogos, es sumamente importante saberlo, porque sólo a través de esta metafísica tomista, a través de esta gnoseología tomista y a través de esta cosmovisión tomista, el hombre es “capax Dei” y por lo tanto, capaz de eternidad. Sólo en el pensamiento tomista el hombre es verdaderamente trascendente y por eso puede esperar trascender esta vida para llegar al más allá, al Reino de los cielos, luego de esta vida.
          En la orilla opuesta y guiados por Kant, Heidegger, Hegel y Rahner, están quienes afirman la inmanencia absoluta para el hombre ya que consideran que el hombre sólo puede conocer el “ser” del juicio, pero no el Acto de Ser de Dios Uno y Trino y por lo tanto niegan al hombre la trascendencia y lo encierran en su propia humanidad, sin otro horizonte que el limitado e intrascendente horizonte de la pura humanidad.
          Si seguimos el camino tomista, seremos capaces  de Dios y de su eternidad; si seguimos el camino de sus adversarios, nos quedaremos encerrados en nuestros propios pensamientos, sin salir jamás de ellos.

lunes, 20 de enero de 2020

San Francisco de Sales


Resultado de imagen para san francisco de sales
Vida de santidad[1].

Nacido en los Alpes, en el castillo saboyano de Sales, su familia lo envió a estudiar a la universidad de París y luego a Padua. Se desempeñó como canónigo de Annecy, obispo auxiliar de Ginebra, líder de debates con los protestantes y apóstol de la región de Chablais. Hay un libro escrito por él, de gran importancia para la vida espiritual y que ha sido el forjador de muchas vidas de santidad, llamado: “Introducción a la vida devota”. Sólo en vida del santo llevaba ya cuarenta ediciones.
Decía el santo: “¿No es una barbaridad querer desterrar la vida devota del cuartel de los soldados, del taller de los artesanos, del palacio de los príncipes, del hogar de los casados?”. Y es para eso que escribió el libro, para que el fervor, la devoción y el amor a Jesucristo se implantaran en las mentes y en los corazones de los hombres y de la sociedad, no solo de su tiempo, sino de las venideras también.
Hay una virtud que caracterizó al santo y es la de la bondad y eso a pesar de que en su juventud era conocido por su mal genio. Respecto a esto, es una constante en la biografía de todo santo su lucha ascética a fin de aumentar su capacidad de autodominio, luchando contra el mal genio para alcanzar la dulzura y la bondad en el trato. En relación a esta virtud, San Francisco de Sales escribió: “No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en tu corazón entrada al enojo”.

          Mensaje de santidad.

          Si nuestro carácter tiene tendencia a la irascibilidad, recordemos a San Francisco de Sales, a su lucha ascética para conseguir la dulzura del corazón y también sus palabras, acerca de que no nos enojemos nunca con nadie, ni siquiera con nuestros enemigos más encarnizados. Pero recordemos ante todo que la dulzura de corazón del santo no provenía de él mismo, sino que era una participación a la dulzura del Sagrado Corazón de Jesús y entonces hagamos el propósito, cuando estemos por enojarnos por algún motivo, de imitar a San Francisco de Sales, que llegó a tener la bondad y dulzura de corazón del Sagrado Corazón de Jesús.


San Ildefonso


Resultado de imagen para san ildefonso
          Vida de santidad[1].

San Ildefonso nació en Toledo, España. Estudió en Sevilla bajo San Isidoro; luego entró a la vida monástica y fue elegido abad de Agalia, en el río Tajo, cerca de Toledo y en el año 657 fue elegido arzobispo de esa ciudad. Se caracterizó por unificar la liturgia en España y por escribir abundantes obras importantes, particularmente sobre la Virgen María. El santo tenía una profunda devoción a la Inmaculada Concepción ya desde doce siglos antes de que se proclamara dogmáticamente. Esta devoción a la Virgen fue compensada por la Madre de Dios con numerosos milagros.

Mensaje de santidad.

El Milagro del encuentro con la Virgen: una noche de diciembre, el santo y algunos otros clérigos, fueron a la iglesia, para cantar himnos en honor a la Virgen María. Al entrar, encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que les llamó mucho la atención y los llenó de temor, por lo que todos huyeron excepto Alfonso y sus dos diáconos. Estos entraron en la capilla y se acercaron al altar. Ante ellos se encontraba la María, la Inmaculada Concepción, sentada en la silla del obispo, rodeada por una compañía de ángeles que entonaban cantos celestiales. Entonces la Virgen María le hizo una seña con la cabeza para que se acercara. Obedeciendo a la orden, el santo se acercó y la Virgen, fijando sus ojos sobre él, le dijo: “Tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería”. Luego de decir esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor. Esta aparición y la casulla fueron pruebas tan claras, que el Concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar su memoria. El evento aparece documentado en el Acta Sanctorum como “El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición”. En la catedral los peregrinos pueden aun observar la piedra en que la Virgen Santísima puso sus pies cuando se le apareció a San Ildefonso.
A nosotros no se nos aparecerá la Virgen para darnos un regalo de la tesorería de Jesús, como la casulla que le regaló a San Ildefonso, pero a pesar de esto, la Virgen hace más por nosotros que por este milagro concedido al santo, porque en vez de una casulla, la Virgen, al ser Mediadora de todas las gracias, intercede continuamente por nosotros para que recibamos las gracias que necesitamos para nuestra eterna salvación y con nuestro nos muestra el inefable amor maternal que la Virgen tiene para con cada uno de nosotros.