San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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domingo, 28 de abril de 2013

Santa Catalina de Siena y la corona de espinas



         A Santa Catalina de Siena se le apareció una vez Jesús, sosteniendo dos coronas, una de oro y otra de espinas. Le preguntó cuál de las dos elegía, y la santa eligió la de espinas.
         ¿Por qué Jesucristo se aparece con estas dos coronas? ¿Por qué Santa Catalina eligió la corona de espinas?
         Porque la vida del cristiano en la tierra debe ser una imitación de la vida del Hombre-Dios Jesucristo. El cristiano, para realizar el plan divino que Dios ha trazado para él desde la eternidad, debe vivir en la imitación de Cristo, según su estado de vida.
         Ahora bien, esta imitación no es meramente moral, como si se tratara de imitar a un modelo extrínseco, que se encuentra ahí afuera del ser de la persona, como si fuera una mera imagen mecánica que se mueve sólo por imitación del modelo original.
         Se trata de una imitación mucho más profunda, que se inserta en el acto de ser metafísico de la persona, que participa del Acto de Ser de la Persona Segunda de la Trinidad, el Hombre-Dios Jesús de Nazareth; se trata de una imitación interior, por participación en la vida misma del Hombre-Dios.
         Esta forma de imitación, que es por participación, es incoada en el momento mismo del bautismo, en donde el alma es unida Cristo y, sin sufrir físicamente la Pasión, es asociada a la Pasión y Muerte de Jesucristo, y, sin haber todavía muerto, es asociada a su Resurrección.
         Por el bautismo, el alma se une al misterio pascual de Cristo, es hecha partícipe de su Pasión, Muerte y Resurrección, lo cual quiere decir que adquiere para sí todos los méritos de Cristo. En otras palabras, por el solo hecho de recibir el sacramento del bautismo, el alma, recibiendo como propios los méritos infinitos de Cristo, recibe una infinidad de dones espirituales: se ve libre de la mancha original, es rescatada de la esfera de influencia del demonio, y obtiene un resonante triunfo sobre la muerte, el pecado y el ángel caído, además de recibir la filiación divina y constituirse en heredera del Reino de los cielos y tener asegurada la vida eterna.
         Sin embargo, es necesario que el alma se una libre y voluntariamente a la Pasión de Cristo; es necesario que el alma elija unirse a Cristo y participar, en esta vida, de su Pasión, para participar en la otra de su gloria y Resurrección. Este es el motivo por el cual Jesucristo se le aparece con dos coronas, una de oro y otra de espinas, permitiéndole a Santa Catalina elegir libremente, y es el motivo también por el cual Santa Catalina aumenta su grado de santidad al elegir la corona de espinas. Santa Catalina elige, libremente, asociarse a la Pasión de Cristo, Pasión a la que fue asociada ya en el bautismo, pero que falta completar en ella mediante la libre aceptación de unirse a Cristo crucificado, para padecer y morir crucificada con Él en esta vida y así resucitar gloriosa con Él en la vida eterna.
         Viendo el ejemplo de Santa Catalina, la gran mística del siglo XIV, no debemos pensar que el ofrecimiento de Cristo de las dos coronas se trata de un hecho reservado sólo a los grandes místicos: es una elección que cada cristiano, en lo profundo del corazón, debe hacer. Y como los santos están hechos para imitarlos, al igual que Santa Catalina, elegimos también la corona de espinas de Jesús, para participar de su Pasión en esta vida, y así participar de su gloria en la vida eterna.
        
        
         

jueves, 25 de agosto de 2011

Por qué Jesús se reveló a Santa Brígida





Santa Brígida de Suecia fue una mística sumamente favorecida por Dios con innumerables locuciones, visiones, éxtasis y todo tipo de manifestaciones celestiales (aunque la causa de su santidad no fueron estas comunicaciones místicas de parte de Dios, sino su heroica respuesta a la gracia y su vida de virtud).
Revisando su vasta obra, podríamos preguntarnos, antes de detenernos en una visión o locución en particular, cuál es el motivo por el cual Jesús se le manifiesta, y la respuesta la da el mismo Jesús: para que los hombres lo conozcamos a Él, como Dios encarnado, y para que tomemos conciencia del desprecio y de la ofensa que de su Persona y de su Encarnación hacemos los cristianos.
Jesucristo mismo lo dice, y se encuentra al inicio de la obra de Santa Brígida: “Palabras de nuestro Señor Jesucristo a su elegida y muy querida esposa, declarando su excelentísima encarnación, condenando la violación profana y abuso de confianza de nuestra fe y bautismo, e invitando a su querida esposa a que lo ame”.
Es decir, Jesucristo se manifiesta de modo extraordinario con locuciones, visiones y éxtasis, para recordar el amor eterno e infinito que lo llevó a encarnarse y a sufrir la Pasión, y a la vez, para que los cristianos tomen conciencia de la “violación profana” y del “abuso de confianza” que estos hacen de su filiación divina. Es a los cristianos en general, a quien se dirige Jesucristo, y no al mundo pagano, porque habla de quienes han recibido el bautismo y la fe.
¿Por qué Jesús habla de un modo tan duro, usando la expresión “violación profana” del bautismo y de la fe? Nos podemos preguntar porqué Jesús usa este lenguaje, un lenguaje directo y explícito, que no deja lugar a mal entendidos, ni a claroscuros: “violación profana” de la fe y del bautismo.
¿Exagera Jesús? No, Jesús no exagera; basta un recorrido por la situación actual de los países antiguamente cristianos, para tener una idea del reclamo de Jesús: son cristianos católicos la inmensa mayoría del casi medio millón de “peregrinos” que deshonraron la fe cristiana al adorar idolátricamente al Gauchito Gil el 8 de enero pasado; son cristianos católicos los casi veinte millones de espectadores televisivos que le dan subsistencia económica y persistencia en el tiempo a programas inmorales y con alto contenido de ofensas a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, como Showmatch y Gran Hermano; son cristianos católicos los que abortan, roban, matan, violan, saquean, delinquen, se drogan, consumen pornografía, son infieles en el matrimonio, mostrando, con este comportamiento, que obran en la vida –nacen, viven y mueren- como si Jesucristo no hubiera venido, como si no les hubiera entregado su cuerpo en la cruz y en la Eucaristía, como si no les hubiera dado la luz de la fe, como si Él nunca hubiera existido; son cristianos católicos los que han construido la cultura de la muerte, en donde se asesina al recién concebido, y al anciano desahuciado o al enfermo terminal; son cristianos católicos los que tienen relaciones pre-matrimoniales, los que usan la píldora del día después, los que profanan el domingo con el paseo, la diversión, el baile, el fútbol y las carreras, en lugar de asistir a la Santa Misa; son cristianos católicos los que abandonan en masa la Iglesia, por considerarla anticuada y aburrida, volcándose frenéticamente a los ídolos del mundo, el poder, el dinero, la fama, la vanagloria.
El cristiano que toma conciencia del valor del bautismo, de la filiación divina, y de la fe que ha recibido de Jesucristo, por puro amor y misericordia, debe reparar con la oración continua, con ayuno, con sacrificio, con misericordia hacia el prójimo, para ser uno con Jesucristo, Dios encarnado, para así aplacar la justa ira divina de Dios Uno y Trino.
Éste es el legado de Santa Brígida de Suecia, y de tantos santos y mártires que embellecen a la Esposa de Cristo.