Bienaventurados habitantes del cielo, Ángeles y Santos, vosotros que os alegráis en la contemplación y adoración de la Santísima Trinidad, interceded por nosotros, para que algún día seamos capaces de compartir vuestra infinita alegría.
San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
viernes, 31 de enero de 2014
San Juan Bosco, los sueños místicos sobre el Infierno y los peligros de la juventud de hoy
sábado, 5 de febrero de 2011
Don Bosco y la juventud

Cuando se analiza la obra de Don Bosco, en relación a la juventud, se destacan numerosos logros, como por ejemplo, el rescatar a jóvenes en situación de riesgo social, o el de haber elaborado todo un sistema educativo todavía válido para nuestros días.
Otro aspecto a destacar, es el hecho de que el sistema educativo de Don Bosco ha permitido educar en las virtudes a decenas de miles de niños y de jóvenes contribuyendo, de esta manera, a construir una sociedad más culta y educada.
Por otra parte, los numerosos colegios e institutos que dependen de su obra, sumados a los institutos que capacitan a los jóvenes para el mundo laboral, no hacen otra cosa que confirmar la grandeza de su emprendimiento a favor de los más necesitados de la sociedad, en este caso, los jóvenes.
Pero si nos detenemos en estos logros de Don Bosco, corremos el riesgo de reducir su obra a la nada, pues nada separaría a Don Bosco de un filántropo más, o de cualquier otro benefactor de la juventud.
La obra de Don Bosco no se limita a la educación de los jóvenes, ni siquiera a decenas de miles de ellos.
Lo más grandioso de la obra de Don Bosco no fue ampliarles el horizonte de trabajo, ni tampoco el haber educado en la virtud a los jóvenes; lo más grandioso fue el haberles hecho ver, a los jóvenes, que hay otro horizonte, más allá del horizonte humano, y es el horizonte de eternidad, y más que educarlos en las virtudes, los educó en el amor de Cristo y en su seguimiento.
Los numerosos santos, niños y jóvenes, que surgieron de sus oratorios, dan cuenta de este hecho: quienes se acercaban a Don Bosco, no permanecían nunca los mismos, pues se despertaba en ellos la sed de Dios y de su eternidad, y toda su vida era un prepararse continuo para atravesar el umbral de la muerte y poder ver, cara a cara, con el corazón limpio y el alma en gracia, a Jesucristo, a quien, gracias a Don Bosco, habían aprendido a conocer y amar.
