San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 10 de febrero de 2022

San Blas y la bendición de las gargantas

 



          San Blas fue un médico y obispo de Sebaste, diócesis situada en la actual Armenia. Fue perseguido y sufrió el martirio por Cristo en la época del emperador Diocleciano. En esa época, todo aquel que profesara externamente el culto cristiano era perseguido y encarcelado y si no renegaba de Cristo, era asesinado. Es esto lo que le ocurrió a San Blas, puesto que murió por no renegar de la fe en Cristo Jesús.

          Según la Tradición, cuando apresaron a San Blas, sucedió que en el camino a la prisión, le salió al encuentro una mujer cuyo pequeño hijo acababa de morir asfixiado, al habérsele atragantado una espina de pescado en la garganta. La mujer le imploró al santo que curase a su hijo y San Blas, sin dudar un instante, le impuso las manos en la garganta al niño y pidió, en nombre de Cristo, que el niño volviera a la vida, lo cual efectivamente sucedió, dando así origen a la tradición de la bendición de las gargantas.

          Al recordar al mártir San Blas, debemos pedirle dos cosas: por un lado, que interceda para que nuestra fe en Cristo sea íntegra y pura y para que no cedamos en la fe católica, en los sacramentos, en el Credo, en los dogmas y esto, aun a costa de la propia vida.

          Lo otro que debemos pedir al santo es que interceda para que no nos afecte ningún mal de garganta, pero sobre todo, para que de nuestras gargantas no salga ninguna palabra desedificante o que pueda herir a nuestro prójimo y que sólo salga de nuestras gargantas alabanzas y cánticos de adoración al Cordero, Cristo Jesús y de misericordia para con nuestro prójimo.

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