San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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domingo, 30 de diciembre de 2012

La Sagrada Familia de Nazareth, único modelo para la familia católica



         Luego de celebrar el Nacimiento del Niño Dios, Nacimiento que convierte al matrimonio legal –la relación entre María y José no era la de esposos, sino la de hermanos- en familia, la Iglesia nos conduce a la contemplación de la Sagrada Familia de Nazareth, pues esta Familia Santa es modelo y fuente de santidad para toda familia católica. Toda familia, pero principalmente la familia católica, tiene una misión para cumplir en este mundo, una misión que no es para un destino intramundano, sino suprahumano, y para alcanzar ese destino, necesita tener como único modelo y ejemplo a la Sagrada Familia de Nazareth.  
         La familia, la única familia posible, la constituida por el padre-varón, la madre-mujer y los hijos, tiene una misión en la tierra, y esa misión no consiste, ni remotamente, en alcanzar objetivos meramente humanos y terrenos; la misión de la familia católica, misión dada por Dios Uno y Trino, no consiste en que sus miembros sean simplemente “buenos ciudadanos”, ni se limita a meramente dar un buen ejemplo de honestidad, de trabajo, de estudio, de sacrificio. Todo esto se por supuesto en una familia católica, pero no consiste en esto su misión, la cual tiene un objetivo infinitamente más alto, misterioso y sublime. Si la misión de la familia católica se redujera a que sus miembros sean buenos ciudadanos, honestos trabajadores, padres ejemplares, hijos modélicos, estaría quedándose en el punto de partida, y nunca llegaría a la meta, porque todas estas cosas son buenas, pero meramente humanas. La familia católica está llamada a un destino que supera infinitamente todo horizonte humano, y todo lo que se pueda siquiera imaginar, porque está llamada a un destino de eternidad. Todos los integrantes de la familia están llamados a un destino de gloria eterna; están llamados a ser ciudadanos de la Jerusalén celestial, están llamados a adorar al Cordero de Dios en los cielos, en esta vida y en la otra, y sólo cuando la familia alcance este punto de llegada, puede decirse que ha cumplido su objetivo, el objetivo dado por Dios.
Pero la familia no puede alcanzar este objetivo tan alto si, en su peregrinar por la tierra, sus integrantes olvidan este destino eterno y en vez de elevar los ojos a Cristo crucificado, único Camino al Cielo, se inclinan hacia las cosas del mundo, olvidando su destino de eternidad. De esta manera, la familia, en vez de convertirse a Cristo, se convierten al mundo, el cual los aleja cada vez más de la Cruz, y esto sucede cuando la familia prefiere la televisión a la oración, la música y el entretenimiento a la meditación y a la lectura de la Palabra de Dios, y cuando el televisor y la computadora ocupan el centro de su vida y de su atención.
No existe una vía alternativa, no hay un camino intermedio: o la familia católica tiene por centro a Cristo crucificado y resucitado, o tiene por centro al mundo y sus fines mundanos y terrenos, que no son los fines de Dios.
La única manera por la cual la familia católica pueda llegar a cumplir su cometido, que es la salvación eterna de todos sus integrantes, es la contemplación de la Sagrada Familia de Nazareth, y ése es el motivo por el que la Iglesia nos conduce a su contemplación. Sólo en la contemplación e imitación de las virtudes de la Sagrada Familia, podrá la familia católica cumplir el designio que Dios tiene para ella: la de ser “Iglesia doméstica”, según los Padres de la Iglesia, y la de ser una comunidad de vida y de amor, una comunidad santificada y santificante, en donde la santidad de sus miembros resplandezca en medio de la oscuridad del mundo.
En la Sagrada Familia todo es santo, porque la Madre de esta Familia, es la Madre de Dios; el Hijo, es Dios Hijo encarnado; el Padre adoptivo del Niño y Esposo meramente legal de María –su trato con Ella es un trato de hermanos-, es San José, el varón casto y justo, elegido por Dios Padre para reemplazarlo en la tierra en su función paterna. Así como en la Familia Santa de Nazareth todo es santo, así también en la familia católica, todos sus integrantes deben al menos iniciar el camino de la santidad –no podemos, de ninguna manera, pensar que somos “santos”, ya que eso sería muestra de soberbia y sería algo que no es cierto, puesto que se alcanza la santidad plena sólo en la otra vida-, y caminar por el camino de la santidad, significa vivir en gracia santificante, recurriendo con frecuencia al sacramento de la confesión, y obrar la misericordia.
Para lograr ser una comunidad santificada y santificante, que transmita al mundo el Amor de Cristo, la familia debe contemplar e imitar a cada uno de los miembros de la Sagrada Familia: a la Virgen María, modelo de esposa, de madre amantísima, de ama de casa, de sostén familiar, de amor materno. En sus funciones maternas, la madre es la columna vertebral de la familia, y la Virgen es el modelo único e insuperable para toda madre cristiana.
San José, en su condición de padre casto y de varón justo, que dedica los esfuerzos de su vida a la manutención de la familia y a la educación de su Hijo adoptivo, es el modelo para todo padre de familia, en la fidelidad conyugal y en el amor a los hijos.
Jesús, el Niño Dios, con su amor humano-divino a sus padres, amor que se manifiesta en la obediencia filial, en el trato respetuoso y afectuoso, en la sumisión basada en el amor, en la colaboración en las tareas hogareñas, en el don de la sonrisa y de la ternura hacia sus padres, es el modelo para todo hijo, en el cumplimiento del Cuarto Mandamiento: “Honrarás padre y madre”.
Sólo de esta manera, contemplando a la Familia Santa de Nazareth, podrá la familia católica ser una comunidad santificada y santificante, y sólo así podrá alcanzar no los objetivos mundanos de las familias que no conocen a Cristo, sino el objetivo más alto que familia alguna pueda alcanzar: la comunión de vida y amor con la Familia Divina, las Tres Personas de la Santísima Trinidad, en los cielos.

viernes, 30 de diciembre de 2011

En la Familia de Nazareth, todo lo humano se diviniza. A ejemplo suyo, que nuestras familias se divinicen por la gracia



      María, Jesús, José. La Sagrada Familia de Nazareth. Una madre, un Hijo, un padre. Al parecer, una familia como tantas otras, pero a la cual la Iglesia propone para la contemplación e incluso para la imitación en sus virtudes, tal como lo dice en el Misal Romano, en la Fiesta de la Sagrada Familia: “Dios, que nos haces contemplar a la Familia de Nazareth, haz que podamos imitar sus virtudes”[1].
Las virtudes a imitar de la Familia de Nazareth son innumerables: María es una madre que cuida con todo amor a su Hijo Jesús, y así es ejemplo para toda madre con respecto a sus  hijos. ¿Cuántas madres no abandonan a sus hijos a su propia suerte, y los dejan vagar por el mundo, a la deriva, sin preocupare por ellos? Está comprobado que un gran porcentaje de la criminalidad se origina por no encontrar los hijos en los padres el cariño, el cuidado, el amor y el respeto que les deben los padres, y en primer lugar las madres, a sus hijos.
En este sentido, María Santísima es ejemplo insuperable de dedicación y amor a su Hijo Jesús: no lo abandona en ningún momento, no duda en abandonar su hogar y huir a tierras lejanas, a Egipto, para salvar la vida de su Hijo, amenazada por Herodes; María cuida de Él con el amor solícito de madre, desde el preparar la merienda, algo sencillo y simple -así como una madre amasa el pan y prepara la merienda para sus hijos, con leche, pan y miel, así hace María con su Hijo Jesús, que en el misterio es Niño y es Dios al mismo tiempo, y necesita de la merienda de María, hecha de panes caseros y de miel, servidos con el amor infinito de la Madre de Dios-, hasta ser capaz del sacrificio más extremo, doloroso y duro, como el ofrecer a su Hijo Jesús en la cruz, para la salvación del mundo. María es ejemplo de amor insuperable de una madre hacia sus hijos, tanto en las cosas sencillas y simples de todos los días, como en los acontecimientos más dolorosos, como es la muerte de un hijo. No hay dolor más grande para una mujer como el dolor de la pérdida de un hijo, y en esto María es ejemplo insuperable. María es ejemplo en el amor y en el dolor: es ejemplo para las madres que aman a sus hijos, y es ejemplo para las madres que han perdido a sus hijos, porque su Hijo murió en la cruz, y el dolor de esta pérdida la sufrió María en su corazón, para consolar a todas las madres del mundo que pierden a sus hijos.
Jesús es ejemplo de amor, de obediencia, de sumisión filial y piadosa hacia los padres, es decir, es ejemplo de una sumisión no provocada por el temor, sino por el respeto y el amor piadoso, que es el amor de hijo y no amor de esclavo o de extraño en su propia casa. ¿Cuántos hijos tienen padres excelentes en todo sentido, y no saben aprovechar ese don que Dios les concede, faltándoles en todo, desde el levantar la voz hasta el abandonarlos en sus necesidades?
José es ejemplo de amor casto y puro hacia María y, si bien amó a María con un amor de hermano, puramente fraternal, pues era esposo suyo pero fue siempre Virgen, es por este amor casto que profesó a María, ejemplo de amor virtuoso –casto, puro, fiel- de todo esposo hacia su esposa. ¿Cuántos esposos, en la dura lucha cotidiana, no saldrían triunfantes de sus luchas, si tuvieran en José, que ama a María con amor casto, el patrón y protector?
La Iglesia nos pide entonces que contemplemos a la Sagrada Familia como modelo de toda virtud, pero podríamos preguntarnos: ¿Cuál es el motivo por el cual la Iglesia nos propone contemplar a esta Familia de Nazareth?
            ¿No podrían haber otras familias, igualmente santas y buenas para contemplar e imitar? ¿Por qué la Familia de Nazaret?
El motivo es que no es una familia más, porque la Familia de Nazaret esconde un misterio insondable, incomprensible, el misterio absoluto de Dios Uno y Trino que se revela en ella y por ella.
El motivo es que en esta familia todo es santo: la Madre Virgen, el Hijo Dios, el padre virgen. La Madre es María Santísima, la Madre de Dios; el Hijo es Dios Hijo, Fuente Increada de la santidad; el padre es un padre adoptivo, casto y santo.
            No es una familia más, porque toda la Familia contiene y refleja la santidad, la pureza y la perfección del Ser divino; es como si Dios Uno y Trino quisiera manifestarse visiblemente a través de esta Familia de Nazareth. Es lo que se deduce de las palabras de Juan Pablo II al referirse a la Sagrada Familia: “María, Jesús, José; he aquí la Trinidad terrena entre nosotros”. Juan Pablo II llama a la Sagrada Familia “Trinidad terrena”, pero no en un sentido figurado, sino porque realmente Dios Uno y Trino se manifiesta en y a través de esta Familia de Nazareth, de diversos modos: en María, inhabita la Persona del Espíritu Santo; el Niño Jesús es la Segunda Persona de la Trinidad, Dios Hijo; José es hecho partícipe por Dios Padre de su paternidad, concediéndole la gracia de una paternidad, casta, pura y santa, una paternidad adoptiva y espiritual de su Hijo eterno encarnado.
            Es decir, la Familia de Nazareth es santa porque Dios Uno y Trino, Fuente de la santidad y la santidad en sí misma, vive y se refleja en y a través de la Familia de Nazareth.
            Esta familia está compuesta por seres humanos como María y José, y por el Niño Dios, Jesús, y por esto la Sagrada Familia de Nazareth parece una más entre otras: una Madre, un padre, un Hijo; pero no es una familia más, porque en esta Familia todo lo humano se diviniza y al mismo tiempo se convierte en irradiación de lo divino: María es la Madre de Dios; su humanidad casta y pura se diviniza por la inhabitación del Espíritu Santo, que la convierte en la Madre de Dios, y la Presencia de su Hijo en Ella hace de María el primer cáliz de la Redención; Jesús es el Niño Dios, Dios hecho Niño sin dejar de ser Dios; su Humanidad santísima se vuelve Tabernáculo de Dios Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, que asume la Humanidad de Jesús en el seno virgen de María; José es el padre virgen , casto y puro, que ama con amor santo, puro y fraternal, a María, y con amor santo y puro a su Hijo adoptivo, que es Dios Hijo; José es el padre santo y adoptivo del Hijo eterno de Dios Padre.
            Todo lo humano en la Familia de Nazareth se diviniza, porque se une a lo divino: el Espíritu Santo inhabita en María; la Segunda Persona de la Trinidad asume la Naturaleza humana del Niño de Belén, Jesús; la gracia, que proviene del Padre Eterno, llena el alma del padre adoptivo José, comunicándole la gracia de la paternidad.
            En la Familia de Nazareth todo se vuelve santo al contacto con lo divino, pero también irradia lo divino y santo: del seno purísimo de María surge, como el rayo de sol atraviesa el cristal límpido, el Hijo eterno del Padre; Jesús, Niño Dios, Segunda Persona de la Trinidad, es la Fuente Increada de la Ggacia divina; José, padre virgen y adoptivo, es el modelo a imitar para todo padre que desee ser santo.
            Porque todo lo humano se diviniza y se vuelve irradiación de la gracia divina, la Familia de Nazareth es la primera Iglesia, la Iglesia doméstica: María es figura de la Iglesia y primer Tabernáculo y primer cáliz de Dios Hijo encarnado; Jesús es el Pan de Vida eterna, que surge del seno de María así como surge del seno virgen de la Iglesia el Pan de Vida eterna, Jesús Eucaristía; José, que es el padre virgen, que ama con amor fraterno, con amor de hermano, a María, y con amor de padre a su Hijo adoptivo Jesús, es el modelo de todo sacerdote y de todo amor sacerdotal para todo sacerdote de la Iglesia que desee ser santo.
            La Sagrada Familia es la Primera Iglesia, la Iglesia doméstica, y germen y embrión de la Iglesia Universal: María y José donan a su Hijo Jesús como Pan bajado del cielo y como Cordero del sacrificio, que se inmola en la cruz para la salvación del mundo; la Iglesia, como María, y el sacerdocio ministerial, como José, donan a Jesús Eucaristía como Pan bajado del cielo y como Cordero del sacrificio que se inmola sacramentalmente en el altar eucarístico.
            Porque dona a su Hijo, Fuente Increada de la Gracia Increada, la Sagrada Familia es la Fuente de la santidad para toda familia humana y para toda la Iglesia, Familia de las familias de Dios.
            Porque la Sagrada Familia es fuente de santidad para toda familia, es que la Iglesia nos la presenta no solo para que la contemplemos y para que imitemos sus virtudes, sino para que la santidad de Dios Uno y Trino que brota de esta Familia de Nazareth inunde todas y cada una de las familias humanas.


[1] Cfr. Misal Romano, Fiesta de la Sagrada Familia, Oración colecta.