San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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domingo, 7 de agosto de 2016

San Cayetano


         A San Cayetano se lo asocia, en un 99, 9% de las manifestaciones de la religiosidad popular, a la concesión de “pan y trabajo”. Y si bien pedir pan y trabajo es algo bueno, noble y también necesario, porque las familias deben tener un trabajo digno para logar su propio sustento, sin embargo no constituye este el principal mensaje de santidad de San Cayetano, ni su intercesión se limita a un trabajo y a un alimento temporales.
         Para saber cuál es su mensaje de santidad –o al menos, parte de él-, es conveniente meditar en los consejos espirituales que el santo da a una fiel: “(…) Somos peregrinos y viajeros en este mundo: nuestra patria es el cielo; el que se engríe se desvía del camino y corre hacia la muerte. Mientras vivimos en este mundo, debemos ganarnos la vida eterna, cosa que no podemos hacer por nosotros solos, ya que la perdimos por el pecado, pero Jesucristo nos la recuperó. Por esto, debemos siempre darle gracias, amarlo, obedecerlo y hacer todo cuanto nos sea posible por estar siempre unidos a él”[1]. San Cayetano recuerda a su fiel que esta vida terrena no es para siempre, sino que estamos de paso, como un peregrino está de paso en una posada, porque nuestro destino final es la vida eterna, conseguida para nosotros por Jesucristo en la cruz. Además, nos recuerda que debemos permanecer unidos a Él por la fe y el amor, que se manifiesta en la obediencia a sus mandatos.
Luego, nos advierte no acerca del pan material, cotidiano, sino acerca del pan que alimenta el espíritu, es decir, la Eucaristía, y este alimento es infinitamente superior al alimento corporal porque quien se nos da como alimento es nada menos que Jesús, el Hijo de Dios; San Cayetano nos advierte asimismo que tenemos que tener mucho cuidado en despreciar este Pan, y esto hacemos cuando nos desinteresamos en recibirlo: “Él se nos ha dado en alimento: desdichado el que ignora un don tan grande; se nos ha concedido el poseer a Cristo, Hijo de la Virgen María, y a veces no nos cuidamos de ello; ¡ay de aquel que no se preocupa por recibirlo! (Pero) para conseguirlo debes pedirle que te dé a su Hijo, que es el verdadero alimento del alma en el Santísimo Sacramento del altar”. Para San Cayetano, no es desdichado quien no tiene pan material –que sí lo es, porque sufrir hambre es uno de los peores sufrimientos del alma-, sino el que, prefiriendo otras actividades y otros alimentos, desprecia la Eucaristía, verdadero alimento espiritual. De igual manera, podemos decir, parafraseando a San Cayetano, que el verdadero desdichado no es quien no tiene trabajo -lo cual sí es una desdicha-, sino el que no trabaja para conseguir el Pan de Vida eterna (por ejemplo, confesándose, para poder comulgar en gracia).
Además, dice San Cayetano, la Eucaristía, el Pan vivo bajado del cielo, fortalece al alma contra los enemigos que buscan perderla para siempre: “Ella te lo dará de buena gana, y él vendrá a ti, de más buena gana aún, para fortalecerte, a fin de que puedas caminar segura por esta oscura selva, en la que hay muchos enemigos que nos acechan, pero que se mantienen a distancia si nos ven protegidos con semejante ayuda”. Entonces, es verdad que a San Cayetano le podemos pedir por trabajo y pan, pero en primer lugar, el trabajo espiritual y el pan espiritual: el trabajo espiritual que debemos hacer es rezar a la Virgen para que nos dé a su Hijo en la Eucaristía, y el pan que debemos pedir es el Pan Vivo bajado del cielo, el Pan de Vida eterna. Y recién después, podemos pedir, cuantas veces queramos, el trabajo terreno -que nos haga recordar el trabajo espiritual- y el pan material -que nos haga desear consumir el Pan Vivo bajado del cielo-.




[1] http://www.corazones.org/biblia_y_liturgia/oficio_lectura/fechas/agosto_7.htm#Cristo_habite_por_la_fe

viernes, 7 de agosto de 2015

San Cayetano y el verdadero pan y trabajo


         A San Cayetano lo solemos asociar, generalmente, con una imagen estereotipada: es el santo que da “pan y trabajo”, y ésa es la razón por la cual en su día, acuden a sus santuarios, capillas y lugares de devoción, miles de fieles para solicitarle esta ayuda al santo. Está bien que pidamos esto al santo, pero su mensaje de santidad es infinitamente más rico que el simplemente ser el intercesor para darnos “pan y trabajo”. En todo caso, además del pan y del trabajo materiales y terrenos, debemos pedirle a San Cayetano por “otro pan” y “otro trabajo”, según las palabras de Jesús: “Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre” (Jn 6, 27). Claramente, Jesús nos está hablando también de “pan y trabajo”, pero de un pan y de un trabajo que no son de este mundo, sino del Reino de los cielos, porque el pan al cual Él hace referencia, es el “Pan Vivo bajado del cielo”, la Eucaristía, porque es el único Pan que da la vida eterna: “El Pan que Yo les daré es mi Carne para la vida del mundo”. Y para conseguir este Pan celestial, debemos “trabajar” dice Jesús. Ahora bien, ¿en qué consiste este “trabajo” con el cual debemos conseguir el Pan celestial, la Eucaristía? Puede referirse a dos cosas: por un lado, puede referirse al trabajo que como bautizados y católicos debemos hacer en la Iglesia, para que la Eucaristía, la Santa Misa, pueda celebrarse todos los días y así el Pan Eucarístico pueda ser repartido a nuestros hermanos: en las Parroquias, se necesita del trabajo y del esfuerzo, no sólo del párroco y de los sacerdotes, sino también de todos los que están involucrados en las distintas instituciones parroquiales, y es deber de todos cooperar –con tiempo, talento y dinero-, para que la Santa Misa pueda celebrarse, para que el templo pueda sostenerse, para que pueda darse Catecismo a todos, así todos pueden acceder al Pan de Vida eterna.
         El otro tipo de “trabajo” que nos dice Jesús, es el personal, el interior, que consiste en cargar la cruz de todos los días, negarnos a nosotros mismos, y seguir en pos de Jesús, la única manera por la cual no solo viviremos en gracia, sino que la conservaremos y la acrecentaremos, y así nos haremos dignos de alimentarnos con el Pan que da la vida eterna, la Eucaristía.

         Pidamos, entonces, a San Cayetano, “pan y trabajo”, pero no solo el pan y el trabajo terrenos, sino ante todo, que interceda para que Nuestro Señor Jesucristo nos conceda el “Pan de Vida eterna”, la Eucaristía, y nos dé las fuerzas para trabajar en su Viña, que es la Iglesia, de modo que procuremos esta Pan celestial, no solo para nosotros, sino para nuestros hermanos, sobre todo los más necesitados, los más alejados de Jesús.