San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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viernes, 17 de marzo de 2017

Los siete dolores y gozos de San José: Quinto Dolor y Quinto Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

Quinto Dolor: el Quinto Dolor lo experimenta San José cuando es advertido por el Ángel acerca del grave peligro que corre su Hijo debido a que el rey Herodes quiere matarlo, con lo cual debe disponer todo, como jefe de la Sagrada Familia de Nazareth, para huir a Egipto y poner a salvo a Jesús y a María, sus dos únicos tesoros en la vida. Dice así la Sagrada Escritura: “El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt 2, 13-23). Así se cumplió la Escritura que decía: “Desde Egipto llamé a mi Hijo” (Os 11, 1)”. El rey Herodes, solo por celos y porque temía que el Niño Dios le quitara su reyecía, decide matarlo, sin importarle que sea un niño pequeño, y esto le provoca un gran dolor a San José, que debe huir a Egipto, siguiendo las indicaciones del Ángel. La Sagrada Familia, guiada por San José, debe abandonar rápidamente su hogar para emprender un largo y peligroso camino. En esta huida, están representados y contenidos todos los cristianos que, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, habrían de ser hostigados, perseguidos, e incluso asesinados, por causa de su fe en Jesucristo, porque la Sagrada Familia es perseguida no por los simples celos de un rey terreno, sino porque el Demonio, que odia a Dios, se vale de un rey sediento de poder y enceguecido por la codicia, para perseguir al Hijo de Dios y tratar de darle muerte. En su Niño, que aunque pequeño e indefenso, es sin embargo buscado para ser asesinado, están representados también todos los niños pequeños que, a lo largo de los siglos, serán víctimas del peor de los crímenes, el ser asesinados por el aborto, en el seno de sus madres. San José se duele por la persecución de su Hijo, por la angustia que experimenta María Virgen, y por todos los niños que morirán abortados y, en silencio, mientras hace los preparativos para poner a salvo a la Sagrada Familia, llora amargas lágrimas de dolor.

Quinto Gozo: el Quinto Gozo se da para San José en medio de la tribulación que significaba el saber que su Hijo estaba amenazado de muerte y en medio de las incertidumbres que comportaba un viaje tan peligroso como el de huir a Egipto, y este gozo, que es consuelo y alegría sobrenatural para su alma, lo experimenta el Santo Patriarca al contemplar –unido en la oración con su Esposa legal, María Santísima- a su Hijo adoptivo, porque en la contemplación de su Hijo, que es Dios Hijo, recibe San José todo lo que Dios Es y da a quien lo contempla con fe y amor: paz, alegría, gozo celestial, sabiduría, amor, vida divina. En medio de tanta tribulación, el consuelo y gozo de San José consiste en contemplar, amar y adorar a su Hijo Dios, y así nos enseña a nosotros que nuestro único consuelo, en medio de las tribulaciones de la vida, consiste en contemplar, amar y adorar a Jesús Eucaristía, guiados en la oración y en la adoración por María Santísima.

Oh glorioso San José, por el dolor que sufriste al enterarte de las amenazas de muerte hacia tu Hijo por parte de Herodes y por el gozo que experimentaste en tu casto y puro corazón, al contemplar al Niño Dios, te pedimos que intercedas por todos los cristianos perseguidos por odio a la fe, para que se vean libres de sus perseguidores, y te pedimos que intercedas también por todos los niños que, en el misterio de la iniquidad, se encuentran en riesgo de sufrir la muerte por aborto, para que, quienes procuran el aborto se arrepientan a tiempo y, encontrando la paz del corazón en la adoración de Jesús Eucaristía glorifiquen, con nosotros y los ángeles y santos del cielo, en el tiempo y en la eternidad, al Cordero de Dios, Cristo Jesús. Amén.


 Padrenuestro, Ave y Gloria.

viernes, 11 de marzo de 2016

Los siete dolores y gozos de San José - Quinto Dolor y Quinto Gozo de San José


Si bien San José fue un padre y esposo terreno y experimentó, como todo padre y esposo de esta tierra, gozos y dolores en los distintos sucesos de su familia, estos adquirieron una dimensión sobrenatural, desde el momento en que San José era Esposo casto y puro, meramente legal, de la Madre de Dios, y era Padre pero no biológico, sino adoptivo, de su Hijo, Quien era desde la eternidad el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Sus gozos y dolores se comprenden entonces al interno de la historia de la salvación y en ella adquieren su trascendencia sobrenatural. Su recuerdo no es un mero traer a la memoria, sino una participación, por el misterio del Cuerpo Místico de Jesús, a la vida de San José y al misterio salvífico de su Hijo adoptivo, Jesucristo, el Hombre-Dios. Según una tradición, los Siete Dolores y Gozos de San José se realizan en siete Domingos sucesivos. Ofrecemos, en honor de San José y en su Novena, las siguientes meditaciones, con la intención de participar, con fe y con amor, de los misterios de su paternidad, prolongación en la tierra y por un instrumento humano, de la Paternidad divina de Dios Padre.

Quinto Dolor: San José experimentó su Quinto Dolor al ejercer su rol de Padre adoptivo del Hijo de Dios, encomendado por Dios Padre desde la eternidad: San José sufrió, como sufre todo padre terreno, cuando debe salir del hogar para ir en busca de trabajo y aunque la Divina Providencia siempre lo asistió, de modo que por su trabajo como carpintero y por su dedicación paternal la Sagrada Familia nunca pasó ninguna necesidad material, hubo también momentos, como los hay en toda familia, en donde la incertidumbre por la economía y el trabajo se hacían sentir en el ánimo de San José, sufriendo el Santo Patriarca la pena de no tener el sustento necesario para el Rey y Reina de los cielos. Parte importante de este dolor fue el trabajo de San José en disponer a toda la Familia de Nazareth para huir en dirección a Egipto para poner a salvo a su Hijo Jesús, pues según le había advertido el ángel en sueños, el rey Herodes, celoso por la reyecía de Jesús, quería darle muerte, sin importarle que fuera un niño de poco tiempo de nacido: “El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt 2, 13-23). Así se cumplió la Escritura que decía: “Desde Egipto llamé a mi Hijo” (Os 11, 1). San José, como jefe de familia, se puso manos a la obra, disponiendo todo para la huida, de manera de hacerles más liviano y llevadero el peligroso viaje que debían emprender, para ponerse a salvo de quienes querían asesinar al Niño. También sufre San José porque en la Sagrada Familia de Nazareth, que huye de sus enemigos debido a que esta Familia Santa lleva en su seno al Hijo de Dios, están representados todos los cristianos de todos los tiempos, que deberán abandonar precipitadamente sus hogares, sus patrias, sus pertenencias, a causa de la persecución que sufrirán por parte de los enemigos de la Santa Fe Católica. Sufre San José su Quinto Dolor, y llora en silencio, ofreciendo con mansedumbre su dolor al buen Dios.San José sufre, no solo por la suerte de su pequeño Hijito que, aun siendo Dios, está inerme y desprotegido, además de estar amenazado de muerte, y no sufre sólo porque la Madre del Niño y Esposa suya legal, debía abandonar su casa en Nazareth para poner a salvo a su Niño: San José sufre porque en el Niño neonato, perseguido y amenazado de muerte, están representados los Santos Mártires Inocentes, que morirán por causa de su Nombre cuando Herodes envíe a sus esbirros, buscando entre ellos al Hijo de Dios, sino que también están representados los cientos de millones de niños que, a lo largo de la historia de la humanidad, sufrirán muerte cruenta por medio del abominable crimen del aborto y por eso San José, mientras hace los preparativos para la fuga, llora en silencio y ofrece a su Hijo Dios su dolor.

Quinto Gozo: San José experimenta el Quinto Gozo porque en medio de las tribulaciones que significaban la huida a Egipto; la amenaza de muerte por parte de Herodes a su Niño Dios; el peligro de la travesía; el dirigirse a una tierra desconocida, como Egipto, en donde abundaban los ídolos, San José, sin embargo, tenía un gran consuelo, en medio de tanta pena, zozobra y dolor, y su consuelo era contemplar a su Niño y en su Niño, el rostro de Dios. San José sabía, por experiencia directa, que si bien Dios era invisible, ahora, por la Encarnación, se había hecho visible y es así como podía ver el Rostro de Dios en el Rostro de su Niño; sabía que Dios era Espíritu Puro, pero ahora, por la Encarnación, Dios Hijo se había encarnado, se había hecho Carne, y es por eso que cada vez que abrazaba y besaba a su Hijo, abrazaba y besaba a su Dios, el Dios que lo había creado, y que ahora, por la Encarnación, lo redimía y lo santificaba. La alegría que experimentaba San José, en la contemplación de Dios Hijo Encarnado, Jesucristo, compensaba todos los dolores, angustias, zozobras y tribulaciones que experimentaba por la Huida y a esta alegría se le añadía el ver cómo los ídolos de Egipto –en quienes está representados los ídolos de todas las naciones-, caían, uno tras otro, ante la Llegada del Único Dios Verdadero, Cristo Jesús. Así, San José nos enseña a confiar en Jesucristo y a acudir a Él, tanto más, cuanto más atribulados estemos, con la seguridad de que hallaremos consuelo en Él, que no nos abandona en ningún momento, aun cuando todo el mundo –incluidos los ángeles caídos- se vuelven en contra nuestra.

Oh santo custodio y vigilante de la Sagrada Familia de Nazareth, glorioso San José, por las tribulaciones que sufriste en tu tarea de procurar el alimento cotidiano al Hijo de Dios y sobre todo, en la Huida a Egipto, y por el gozo y la alegría que experimentaste al contemplar el Rostro de Dios en el rostro de tu Niño, te suplicamos por las familias que sufren dificultades y zozobras económicas, por las que son perseguidas por la fe y, sobre todo, por los niños por nacer, principalmente por los que serán abortados, para que sean llevados ante la Presencia del Dios Altísimo y adoren al Cordero por los siglos sin fin. Amén.


Padrenuestro, Ave y Gloria.

viernes, 13 de marzo de 2015

Los Siete Dolores y Gozos de San José - Quinto Dolor y Quinto Gozo de San José


Los dolores de San José son una participación a los dolores de la Cruz de su Hijo adoptivo Jesús; los gozos, son los gozos celestiales, y a todos los encontramos en la Sagrada Escritura. En preparación a su fiesta, el 19 de marzo, ofrecemos estas meditaciones, inspiradas en las ilustraciones del Santuario de Torreciudad. San Josemaría de Escrivá de Balaguer, entre otros santos, tenía gran devoción a San José.

Quinto Dolor y Quinto Gozo de San José

El Quinto Dolor de San José se origina a causa de un doble misterio de iniquidad: la malicia del corazón del hombre, azuzada y atizada por el demonio, puesto que Herodes quiere matar al Niño, tal como se lo advierte el ángel, apareciéndosele en sueños a San José: “El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt 2,13). Herodes quiere matar al Niño, porque se ha enterado de que ha nacido, y teme por su sucesión real, teme que el Niño sea nombrado rey en su lugar. Esto, que podría parecer un caso de intriga política y de palacios reales, es en realidad una continuación de la lucha entablada en el cielo entre el Demonio y Dios Trino, cuando el Demonio, en la ceguera que le provocaba su soberbia, dijo de sí mismo: “¡Yo soy como Dios!”, recibiendo al instante la respuesta de San Miguel Arcángel, quien con grito poderoso lo hizo callar diciendo. “¿Quién como Dios? ¡Nadie como Dios!”. Y fue en ese momento que “se entabló una lucha en los cielos”, peleando el Demonio y sus ángeles, contra San Miguel Arcángel y los ángeles de luz, y como dice el Apocalipsis, Satanás y los suyos “no prevalecieron” y ya “no hubo lugar para ellos” (cfr. Ap 7, 9), por lo que fueron expulsados del cielo para siempre, cayendo Satanás “como un rayo”, como lo vio Nuestro Señor Jesucristo (cfr. Lc 10, 18). Herodes quiere matar al Niño porque el Demonio se vale de su negro corazón y de sus mezquinas ambiciones políticas –por un poco de poder y de dinero, que no habrán de durarle más que unos pocos años, antes de tener que rendir cuentas a Dios en su Juicio particular-, no duda en intentar asesinar a un pobre niño recién nacido. La locura de Herodes y su desmedida sed de poder, lo lleva a cometer unos de los más atroces y brutales asesinatos en masa: la matanza de los Inocentes, porque da la orden de asesinar a todo niño menor de dos años, con la siniestra esperanza de que, entre todos esos niños muertos, se encuentre el Niño Dios, el Niño que, en su paranoia criminal, creía que habría de arrebatarle su trono. Es así entonces como este anuncio del ángel provoca a San José su Quinto Dolor, un dolor que le estruja el corazón y que lo lleva a tomar inmediatamente al Niño y a la Virgen para huir en dirección a Egipto, cumpliendo las disposiciones divinas. Al decidir huir a Egipto, con la Virgen que lleva al Niño en sus brazos, San José da cumplimiento a la escena descripta por el Apocalipsis: “La Mujer tomó en brazos a su hijo recién nacido y lo llevó al desierto, para que el Dragón no lo devorara apenas naciera” (cfr. Ap 12, 4-5). Hoy ya no está Herodes, pero sí existen los modernos Herodes, sus sucesores, quienes asesinan a los niños, inexplicablemente, a los niños en el vientre materno, pero también en las guerras, por la droga, por el crimen, por la pornografía. La locura asesina y el delirio paranoico de Herodes se continúa en sus modernos herederos, quienes asesinan a los niños por nacer, aunque estos no representen, en absoluto, ninguna amenaza de ningún tipo para sus vidas. Para estos modernos Herodes también hay un juicio particular esperándolos, un juicio que será inflexible y sin misericordia, si no cambian a tiempo. Pero en el Apocalipsis relata cómo el Dragón intenta matar a la Mujer y a su Hijo, vomitando un río de su boca, con el objetivo de ahogarlos, aunque no lo consigue, porque la tierra se abre y absorbe el agua del Dragón y porque a la Mujer se le dan “dos alas de águila” con las que “huye al desierto” para poner a salvo a su Hijo: “Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca” (Ap 12, 16-17) (…) “Y se le dieron a la mujer dos alas de águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto” (Ap 12, 14). Hoy el Dragón ahoga y mata la inocencia de los niños con un río de impureza, que no afecta solo al cuerpo, porque no se trata solo de la impureza de la pornografía, sino que el Dragón intenta ahogar la pureza de los niños, con el agua infecta del culto dedicado a él, y es así como promociona el satanismo, la brujería, las supersticiones de todo tipo y las sectas ocultistas, por medio de programas televisivos, espectáculos teatrales y películas de difusión masiva, en las que se enseña la magia y se presenta a la brujería, el acto de malicia más grande que una persona pueda realizar, como una cosa buena. Sin embargo, asi como al Niño Jesús San José lo puso a salvo, conduciéndolo con la Virgen, que lo llevaba en sus brazos, a Egipto, hoy también San José vela por los hijos de Dios, conduciéndolos a la Virgen, quien refugia a sus hijos en su Corazón Inmaculado, para preservarlos del vómito de impureza corporal y espiritual en el que el Dragón del infierno quiere hundirlos.
Luego del Quinto Dolor, sucede el Quinto Gozo: “Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dice el Señor por el profeta: ‘De Egipto llamé a mi hijo’” (Mt 2,15). No significa que San José se alegrara por la muerte de un ser humano, como Herodes; se alegra porque, con su muerte –la muerte, en este caso, es un hecho secundario-, finaliza la injusta persecución que Herodes había desencadenado contra su Hijo. Al alegrarse, no por la muerte de Herodes, sino porque con la muerte del tirano cesaba la injusta persecución contra su Hijo Dios, que merecía ser amado, adorado, bendecido y glorificado y no perseguido para ser asesinado, San José, hombre justo, se hace merecedor de una de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia” (Mt 5, 6). El Quinto Gozo de San José se produce entonces, con la muerte de Herodes, con lo cual el Rey de toda justicia, Jesucristo, puede regresar en paz a su tierra natal, para continuar con su misterio pascual de muerte y resurrección, misterio por el cual salvará a la humanidad cuando suba a la cruz y derrame su Sangre y entregue su Cuerpo como Víctima santa y pura. Con su Quinto Gozo, San José nos enseña a desear la justicia del Reino de Dios, que triunfa sobre toda injusticia humana, y a amar al Rey de justicia, Jesucristo, antes que a los (injustos) reyes de la tierra.

Oración para el Cuarto Dolor y Cuarto Gozo de San José

Oh Amado San José, vigilante y santo custodio del Hijo de Dios hecho hombre: por el dolor que sufriste al saber que Herodes quería matar al Niño, y por el gozo que te confortó al huir con Jesús y María a Egipto; te suplico me alcances dolor de mis pecados de escándalo, y el gozo de apartarme de las ocasiones de ofender a Dios para agradar a los hombres por respetos humanos. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.