San Expedito
es llamado “el santo de las causas urgentes” y es así que muchos acuden en su
día para pedirle por situaciones que necesitan verdaderamente una solución
urgente: la curación de una enfermedad grave, la solución de una situación
familiar seria, el conseguir un trabajo digno para una familia, etc.
Sin embargo,
son muchos los que se olvidan que la verdadera causa urgente, la más urgente
de todas, no es ninguna causa humana, por grave que sea; la verdadera causa
urgente, por la cual debemos pedir al santo, es la conversión del alma a Cristo
Jesús, como Él nos dice en el Evangelio: “Conviértanse, porque si no todos morirán”.
Es necesario convertir al alma al Señor Jesús y luego todo lo demás se dará por
añadidura: “Ocúpense del Reino de Dios y lo demás se dará por añadidura”.
¿Por qué
debemos, de forma urgente, convertirnos a Jesús?
Porque
Jesús es nuestro Dios y es quien nos juzgará, en el Amor, en el atardecer de
nuestras vidas, es decir, en el último día de nuestras vidas, en la hora de
nuestra muerte.
Debemos pensar
que esta vida es temporal, no es para siempre, solo dura lo que Dios ha
establecido desde la eternidad que dure para cada uno de nosotros. Ya está
fijado el día, la hora, el minuto y el segundo de nuestra muerte terrena, que
es el inicio de nuestra vida en la eternidad. Pero el inicio de nuestra vida en
la eternidad no significa que, una vez muertos, inmediatamente iremos al cielo;
eso no es doctrina católica: primero debemos ser juzgados en el Juicio
Particular y es Jesús quien nos juzgará y si es verdad que tendremos a la
Virgen por Abogada y Defensora, no debemos tentar a la Divina Misericordia,
postergando nuestra conversión.
San Expedito
es el santo de las causas urgentes porque él se convirtió inmediatamente,
apenas recibida la gracia de la conversión; abrazó la Cruz de Cristo, la
levantó en alto y con la fuerza de la Cruz aplastó la cabeza de la serpiente
disfrazada de cuervo y dijo: “Hoy, hoy me convierto, ya, ahora, empiezo a ser
hijo de Dios y no de las tinieblas”.
Pensemos
que seremos juzgados por el bien que pudimos hacer y no hicimos; por el mal que
hicimos; por el bien que hicimos pero no por la gloria de Dios, sino por
nuestra propia gloria, para que los hombres nos aplaudan y hablen bien de
nosotros, como los fariseos; seremos juzgados por el mal que pudimos evitar,
pero que por pereza, comodidad, apatía, no lo hicimos, permitiendo que el mal
predominara sobre el bien.
Si somos devotos de San Expedito, seamos verdaderos
devotos, lo imitemos en su virtud más grande, que es la rapidez con la cual él
se convirtió a Jesucristo, abrazando su Cruz y con la fuerza de la Cruz aplastando
la cabeza de la Serpiente Antigua. Hagamos esto, pidamos la verdadera causa
urgente, la conversión del corazón a los Sagrados Corazones de Jesús y María y
todas nuestras causas urgentes, según el tiempo y la voluntad santísima de
Dios, se nos darán por añadidura.

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