Nació
en la Tuscia y fue diácono de la Iglesia de Roma. En el año 440, León es
enviado por la emperatriz Galla Placidia a pacificar Galia. Pocos meses
después, muere el Papa Sixto III, y le sucede León, su consejero. El Papa León,
el 45 de la historia de la Iglesia, comenzó su ministerio petrino el 29 de
septiembre del 440. Fue defensor y promotor del Primado de Roma, y es Doctor de
la Iglesia.
Su
Pontificado duró 21 años y batió diversos récords, señala el santoral vaticano.
Primer Obispo de Roma que lleva el nombre de León. El primero en ser llamado
“Magno”, de quien nos ha llegado la predicación –casi 100 sermones y 150
cartas–. Uno de los dos Pontífices (el otro es san Gregorio Magno) que ha
recibido, por decisión de Benedicto XIV (1754), el título de “Doctor de la
Iglesia”.
Mensaje de santidad.
León
XIII se convirtió en papa durante los debates cristológicos del cristianismo
del siglo V. Mientras la Iglesia analizaba el mensaje del Evangelio a la luz de
la filosofía contemporánea, diferentes teólogos propusieron diversos modelos
para comprender a Jesucristo. La Iglesia católica intentó definir la
cristología ortodoxa, es decir, una explicación teológico-filosófica de quién y
qué es Cristo. Durante el pontificado de León XIII, la Iglesia convocó el
Concilio de Calcedonia en 451, uno de los concilios cristológicos más
importantes, ya que formuló el Credo de Calcedonia, que afirma que Cristo posee
“dos naturalezas [humana y divina] unidas de manera inconfundible, inmutable,
indivisible e inseparable en una sola persona”. Y esa Persona no es una persona
humana, sino la Persona Segunda de la Trinidad, el Hijo de Dios, el Verbo de
Dios. Esta verdad de fe fue declarada en el Primer Concilio de Nicea, del año
325, en el que los obispos formularon el Credo Niceno, declarando que Jesús es “Dios
verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, consubstancial (homoousios)
al Padre”. Por esta razón es que los católicos creemos firmemente que Cristo es
Dios. La fórmula de Calcedonia, como se la conoce, es el fundamento de la
ortodoxia católica hasta nuestros días.
Los
Concilios de Nicea (Persona Divina de Jesús) y de Calcedonia (en Jesús hay dos
naturalezas, humana y divina, unidas sin confusión, indivisibles e inseparables)
definen el dogma cristológico al declarar la Unión Hipostática: Jesús es una
sola persona divina con dos naturalezas (una divina y una humana) perfectas,
sin división ni confusión. Estos Concilios son a su vez el fundamento de
nuestra fe eucarística, porque en la Eucaristía se encuentra el mismo Cristo
Dios definido por estos Santos Concilios: en la Eucaristía se unen, en la Hipóstasis,
en la Persona divina del Hijo de Dios, las naturalezas divina y humana y así la
Eucaristía no es un pedacito de pan, sino Cristo Dios.

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