San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 9 de agosto de 2019

Santa Teresa Benedicta de la Cruz Stein



         Si hay  algo que caracteriza a Santa Edith Stein, es su amor por la verdad, esa Verdad que ella buscaba en los movimientos filosóficos y que no encontraba particularmente en la fenomenología. Pero el estar abierta a la Verdad Absoluta, esto es, el estar dispuesta a seguir la Verdad Absoluta allí donde la encontrase, es lo que caracteriza el alma de Edith Stein. Esto es sumamente importante en el itinerario de un alma hacia la conversión, porque abre el intelecto a la luz de la gracia, que es la que revela al hombre la Verdad Absoluta que es Cristo Jesús, el Hombre-Dios.
El Momento de la Conversión llegaría para Edith Stein de un modo particular, con ocasión de la muerte de un amigo muy cercano en el año 1921. En vez de encontrar una viuda desconsolada –Hedwig Conrad-, Edith Stein encontró a una mujer dolorida pero serena y esa serenidad se la daba su creencia, su fe, su religión, la religión católica[1]. Edith Stein ya había experimentado un cierto descontento con la filosofía fenomenológica[2], pues no era capaz de llenar su alma con la plenitud de la Verdad y eso era imposible que sucediera, porque la plenitud de la Verdad, la Verdad Absoluta en Sí misma, Increada, es Cristo Jesús. Santa Teresa Benedicta de la Cruz recibió la iluminación de su intelecto por la gracia, que la iluminó haciéndole saber que Cristo era Dios y la Verdad Absoluta de Dios, a través de la lectura –que le pasó la viuda Conrad- de la biografía de Santa Teresa de Ávila. Allí es cuando Santa Edith Stein encuentra lo que toda su vida había buscado, la Verdad Absoluta de Dios, Cristo Jesús, por eso, cuando terminó de leer la biografía de Santa Teresa de Ávila, dijo: “Ésta es la Verdad”. Y se adhirió desde ese momento a la Verdad Absoluta, Cristo Jesús, al punto de consagrarse como carmelita y luego morir mártir en Auschwitz.
Si alguien está buscando la Verdad Absoluta, con un espíritu sincero y humilde, tiene en Santa Teresa Benedicta de la Cruz a su mejor ejemplo y guía.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Santo Domingo de Guzmán y el Santo Rosario


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          ¿Cómo se originó el Rosario? El Rosario se debe a una aparición de la Madre de Dios a Santo Domingo de Guzmán en el año 1208: le enseñó a rezar el Rosario, le dijo que propagara esta devoción y que la utilizara como poderosa arma espiritual contra los enemigos de la fe.
¿Quién era Santo Domingo? Era un sacerdote español que fue al de Francia para combatir a una secta, la secta albigense, que enseñaba erróneamente el dualismo, es decir, la existencia de dos dioses, uno del bien, creador del mundo espiritual y otro del mal, creador de la materia. Como consecuencia, para los albigenses todo lo material, incluido el cuerpo, era malo: puesto que Jesús tuvo un cuerpo, “creado” por el dios malo, entonces Jesús no podía ser Dios. Otro error de esta herejía era que negaban todos los sacramentos, además de negar la maternidad divina de la Virgen y no reconocer al Papa como Vicario de Cristo.
La cuestión es que los Papas habían enviado, antes que Santo Domingo, a otros predicadores, buscando la conversión de los herejes y la erradicación de la herejía, pero sin obtener resultados. Santo Domingo, desde que llegó, se dedicó con todas sus fuerzas a combatir la herejía, mediante predicaciones, oraciones y sacrificios, pero sólo logró convertir a unos pocos, luego de varios años y mucho esfuerzo. Debido a esta situación y ya desanimado por los escasos resultados, Santo Domingo le pidió ayuda a la Virgen estando en el convento de Prouille, fundado por él para mujeres religiosas. Fue entonces que la Virgen se le apareció en la capilla, sosteniendo en su mano un Rosario, algo desconocido por el santo. Entonces la Virgen le enseñó al santo qué significaba y cómo se rezaba y le dijo que propagara su devoción por todo el mundo, puesto que era una poderosa arma espiritual con la que lograría rotundos éxitos contra los enemigos de la fe: la Virgen le prometió que por medio del Rosario, muchos pecadores se convertirían y obtendrían abundantes gracias. Fue esto lo que hizo Santo Domingo y, luego de un tiempo, había logrado la conversión de numerosos albigenses a la verdadera fe católica.
Las promesas de la Virgen María a los que recen devotamente el Santo Rosario.
Luego de la conversión de los albigenses y de la derrota de la herejía, Santo Domingo fundó la Orden de los Predicadores, conocidos como dominicos, quienes predicaban con mucho celo, extendiéndose a varios países y llevando el Santo Rosario como oración predilecta. Sin embargo, al cabo de dos siglos, el fervor y la devoción parecían estar disminuyendo, por lo que la Santísima Virgen se apareció nuevamente, esta vez al Beato Alano de la Rupe, para que reviviera la devoción al Santo Rosario. La Virgen le dijo también que obtendrían tantos milagros, que habrían de necesitar muchos volúmenes para registrarlos a todos. Además, reiteró las promesas que había dado a Santo Domingo para quien rezara el Rosario. Estas promesas, según el Beato Alano de la Rupe, son las siguientes:
1.   Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
2.   Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
3.   El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.
4.   El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
5.   El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
6.   El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.
7.   Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
8.   Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
9.   Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos       tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.
14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
15. La devoción al Santo rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.
La Virgen del Santo Rosario, ¡Auxilio de los Cristianos!
El rezo del Rosario por parte de una Europa entonces católica y practicante, la libró de numerosos enemigos y peligros, principalmente, de las invasiones musulmanas. Si estas se concretaban, la Europa católica desaparecería y con ella la Cristiandad, por lo que en ese entonces era mucho lo que estaba en juego. Pero gracias a la valentía de los católicos y al rezo del Rosario, impulsado por varios Papas en distintas épocas, Europa salió triunfante en su lucha contra los musulmanes. Es por todos sabida la Historia: los Musulmanes se proponían hacer desaparecer, a punta de espada, el cristianismo: ya habían tomado Tierra Santa, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y España. En esas extensas regiones el cristianismo era perseguido, y muchos mártires derramaron su sangre, muchas diócesis desaparecieron completamente. Después de 700 años de lucha por la reconquista, España y Portugal pudieron librarse del dominio musulmán. Esa lucha comenzó a los pies de la Virgen de Covadonga y culminó con la conquista de Granada, cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, pudieron definitivamente expulsar a los moros de la península en el 1492. ¡La importancia de esta victoria es incalculable ya que en ese mismo año ocurre el descubrimiento de América y la fe se comienza a propagar en el nuevo continente!
Otro gran triunfo que se atribuye al rezo del Rosario es la denominada “Batalla de Lepanto”: en tiempos del Santo Padre Pío V (1566 - 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente. El Papa pidió ayuda pero no le hicieron mucho caso hasta que el peligro se hizo muy real y la invasión era certera. El 17 de septiembre de 1569 pidió que se rezase el Santo Rosario. El 7 de octubre de 1571 se encontraron las dos flotas, la cristiana y la musulmana, en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. La flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia, Génova y España y comandada por Don Juan de Austria entró en batalla contra un enemigo muy superior en número y buques de guerra. Se jugaba el destino de la Europa cristiana. Antes del ataque, las tropas cristianas rezaron el Santo Rosario con mucha devoción. La batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos.
Mientras la batalla transcurría, en Roma el Papa recitaba el Rosario en su capilla. En eso, el Papa salió de su capilla y, por aparente inspiración, anunció a todos los presentes y con gran calma que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos. Semanas más tarde llegó el finalmente el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria, quien, desde un principio, atribuyó el triunfo cristiano a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario. Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos". Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario.
Otros triunfos atribuidos al Rosario son el sitio de Viena y la batalla de Temevar (en la actual Rumania).
Podemos decir que todas estas victorias católicas, así como el descubrimiento del Nuevo Continente y la difusión de la fe, se deben, en gran medida, al rezo del Santo Rosario y es la razón por la cual todos los Pontífices han sido grandes devotos del Rosario, recomendando su oración en todo momento. También en las apariciones marianas, el pedido del rezo del Rosario es una constante, que está presente en todas las apariciones. Por último, en la actualidad la Iglesia, tanto en Europa como en todo el mundo, atraviesa una gran crisis, sobre todo de fe, por lo que debemos volver a rezar el Santo Rosario con el fervor de los grandes santos como Santo Domingo, para así obtener resonantes triunfos contra los enemigos espirituales que nos acechan.


viernes, 2 de agosto de 2019

El Sagrado Corazón y las tres armas para la lucha espiritual



         En el libro de Job se dice: “Lucha es la vida del hombre sobre la tierra”[1], es decir, esta vida no es para “pasarla bien”, sino para luchar, pero no para luchar por causas ideológicas, sino para luchar para salvar el alma de la eterna condenación y así entrar en el cielo. Para lograr este objetivo, el Sagrado Corazón le dio a Santa Margarita María de Alacquoque tres armas espirituales: una conciencia despierta que detecte el pecado y desee la gracia; la obediencia a los superiores y, por último, la Santa Cruz[2].
         Con relación a la primera arma, Jesús le revela a Santa Margarita el valor que tiene una conciencia delicada, porque por la conciencia delicada, el alma se da cuenta que por la gracia está delante de Dios y que si falta a la gracia, si comete pecado, sale de la presencia de Dios y lo ofende. Dice así Jesús: “Sabed que soy un Maestro santo, y enseño la santidad. Soy puro, y no puedo sufrir la más pequeña mancha. Por lo tanto, es preciso que andes en mi presencia con simplicidad de corazón en intención recta y pura. Pues no puedo sufrir el menor desvío, y te daré a conocer que si el exceso de mi amor me ha movido a ser tu Maestro para enseñarte y formarte en mi manera y según mis designios, no puedo soportar las almas tibias y cobardes, y que si soy manso para sufrir tus flaquezas, no seré menos severo y exacto en corregir tus infidelidades”. Entonces, cuando estemos en falta, acudamos a la confesión, porque estar en gracia es el equivalente a estar en la gloria en el Reino de los cielos, contemplando a Dios cara a cara.
         Con relación a la segunda arma, la santa obediencia, Jesús le hace ver a Margarita el valor de la obediencia, porque así lo imita a Él que, por obediencia, se encarnó y murió en la cruz. De otra manera, desobedeciendo, el alma se asemeja más al Ángel Desobediente, el Demonio, que por no querer obedecer la orden de amar y adorar a Dios Trino, perdió el cielo para siempre. Todos tenemos un superior a quien obedecer, incluso el Papa, pues tiene que obedecer a Dios, de manera que todos tenemos y debemos utilizar esta arma espiritual de la obediencia, que nos acerca y nos hace imitar al Sagrado Corazón de Jesús.
Por último, la tercera arma espiritual, la Santa Cruz, la más importante de todas, porque sin Cruz no hay Jesús y sin Jesús no hay Cielo ni salvación. Si Jesús, el Hijo de Dios, pasó de esta vida a la otra por medio de la Cruz, entonces todo el que quiera ir al Cielo, lo debe hacer por medio de la Cruz. Sin la Cruz de Jesús, es imposible, de toda imposibilidad, llegar al Cielo.
Practiquemos estas tres armas espirituales que nos da el Sagrado Corazón –conciencia delicada, santa obediencia, Santa Cruz- para poder obtener el triunfo más importante de nuestras vidas, la salvación de nuestras almas y evitar la eterna condenación.

jueves, 1 de agosto de 2019

San Alfonso María de Ligorio y María Reina de Misericordia



San Alfonso nos anima a tener una gran confianza en María[1], aun cuando el alma sea la más pecadora de entre todas las almas pecadoras, porque María es Reina de Misericordia. Dice así citando a San Bernardo: “Pregunta San Bernardo: ¿Por qué la Iglesia llama a María reina de misericordia? Y responde: “Porque ella abre los caminos insondables de la misericordia de Dios a quien quiere, cuando quiere y como quiere, porque no hay pecador, por enormes que sean sus pecados, que se pierda si María lo protege”. Es decir, la Virgen, Mediadora de todas las gracias, decide cómo y cuándo conceder las gracias necesarias al pecador para que éste regrese lo antes posible a la vida de la gracia. Dice San Alfonso que no debe atemorizar al pecador la magnificencia real de esta reina, porque cuanto más elevada es esta reina, más inclinada está al pecador: “Pero ¿podremos temer que María se desdeñe de interceder por algún pecador al verlo demasiado cargado de pecados? ¿O nos asustará, tal vez, la majestad y santidad de esta gran reina? No, dice san Gregorio; cuanto más elevada y santa es ella, tanto más es dulce y piadosa con los pecadores que quieren enmendarse y a ella acuden” (…).
Puede suceder que los hombres poderosos infundan temor entre aquellos humildes, pero esto no es así con María, quien es la Omnipotencia Suplicante y la Reina de cielos y tierra: “Dice san Bernardo: ¿Qué temor pueden tener los miserables de acercarse a esta reina de misericordia si ella no tiene nada que aterrorice ni nada de severo para quien va en su busca, sino que se manifiesta toda dulzura y cortesía? ¿Por qué ha de temer la humana fragilidad acercarse a María? En ella no hay nada de austero ni terrible. Es todo suavidad ofreciendo a todos leche y lana”.
María no sólo protege contra la ira divina, sino que nos ofrece el consuelo de la misericordida divina: “María no sólo otorga dones, sino que ella misma nos ofrece a todos la leche de la misericordia para animarnos a tener suma confianza y la lana de su protección para embriagarnos contra los rayos de la divina justicia”.
La Virgen no solo no puede mentir, sino que no puede dejar a nadie que acude a Ella, marcharse sin el consuelo de la misericordia, por más miserable que sea y deben acudir a Ella por lo tanto no solo los pecadores, sino los más pecadores y miserables de todos, sin temor a ser rechazados por Ella: “A diferencia de los poderosos de la tierra, nuestra reina no puede mentir y puede obtener cuanto quiera para sus devotos. Tiene un corazón tan piadoso y benigno, que no puede sufrir el dejar descontento a quien le ruega. “Es tan benigna –dice Luis Blosio- que no deja que nadie se marche triste”. Pero ¿cómo puedes, oh María –le pregunta san Bernardo-, negarte a socorrer a los miserables cuando eres la reina de la misericordia? ¿Y quiénes son los súbditos de la misericordia sino los miserables? Tú eres la reina de la misericordia, y yo, el más miserable pecador, soy el primero de tus vasallos. Por tanto reina sobre nosotros, oh reina de la misericordia”.
Porque la Virgen es la reina de la misericordia, es que el alma, aun la más miserable y pecadora, no debe tener temor en acercársele, ya que Ella sólo quiere la salvación de sus hijos, sobre todo los más alejados: “Tú eres la reina de la misericordia y yo el pecador más miserable de todos; por tanto, si yo soy el principal de tus súbditos, tú debes tener más cuidado de mí que de todos los demás. Ten piedad de nosotros, reina de la misericordia, y procura nuestra salvación. Y no nos digas, Virgen santa, parece decirle Jorge de Nicomedia, que no puedes ayudarnos por culpa de la multitud de nuestros pecados, porque tienes tal poder y piedad que excede a todas las culpas imaginables”.
Si el pecado tiene una gran fuerza, es todavía más fuerte la misericordia de esta reina, a la cual el Hijo nada puede negarle, porque el Hijo le está agradecido el haberle dado la Virgen de su substancia humana cuando estaba en el seno materno: “Nada resiste a tu poder, pues tu gloria el Creador la estima como propia, pues eres su madre. Y el Hijo, gozando con tu gloria, como pagándose una deuda, da cumplimiento a todas tus peticiones. Quiere decir que si bien María tiene una deuda infinita con su Hijo por haberla elegido como su madre, sin embargo, no puede negarse que también el Hijo está sumamente agradecido a esta Madre por haberle dado el ser humano; por lo cual Jesús, como por recompensar cuanto debe a María, gozando con su gloria, la honra especialmente escuchando siempre todas su plegarias”.
Por esto mismo, aun cuando estemos cargados de pecados; aun cuando nos consideremos y seamos los más grandes pecadores del mundo, no dejemos de recurrir a María, Reina de Misericordia, y Ella colmará nuestra alma con la paz y el Amor de Dios y nos hará regresar al camino de la gracia.

miércoles, 31 de julio de 2019

San Ignacio de Loyola y el discernimiento de espíritus



         San Ignacio afirmaba que nuestros pensamientos podían provenir de tres fuentes distintas: de nosotros mismos, de Dios o del Demonio. ¿Cómo saber de dónde provienen? ¿Cómo distinguirlos a unos de otros? Para distinguir su procedencia, el santo aplicaba la siguiente regla: si los pensamientos tenían un origen bueno, un medio bueno y un fin bueno, era señal inequívoca que venía de Dios y por lo tanto había que aceptarlo sin más; si el pensamiento tenía un origen bueno, pero un medio malo y un fin malo, era señal que provenía, o de nosotros mismos, o del mal espíritu, es decir, del Demonio y por lo tanto, había que rechazarlos inmediatamente.
         Ahora bien, ¿cómo saber de qué manera hacer un buen discernimiento? San Ignacio propone las “Reglas de discernimiento”, para distinguir cómo operan el buen espíritu y el mal espíritu, para aceptar las buenas mociones y rechazar las malas y así elegir y proceder bien.
¿Cómo opera el buen  espíritu?[1] Existen dos reglas básicas, según San Ignacio:
1.ª regla: A las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, acostumbra comúnmente el mal espíritu proponerles placeres aparentes, haciendo imaginar deleites y placeres sensuales, para conservarlas y hacerlas prosperar en sus vicios y pecados; en estas personas el buen espíritu actúa del modo contrario, haciéndoles sentir remordimiento en su conciencia por medio de la razón.
2.ª regla. A las personas que van purificándose de sus pecados, y en el servicio de Dios nuestro Señor ven de bien en mejor, pasa lo contrario de la primera regla; porque entonces propio es del mal espíritu morder, entristecer y poner impedimentos, inquietando con falsas razones, para que la persona no siga adelante; y propio del buen espíritu dar ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando las cosas y quitando todo impedimento, para que en el bien obrar proceda adelante.
¿Cómo opera el mal espíritu? Existen tres reglas básicas:
1.ª regla: el enemigo se hace como aquella persona que es violenta por inclinación pero que cede al que le hace frente. Esta persona al pelear con uno, huye cuando uno la enfrenta, pero si uno huye de aquella persona y comienza a desanimarse, la ira, venganza y ferocidad de la persona crecen sin medida. De la misma manera, el enemigo se caracteriza por mostrarse débil cuando uno se ejercita espiritualmente y enfrenta con firmeza las tentaciones haciendo lo diametralmente opuesto. Por el contrario, si uno tiene temor, no hay bestia tan fiera sobre la tierra como este enemigo, el que prosigue entonces su perversa intención de alejarnos de la voluntad de Dios con su inmensa maldad.
2.ª regla: el mal espíritu se hace también como un galán mentiroso que quiere ser secreto y no descubierto. Cuando éste habla con malas intenciones a la hija de un buen padre o a la mujer de un buen marido, quiere que sus palabras e insinuaciones queden secretas y se disgusta mucho si, al contrario, la hija habla a su padre o la mujer a su marido, descubriéndolo en sus mentiras porque sabe que no podrá continuar lo que emprendió. De esta misma manera, cuando el malo se acerca a una persona buena con astucias quiere que sus intenciones sean recibidas en secreto, pero cuando la persona las descubre a su confesor o a otra persona que sepa de los engaños del malo, se molesta mucho y huye.
3.ª regla: el mal espíritu se parece también a un caudillo, para dominar y robar lo que desea. Un caudillo, mirando las fuerzas y el dispositivo de defensa de una fortaleza, la ataca por su parte más débil. De la misma manera, el mal espíritu nos mira todas nuestras virtudes y donde encuentra la más débil, nos ataca.
         La regla de discernimiento de espíritus de San Ignacio es sumamente importante y necesaria y puede ser aplicada en todo momento y en todo tipo de asuntos, desde los menos hasta los más importantes. Si seguimos esta regla, estaremos seguros de que siempre cumpliremos la voluntad de Dios, pues es de Dios todo lo que comienza bien, sigue bien y termina bien. El discernimiento de espíritus es necesario, ante todo, para determinar cuál es el camino correcto para la salvación del alma, que es el buen y el mejor final de todo inicio de pensamiento.

viernes, 26 de julio de 2019

Santos Joaquín y Ana



Vida de santidad[1].

Una antigua tradición del siglo II atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María, quienes vienen a ser en consecuencia los abuelos de Jesús. Así como a los abuelos se los ama por ser los ancestros de los padres, así en la Iglesia la devoción a los abuelos de Jesús es estableció como una prolongación natural al cariño y veneración que los cristianos demostraron siempre a la Madre de Dios.
Santa Ana, la madre de nuestra Señora, la Virgen María, nació en Belén, pero la Sagrada Escritura nada nos dice de la santa. Todo lo que sabemos es por la Tradición y se encuentra en el evangelio apócrifo de Santiago, según el cual se casó a los veinticuatro años de edad con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret, descendiente de la familia real de David.
Joaquín y Ana vivían en Nazaret y, según la tradición, eran caritativos y piadosos, ya que dividían sus rentas anuales en tres partes: una parte la destinaban a los gastos de la familia, otra al templo y la tercera a los más necesitados. Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba, lo cual constituía un problema entre los hebreos, pues ellos consideraban a la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo. Tanto es así, que a quienes no tenían hijos se los menospreciaba y en la calle se les negaba el saludo. Incluso en el templo, Joaquín oía murmurar sobre ellos, como si fueran indignos de entrar en la casa de Dios a causa de no tener hijos. Por esta razón Joaquín, muy dolorido, se retiró al desierto, para realizar penitencias y oraciones y así obtener la tan ansiada paternidad; a su vez, Ana intensificó también sus ruegos, ayunos y penitencias, implorando la gracia de tener un hijo. Ana se reconfortaba recordando a la otra Ana de las Escrituras, referida en el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y así llegó su hijo Samuel, quien más tarde sería un gran profeta.
Finalmente, la oración de estos dos grandes santos fue escuchada y fue así que Joaquín y Ana vieron premiados sus esfuerzos y devociones, con el advenimiento de una hija singular, María. Lo que no sabían era que su hija estaba destinada a ser la Virgen y la Madre del Salvador, al ser concebida sin pecado original.

Mensaje de santidad.

         La antífona de la misa de hoy dice: “Alabemos a Joaquín y Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos”. En esta antífona se expresa la magnitud de la bendición que Dios otorgó a Joaquín y Ana, una bendición que supera todo lo imaginable, porque debemos saber que, aunque Joaquín y Ana eran personas piadosas y devotas, la bendición que obtuvieron al recibir una niña como la Virgen María no se debió a que ellos eran devotos y piadosos: la bendición de una hija como la Virgen excede infinitamente la recompensa que Dios pueda dar a unos padres piadosos. Se debió, en realidad, a que Dios ya había destinado, desde la eternidad, que Joaquín y Ana tuvieran por hija nada menos que a la Virgen y a la Madre de Dios, la Mujer del Génesis, la Mujer del Calvario, la Mujer revestida de sol, que estaba destinada a aplastar la cabeza de la Serpiente y a ser la Corredentora de los hombres junto a su Hijo. Y esto supera infinitamente todo lo que Joaquín y Ana podían esperar.

miércoles, 24 de julio de 2019

Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrono de España



El Apóstol Santiago a caballo o Santiago Matamoros 
(Museo del Prado)

         Vida de santidad[1].

         Fue uno de los 12 apóstoles del Señor. Era hermano de San Juan evangelista. Se le llamaba el Mayor, para distinguirlo del otro apóstol, Santiago el Menor, que era más joven que él.
Santiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro: junto con ellos presenció la primera pesca milagrosa –luego de la cual dejó las redes y se dispuso a seguir al Señor-; junto con Pedro y Juan fueron los únicos testigos de la Transfiguración en el Tabor y luego de su Oración en el Huerto de Getsemaní, además de presenciar la gran mayoría de sus milagros. Dice San Juan Crisóstomo que lo prefería tanto porque era “el más atrevido y valiente para declararse amigo y seguidor del Redentor”; otra causa es porque iba a ser el primero que derramaría su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.
Santiago y Juan fueron protagonistas de un episodio del Evangelio: al dirigirse a Jerusalén, unos habitantes de Samaria no quisieron hospedarlos por este motivo, porque se dirigían a Jerusalén, por lo que Santiago y Juan le pidieron permiso a Jesús para que lloviera fuego del cielo, pero Jesús los reprendió y siguieron la marcha: no habían entendido que Jesús había venido a traer otro fuego del cielo, el fuego del Espíritu Santo, un fuego que no destruye ni provoca dolor, sino gozo y alegría de Dios.
En otro episodio, Santiago y Juan le pidieron a Jesús, por medio de su madre, los primeros puestos en la gloria del cielo, a lo que Jesús les respondió si ellos eran capaces de beber del cáliz que Él iba a beber, es decir, de participar de su Pasión y ambos dijeron al unísono: “Podemos”, con lo cual demostraban que amaban tanto a Jesús, que estaban dispuestos a seguirlo hasta la muerte, incluso, hasta la muerte de cruz. 
Después de la Ascensión de Jesús, el rey Herodes Agripa tomó la decisión de exterminar a los seguidores de Cristo y para ello comenzó con la decapitación de Santiago y el encarcelamiento de Pedro. Así Santiago tuvo el grandísimo honor de ser el primero de los Apóstoles en derramar su sangre por Cristo y su Evangelio, lo cual le mereció el premio eterno en los cielos.
Según tradiciones que datan del siglo VI, se dice que Santiago, en su afán apostólico y evangelizador, llegó incluso a ir hasta España a proclamar la Buena Noticia de Jesucristo. Desde el siglo IX se cree que su cuerpo se encuentra en la catedral de Compostela (norte de España), santuario al cual acuden cientos de miles de peregrinos de todo el mundo y de todos los tiempos, consiguiendo enormes milagros y favores del cielo[2].
Santiago es Patrono de España y de su caballería, luego de que en una batalla por la Reconquista de España[3], el Apóstol se apareciera montado en un caballo blanco y blandiendo su espada contra los musulmanes. Desde entonces, el grito de guerra de los españoles es: “¡Santiago y cierra, España!”[4]. (cierra en formación de combate).

         Mensaje de santidad.

         Santiago Apóstol no solo fue uno de los que más amó a Jesús, sino también uno de los que mejor comprendió el mensaje de Jesús: esta vida es solo una prueba para la vida eterna.
         Lo comprendió cuando, dejándolo todo, lo siguió a Jesús para anunciar el Reino de los cielos; lo comprendió cuando, después de querer incinerar a los samaritanos, entendió que Jesús venía a traer fuego, sí, pero el Fuego del Amor de Dios, el Espíritu Santo; lo comprendió cuando, junto a su hermano, se dispuso con todo su corazón y toda su alma a “beber el cáliz de la Pasión” y así participar de la Pasión de Jesús; lo comprendió cuando luego de la Ascensión, fue a misionar a tierras desconocidas, que en ese entonces eran el fin del mundo, la actual España. Finalmente, desde el cielo, Santiago Apóstol nos ayuda a luchar contra herejes y mahometanos y, puesto que como hispanoamericanos somos también España, decimos: “¡Santiago y cierra, España!”.


[2] El historiador Pérez de Urbel dice que lo que hay en Santiago de Compostela son unas reliquias, o sea restos del Apóstol, que fueron llevados allí desde Palestina.
[4]¡Santiago y cierra, España! es un lema perteneciente a la tradición cultural española, inspirado en un grito de guerra pronunciado por las tropas cristianas durante la Reconquista, en batallas como la de Navas de Tolosa y las españolas del Imperio y de época moderna antes de cada carga en ofensiva. En el corpus impreso del español aparece citado en el siglo xvii, en poemas y dramas de carácter histórico (…)El significado de la frase es, por una parte, invocar al apóstol Santiago, patrón de España y también llamado Santiago Matamoros, y por otro, la orden militar cierra, que en términos militares significa trabar combate, embestir o acometer; «cerrar» la distancia entre uno y el enemigo. Cierra también hace referencia a cerrar filas, para que nadie abandone su puesto en combate y que las líneas de defensa queden huecos que el enemigo pudiera atravesar. El vocativo España, al final, hace referencia al destinatario de la frase: las tropas españolas”; cfr. https://es.wikipedia.org/wiki/%C2%A1Santiago_y_cierra,_Espa%C3%B1a!.