San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

jueves, 1 de agosto de 2019

San Alfonso María de Ligorio y María Reina de Misericordia



San Alfonso nos anima a tener una gran confianza en María[1], aun cuando el alma sea la más pecadora de entre todas las almas pecadoras, porque María es Reina de Misericordia. Dice así citando a San Bernardo: “Pregunta San Bernardo: ¿Por qué la Iglesia llama a María reina de misericordia? Y responde: “Porque ella abre los caminos insondables de la misericordia de Dios a quien quiere, cuando quiere y como quiere, porque no hay pecador, por enormes que sean sus pecados, que se pierda si María lo protege”. Es decir, la Virgen, Mediadora de todas las gracias, decide cómo y cuándo conceder las gracias necesarias al pecador para que éste regrese lo antes posible a la vida de la gracia. Dice San Alfonso que no debe atemorizar al pecador la magnificencia real de esta reina, porque cuanto más elevada es esta reina, más inclinada está al pecador: “Pero ¿podremos temer que María se desdeñe de interceder por algún pecador al verlo demasiado cargado de pecados? ¿O nos asustará, tal vez, la majestad y santidad de esta gran reina? No, dice san Gregorio; cuanto más elevada y santa es ella, tanto más es dulce y piadosa con los pecadores que quieren enmendarse y a ella acuden” (…).
Puede suceder que los hombres poderosos infundan temor entre aquellos humildes, pero esto no es así con María, quien es la Omnipotencia Suplicante y la Reina de cielos y tierra: “Dice san Bernardo: ¿Qué temor pueden tener los miserables de acercarse a esta reina de misericordia si ella no tiene nada que aterrorice ni nada de severo para quien va en su busca, sino que se manifiesta toda dulzura y cortesía? ¿Por qué ha de temer la humana fragilidad acercarse a María? En ella no hay nada de austero ni terrible. Es todo suavidad ofreciendo a todos leche y lana”.
María no sólo protege contra la ira divina, sino que nos ofrece el consuelo de la misericordida divina: “María no sólo otorga dones, sino que ella misma nos ofrece a todos la leche de la misericordia para animarnos a tener suma confianza y la lana de su protección para embriagarnos contra los rayos de la divina justicia”.
La Virgen no solo no puede mentir, sino que no puede dejar a nadie que acude a Ella, marcharse sin el consuelo de la misericordia, por más miserable que sea y deben acudir a Ella por lo tanto no solo los pecadores, sino los más pecadores y miserables de todos, sin temor a ser rechazados por Ella: “A diferencia de los poderosos de la tierra, nuestra reina no puede mentir y puede obtener cuanto quiera para sus devotos. Tiene un corazón tan piadoso y benigno, que no puede sufrir el dejar descontento a quien le ruega. “Es tan benigna –dice Luis Blosio- que no deja que nadie se marche triste”. Pero ¿cómo puedes, oh María –le pregunta san Bernardo-, negarte a socorrer a los miserables cuando eres la reina de la misericordia? ¿Y quiénes son los súbditos de la misericordia sino los miserables? Tú eres la reina de la misericordia, y yo, el más miserable pecador, soy el primero de tus vasallos. Por tanto reina sobre nosotros, oh reina de la misericordia”.
Porque la Virgen es la reina de la misericordia, es que el alma, aun la más miserable y pecadora, no debe tener temor en acercársele, ya que Ella sólo quiere la salvación de sus hijos, sobre todo los más alejados: “Tú eres la reina de la misericordia y yo el pecador más miserable de todos; por tanto, si yo soy el principal de tus súbditos, tú debes tener más cuidado de mí que de todos los demás. Ten piedad de nosotros, reina de la misericordia, y procura nuestra salvación. Y no nos digas, Virgen santa, parece decirle Jorge de Nicomedia, que no puedes ayudarnos por culpa de la multitud de nuestros pecados, porque tienes tal poder y piedad que excede a todas las culpas imaginables”.
Si el pecado tiene una gran fuerza, es todavía más fuerte la misericordia de esta reina, a la cual el Hijo nada puede negarle, porque el Hijo le está agradecido el haberle dado la Virgen de su substancia humana cuando estaba en el seno materno: “Nada resiste a tu poder, pues tu gloria el Creador la estima como propia, pues eres su madre. Y el Hijo, gozando con tu gloria, como pagándose una deuda, da cumplimiento a todas tus peticiones. Quiere decir que si bien María tiene una deuda infinita con su Hijo por haberla elegido como su madre, sin embargo, no puede negarse que también el Hijo está sumamente agradecido a esta Madre por haberle dado el ser humano; por lo cual Jesús, como por recompensar cuanto debe a María, gozando con su gloria, la honra especialmente escuchando siempre todas su plegarias”.
Por esto mismo, aun cuando estemos cargados de pecados; aun cuando nos consideremos y seamos los más grandes pecadores del mundo, no dejemos de recurrir a María, Reina de Misericordia, y Ella colmará nuestra alma con la paz y el Amor de Dios y nos hará regresar al camino de la gracia.

miércoles, 31 de julio de 2019

San Ignacio de Loyola y el discernimiento de espíritus



         San Ignacio afirmaba que nuestros pensamientos podían provenir de tres fuentes distintas: de nosotros mismos, de Dios o del Demonio. ¿Cómo saber de dónde provienen? ¿Cómo distinguirlos a unos de otros? Para distinguir su procedencia, el santo aplicaba la siguiente regla: si los pensamientos tenían un origen bueno, un medio bueno y un fin bueno, era señal inequívoca que venía de Dios y por lo tanto había que aceptarlo sin más; si el pensamiento tenía un origen bueno, pero un medio malo y un fin malo, era señal que provenía, o de nosotros mismos, o del mal espíritu, es decir, del Demonio y por lo tanto, había que rechazarlos inmediatamente.
         Ahora bien, ¿cómo saber de qué manera hacer un buen discernimiento? San Ignacio propone las “Reglas de discernimiento”, para distinguir cómo operan el buen espíritu y el mal espíritu, para aceptar las buenas mociones y rechazar las malas y así elegir y proceder bien.
¿Cómo opera el buen  espíritu?[1] Existen dos reglas básicas, según San Ignacio:
1.ª regla: A las personas que van de pecado mortal en pecado mortal, acostumbra comúnmente el mal espíritu proponerles placeres aparentes, haciendo imaginar deleites y placeres sensuales, para conservarlas y hacerlas prosperar en sus vicios y pecados; en estas personas el buen espíritu actúa del modo contrario, haciéndoles sentir remordimiento en su conciencia por medio de la razón.
2.ª regla. A las personas que van purificándose de sus pecados, y en el servicio de Dios nuestro Señor ven de bien en mejor, pasa lo contrario de la primera regla; porque entonces propio es del mal espíritu morder, entristecer y poner impedimentos, inquietando con falsas razones, para que la persona no siga adelante; y propio del buen espíritu dar ánimo y fuerzas, consolaciones, lágrimas, inspiraciones y quietud, facilitando las cosas y quitando todo impedimento, para que en el bien obrar proceda adelante.
¿Cómo opera el mal espíritu? Existen tres reglas básicas:
1.ª regla: el enemigo se hace como aquella persona que es violenta por inclinación pero que cede al que le hace frente. Esta persona al pelear con uno, huye cuando uno la enfrenta, pero si uno huye de aquella persona y comienza a desanimarse, la ira, venganza y ferocidad de la persona crecen sin medida. De la misma manera, el enemigo se caracteriza por mostrarse débil cuando uno se ejercita espiritualmente y enfrenta con firmeza las tentaciones haciendo lo diametralmente opuesto. Por el contrario, si uno tiene temor, no hay bestia tan fiera sobre la tierra como este enemigo, el que prosigue entonces su perversa intención de alejarnos de la voluntad de Dios con su inmensa maldad.
2.ª regla: el mal espíritu se hace también como un galán mentiroso que quiere ser secreto y no descubierto. Cuando éste habla con malas intenciones a la hija de un buen padre o a la mujer de un buen marido, quiere que sus palabras e insinuaciones queden secretas y se disgusta mucho si, al contrario, la hija habla a su padre o la mujer a su marido, descubriéndolo en sus mentiras porque sabe que no podrá continuar lo que emprendió. De esta misma manera, cuando el malo se acerca a una persona buena con astucias quiere que sus intenciones sean recibidas en secreto, pero cuando la persona las descubre a su confesor o a otra persona que sepa de los engaños del malo, se molesta mucho y huye.
3.ª regla: el mal espíritu se parece también a un caudillo, para dominar y robar lo que desea. Un caudillo, mirando las fuerzas y el dispositivo de defensa de una fortaleza, la ataca por su parte más débil. De la misma manera, el mal espíritu nos mira todas nuestras virtudes y donde encuentra la más débil, nos ataca.
         La regla de discernimiento de espíritus de San Ignacio es sumamente importante y necesaria y puede ser aplicada en todo momento y en todo tipo de asuntos, desde los menos hasta los más importantes. Si seguimos esta regla, estaremos seguros de que siempre cumpliremos la voluntad de Dios, pues es de Dios todo lo que comienza bien, sigue bien y termina bien. El discernimiento de espíritus es necesario, ante todo, para determinar cuál es el camino correcto para la salvación del alma, que es el buen y el mejor final de todo inicio de pensamiento.

viernes, 26 de julio de 2019

Santos Joaquín y Ana



Vida de santidad[1].

Una antigua tradición del siglo II atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María, quienes vienen a ser en consecuencia los abuelos de Jesús. Así como a los abuelos se los ama por ser los ancestros de los padres, así en la Iglesia la devoción a los abuelos de Jesús es estableció como una prolongación natural al cariño y veneración que los cristianos demostraron siempre a la Madre de Dios.
Santa Ana, la madre de nuestra Señora, la Virgen María, nació en Belén, pero la Sagrada Escritura nada nos dice de la santa. Todo lo que sabemos es por la Tradición y se encuentra en el evangelio apócrifo de Santiago, según el cual se casó a los veinticuatro años de edad con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret, descendiente de la familia real de David.
Joaquín y Ana vivían en Nazaret y, según la tradición, eran caritativos y piadosos, ya que dividían sus rentas anuales en tres partes: una parte la destinaban a los gastos de la familia, otra al templo y la tercera a los más necesitados. Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba, lo cual constituía un problema entre los hebreos, pues ellos consideraban a la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo. Tanto es así, que a quienes no tenían hijos se los menospreciaba y en la calle se les negaba el saludo. Incluso en el templo, Joaquín oía murmurar sobre ellos, como si fueran indignos de entrar en la casa de Dios a causa de no tener hijos. Por esta razón Joaquín, muy dolorido, se retiró al desierto, para realizar penitencias y oraciones y así obtener la tan ansiada paternidad; a su vez, Ana intensificó también sus ruegos, ayunos y penitencias, implorando la gracia de tener un hijo. Ana se reconfortaba recordando a la otra Ana de las Escrituras, referida en el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y así llegó su hijo Samuel, quien más tarde sería un gran profeta.
Finalmente, la oración de estos dos grandes santos fue escuchada y fue así que Joaquín y Ana vieron premiados sus esfuerzos y devociones, con el advenimiento de una hija singular, María. Lo que no sabían era que su hija estaba destinada a ser la Virgen y la Madre del Salvador, al ser concebida sin pecado original.

Mensaje de santidad.

         La antífona de la misa de hoy dice: “Alabemos a Joaquín y Ana por su hija; en ella les dio el Señor la bendición de todos los pueblos”. En esta antífona se expresa la magnitud de la bendición que Dios otorgó a Joaquín y Ana, una bendición que supera todo lo imaginable, porque debemos saber que, aunque Joaquín y Ana eran personas piadosas y devotas, la bendición que obtuvieron al recibir una niña como la Virgen María no se debió a que ellos eran devotos y piadosos: la bendición de una hija como la Virgen excede infinitamente la recompensa que Dios pueda dar a unos padres piadosos. Se debió, en realidad, a que Dios ya había destinado, desde la eternidad, que Joaquín y Ana tuvieran por hija nada menos que a la Virgen y a la Madre de Dios, la Mujer del Génesis, la Mujer del Calvario, la Mujer revestida de sol, que estaba destinada a aplastar la cabeza de la Serpiente y a ser la Corredentora de los hombres junto a su Hijo. Y esto supera infinitamente todo lo que Joaquín y Ana podían esperar.

miércoles, 24 de julio de 2019

Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrono de España



El Apóstol Santiago a caballo o Santiago Matamoros 
(Museo del Prado)

         Vida de santidad[1].

         Fue uno de los 12 apóstoles del Señor. Era hermano de San Juan evangelista. Se le llamaba el Mayor, para distinguirlo del otro apóstol, Santiago el Menor, que era más joven que él.
Santiago formó parte del grupo de los tres preferidos de Jesús, junto con su hermano Juan y con Simón Pedro: junto con ellos presenció la primera pesca milagrosa –luego de la cual dejó las redes y se dispuso a seguir al Señor-; junto con Pedro y Juan fueron los únicos testigos de la Transfiguración en el Tabor y luego de su Oración en el Huerto de Getsemaní, además de presenciar la gran mayoría de sus milagros. Dice San Juan Crisóstomo que lo prefería tanto porque era “el más atrevido y valiente para declararse amigo y seguidor del Redentor”; otra causa es porque iba a ser el primero que derramaría su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.
Santiago y Juan fueron protagonistas de un episodio del Evangelio: al dirigirse a Jerusalén, unos habitantes de Samaria no quisieron hospedarlos por este motivo, porque se dirigían a Jerusalén, por lo que Santiago y Juan le pidieron permiso a Jesús para que lloviera fuego del cielo, pero Jesús los reprendió y siguieron la marcha: no habían entendido que Jesús había venido a traer otro fuego del cielo, el fuego del Espíritu Santo, un fuego que no destruye ni provoca dolor, sino gozo y alegría de Dios.
En otro episodio, Santiago y Juan le pidieron a Jesús, por medio de su madre, los primeros puestos en la gloria del cielo, a lo que Jesús les respondió si ellos eran capaces de beber del cáliz que Él iba a beber, es decir, de participar de su Pasión y ambos dijeron al unísono: “Podemos”, con lo cual demostraban que amaban tanto a Jesús, que estaban dispuestos a seguirlo hasta la muerte, incluso, hasta la muerte de cruz. 
Después de la Ascensión de Jesús, el rey Herodes Agripa tomó la decisión de exterminar a los seguidores de Cristo y para ello comenzó con la decapitación de Santiago y el encarcelamiento de Pedro. Así Santiago tuvo el grandísimo honor de ser el primero de los Apóstoles en derramar su sangre por Cristo y su Evangelio, lo cual le mereció el premio eterno en los cielos.
Según tradiciones que datan del siglo VI, se dice que Santiago, en su afán apostólico y evangelizador, llegó incluso a ir hasta España a proclamar la Buena Noticia de Jesucristo. Desde el siglo IX se cree que su cuerpo se encuentra en la catedral de Compostela (norte de España), santuario al cual acuden cientos de miles de peregrinos de todo el mundo y de todos los tiempos, consiguiendo enormes milagros y favores del cielo[2].
Santiago es Patrono de España y de su caballería, luego de que en una batalla por la Reconquista de España[3], el Apóstol se apareciera montado en un caballo blanco y blandiendo su espada contra los musulmanes. Desde entonces, el grito de guerra de los españoles es: “¡Santiago y cierra, España!”[4]. (cierra en formación de combate).

         Mensaje de santidad.

         Santiago Apóstol no solo fue uno de los que más amó a Jesús, sino también uno de los que mejor comprendió el mensaje de Jesús: esta vida es solo una prueba para la vida eterna.
         Lo comprendió cuando, dejándolo todo, lo siguió a Jesús para anunciar el Reino de los cielos; lo comprendió cuando, después de querer incinerar a los samaritanos, entendió que Jesús venía a traer fuego, sí, pero el Fuego del Amor de Dios, el Espíritu Santo; lo comprendió cuando, junto a su hermano, se dispuso con todo su corazón y toda su alma a “beber el cáliz de la Pasión” y así participar de la Pasión de Jesús; lo comprendió cuando luego de la Ascensión, fue a misionar a tierras desconocidas, que en ese entonces eran el fin del mundo, la actual España. Finalmente, desde el cielo, Santiago Apóstol nos ayuda a luchar contra herejes y mahometanos y, puesto que como hispanoamericanos somos también España, decimos: “¡Santiago y cierra, España!”.


[2] El historiador Pérez de Urbel dice que lo que hay en Santiago de Compostela son unas reliquias, o sea restos del Apóstol, que fueron llevados allí desde Palestina.
[4]¡Santiago y cierra, España! es un lema perteneciente a la tradición cultural española, inspirado en un grito de guerra pronunciado por las tropas cristianas durante la Reconquista, en batallas como la de Navas de Tolosa y las españolas del Imperio y de época moderna antes de cada carga en ofensiva. En el corpus impreso del español aparece citado en el siglo xvii, en poemas y dramas de carácter histórico (…)El significado de la frase es, por una parte, invocar al apóstol Santiago, patrón de España y también llamado Santiago Matamoros, y por otro, la orden militar cierra, que en términos militares significa trabar combate, embestir o acometer; «cerrar» la distancia entre uno y el enemigo. Cierra también hace referencia a cerrar filas, para que nadie abandone su puesto en combate y que las líneas de defensa queden huecos que el enemigo pudiera atravesar. El vocativo España, al final, hace referencia al destinatario de la frase: las tropas españolas”; cfr. https://es.wikipedia.org/wiki/%C2%A1Santiago_y_cierra,_Espa%C3%B1a!.

martes, 23 de julio de 2019

Santa Brígida de Suecia y los que crucifican a Jesús



Brígida nació en Upsala (Suecia), en 1303[1].
De niña su mayor gusto era oír a la mamá leer las vidas de los Santos.
Cuando apenas tenía seis años ya tuvo su primera revelación. Se le apareció la Santísima Virgen a invitarla a llevar una vida santa, totalmente del agrado de Dios. En adelante las apariciones celestiales serán frecuentísimas en su vida, hasta tal punto que ella llegó a creer que se trataba de alucinaciones o falsas imaginaciones. Pero consultó con el sacerdote más sabio y famoso de Suecia, y él, después de estudiar detenidamente su caso, le dijo que podía seguir creyendo en esto, pues eran mensajes celestiales.
Cuando tenía trece años asistió a un sermón de cuaresma, predicado por un famoso misionero. Y este santo sacerdote habló tan emocionantemente acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo, que Brígida quedó totalmente entusiasmada por nuestro Redentor. En adelante su devoción preferida será la de Jesucristo Crucificado.
Un día rezando con todo fervor delante de un crucifijo muy chorreante de sangre, le dijo a Nuestro Señor: - ¿Quién te puso así? - y oyó que Cristo le decía: “Los que desprecian mi amor”. “Los que no le dan importancia al amor que yo les he tenido”. Desde ese día se propuso hacer que todos los que trataran con ella amaran más a Jesucristo.
         Según esta misma revelación de Jesús, Él está todo cubierto de Sangre en la Pasión y en la Cruz no sólo por los soldados romanos, sino por todos los que “desprecian su amor”.
         ¿Y quiénes son los que desprecian su amor?
         Son los que prefieren ver horas de televisión o internet, en vez de dedicar un tiempo a la oración.
         Son los que prefieren el ocio y los pasatiempos, antes que asistir a Misa los domingos.
         Son los que prefieren ocultar sus pecados a Dios, antes que confesárselos en la Confesión Sacramental.
Son los que prefieren los manjares del mundo antes que alimentarse del manjar de los cielos, la Sagrada Eucaristía.
         Son los que prefieren el rencor y la venganza, antes que el perdón y el amor al enemigo, como Cristo nos enseñó en el Evangelio.
         Son, en fin, los católicos tibios, a los que el mismo Dios desea vomitar de su boca a causa de su tibieza.


viernes, 19 de julio de 2019

San Expedito y la elección de Cristo Eucaristía



         San Expedito era un soldado romano que vivía en el paganismo, es decir, no conocía ni a Dios Trinidad ni a su Mesías, Cristo Jesús. No conocía el Credo, no conocía los Diez Mandamientos, no estaba bautizado. Además de eso, era pagano, es decir, tenía a ídolos por dioses y es así que ante los problemas, en vez de rezarle a Jesús, o a la Virgen, o a los santos, o a los ángeles, como hacen los cristianos, acudía a los brujos y le rezaba a los ídolos. Como si alguien, en nuestros días, frente a un problema, en vez de acudir a la Iglesia a rezar, fuera a un brujo para que le haga magia y le solucione sus problemas por intermedio de San La Muerte, el Gauchito Gil, la Difunta Correa.
         Pero sucedió que un día Dios Trino se apiadó de él y le envió la gracia de conocer a Jesucristo: San Expedito entonces tuvo, ante sí, el conocimiento de quién era Jesús, sabía que Jesús era Dios y Hombre; sabía que Jesús se había encarnado para subir a la Cruz y morir para salvarlo del pecado, del Demonio y de la muerte; sabía que prolongaba su Encarnación en la Eucaristía y que por eso estaba vivo y glorioso en la Eucaristía; sabía que Jesús había dejado los Mandamientos de Dios; sabía que Jesús había vencido para siempre a los ídolos paganos a los cuales él le rezaba; sabía que los brujos no tenían ningún poder sobre la cruz y que la cruz vencía a todos los brujos y a todos los demonios del infierno juntos; sabía que Jesús habría de venir un día a juzgar a vivos y muertos y que iba a dar el cielo a los que vivieran en gracia y el infierno a los que vivieran en estado de pecado mortal. En un momento dado, San Expedito sabía todo esto, pero debía elegir, porque cuando Dios da la gracia, debemos aceptar la gracia, ya que para eso nos hizo libres. Entonces, San Expedito debía elegir: o aceptaba a Cristo y su Cruz y comenzaba a vivir como cristiano, sirviendo a Cristo como a su Señor, o rechazaba a Jesús y su Cruz y continuaba viviendo como pagano, adorando a los ídolos y siendo esclavo de ellos.
         El Demonio, que se había acercado bajo la figura de un cuervo, lo tentaba diciéndole: “Cras, cras”, que significa “mañana, mañana”, es decir, lo tentaba para que dejara su conversión para mañana, que ya habría tiempo para ser cristiano, que él continuara siendo pagano. Pero eso es un error, porque no sabemos si hemos de amanecer vivos el día de mañana. Entonces San Expedito, alzando en alto la Cruz y recibiendo de la Cruz la gracia y la fuerza para elegir al Hombre-Dios Jesucristo, dijo: “Hodie!”, que quiere decir, “¡Hoy!”, es decir, “Hoy elijo a Cristo como a mi Dios y Señor; hoy comienzo a ser cristiano; hoy abrazo la Cruz; hoy comienzo a recibir a Jesús en la Eucaristía; hoy elijo a la Virgen como mi Madre; hoy dejo de lado la vida de pagano y mis antiguas creencias supersticiosas; hoy comienzo mi preparación para ir al Cielo!”. Y al mismo tiempo, con la fuerza que le daba la Cruz, aplastó la cabeza del Demonio, que se le había acercado bajo la forma de cuervo.
         Porque San Expedito no dudó ni un instante en elegir a Cristo, es que es el Santo de las causas urgentes y la primera causa urgente, para nosotros y para nuestros seres queridos, es la conversión eucarística del alma, es decir, la conversión a Cristo Eucaristía.

martes, 16 de julio de 2019

Nuestra Señora del Carmen y el Escapulario



Debido a que el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen es un sacramental, nos preguntamos: ¿qué es un sacramental?
Los sacramentales son signos sagrados, y actos públicos de culto y santificación, muchas veces con materia y forma, por medio de los cuales se reciben efectos espirituales por la intercesión de la Iglesia (Cfr. CIC. no.1166).
 Fueron instituidos por la Iglesia, a diferencia de los sacramentos, que fueron instituidos por Cristo. Tienen ciertas semejanzas con los sacramentos. Son signos de la oración de la Iglesia y nos disponen para recibir la gracia.
Pueden ser “cosas” o “acciones”.
Ejemplos de símbolos materiales sacramentales y que actúan ex opere operantis (obran en razón de la Iglesia):
El agua bendita, la más importante
Objetos religiosos benditos (cruces, medallas, escapularios, rosarios, velas)
Ejemplos de “acciones” sacramentales: la bendición, la señal de la Cruz, procesiones.
Cuando utilizamos o recibimos los sacramentales, lo que estamos haciendo es acogernos a la misericordia de Dios y poniéndonos bajo su protección. Debemos de tratarlos con mucho respeto y estar conscientes de lo que significan, lo cual quiere decir que debo adecuar mi vida y mi obrar a la Voluntad de Dios, que se expresa en los Mandamientos.
En otras palabras, si uso un sacramental, estoy indicando que coloco mi vida bajo la protección de la Divina Misericordia, pero no debo tentar a Dios, obrando el pecado o poniéndome en ocasión de pecar, porque con Dios no se juega.
Usar un sacramental significa evitar el pecado –mortal o venial deliberado-, aun a costa de la vida –es lo que decimos en la confesión: “Antes querría haber muerto que haberos ofendido”- y hacer el propósito de vivir en gracia de Dios.
¿Cómo se originó el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen?
La Virgen se le apareció  a San Simón Stock en el año 1251, con el Escapulario en la mano, tal como lo conocemos en la actualidad, y le dijo: “El que muera usando el Escapulario, no padeceré el fuego del Infierno. Y si debiera ir al Purgatorio, yo lo iré a buscar allí al próximo sábado”. De esto se deduce, entonces, que quien muere con el Escapulario puesto, se salva del Infierno y tiene asegurada la vida eterna.
¿Cuáles son las promesas del Escapulario de Nuestra Señora del Carmen?
La principal promesa es que el alma que muera usando el Escapulario no se condenará en el Infierno.
Secundariamente, un Purgatorio corto –como máximo, seis días-.
En todos los casos, ¡la vida eterna! ¡El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen es un maravilloso regalo del cielo!
¿Qué simboliza el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen? La palabra escapulario viene del latín “scapulae” que significa “hombros”. Originalmente era un hábito superpuesto que caía de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Tiene el sentido de ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros. Puesto que el Escapulario original es de color y de tela marrón oscuros, similares al hábito de Nuestra del Carmen, para los carmelitas pasó a significar su consagración especial a la Virgen, el deseo de imitarla, y el hecho de estar protegidos especialmente por su manto, y esto es lo que significa, actualmente, para todo aquel que lo lleva puesto. El Escapulario simboliza entonces el hábito Carmelita y significa que quien utiliza el Escapulario es admitido en la familia de la Madre de Dios y en la Orden Carmelitana, por lo que participa de los privilegios, gracias e indulgencias que los Sumos Pontífices han concedido a la Orden del Carmen y se beneficia, además, de los méritos, de las penitencias y de las oraciones que se hacen en todo el Carmelo.
¿Qué espiritualidad vive el que usa el Escapulario? Es una espiritualidad eminentemente mariana, porque se compromete a imitar a la Virgen María en sus virtudes, para que su vida esté iluminada por la luz y el amor de la Madre de Dios.
¿Cuál es el objetivo de utilizar el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen? El objetivo es la unión con Cristo, por medio de la imitación delas virtudes de la Virgen María.
¿Qué requisitos hay que cumplir para utilizarlo? Implica el firme propósito de vivir en gracia de Dios y de evitar el pecado (el mortal y el venial deliberado), y el rezar, por lo menos, tres (3) Ave Marías, todos los días, pidiendo la gracia de no caer en pecado mortal o venial deliberado.
“Toma este hábito, quien muera usando el Escapulario, no padecerá el fuego del Infierno”
(La Santísima Virgen María a San Simón Stock, el 16 de julio de 1251)

Advertencias prácticas Una vez bendecido el primer escapulario, el devoto no necesita pedir la bendición para escapularios posteriores. Los escapularios gastados, si han sido bendecidos no se deben echar a la basura. Se pueden quemar o enterrar como signo de respeto.
Alerta contra abusos: El escapulario NO salva por si solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana. Mons. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden Carmelita nos dice: "No lleguemos a la conclusión que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos... Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la ´omnipotencia suplicante´ de la madre de la misericordia."
Los Papas y Santos han alertado muchas veces acerca de no abusar de la promesa de nuestra madre como si nos pudiéramos salvar llevando el escapulario sin conversión. El Papa Pío XI nos advierte: "aunque es cierto que la Virgen María ama de manera especial a quienes son devotos de ella, aquellos que desean tenerla como auxilio a la hora de la muerte, deben en vida ganarse dicho privilegio con una vida de rechazo al pecado y viviendo para darle honor"
Vivir en pecado y usar el escapulario como ancla de salvación es cometer pecado de presunción ya que la fe y la fidelidad a los mandamientos es necesaria para todos los que buscan el amor y la protección de Nuestra Señora.
San Claude de la Colombiere advierte: "Tu preguntas: ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, entonces morirás en pecado, pero no morirás con tu escapulario".
La Medalla Escapulario La medalla-escapulario tiene en una cara la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y la imagen de la Bienaventurada Virgen María en su reverso. En 1910, el Papa Pío X declaró que, una persona válidamente investida en su escapulario de tela podía llevar la medalla-escapulario en su lugar, provisto que tuviera razones legítimas para sustituir su escapulario de tela por la medalla- escapulario. Esta concesión fue hecha a petición de los misioneros en los países del trópico, donde los escapularios de tela se deterioran pronto. Ahora bien, el Papa Pío X y su sucesor, el Papa Benedicto XV, expresaron su profundo deseo de que las personas continuaran llevando el escapulario de tela cuando fuera posible, y que no sustituyeran el escapulario de tela por la medalla escapulario sin que medie primero razón suficiente. La vanidad o el miedo a profesar su fe en público no pueden ser razones que satisfagan a Nuestra Señora. Personas de esta clase corren el riesgo de no recibir la promesa del escapulario del Carmen.