San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".

viernes, 19 de julio de 2019

San Expedito y la elección de Cristo Eucaristía



         San Expedito era un soldado romano que vivía en el paganismo, es decir, no conocía ni a Dios Trinidad ni a su Mesías, Cristo Jesús. No conocía el Credo, no conocía los Diez Mandamientos, no estaba bautizado. Además de eso, era pagano, es decir, tenía a ídolos por dioses y es así que ante los problemas, en vez de rezarle a Jesús, o a la Virgen, o a los santos, o a los ángeles, como hacen los cristianos, acudía a los brujos y le rezaba a los ídolos. Como si alguien, en nuestros días, frente a un problema, en vez de acudir a la Iglesia a rezar, fuera a un brujo para que le haga magia y le solucione sus problemas por intermedio de San La Muerte, el Gauchito Gil, la Difunta Correa.
         Pero sucedió que un día Dios Trino se apiadó de él y le envió la gracia de conocer a Jesucristo: San Expedito entonces tuvo, ante sí, el conocimiento de quién era Jesús, sabía que Jesús era Dios y Hombre; sabía que Jesús se había encarnado para subir a la Cruz y morir para salvarlo del pecado, del Demonio y de la muerte; sabía que prolongaba su Encarnación en la Eucaristía y que por eso estaba vivo y glorioso en la Eucaristía; sabía que Jesús había dejado los Mandamientos de Dios; sabía que Jesús había vencido para siempre a los ídolos paganos a los cuales él le rezaba; sabía que los brujos no tenían ningún poder sobre la cruz y que la cruz vencía a todos los brujos y a todos los demonios del infierno juntos; sabía que Jesús habría de venir un día a juzgar a vivos y muertos y que iba a dar el cielo a los que vivieran en gracia y el infierno a los que vivieran en estado de pecado mortal. En un momento dado, San Expedito sabía todo esto, pero debía elegir, porque cuando Dios da la gracia, debemos aceptar la gracia, ya que para eso nos hizo libres. Entonces, San Expedito debía elegir: o aceptaba a Cristo y su Cruz y comenzaba a vivir como cristiano, sirviendo a Cristo como a su Señor, o rechazaba a Jesús y su Cruz y continuaba viviendo como pagano, adorando a los ídolos y siendo esclavo de ellos.
         El Demonio, que se había acercado bajo la figura de un cuervo, lo tentaba diciéndole: “Cras, cras”, que significa “mañana, mañana”, es decir, lo tentaba para que dejara su conversión para mañana, que ya habría tiempo para ser cristiano, que él continuara siendo pagano. Pero eso es un error, porque no sabemos si hemos de amanecer vivos el día de mañana. Entonces San Expedito, alzando en alto la Cruz y recibiendo de la Cruz la gracia y la fuerza para elegir al Hombre-Dios Jesucristo, dijo: “Hodie!”, que quiere decir, “¡Hoy!”, es decir, “Hoy elijo a Cristo como a mi Dios y Señor; hoy comienzo a ser cristiano; hoy abrazo la Cruz; hoy comienzo a recibir a Jesús en la Eucaristía; hoy elijo a la Virgen como mi Madre; hoy dejo de lado la vida de pagano y mis antiguas creencias supersticiosas; hoy comienzo mi preparación para ir al Cielo!”. Y al mismo tiempo, con la fuerza que le daba la Cruz, aplastó la cabeza del Demonio, que se le había acercado bajo la forma de cuervo.
         Porque San Expedito no dudó ni un instante en elegir a Cristo, es que es el Santo de las causas urgentes y la primera causa urgente, para nosotros y para nuestros seres queridos, es la conversión eucarística del alma, es decir, la conversión a Cristo Eucaristía.

martes, 16 de julio de 2019

Nuestra Señora del Carmen y el Escapulario



Debido a que el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen es un sacramental, nos preguntamos: ¿qué es un sacramental?
Los sacramentales son signos sagrados, y actos públicos de culto y santificación, muchas veces con materia y forma, por medio de los cuales se reciben efectos espirituales por la intercesión de la Iglesia (Cfr. CIC. no.1166).
 Fueron instituidos por la Iglesia, a diferencia de los sacramentos, que fueron instituidos por Cristo. Tienen ciertas semejanzas con los sacramentos. Son signos de la oración de la Iglesia y nos disponen para recibir la gracia.
Pueden ser “cosas” o “acciones”.
Ejemplos de símbolos materiales sacramentales y que actúan ex opere operantis (obran en razón de la Iglesia):
El agua bendita, la más importante
Objetos religiosos benditos (cruces, medallas, escapularios, rosarios, velas)
Ejemplos de “acciones” sacramentales: la bendición, la señal de la Cruz, procesiones.
Cuando utilizamos o recibimos los sacramentales, lo que estamos haciendo es acogernos a la misericordia de Dios y poniéndonos bajo su protección. Debemos de tratarlos con mucho respeto y estar conscientes de lo que significan, lo cual quiere decir que debo adecuar mi vida y mi obrar a la Voluntad de Dios, que se expresa en los Mandamientos.
En otras palabras, si uso un sacramental, estoy indicando que coloco mi vida bajo la protección de la Divina Misericordia, pero no debo tentar a Dios, obrando el pecado o poniéndome en ocasión de pecar, porque con Dios no se juega.
Usar un sacramental significa evitar el pecado –mortal o venial deliberado-, aun a costa de la vida –es lo que decimos en la confesión: “Antes querría haber muerto que haberos ofendido”- y hacer el propósito de vivir en gracia de Dios.
¿Cómo se originó el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen?
La Virgen se le apareció  a San Simón Stock en el año 1251, con el Escapulario en la mano, tal como lo conocemos en la actualidad, y le dijo: “El que muera usando el Escapulario, no padeceré el fuego del Infierno. Y si debiera ir al Purgatorio, yo lo iré a buscar allí al próximo sábado”. De esto se deduce, entonces, que quien muere con el Escapulario puesto, se salva del Infierno y tiene asegurada la vida eterna.
¿Cuáles son las promesas del Escapulario de Nuestra Señora del Carmen?
La principal promesa es que el alma que muera usando el Escapulario no se condenará en el Infierno.
Secundariamente, un Purgatorio corto –como máximo, seis días-.
En todos los casos, ¡la vida eterna! ¡El Escapulario de Nuestra Señora del Carmen es un maravilloso regalo del cielo!
¿Qué simboliza el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen? La palabra escapulario viene del latín “scapulae” que significa “hombros”. Originalmente era un hábito superpuesto que caía de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Tiene el sentido de ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros. Puesto que el Escapulario original es de color y de tela marrón oscuros, similares al hábito de Nuestra del Carmen, para los carmelitas pasó a significar su consagración especial a la Virgen, el deseo de imitarla, y el hecho de estar protegidos especialmente por su manto, y esto es lo que significa, actualmente, para todo aquel que lo lleva puesto. El Escapulario simboliza entonces el hábito Carmelita y significa que quien utiliza el Escapulario es admitido en la familia de la Madre de Dios y en la Orden Carmelitana, por lo que participa de los privilegios, gracias e indulgencias que los Sumos Pontífices han concedido a la Orden del Carmen y se beneficia, además, de los méritos, de las penitencias y de las oraciones que se hacen en todo el Carmelo.
¿Qué espiritualidad vive el que usa el Escapulario? Es una espiritualidad eminentemente mariana, porque se compromete a imitar a la Virgen María en sus virtudes, para que su vida esté iluminada por la luz y el amor de la Madre de Dios.
¿Cuál es el objetivo de utilizar el Escapulario de Nuestra Señora del Carmen? El objetivo es la unión con Cristo, por medio de la imitación delas virtudes de la Virgen María.
¿Qué requisitos hay que cumplir para utilizarlo? Implica el firme propósito de vivir en gracia de Dios y de evitar el pecado (el mortal y el venial deliberado), y el rezar, por lo menos, tres (3) Ave Marías, todos los días, pidiendo la gracia de no caer en pecado mortal o venial deliberado.
“Toma este hábito, quien muera usando el Escapulario, no padecerá el fuego del Infierno”
(La Santísima Virgen María a San Simón Stock, el 16 de julio de 1251)

Advertencias prácticas Una vez bendecido el primer escapulario, el devoto no necesita pedir la bendición para escapularios posteriores. Los escapularios gastados, si han sido bendecidos no se deben echar a la basura. Se pueden quemar o enterrar como signo de respeto.
Alerta contra abusos: El escapulario NO salva por si solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana. Mons. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden Carmelita nos dice: "No lleguemos a la conclusión que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos... Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la ´omnipotencia suplicante´ de la madre de la misericordia."
Los Papas y Santos han alertado muchas veces acerca de no abusar de la promesa de nuestra madre como si nos pudiéramos salvar llevando el escapulario sin conversión. El Papa Pío XI nos advierte: "aunque es cierto que la Virgen María ama de manera especial a quienes son devotos de ella, aquellos que desean tenerla como auxilio a la hora de la muerte, deben en vida ganarse dicho privilegio con una vida de rechazo al pecado y viviendo para darle honor"
Vivir en pecado y usar el escapulario como ancla de salvación es cometer pecado de presunción ya que la fe y la fidelidad a los mandamientos es necesaria para todos los que buscan el amor y la protección de Nuestra Señora.
San Claude de la Colombiere advierte: "Tu preguntas: ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, entonces morirás en pecado, pero no morirás con tu escapulario".
La Medalla Escapulario La medalla-escapulario tiene en una cara la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y la imagen de la Bienaventurada Virgen María en su reverso. En 1910, el Papa Pío X declaró que, una persona válidamente investida en su escapulario de tela podía llevar la medalla-escapulario en su lugar, provisto que tuviera razones legítimas para sustituir su escapulario de tela por la medalla- escapulario. Esta concesión fue hecha a petición de los misioneros en los países del trópico, donde los escapularios de tela se deterioran pronto. Ahora bien, el Papa Pío X y su sucesor, el Papa Benedicto XV, expresaron su profundo deseo de que las personas continuaran llevando el escapulario de tela cuando fuera posible, y que no sustituyeran el escapulario de tela por la medalla escapulario sin que medie primero razón suficiente. La vanidad o el miedo a profesar su fe en público no pueden ser razones que satisfagan a Nuestra Señora. Personas de esta clase corren el riesgo de no recibir la promesa del escapulario del Carmen.



lunes, 8 de julio de 2019

San Benito abad



La vida de San Benito es inseparable de la Santa Cruz de Jesús, a la que profesó siempre gran amor y a la que estuvo siempre unido con toda su alma, por medio de la gracia. Precisamente, lo que hizo de San Benito el gran santo que es ahora por la eternidad, es su gran amor por la Santa Cruz, con la que hizo muchos milagros, todos constatados por numerosos testigos. Pero además de milagros, San Benito fue un poderoso exorcista, don que ejerció para expulsar a los espíritus malignos utilizando como sacramental la famosa Cruz de San Benito[1].
La medalla de San Benito es un sacramental reconocido por la Iglesia con gran poder de exorcismo; ahora bien, como todo sacramental, su poder está no en sí misma sino en Cristo quien es quien le otorga su poder y eficacia; además, se necesita la disposición fervorosa y la fe de quien usa la medalla.
¿Qué significado tienen las inscripciones de la medalla de San Benito? Estas inscripciones, en latín, constituyen una poderosa oración exorcista, que rechaza al demonio como guía del alma y en cambio reconoce a Cristo como Único Dueño y Señor del alma.
La medalla, que es un poderoso sacramental que aleja la presencia del demonio y refuerza el deseo de la gracia de Cristo y en consecuencia debería ser usada por todos los cristianos, tiene el siguiente significado: en el frente de la medalla aparece San Benito con la Cruz en una mano y el libro de las Reglas en la otra mano, con la oración: “Eius in óbito nostro Presentia muniámur”; esto es: “A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia” (es la Oración de la Buena Muerte, que pide la presencia de Nuestro Señor Jesucristo, para ser protegidos del demonio y para ser llevados al cielo en el momento del tránsito de esta vida a la otra).
El reverso muestra la cruz de San Benito con las letras:
C.S.P.B. (Crux Sancti Patri Benedicti): “Santa Cruz del Padre Benito”.
C.S.S.M.L. (Crux Sancta sit mihi lux): “La santa Cruz sea mi luz” (crucero vertical de la cruz).
N.D.S.M.D. (Non Draco sit mihi dux): “que el Dragón no sea mi guía”; (crucero horizontal).
En círculo, comenzando por arriba hacia la derecha:
V.R.S. (Vade retro Satana): “Apártate de mí Satanás”.
N.S.M.V. (Nunquam suadeas mihi vana): “No me atraigas con tus mentiras”.
S.M.Q.L. (Sunt mala quae libas): “Es malo lo que ofreces”.
I.V.B. (Ipse venena bibas): “Bebe tu propio veneno”.
PAX: “Paz”.
Como dijimos, todo cristiano debería llevar consigo la Santa Cruz de San Benito y rezar todos los días su oración, poderoso exorcismo contra el maligno; de esa manera, pedimos que no solo el demonio se aleje de nuestras vidas y hogares, sino que pedimos que Jesús y su Reino vengan cuanto antes.

martes, 2 de julio de 2019

Fiesta de Santo Tomás, Apóstol



          “No seas incrédulo, sino hombre de fe” (Jn 20, 24-29). Jesús se aparece a los Apóstoles mientras está ausente Tomás; cuando llega éste, le cuentan de la aparición de Cristo resucitado pero Tomás se niega a creer sin ver: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi mano en la herida del costado, no lo creeré”. A los ocho días, Jesús se vuelve a aparecer, estando Tomás presente y, para que Tomás crea, Jesús le dice que mire las heridas de los clavos y que meta sus manos en la herida del costado, al tiempo que le recomienda el “no ser incrédulo”, sino hombre de fe, puesto que los dichosos son los que “creen sin haber visto”.
          Las palabras de Jesús nos llevan a la siguiente consideración: si Tomás recibió una gracia extraordinaria, pues Jesús se le apareció en Persona y le mostró sus heridas y le dijo que metiera las manos en ellas y en el costado, para que Tomás superara su incredulidad, debemos saber que recibir la fe y no ver fenómenos extraordinarios, sino creer por esta misma fe, es algo que supera a una aparición de Jesús resucitado. El mismo Jesús lo dice: “Dichosos los que creen sin ver”.
          Entonces, en las palabras de Jesús, el creer sin ver, es un motivo o causa de un estado de felicidad para el que cree sin ver: “Dichosos los que creen sin haber visto”. Paradójicamente, nuestra religión está colmada de misterios que sobrepasan la capacidad de comprensión de la inteligencia humana, aunque su manifestación visible es prácticamente nula, lo cual podría favorecer la actitud de escepticismo y de incredulidad de muchos fieles, al estilo de Tomás. Por ejemplo, hablando de la Eucaristía, alguien podría decir: “Si no veo a la Cruz en el altar y a Jesús sobre la Cruz, no creeré que la Misa es la renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio del Calvario”. Y así, con todos los misterios de nuestra religión. Para los incrédulos, entonces, serían necesarias continuas manifestaciones visibles y sensibles, con el fin de que crean. Sin embargo, pensar así es erróneo, porque poner la condición de “ver para creer” es hacer depender la fe del elemento visible y sensible, cuando la fe no depende de lo que se ha visto, sino de lo que se ha escuchado y se ha atesorado en el corazón acerca del misterio del Hombre-Dios, aún sin ver. En esto, en creer sin ver, está la felicidad, dice Jesús y no en tener continuas apariciones: “Dichosos los que creen sin haber visto”.
Por esto mismo, a los incrédulos, que a cada misterio de nuestra fe responden con la frase de Tomás: “Si no veo, no lo creo”, hay que responder con las palabras de Jesús: “Dichosos los que creen sin haber visto”.

sábado, 29 de junio de 2019

Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo



(Ciclo C – 2019)

Los dos Apóstoles, San Pedro y San Pablo, tienen muchos elementos disímeles entre sí: por ejemplo, Pedro predica preferentemente a los  hebreos, mientras que Pablo a los gentiles y también sus tipos de prédica  oratoria son distintas, porque sus personalidades y capacidades eran distintas entre sí. Sin embargo, hay algo que estos dos Apóstoles tienen en común y es el martirio, es decir, el dar la vida en testimonio de Jesucristo. Ésa es la razón por la cual el color litúrgico en esta solemnidad es el rojo, para traer al recuerdo la sangre por ellos derramada al dar testimonio de Jesús de Nazareth, el Hombre-Dios.
El martirio, elemento común en la vida de los Apóstoles Pedro y Pablo, es una gracia y en cuanto tal, debe ser concedida por el Cielo: esto implica también que quien se arriesga a morir martirialmente, sin haber recibido la gracia, está cometiendo una temeridad. El martirio se caracteriza por ser el máximo testimonio que un alma pueda dar acerca de Jesucristo. ¿Cuál es la razón que hace que el martirio sea el máximo testimonio de Jesús, el Hombre-Dios? Lo que le da esta característica es que el martirio implica la entrega de la vida.
Es decir, por fuera del martirio, el alma puede hacer muchos actos de amor a Dios –por ejemplo, oración, obras de misericordia- y estos actos, necesariamente, estarán divididos y separados uno del otro por el tiempo; en el martirio, por el contrario, todos los actos de amor a Dios se entregan de una vez y forma simultánea, a lo que se le suman el don de la vida propia y el hacerlo en nombre de Cristo.
Al recordar a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, les pidamos que intercedan por nosotros para que, si no recibimos la gracia del martirio cruento, seamos al menos capaces de vivir la fe cotidiana de modo heroico, hasta el martirio.


viernes, 28 de junio de 2019

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús


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Historia del Detente del Sagrado Corazón de Jesús
Supongamos que alguien, luego de escuchar acerca de las apariciones de Jesús como el Sagrado Corazón, quedara tan enamorado de este dulcísimo y suavísimo Corazón, que quisiera llevarlo consigo a todas partes. Supongamos que alguien, luego de conocer que Jesús se apareció como el Sagrado Corazón a Santa Margarita, quedara con el deseo de llevar consigo al Corazón de Jesús, las veinticuatro horas del día para, en tiempos de tribulación, pedir auxilio divino o, en tiempos de consolación, para decirle a este Corazón que lo amamos y que queremos ser suyos. Si existe un alma así, que haya quedado tan enamorada del Sagrado Corazón al punto de no querer separarse de Él ni por un instante en las veinticuatro horas del día, para esa alma ya pensó Dios, en su Sabiduría infinita y eterna, cómo solucionar su deseo: por medio del Detente.
¿Qué es un Detente?[1]
Es, ante todo, un sacramental y una “armadura espiritual” contra los enemigos, sobre todo, los enemigos del alma: el demonio, el pecado y la carne. El Detente o Escudo del Sagrado Corazón de Jesús es un sencillo emblema con la imagen del Sagrado Corazón y la divisa: “¡Detente! El Corazón de Jesús está conmigo. ¡Venga a nosotros el tu reino!”. El Detente surgió por inspiración divina, como un pequeño pero poderoso Escudo que la Divina Providencia colocó a nuestra disposición a fin de protegernos contra los más diversos peligros espirituales que enfrentamos en nuestra vida cotidiana. Para ello, basta llevarlo consigo, no siendo necesario que esté bendito, pues el Papa Pío IX extendió su bendición a todos los Detentes. El Detente entonces es una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, al que se lleva consigo las veinticuatro horas del día, para pedirle ayuda en la desolación y para decirle cuánto lo amamos en la consolación.
Origen del Detente del Sagrado Corazón de Jesús
El Detente no surgió por deseo humano, sino por explícito deseo del mismo Sagrado Corazón y esto lo sabemos por los escritos de Santa Margarita María de Alacoque[2]. En efecto, en su carta del día 2 de marzo de 1686, dirigida a su superiora, la Madre Saumaise, transcribe un deseo que le fuera revelado por Nuestro Señor: “(El Sagrado Corazón) desea que encargue una lámina con la imagen de ese Sagrado Corazón, a fin de que los que quieran tributarle particular veneración, puedan tener imágenes en sus casas, y otras pequeñas para llevar consigo”. Estas “láminas pequeñas para llevarlas consigo” son el Detente: como vemos, fue el mismo Jesucristo quien quiso que el Detente fuera un sacramental de la Iglesia Católica. De este modo fue como se originó la costumbre de portar estos pequeños Escudos.  Santa Margarita, devota del Detente, lo llevaba siempre consigo e invitaba a sus novicias a hacer lo mismo. Ella confeccionó muchas de estas imágenes y decía que su uso era muy agradable al Sagrado Corazón.
“El Sagrado Corazón será la salvación del mundo”
“La Iglesia y la sociedad no tienen otra esperanza sino en el Sagrado Corazón de Jesús; es Él que curará todos nuestros males. Predicad y difundid por todas partes la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ella será la salvación para el mundo”. Esta afirmación del Bienaventurado Papa Pío IX (1846-1878) al padre Julio Chevalier, fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús, muestra que en esta devoción depositaba el Santo Padre toda su esperanza.
Milagros: curación del cuerpo y protección contra la peste espiritual, el pecado
Con el Detente se produjeron muchos milagros, como la desaparición de una peste en curso en la ciudad francesa de Marsella, en 1720: a la religiosa Venerable Ana Magdalena Rémuzat, Nuestro Señor le hizo saber anticipadamente el daño que causaría una grave epidemia en Marsella, así como el maravilloso auxilio que los marselleses recibirían con la devoción a su Sagrado Corazón. La Madre Rémuzat hizo, con la ayuda de sus hermanas de hábito, millares de estos Escudos del Sagrado Corazón y los repartió por toda la ciudad en donde se propagaba la peste.
La historia registra que, poco después, la epidemia cesó como por milagro. No contagió a muchos de aquellos que llevaban el Escudo, y las personas contagiadas tuvieron un extraordinario auxilio con esta devoción. El Detente, entonces, puede curar las enfermedades del cuerpo, como en este caso, aunque en primer lugar es un remedio contra la enfermedad espiritual que es el pecado.
Su uso por parte de los contra-revolucionarios, cristeros, requetés y cubanos anti-comunistas
En 1789 estalló en Francia, con trágicas consecuencias para el mundo entero, un flagelo muchísimo más terrible que cualquier epidemia: la calamitosa Revolución Francesa, cuyo objetivo explícito es destruir el orden cristiano y construir uno nuevo, basado en una humanidad sin Dios; en una humanidad libre de los Mandamientos Divinos –Libertad-; igual a Dios –Igualdad-, pero sin la gracia, lo cual es imposible; fraterna –Fraternidad-, pero sin la hermandad que da el Amor de Dios, por lo que lo que propone la Revolución Francesa es una utopía. En ese período los verdaderos católicos encontraron amparo en el Sacratísimo Corazón de Jesús, y el Escudo protector fue llevado por muchos sacerdotes, nobles y plebeyos que resistieron a la sanguinaria revolución anticatólica. El simple hecho de llevarlo consigo se transformó en señal distintiva de aquellos que eran contrarios a la Revolución Francesa. Entre las pertenencias de la Reina María Antonieta, guillotinada por el odio revolucionario, fue encontrado un dibujo del Sagrado Corazón, con la llaga, la cruz y la corona de espinas, y la expresión: “¡Sagrado Corazón de Jesús, ten misericordia de nosotros!”.
En la región de Mayenne (oeste de Francia), los Chouans —heroicos resistentes católicos, que enfrentaron con energía y ardor religioso a los impíos revolucionarios franceses de 1789— bordaron en sus trajes y banderas el Escudo del Sagrado Corazón de Jesús; como si fuese un blasón y, al mismo tiempo, una armadura: “blasón” usado para reafirmar su Fe católica; “armadura” para defenderse contra las embestidas adversarias.
También como “armadura espiritual”, este Escudo fue ostentado por muchos otros líderes y héroes católicos que murieron o lucharon en defensa de la Santa Iglesia, como los bravos campesinos seguidores del aguerrido tirolés Andreas Hofer (1767-1810), conocido como “El Chouan del Tirol”. Estos portaban el Detente para protegerse en las luchas contra las tropas napoleónicas que invadieron el Tirol.







A comienzos del siglo XX, el Detente fue usado en México por los Cristeros, que se levantaron en armas contra gobiernos anticristianos opresores de la Iglesia, y en España por los famosos tercios carlistas —los llamados requetés— célebres por su piedad como por su arrojo en el campo de batalla, cuya contribución fue decisiva para el triunfo de la insurgencia anticomunista de 1936-39.
Un hecho histórico semejante ocurrió, en la época actual, en Cuba. Los católicos cubanos que no se dejaron subyugar por el régimen comunista y lo combatieron, tenían especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Cuando estando presos eran llevados al “paredón” (donde eran sumariamente fusilados), enfrentaron a los verdugos fidelcastristas gritando “Viva Cristo Rey”.
El Papa Pío IX y el Detente
En 1870, una piadosa romana, deseando saber la opinión del Sumo Pontífice Pío IX acerca del Detente del Sagrado Corazón de Jesús, le presentó uno. Conmovido a la vista de esta señal de salvación, el Papa concedió aprobación definitiva a tal devoción y dijo: “Esto, señora, es una inspiración del Cielo. Sí, del Cielo”. Y, después de un breve silencio añadió: “Voy a bendecir este Corazón, y quiero que todos aquellos que fueren hechos según este modelo reciban esta misma bendición, sin que sea necesario que algún otro sacerdote la renueve. Además, quiero que Satanás de modo alguno pueda causar daño a aquellos que lleven consigo el Escudo, símbolo del Corazón adorable de Jesús”.
Para impulsar la piadosa costumbre de llevar consigo el Detente, el bienaventurado Pío IX concedió en 1872, cien días de indulgencia para todos los que, portando esta insignia, rezasen diariamente un Padrenuestro, una Avemaría y un Gloria.
Después de ello, el Santo Padre compuso esta bella oración: “¡Abridme vuestro Sagrado Corazón oh Jesús! …mostradme sus encantos, unidme a Él para siempre. Que todos los movimientos y latidos de mi corazón, incluso durante el sueño, os sean un testimonio de mi amor y os digan sin cesar: Sí, Señor Jesús, yo Os adoro… aceptad el poco bien que practico… hacedme la merced de reparar el mal cometido… para que os alabe en el tiempo y os bendiga durante toda la eternidad. Amen”.
El Sagrado Corazón de Jesús y
María
San Juan Eudes (1601-1680) —fundador de la Congregación de Jesús y María— de tal modo consideraba una sola las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, que solía referirse al “Sagrado Corazón de Jesús y María”. Nótese bien, la frase está en singular, como si fuese un solo corazón, para así acentuar la íntima unión de ambas devociones. Dos Corazones inseparables, tan unidos que no se puede pretender considerarlos separadamente. No ama verdaderamente al Sagrado Corazón de Jesús, quien no ama al Inmaculado Corazón de María. Por esta razón es que en el reverso de la Medalla Milagrosa, universalmente conocida, están acuñados los dos corazones: el de Jesús y el de María. El primero rodeado de espinas y el segundo traspasado por una espada.
La devoción al Detente
Es santa, como es santo el culto y el amor a Jesucristo.
Es fructuosa, por las virtudes que ejercita de fe, oración y esperanza en el mismo Jesús, y las grandes gracias y favores que se han obtenido y se pueden confiadamente esperar del culto y uso del Detente.

Llevemos con nosotros al Sagrado Corazón; llevemos el Detente, para pedirle al Sagrado Corazón consuelo en las tribulaciones y para decirle que lo amamos, cuando sea el tiempo de la consolación. Llevemos al Detente mientras vivimos en el tiempo, para el Sagrado Corazón nos lleve, al finalizar nuestra vida terrena, al Reino de los cielos, en su eternidad.



[2] El Sagrado Corazón de Jesús se apareció a una humilde religiosa, Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), del convento de la Visitación de Santa María, en Paray-le-Monial (Borgoña, Francia), el 16 de junio de 1675, mientras ella estaba rezando ante el Santísimo Sacramento.

lunes, 24 de junio de 2019

San Josemaría Escrivá de Balaguer y la santidad para el hombre del siglo XXI


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         Los lineamientos centrales para la santidad, presentados por el fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer, tienen fundamento escriturístico. En efecto, para San Josemaría, el hombre podía y debía santificarse en el trabajo, haciendo de su trabajo diario –su deber de estado, porque aquí está comprendido el que estudia- de cara a Dios, es decir, con el crucifijo enfrente, de manera de ofrecer el trabajo realizado a Dios Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo. Este elemento de la santificación del trabajo diario tiene su fundamento escriturístico, como hemos dicho y se encuentra en el Génesis, en donde Dios manda al hombre a que “guardara y cultivara” la Creación, es decir, que trabajara. El trabajo, entonces, es un encargo divino y para hacerlo agradable a Dios, se necesitan dos cosas: entregarlo a Dios por medio de Jesucristo –por eso lo del crucifijo- y hacerlo lo mejor posible, porque así como en la Antigüedad no se podía ofrecer a Dios en sacrificio un animal defectuoso, sino el mejor de ellos y el más sano, así de la misma manera, no se puede ofrecer a Dios un trabajo hecho de mala gana, con pereza, con falta de intención de hacernos santos por el trabajo.
         El segundo lineamiento para la santidad se encuentra también en las Escrituras y es central en el Opus Dei, pues se trata de vivir la filiación divina recibida en el bautismo sacramental. Aquí también es central la Cruz, porque el que vive la filiación divina, la vive en la imitación de Cristo y en la participación de la Pasión y Muerte en Cruz de Cristo. No se puede vivir la filiación divina sino es en estrecha e íntima unión de amor con Cristo crucificado, puesto que ahí, en la Cruz, es en donde Cristo revela los planes de salvación que Dios tiene para sus hijos, a los que adopta al pie de la Cruz. Entonces, en la filiación divina, elemento central en la santificación según el espíritu de la Obra, la Cruz tiene un lugar central, porque es en la Cruz en donde Jesús, en cuanto Hijo de Dios, lleva a cabo la salvación de los hombres y es en la Cruz en donde Dios adopta a los hombres como hijos suyos.
         Por último, el tercer lineamiento de santidad dado por San Josemaría es el cumplir la Voluntad de Dios, hecho que se refleja en la pesca milagrosa: en efecto, Pedro y los demás tenían motivos de sobra para decirle a Jesús que no habrían de pescar más y tampoco en el lugar donde Él decía, porque se habían pasado la noche pescando, sin resultados y además ya era de día y la pesca con fruto se hace de noche. Sin embargo, Pedro, dejando de lado sus razonamientos humanos, obedece a la Voluntad de Dios y, confiando en Dios, en su Poder, en su Sabiduría y en su Amor, arroja las redes al mar y lo que obtiene, en premio a su conformidad con la Voluntad de Dios, es la pesca milagrosa. De la misma manera, en el Opus Dei el alma se santifica cumpliendo la Voluntad de Dios y dejando de lado lo que nuestra débil razón no comprende, cuando se trata de los misterios insondables de la Voluntad Divina.
         El que se esfuerce por cumplir estos tres lineamientos –santificación del trabajo, vivir la divina filiación, cumplir la Voluntad divina-, tiene el Cielo asegurado, según San Josemaría Escrivá de Balaguer.