San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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viernes, 11 de julio de 2014

San Benito Abad y la Cruz de Jesús


         El abad San Benito creó una medalla con una cruz y una inscripción en latín, la cual luego fue reconocida por la Iglesia como sacramental, instituido en su memoria[1]. Con respecto a su significado, incorporado al Ritual Romano por Benedicto XIV en el año 1742[2], es de un neto contenido exorcístico, es decir, las inscripciones son en realidad las primeras letras de una oración de exorcismo contra el Demonio[3].
         ¿Cuál es su significado?
“Crux Sancta”: “La cruz santa”: la Cruz es santa porque en ella está Jesucristo, el Hombre-Dios, que es el Dios Tres veces Santo, y como tal, es quien santifica todo a su contacto, y por lo tanto, es quien hace a la cruz, santa; la cruz es santa porque es Jesús, el Dios Tres veces Santo, quien la santifica con su Ser divino trinitario; pero a su vez, la Cruz santa, santifica a quien se acerca a ella, porque la Cruz está empapada con la Sangre del Cordero, Sangre que es santa, porque brota de las heridas del Cordero “como degollado”, Cristo Jesús, que se inmola en el ara de la Cruz para salvar al hombre al precio de su vida, ofrecida en el sacrificio del Calvario, renovado de modo incruento, cada vez, en la Santa Misa.
“Sit Mihi Lux”: “sea mi luz (la Santa Cruz)”: la Cruz está empapada en Sangre, pero puesto que es la Sangre del Cordero, la Cruz es luz, porque la Sangre del Cordero es la Sangre de Dios y Dios es Luz (1 Jn 1, 5), Luz eterna, indefectible, trinitaria, celestial, sobrenatural, que da de esa vida eterna a aquel a quien ilumina, y por eso quien se acerca a la Cruz de Jesús, es iluminado por la luz eterna que brota del Costado abierto del Sagrado Corazón de Jesús.
“Non Draco Sit Mihi Dux”: “que el Dragón no sea mi guía”: quien se acerca a la Cruz de Jesús, es bañado por la Sangre del Cordero y es iluminado por la luz eterna que brota del Costado abierto del Hombre-Dios; quien se acerca a la Cruz de Jesús, recibe la vida eterna del Hijo de Dios encarnado, crucificado, muerto y resucitado y por lo mismo, es convertido en hijo adoptivo de Dios y como hijo adoptivo de Dios, es hijo de la luz y nada tiene que ver con las tinieblas, con los hijos del Dragón, la Serpiente Antigua, el Ángel caído, Satanás. Quien se acerca a la Cruz de Jesús, es bañado por la Sangre del Cordero de todas sus iniquidades y es iluminado por su luz eterna y así es conducido hacia la morada santa, el seno del Padre Eterno, y no es engañado por la Serpiente. Por el contrario, quien se aleja de la Cruz de Jesús, es arrastrado por el Dragón Rojo hacia el abismo en donde no hay redención; quien se aleja de la Cruz de Jesús, tiene por guía a la Estrella Roja, al Dragón del Infierno, que lo conduce con sus mentiras y engaños hacia la eterna perdición, hacia las tinieblas eternas.
“Vade retro Satana”: “Atrás Satanás”: solo la Cruz de Jesús hace retroceder al Dragón del Infierno; solo la Cruz de Jesús lo vence, de una vez y para siempre, porque la Cruz está empapada con la Sangre del Cordero de Dios; ante la vista de la Cruz de Jesús, la Serpiente Antigua huye como una fiera enloquecida de terror; ante la vista de la Cruz de Jesús, el Ángel caído, y el Infierno todo, se estremecen de pavor, se conmueven de terror, aúllan de desesperación, porque de la Cruz de Jesús emana la omnipotencia de Dios Uno y Trino que hace sentir todo el peso de la ira y de la justicia divina hasta en el último rincón del Infierno. Es por este motivo que Santa Teresa de Ávila decía: “Antes tenía temor del demonio; pero con la Cruz de Jesús, ahora es el demonio quien me tiene miedo a mí”.
“Nunquam Suadeas Mihi Vana”: “No me aconsejes cosas vanas”: la Cruz de Jesús protege de las cosas vanas que aconseja el demonio, las vanidades y superficialidades del mundo, que hoy están y a la tarde ya han desaparecido. Todo lo que no sea la Cruz de Jesús, es “vanidad de vanidades y pura vanidad y correr tras el viento” (Ecle 1, 2; 4, 4). Por eso San Ignacio de Loyola decía que el alma debía desear solo lo que Cristo deseaba en la Cruz, y debía desechar lo que Cristo desechaba en la Cruz: “Dolor con Cristo doloroso; quebranto con Cristo quebrantado; lágrimas, pena interna, de tanta pena que pasó por mis pecados”.
“Sunt Mala Quae Libas”: “Es malo lo que me ofreces”: el Demonio solo ofrece “cosas malas”, dice San Benito, y estas “cosas malas”, son las ideologías ofrecidas al hombre para que este se postre en su adoración: materialismo, relativismo, ateísmo, agnosticismo, panteísmo, neo-paganismo nueva era, comunismo, liberalismo, consumismo, existencialismo, sectas, falsas religiones, etc. Solo la Cruz de Jesús ofrece al hombre el verdadero Camino, la única Verdad y la Vida eterna, porque solo en la Cruz de Jesús encuentra el hombre a Cristo, el Hijo Eterno del Padre. Quien se abraza a la Cruz de Jesús, recibe el Espíritu Santo, que lo conduce al seno del Padre; por la Cruz de Jesús, recibimos el Amor Divino que nos perdona y nos conduce a la comunión plena en el Amor con el Padre y el Hijo.
“Ipse Venena Bibas”: “Bebe tú mismo tus venenos”: quien se abraza a la Cruz de Jesús, se abraza a la Carne y la Sangre del Cordero, Carne y Sangre que contienen el Fuego del Espíritu de Dios, y así su alma se alimenta con el Amor de Dios, y quien se alimenta del Amor de Dios, nada sabe de los venenos del Dragón, el cual debe así “beberse sus propios venenos”, el odio a Dios y a los hombres, la discordia, la maledicencia, la lujuria, la pereza, la ira, la gula, la avaricia, la soberbia. Quien se abraza a la Cruz de Jesús, se abraza al Amor de Dios, encarnado en el Cordero crucificado, y así se alimenta del Amor de Dios, el Amor que se dona a sí mismo en la Eucaristía, y nada sabe ni le interesa, de los venenos del Dragón.
“Pax”: “Paz”: la Cruz de Jesús da la Paz de Dios, la única y verdadera paz posible para el hombre, porque es la paz profunda, espiritual, que sobreviene al alma luego de ser bañada y purificada de sus pecados por la Sangre del Cordero y ser así convertida en templo santo de Dios, en donde mora la Santísima Trinidad. Solo la Cruz de Jesús, que limpia al alma de sus pecados con la Sangre de Jesús, la convierte en templo del Espíritu Santo, y la vuelve morada de Dios Uno y Trino, concede al alma la verdadera y única paz posible, la Paz de Jesucristo, la Paz de Dios.



[1] Como todo sacramental, su eficacia no radica en la medalla en sí misma, sino en Cristo, quien lo otorga a la Iglesia; además, es necesaria la fe en Cristo de quien usa la medalla.
[2] Cfr. http://es.wikipedia.org/wiki/Medalla_de_San_Benito
[3] En la cara Frontal o Anverso de la medalla de San Benito, aparece la figura de San Benito sosteniendo dos elementos: en su mano derecha, una cruz y en su mano izquierda, el libro de las Reglas, con la oración rodeando la figura del santo: Eius in obitu nostro praesentia muniamur! (A la hora de nuestra muerte seamos protegidos por su presencia; por este motivo, San Benito es el Patrono de la buena muerte). En el fondo de la imagen aparece, hacia un lado, una copa envenenada, porque, según la tradición, cuando el santo hizo sobre ella la señal de la cruz, salió una serpiente. Hacia el otro lado del santo, aparece un cuervo que se lleva un pan, porque también según la tradición, un enemigo celoso intentó envenenar a San Benito, dándole un trozo de pan envenenado, pero antes de que el santo lo pudiera comer, apareció un cuervo y se lo llevó, y esto es lo que aparece representado en la medalla. Arriba de la cruz aparecen las palabras Crux sanctis patris Benedicti, es decir: “Cruz del santo Padre Benito”. En el reverso de la medalla, se muestra la cruz de San Benito con las letras: Crux Sancti Patris Benedicti (C.S.P.B.): que en castellano es: Cruz del Santo Padre Benito/Crux Sancta Sit Mihi Lux (C.S.S.M.L.): “La santa Cruz sea mi luz” (crucero vertical de la cruz)/Non Draco Sit Mihi Dux (N.D.S.M.D.): “No sea el demonio mi señor/guía (dux = duque = Señor (en un sentido feudal), en clara analogía a Dios mismo)” (crucero horizontal)/En círculo, comenzando por arriba hacia la derecha:/Vade Retro Satana! (V.R.S.): “¡Retrocede, Satanás!” (Vade =Ir ; Retro= Atrás)/Nunquam (algunos dicen que es “Non2) Suade Mihi Vana! (N.S.M.V.): “No me persuadas con cosas vanas”/Sunt Mala Quae Libas (S.M.Q.L.): “Malo es lo que me ofreces”/Ipse Venena bibas (I.V.B.): “Bebe tú mismo tus venenos”/PAX: “Paz”.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Los 522 mártires españoles muertos por el odio satánico contra la Fe no eran activistas políticos


         Como consecuencia de la mayor beatificación de la historia -522 mártires de la Guerra Civil Española-, han surgido voces contrarias a dicha beatificación, argumentando que se trató de un hecho político[1]: los mártires serían en realidad “activistas políticos de derecha” asesinados por sus opositores, los “activistas políticos de izquierda”. Presentar así el caso, es reducir el misterio del martirio a la capacidad de comprensión de la razón humana, es decir, es reducir el misterio a prácticamente la nada.
Para comprender el alcance de la beatificación de estos mártires, y para no reducir a la nada su martirio, es necesario leer el martirio a la luz de la Cruz de Cristo. Como tal, el martirio se inscribe en la lucha entre Cristo, Rey de los mártires, y el Demonio, Asesino desde el principio y Príncipe de las tinieblas. Mientras los mártires participan de la muerte sacrificial de Cristo, sus verdugos o asesinos, por el contrario, participan del odio que experimenta el Ángel caído, Satanás, contra Dios y su Cristo, odio que se hace extensivo también hacia la Madre de Dios, la Virgen María. Este odio de la Serpiente Antigua está retratado y narrado en el Apocalipsis, en el capítulo en donde se habla del “Dragón” que quiere “ahogar con su vómito” al Niño que está en brazos de la Mujer, a la cual se le dan “dos alas de águila” para que huya al desierto y ponga a salvo a su Hijo del ataque del Dragón (cfr. 12, 6-13. 18).
Este odio satánico ha tenido y tiene su expresión en múltiples ideologías anti-cristianas, principalmente el capitalismo liberal y el comunismo marxista, responsable este último del sangriento y salvaje ataque a la Iglesia Católica durante la Guerra Civil Española, y responsable de la muerte de los 522 mártires beatificados recientemente, además de unos cien millones de muertos, en todo el ámbito de su influencia, que se extiende desde Europa Central hasta China, pasando por Rusia, los países eslavos y los países asiáticos.
Los 522 mártires no fueron “caídos en una guerra civil”, como si formaran parte de uno de los dos bandos civiles en lucha, sino que fueron asesinados por odio contra la Fe -como lo afirma el Papa Francisco: “asesinados por su fe durante la Guerra Civil española”[2]- por quienes estaban envueltos en la “niebla diabólica de una ideología” –la ideología marxista y comunista-.
Por último, y precisamente porque no fueron “caídos en una guerra civil”, los mártires beatificados son la semilla de la paz y de la reconciliación entre los hombres, porque habiendo sufrido muerte cruenta y violenta a manos de sus verdugos, por el hecho de ser partícipes de la Muerte redentora del Rey de los mártires, Jesucristo, ellos ofrecieron sus vidas por quienes los asesinaban imitando así a su Rey, que ofreció su vida implorando el perdón divino por quienes lo crucificaban: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). 
Este es entonces el mensaje de santidad de los 522 mártires: muertos por el odio satánico contra Jesucristo y su Iglesia, unidos a Cristo conceden la paz y el Amor de Dios a sus enemigos y a la humanidad entera. Los mártires nos demuestran así que las “puertas del infierno jamás prevalecerán contra la Iglesia” (Mt 16, 18)porque el Amor de Dios –Dios, que es Amor (cfr. 1 Jn 4, 8)-, es más fuerte que el odio del Ángel caído y de los hombres asociados a él.




[1] Cfr. las lamentables declaraciones de una monja de ¿clausura? Teresa Forcades, http://germinansgerminabit.blogspot.com.es/2013/10/sor-forcades-cada-dia-mas-izquierdosa-y.html: “No tengo ninguna opinión crítica por beatificar a una persona asesinada por defender su fe, pero el acto de mañana, como cualquier acto, tiene una dimensión política". "en el inicio de sus causas eran mártires de la Guerra Civil" "(los asesinatos ocurrieron) dentro de un conflicto político, un conflicto que acabó en una situación de dictadura franquista, y en esa dictadura la Iglesia católica no tuvo un papel neutro sino que apoyó al régimen franquista". "Ésa es una herida abierta, y ante esa colaboración con el franquismo de la Iglesia católica, aún hoy no hemos hecho una reevaluación crítica y no hemos pedido perdón por nuestra asociación con un régimen violento y antidemocrático que asesinó a centenares de miles de personas", “(la Iglesia Católica tiene que) hacer un reconocimiento público de su papel en la dictadura y pedir perdón a la sociedad". "Pero en vez de hacer eso, mis hermanos benedictinos en el Valle de los Caídos hacen una celebración diaria de la eucaristía en la tumba del general Franco”.

viernes, 19 de abril de 2013

San Expedito, la Cruz y el cuervo



         En la imagen que lo representa, San Expedito se encuentra sosteniendo una cruz blanca, con la inscripción en latín “Hodie” (que significia “hoy”), y bajo su pie derecho, yace aplastado un cuervo negro que en su pico lleva una inscripción, también en latín, “cras” (que significa “mañana”).
         ¿Qué quiere decir esto?
         Quiere decir que es verdad aquello que la Biblia nos dice: “Delante del hombre están la vida y el bien, la muerte y el mal”; lo que él elija, eso se le dará” (Eclo 18, 17). A San Expedito, en un momento determinado de su vida, se le presentan el Bien –Jesús con su Cruz y su gracia santificante- y el Mal –el demonio, con sus tentaciones y su rechazo de la gracia-. Al santo se le presenta la oportunidad de elegir, y elige el Bien; elige a Jesús y su Cruz, y es por eso que se vuelve capaz de derrotar al enemigo de las almas, el demonio.
         Lo que le sucede a San Expedito, le sucede a todo hombre, todos los días, hasta el fin de sus días, hasta la muerte: a todo hombre se le da la oportunidad de elegir: o el Bien o el Mal; o Dios o el ángel caído; o Jesucristo o el Demonio. Ahora bien, ni uno ni otro –ni Dios ni el Diablo- obligan, porque el hombre ha sido creado “a imagen y semejanza de Dios”, y lo que más asemeja al hombre a Dios, es la libertad. Jesús, en el Evangelio, no nos obliga a seguirlo, puesto que dice: “Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día y me siga” (Lc 9, 23). Claramente, Jesús no nos obliga: “Si alguien quiere seguirme, que me siga”. Pero el seguimiento de Jesús implica la negación de uno mismo –negación de las pasiones, negación del enojo, la ira, la pereza- y el seguimiento por el camino del Calvario, que no es nunca un camino fácil, porque implica el cumplimiento de los Mandamientos de Dios, que inclinan al bien, y no los mandamientos de la propia voluntad, que inclinan al mal. 
El Camino de la Cruz es camino seguro, porque conduce indefectiblemente al cielo, pero no es fácil. “Si alguien quiere seguirme, que me siga”, dice Jesús, con lo cual vemos que no nos obliga a su seguimiento, como tampoco lo hace el demonio. El demonio no obliga a cometer el pecado; el demonio no obliga a ceder a la tentación; el demonio no obliga a cumplir sus mandamientos, los mandamientos de Satanás, el primero de los cuales es: “Yo hago lo que quiero”. El demonio se limita a presentarnos la tentación, así como el cazador presenta a la presa que quiere cazar, una trampa escondida debajo de un alimento apetitoso, sabroso, deleitable a la vista, pero no nos obliga, de ninguna manera, a que consintamos la tentación.
         El demonio solo presenta la tentación, pero jamás entra en el santuario de la libertad, que permanece inviolable y, como vemos, tampoco entra Dios. Dios es sumamente respetuoso de nuestra libertad, y por eso no nos obliga a su seguimiento; el demonio no entra, no porque sea respetuoso, sino porque Dios se lo impide.
Esto quiere decir que en nosotros permanece siempre la posibilidad de elegir: o el bien o el mal, o Dios o el ángel caído, o Jesucristo o Satanás, o la virtud o el pecado. A esto hay que agregar que siempre, indefectiblemente, contamos con la ayuda de la gracia, que nos auxilia para elegir el bien y para superar la tentación.
Cuando cometemos un pecado, es decir, cuando elegimos el mal en vez del bien, cuando elegimos al demonio en vez de Dios, cuando elegimos cumplir los mandamientos de Satanás en vez de los de Dios –los mandamientos de Satanás son los opuestos a los de Dios-, es porque libremente decidimos no contar con el auxilio de la gracia, y libremente decidimos rechazar los mandamientos de Dios, para cumplir los de Satanás.
Nadie puede decir: “Dios me abandonó en la tentación”, “Dios no me dio fuerzas para resistir y la tentación fue muy fuerte”, porque si alguien dice eso, miente con una mentira absoluta. Dios siempre asiste con su gracia para que elijamos el bien –de hecho, el solo hecho de desear elegir el bien significa que contamos con su gracia-; si terminamos eligiendo y obrando el mal, es porque libremente decidimos en contra de Dios.
Esta es la razón por la cual aquel que se condena, lo hace libremente; no es Dios quien, con un rayo fulminante, lo arroja al infierno; es la persona misma quien, libremente, decidió apartarse de Dios porque prefirió el mal y el pecado y no a Él, que es el Sumo y Perfecto Bien.
“Delante del hombre están la vida y el bien, la muerte y el mal”; lo que él elija, eso se le dará” (Eclo 18, 17). En todo momento de la vida nos ocurre lo de San Expedito: la posibilidad de elegir entre el bien y el mal, entre Dios y el ángel caído, entre Jesucristo y Satanás, entre el pecado y la virtud. Debido a que es en nuestro prójimo en donde recaen nuestras decisiones, no hace falta que se nos aparezca el demonio como cuervo para saber si elegimos el bien o el mal; basta con que nos demos cuenta que nuestro prójimo es la medida para saber si estamos eligiendo a Dios o al diablo. Si somos misericordiosos con el prójimo, estamos eligiendo a Dios; si no somos misericordiosos, no estamos eligiendo a Dios, sino al Negro Cuervo del Infierno, el Demonio. El devoto de San Expedito debe pedirle, entonces, que le ayude a elegir siempre a Cristo y su Cruz.

lunes, 18 de febrero de 2013

San Expedito elige la Cruz en vez de la tentación



         Al observar la imagen de San Expedito, notamos que en su mano derecha sostiene, en alto, la Cruz de Cristo, mientras que con su pie derecho, al mismo tiempo, aplasta a un cuervo negro, el Demonio.
         Esto nos indica, visiblemente, cuál fue la elección interior, invisible, de San Expedito: entre la Cruz de Cristo, que significa la negación de sí mismo para imitar a Cristo que lleva la Cruz camino del Calvario, y la tentación ofrecida por el Demonio, representado en el cuervo negro, San Expedito elige la Cruz. A su vez, el santo elige la Cruz porque es fiel a la gracia de la conversión, que le pide el adherirse a Cristo sin demoras, de modo urgente.
         El ejemplo de San Expedito nos ayuda entonces a vivir la Cuaresma con espíritu de penitencia, porque nos enseña a elegir bien: entre la tentación, ofrecida por el Demonio, y la Cruz del Hijo de Dios, ofrecida por Dios Padre, debemos elegir la Cruz de Cristo.
         El mundo de hoy, sometido a las obras del Príncipe de las tinieblas, ofrece múltiples ocasiones de tentaciones, de todo tipo, adaptadas para cada temperamento, para cada carácter, para cada personalidad. El mundo de hoy ofrece las tentaciones bajo un aspecto agradable, multicolor, pleno de sabores, de sensaciones, de licencias de todo tipo, pero que esconden el aguijón venenoso del pecado. Así, el mundo tienta al hombre con asistir al estadio de fútbol el domingo, pero el cristiano debe responder con la Cruz de Cristo, que consiste en asistir a la Iglesia para recibir el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía; el mundo de hoy tienta al hombre con el alcohol, las drogas, la música ensordecedora, los bailes sensuales y lascivos, el erotismo y la pornografía, como medios de corromper al “templo de Dios”, pero el cristiano debe elegir la Cruz de Cristo, que significa vestir con modestia, evitar el alcohol y todo tipo de substancias tóxicas, escuchar música decente, evitar los bailes desenfrenados, para así conservar la pureza del cuerpo, “templo del Espíritu”; el mundo de hoy tienta con el poder, con el dinero, con el placer, y así lleva a hacer “lo que uno quiera”, pero el cristiano debe elegir la Cruz de Cristo, que es obedecer los mandamientos de Dios y no los de Satanás, para así cumplir la Voluntad divina en cada momento de la vida.
Cruz o tentación. La Cruz de Cristo o la tentación de la concupiscencia, que nace del corazón herido por el pecado original, y la tentación del demonio, que las pone a cada paso como trampas mortales para alejarnos para siempre de la vida eterna: lo que cada uno elija, eso le será dado. San Expedito eligió la Cruz de Cristo, y le fue dado participar de la fuerza de la Cruz para vencer a la tentación y al demonio, y luego el cielo en recompensa. Como devotos de San Expedito, pidámosle entonces que interceda para que obtengamos la gracia de elegir siempre la Cruz de Cristo.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

San Expedito y el poder de la Cruz de Cristo



         Cuando San Expedito recibe la gracia de la conversión, inmediatamente el demonio, que se le aparece bajo forma de un cuervo repelente y apestoso, trata de disuadirlo de la decisión que ha tomado, y busca presentarle falsas razones para postergar la conversión: por un lado, le presenta la virtud y la negación de sí mismo, que es en lo que consiste la Cruz, como algo fastidioso, pesado, costoso, inútil; al mismo tiempo, le presenta sus venenos, las tentaciones, como algo bueno y apetitoso, escondiendo precisamente el veneno: el deseo carnal, la lujuria, la ira, la venganza, la pereza espiritual y física, la avaricia, la embriaguez, la curiosidad vana, la envidia.
         Es decir, al darse cuenta el demonio que San Expedito ha decidido comenzar a vivir y a cumplir los mandamientos de la Ley de Dios, le contrapone sus mandamientos, los mandamientos de Satanás: al mandamiento: “Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo”, el demonio le contrapone: “Ámate egoístamente a ti mismo, sin que te importen ni Dios ni el prójimo”; al mandamiento: “No tomarás el Nombre de Dios en vano”, el demonio dice: “Jura en falso, usa el nombre de Dios para tu propia conveniencia y, si es posible, hasta para ganar dinero” (esto es lo que hacen las sectas); al mandamiento: “Santificarás las fiestas”, que es principalmente el precepto de la Misa dominical, el demonio le contrapone: “Viernes, Sábado y Domingo, son días de descanso, de relajación y de fiesta; vé y diviértete, baila, toma alcohol, descansa, olvídate de Dios y de su Misa”; al mandamiento que dice: “Honrarás padre y madre”, el demonio dice: “No tengas respeto por tus padres, levántales la voz, enójate con ellos, trátalos mal, y si necesitan algo, que se las arreglen solos”; al mandamiento que dice: “No matarás”, el demonio dice: “No te preocupes por la vida ajena; sé favorable al aborto y a la eutanasia, odia la vida humana y busca su destrucción, y si no puedes tú destruirla personalmente, asesina la vida de otros lentamente, por medio de la droga, el alcohol, las adicciones de todo tipo”; al mandamiento: “No cometerás actos impuros”, el demonio dice: “Comete actos impuros, mira toda la pornografía que quieras, deléitate en la impureza, en las imágenes lascivas, en la sensualidad, en el erotismo; vístete según la moda indecente, y cuanto más indecente, mejor; no prives a tus ojos de nada de lo que  te pidan; ingresa por tu vista cuanta imagen erótica y lasciva quieras, y también con tus pensamientos y con tu imaginación, para que el cuerpo, que fue creado para ser templo del Espíritu de Dios, se convierta en la cueva preferida de uno de mis demonios más grandes, Asmodeo, el demonio de la lujuria”; al mandamiento que dice: “No robarás”, el demonio le contrapone lo siguiente: “Roba, hurta, aprópiate de todo lo que no es tuyo; no tengas temor en desear con avaricia, con codicia, y si no puedes apropiarte de las cosas ajenas de buenas maneras, utiliza las formas violentas, el atraco y el asalto; no importa que te digan que nada material te llevarás a la otra vida; acuérdate de la frase de Aquél que murió en la Cruz: “Donde esté tu tesoro estará tu corazón”, ¿acaso no hay algo más lindo que pegar el corazón a los bienes materiales, al dinero, al oro y a la plata? Si te aferras a ellos con todo tu corazón, ¡serán tuyos para siempre en el infierno! Eso sí, no podrás disfrutarlos mucho, porque en el infierno todo está envuelto en llamas ardientes que provocan mucho dolor, ¡pero eso a ti que te importa! ¡Roba el dinero que no es tuyo, aprópiate de todos los bienes que puedas, y serás mi compañero para siempre en el lago ardiente!”; al mandamiento que dice: “No levantarás falso testimonio ni mentirás”, el demonio le contrapone: “¿Alguien se hizo rico diciendo la verdad? ¿Acaso no mienten todos? ¿Por qué no mentir, empezando con “mentiras piadosas”, que siempre son mentiras, para terminar con mentiras cada vez más grandes? Cuantas más mentiras digas, más amigo mío serás, que fui llamado por el Crucificado: “Príncipe de la mentira”; miente, calumnia, perjudica a tu prójimo con la lengua, y así una vez que estés en el infierno, te convencerás de su verdad y del poder de la mentira: ¡es tan poderosa, que abre las puertas de mi morada infernal!”; al mandamiento que dice: “No consentirás pensamientos ni deseos impuros”, el demonio le contrapone: “Piensa todas las impurezas que quieras, y deséalas, pero no sólo las carnales, sino también las espirituales, aquellas que tienen dentro el veneno del error y de la herejía, y hazte fiel seguidor de ídolos: el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte, o si no te van estos, hazte seguidor de ídolos de la televisión, del fútbol, de la política, del cine, como Messi, Harry Potter, Lady Gaga, y tantos otros, total, al final de tu vida, ninguno de ellos estará presente para salvarte”; al mandamiento: “No codiciarás los bienes ajenos”, el demonio dice: “Codicia y apetece todo lo que no te pertenece; codicia lo que no necesitas, acumula toda clase de bienes; envidia lo que los otros poseen; todo eso te hará imposible subir a la Cruz, ¡y así, con todos estos bienes codiciados y mal habidos, te precipitarás en el lago de fuego, y entonces me gozaré de tu dolor para siempre”.
El demonio entonces le presenta a San Expedito sus mandamientos, contraponiéndolos a los mandamientos de Dios, pero San Expedito dice que “no” a todos los engaños de Satanás, y dice que “sí” a la gracia de la conversión, y esto de modo inmediato, sin dudar un solo instante.
¿De dónde saca, San Expedito, toda la fuerza necesaria y toda la luz que necesita para descubrir y vencer los engaños del demonio? De la Cruz de Cristo, y éste es el motivo por el cual San Expedito alza en alto la blanca Cruz de Cristo, al tiempo que dice: “Hodie”, es decir, “Hoy”, y al tiempo que aplasta la cabeza del demonio, que se le aparece en forma de cuervo.
         De la Cruz de Cristo emana una fuerza poderosísima, que vuelve invencible al hombre en su lucha contra el ángel caído, y le permite vencer el sueño de la pereza y del desgano, para hacer la obra de la salvación, para cumplir con su deber de estado y todavía más, para obrar obras de misericordia con las cuales abrir las puertas del cielo; de la Cruz de Cristo emana una sabiduría celestial, que da al hombre la misma inteligencia de Dios, inteligencia que le permite ser “astuto como serpiente”, para vencer las malignas astucias de la Serpiente Antigua, el Dragón rojo, Satanás; de la Cruz de Cristo emana un Amor celestial, que le permite al hombre vencer el odio egoísta que quema el corazón como un tizón encendido, y encender a su vez su corazón con el Amor del Espíritu Santo, Amor que es fuego de Amor divino, que enciende en llamas pero que no solo no provoca dolor, sino que concede al hombre la paz, la alegría, el amor y la bondad de Dios. San Expedito enarbola el Victorioso Estandarte ensangrentado de la Cruz, y es así como sale victorioso frente a todas las insidias del demonio.
         Al recordar a San Expedito en su día, recordemos cómo lleva en su mano derecha la Cruz de Cristo, Cruz que le da la fuerza misma de Dios Trino, para aplastar con su pie la cabeza del cuervo repelente, el demonio.

miércoles, 27 de junio de 2012

San Expedito aplasta al demonio con la fuerza de la Cruz de Cristo



         Al detenernos a contemplar la imagen de San Expedito, observamos que, aplastado bajo su pie derecho, aparece un cuervo. Lejos de ser el simpático animalito que todos conocemos, se trata en realidad del Demonio, que se le apareció a San Expedito bajo la forma de cuervo.
         Ante esto, y como devotos del santo, nos podemos preguntar: ¿qué hace el Demonio, para ser aplastado por San Expedito?
         Para saberlo, analicemos brevemente el accionar del Demonio: ante todo, el Demonio, llamado por Jesús “Padre de la mentira”, hace creer que esta vida terrena es la única que hay, y que por lo tanto es para “disfrutar”, para “pasarla bien”, y para eso elabora todo un sofisticado sistema de seducción a través de los medios de comunicación. Es así como los entretenimientos y pasatiempos humanos se multiplican y se vuelven omnipresentes, como sucede por ejemplo con el fútbol: existen torneos de todo tipo –locales, provinciales, regionales, internacionales, mundiales- que se transmiten a toda hora y por numerosos canales de televisión. Lo mismo sucede con la moda, el espectáculo, el cine, la música –particularmente nocivas y demoníacas son la “música” cumbia y el rock-: sus ofertas, sobre todo por televisión, se multiplican casi al infinito, volviéndose más y más atractivas de manera particular los fines de semana, de manera tal que se instala en el común de la gente la idea de que el fin de semana –comenzando ya incluso desde el jueves- es para “divertirse” y “hacer fiesta”, dejando de lado por completo la idea del viernes como día penitencial que recuerda a la Pasión, del sábado como día para recordar a la Virgen en soledad por la muerte de su Hijo, y del Domingo como “Día del Señor”, es decir, como el día más importante de la semana, dedicado a conmemorar la resurrección de Jesucristo.
         Es así como cientos de miles y miles de niños y jóvenes, en nuestro país y en el mundo entero, han abandonado -o más bien, ni siquiera han adoptado nunca- el hábito de hacer oración, de leer la Biblia, de meditar, de leer vidas de santos y, por supuesto, de asistir a Misa dominical, todo lo cual supone un rotundo triunfo de las oscuras fuerzas del infierno. Esto se comprueba fácilmente: la gran mayoría de niños y jóvenes –y no tan jóvenes- conocen y aman más a Messi que a Jesucristo, y ante la opción de asistir a Misa en el mismo horario en el que juega la Selección, o el Barcelona, o cualquier equipo de fútbol conocido mediáticamente, la elección es por todos conocida: se prefiere al ídolo demoníaco del fútbol antes que a Jesús Eucaristía. Si se piensa que en el siglo pasado, el demonio exultó de alegría cuando difundiendo falsos rumores sobre la liberación de dos niños posesos hizo asistir en un día domingo, por curiosidad, a cientos de personas, y la causa de su alegría era haber inducido a que toda esa gente cometiera pecado mortal al faltar a la Santa Misa dominical, nos podemos imaginar fácilmente la alegría que experimenta en nuestros tiempos, cuando los estadios de fútbol, las salas de cines, los paseos de compras, están llenos los domingos, mientras que las iglesias están vacías.
         Otro engaño del Demonio, muy frecuente en estos días, y aparejado con esto que venimos diciendo, es la difusión de la creencia de que la Iglesia con sus sacramentos, principalmente la Eucaristía, no son necesarios para la salvación, ya que cada uno se puede salvar a sí mismo. Así se ve el abandono masivo de las confesiones y de las comuniones eucarísticas, o también comuniones sin confesiones previas.
         Otro engaño del Demonio consiste en presentar a los sentidos cosas que son malas y perversas, haciéndolas pasar por buenas, con el consiguiente daño no solo corporal, físico y mental, sino ante todo espiritual. Así es como todo lo malo se presenta como bueno: la droga, el aborto, las relaciones anti-naturales, el divorcio, el concubinato, la sensualidad en la moda y en el vestir, el poder, el dinero, la violencia, etc.
         Este el accionar del Demonio en nuestros días, esparciendo errores, mentiras, falsedades y engaños, para hacer caer a las almas en pecado mortal y poder arrastrarlas al infierno, como muestra de su insaciable odio a Dios.Y tiene mucho éxito en su empeño, según las apariciones de la Virgen María en Fátima, en donde les muestra a los pastorcitos las almas que caen en el infierno, "como las hojas de los árboles caen en otoño".
Como devotos de San Expedito, le pedimos a Él y a María Santísima, que intercedan ante Jesucristo, para que también nosotros, al igual que él, podamos aplastar al Demonio con la fuerza omnipotente de la Cruz del Salvador.

jueves, 19 de enero de 2012

San Expedito y la celeridad de la respuesta a la gracia



         Lo que caracteriza a San Expedito, y por eso es llamado el santo de las “causas urgentes”, es su celeridad a la respuesta de la gracia, sin ceder a la tentación. Cuando recibe la gracia de la conversión, en la que él con su libertad debía decir que “sí”, inmediatamente se le aparece el demonio en forma de cuervo, para tentarlo con la pereza espiritual, la acedia, que lo inducía a postergar para otro momento la respuesta a la gracia, diciéndole: “Mañana, mañana… Deja la conversión para mañana, disfruta ahora, hoy, esta dulce tentación que te ofrezco a tus sentidos y a tu alma”.
         Lejos de ceder a la acedia espiritual, a la pereza del alma, a la que lo quería llevar el demonio, San Expedito responde inmediatamente: “Hodie, hodie, hodie”, “Hoy” seré santo; hoy lucharé contra esta tentación; hoy retiraré este acto; hoy dejaré este vicio.
Otra cosa que se destaca en la conversión de San Expedito, es que nunca se habría imaginado todo lo que recibiría por haber sido fiel al Espíritu Santo: por una fracción de segundo de su libertad, en la cual le dijo que “sí” al don de Dios, San Expedito ganó una eternidad de felicidad, de alegría inimaginable, de dicha interminable, de paz, de amor, de vida, para siempre, por los siglos de los siglos.
Por responder rápidamente a la gracia, por no decir que “no” a lo que Dios le pedía en ese momento, que era luchar contra la tentación de la pereza, que inducida por el demonio, lo tentaba para dejar para más adelante la conversión, San Expedito gana toda una eternidad de felicidad.
Es lo opuesto al pecado: en el pecado, se dice que no a la gracia, y se dice que sí a la tentación, que es la que hace caer en el pecado, en el mal. Y las consecuencias también son distintas: por unos segundos de disfrute del mal, del pecado, de la tentación consentida, el daño producido al alma es letal, mortal, puesto que le provoca la pérdida de la gracia y la coloca en estado de condenación y, si el alma muere en ese estado, se condena irremediablemente en el infierno.
La Santísima Virgen, en sus apariciones en Fátima, el 13 de julio de 1917, les hizo ver a los pastorcitos el infierno y cómo caían las almas en el lago de fuego: “Nuestra Señora extendió sus manos y de repente los niños vieron un agujero en el suelo. Ese agujero, decía Lucía, era como un mar de fuego en el que se veían almas con forma humana, hombres y mujeres, consumiéndose en el fuego, gritando y llorando desconsoladamente. Lucía decía que los demonios tenían un aspecto horrible como de animales desconocidos. Los niños estaban tan horrorizados que Lucía gritó. Ella estaba tan atemorizada que pensó que moriría. María dijo a los niños: “Ustedes han visto el Infierno a donde los pecadores van cuando no se arrepiente”.
El mundo de hoy tiende muchas trampas a los cristianos que quieren vivir en gracia, a través de la televisión, a través de internet, a través de lo que se ve en la calle todos los días, y los cristianos tienen la oportunidad, a cada momento, de invocar a San Expedito para que interceda ante Dios y les conceda el poder responder rápidamente a la tentación, diciendo que no a programas de televisión indecentes, como los de bailes; diciendo que no, en el caso de los jóvenes, a la moda indecente, a la música indecente –cumbia, wachiturros, Lady Gagá, y tantos otros-; diciendo que no al permisivismo sexual; diciendo que no a la pereza espiritual de preferir un programa de televisión antes que la oración.
Muchos, muchísimos cristianos, caen en el pecado y viven en estado de condenación por no responder rápidamente a la gracia. Muchos, muchísimos cristianos, hacen lo opuesto a San Expedito: se dejan llevar por la pereza espiritual, la acedia, y ceden a la tentación, ven programas indecentes de televisión y dejan de rezar. Muchos se darán cuenta muy tarde el no haber imitado a San Expedito en su respuesta rápida a la gracia. 

martes, 20 de septiembre de 2011

Por qué San Expedito es el santo de las causas urgentes



¿Por qué San Expedito es el santo de las causas urgentes? Porque San Expedito no demoró ni siquiera un segundo su conversión. A pesar de que el demonio lo tentaba, para que postergara su conversión para otro día, apareciéndose como cuervo y gritando: “Cras”, que significa “Mañana”, San Expedito, movido por el amor a Dios, dijo: “Hodie”, que quiere decir: “Hoy”.

Esta es la verdadera “causa urgente” por la que debemos recurrir a la intercesión de San Expedito. Seguramente que hay muchas otras causas urgentes, pero la primera y fundamental, la más importante de todas, es la causa urgente de nuestra conversión.

A San Expedito tenemos que pedirle, antes de cualquier otra cosa, que nos comunique el amor que él tenía a Jesucristo, que fue lo que lo hizo convertirse sin dudar, rechazando las insidias del demonio.

Cuando el demonio nos dice esto, miente: “Espera a mañana para convertirte; continúa hoy con tu vida de pagano; continúa viendo ese programa indecente en televisión; continúa creyendo en los horóscopos y en la suerte; continúa depositando tu confianza en el dinero; continúa aferrado a tus vicios; continúa con el rencor a tu prójimo; Dios es bueno y te esperará, y te va a perdonar todas tus faltas; no es necesario que te conviertas ya, déjalo para mañana”. El demonio miente, porque no sabemos si hemos de vivir mañana; no sabemos si habremos de amanecer vivos; no sabemos si esta noche hemos de morir, y si no nos convertimos ya, ahora, hoy, en este momento, corremos el riesgo de morir en pecado mortal, y así, con la oscuridad en el alma, nos presentaremos ante el juicio de Dios, en donde no habrá ya tiempo para el arrepentimiento y la conversión.

Pero si decidimos a convertirnos, le pedimos a San Expedito que nos ayude en la conversión, para estar en paz con Dios y con el prójimo, y si morimos, iremos a disfrutar de la Presencia de Dios por toda la eternidad.

miércoles, 19 de enero de 2011

Pidamos a San Expedito que intervenga urgentemente, intercediendo por nuestra conversión


San Expedito es conocido como el santo de las "causas urgentes", porque él mismo, en su conversión, obró de manera rápida, urgente, sin dilatar su "sí" a Jesucristo: cuando recibió en su alma la gracia de la conversión, proveniente del Espíritu Santo, no dudó ni un instante, abandonando en el acto su vida de pagano, y abrazando la fe cristiana.
Como pagano, San Expedito llevaba una vida alejada de Dios, porque no conocía al Dios verdadero y, muy probablemente, creía en ídolos y en supersticiones, como hacían los romanos de su tiempo, que adoraban a muchos dioses. Vivía en la oscuridad, y alejado de la Verdad Absoluta, que es Dios.
Pero en el instante en el que San Expedito recibió la gracia de la conversión, en el instante en el que su alma fue iluminada por la luz de la gracia, donada por el Espíritu Santo, San Expedito no dudó ni un instante, y dando su asentimiento a la gracia, permitió que esta lo iluminara desde lo más profundo de su ser, y fue así como se convirtió. Rechazó las tinieblas del paganismo, y abrazó la luz eterna de Dios, revelada y manifestada en la cruz de Cristo y en su resurrección.
Esta conversión del santo está graficada en el episodio por el cual lo conocemos: cuando recibió la iluminación interna que lo llamaba a abrazar la cruz de Cristo, y a dejar el mundo de las tinieblas, del pecado, y del rechazo de Dios, se le apareció en ese momento la bestia del Averno, el demonio, bajo la forma de un horrible cuervo negro, que comenzó a sobrevolar sobre San Expedito, diciéndole con graznidos: "Cras, cras", que significa: "Mañana, mañana". El demonio buscaba tentar al santo proponiéndole postergar su conversión, dejándola para otro día. Si San Expedito aceptaba la propuesta del demonio, cayendo en su trampa, el demonio tendría la oportunidad de tentarlo con mucha más fuerza, aprovechando la negación que San Expedito haría de la gracia. Pero San Expedito, enamorado de la luz eterna de Dios, Jesucristo, y encendido su corazón en el Amor divino, demostrado en el sacrificio de Cristo en la cruz, rechazó en el acto la tentación demoníaca, y aprovechando que el demonio, en figura de cuervo, se le había acercado a sus pies, lo aplastó con la fuerza de Cristo crucificado, diciendo: "Hodie", que significa: "Hoy". Es decir, al "mañana" incierto del demonio, San Expedito le responde "hoy", con el eterno y seguro presente de Cristo, sin posponer en absoluto su conversión.
Debemos aprender del ejemplo de la aceptación de la gracia de San Expedito, porque Dios concede a todos la gracia de la conversión, pero también debemos aprender de su rechazo de las tentaciones del demonio, porque, al igual que en los tiempos del santo, el demonio también se presenta hoy, buscando engañarnos.
Hoy, más que nunca, el demonio se manifiesta en múltiples formas, bajo múltiples tentaciones, pues estamos inmersos en una cultura satánica, que posee manifestaciones del infierno, ya sea en la música, en el cine, en la televisión, en internet, en la cultura, en la ciencia, en la educación, es decir, en prácticamente todas las manifestaciones del hombre: aborto, eutanasia, educación sexual anti-natural para niños, eugenesia, películas con contenido pagano -Avatar- o demoníaco -Harry Potter-, programas televisivos en donde se incita a la lujuria y a la lascivia, música con mensajes subliminales, espectáculos con contenido abiertamente satánico, etc., que nos proponen dejar de lado la conversión, no sólo para un incierto mañana -no sabemos si moriremos esta noche-, sino para "nunca": la propuesta del demonio para nuestros días no es dejar la conversión para mañana, sino posponerla para siempre, para que, adormecidos en su tentación, cerremos los ojos en esta vida, y los abramos en el infierno.
Los cristianos, que vivimos en una cultura cada vez más satánica -es la cultura de la muerte, que busca la muerte corporal y también la espiritual del hombre-, estamos tentados, y lo somos cada vez más, y es por eso que el ejemplo de San Expedito es totalmente válido para nuestros días: como San Expedito, también nosotros debemos decir: "Hoy", "ya", "ahora" decido la conversión; "Hoy" rechazaré esta tentación; "Hoy" lucharé contra mi defecto dominante; "Hoy" viviré el amor cristiano con mi prójimo; "Hoy" perdonaré a quien me ofendió; "Hoy" pediré perdón por el daño o las ofensas cometidas. "Hoy" y no mañana, como San Expedito.
Es esta la "causa urgente" que debemos pedir al Santo -no hay ninguna otra "causa urgente" más importante, ni el trabajo, ni la salud, ni el pan para comer- para que interceda por nosotros y por nuestros seres queridos: la conversión del corazón, "ahora", "ya", "urgente", porque no sabemos si habremos de morir esta noche, y así la muerte nos sorprenderá con el corazón vuelto hacia la luz eterna de Cristo.