San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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viernes, 19 de julio de 2019

San Expedito y la elección de Cristo Eucaristía



         San Expedito era un soldado romano que vivía en el paganismo, es decir, no conocía ni a Dios Trinidad ni a su Mesías, Cristo Jesús. No conocía el Credo, no conocía los Diez Mandamientos, no estaba bautizado. Además de eso, era pagano, es decir, tenía a ídolos por dioses y es así que ante los problemas, en vez de rezarle a Jesús, o a la Virgen, o a los santos, o a los ángeles, como hacen los cristianos, acudía a los brujos y le rezaba a los ídolos. Como si alguien, en nuestros días, frente a un problema, en vez de acudir a la Iglesia a rezar, fuera a un brujo para que le haga magia y le solucione sus problemas por intermedio de San La Muerte, el Gauchito Gil, la Difunta Correa.
         Pero sucedió que un día Dios Trino se apiadó de él y le envió la gracia de conocer a Jesucristo: San Expedito entonces tuvo, ante sí, el conocimiento de quién era Jesús, sabía que Jesús era Dios y Hombre; sabía que Jesús se había encarnado para subir a la Cruz y morir para salvarlo del pecado, del Demonio y de la muerte; sabía que prolongaba su Encarnación en la Eucaristía y que por eso estaba vivo y glorioso en la Eucaristía; sabía que Jesús había dejado los Mandamientos de Dios; sabía que Jesús había vencido para siempre a los ídolos paganos a los cuales él le rezaba; sabía que los brujos no tenían ningún poder sobre la cruz y que la cruz vencía a todos los brujos y a todos los demonios del infierno juntos; sabía que Jesús habría de venir un día a juzgar a vivos y muertos y que iba a dar el cielo a los que vivieran en gracia y el infierno a los que vivieran en estado de pecado mortal. En un momento dado, San Expedito sabía todo esto, pero debía elegir, porque cuando Dios da la gracia, debemos aceptar la gracia, ya que para eso nos hizo libres. Entonces, San Expedito debía elegir: o aceptaba a Cristo y su Cruz y comenzaba a vivir como cristiano, sirviendo a Cristo como a su Señor, o rechazaba a Jesús y su Cruz y continuaba viviendo como pagano, adorando a los ídolos y siendo esclavo de ellos.
         El Demonio, que se había acercado bajo la figura de un cuervo, lo tentaba diciéndole: “Cras, cras”, que significa “mañana, mañana”, es decir, lo tentaba para que dejara su conversión para mañana, que ya habría tiempo para ser cristiano, que él continuara siendo pagano. Pero eso es un error, porque no sabemos si hemos de amanecer vivos el día de mañana. Entonces San Expedito, alzando en alto la Cruz y recibiendo de la Cruz la gracia y la fuerza para elegir al Hombre-Dios Jesucristo, dijo: “Hodie!”, que quiere decir, “¡Hoy!”, es decir, “Hoy elijo a Cristo como a mi Dios y Señor; hoy comienzo a ser cristiano; hoy abrazo la Cruz; hoy comienzo a recibir a Jesús en la Eucaristía; hoy elijo a la Virgen como mi Madre; hoy dejo de lado la vida de pagano y mis antiguas creencias supersticiosas; hoy comienzo mi preparación para ir al Cielo!”. Y al mismo tiempo, con la fuerza que le daba la Cruz, aplastó la cabeza del Demonio, que se le había acercado bajo la forma de cuervo.
         Porque San Expedito no dudó ni un instante en elegir a Cristo, es que es el Santo de las causas urgentes y la primera causa urgente, para nosotros y para nuestros seres queridos, es la conversión eucarística del alma, es decir, la conversión a Cristo Eucaristía.

martes, 19 de febrero de 2019

San Expedito y su triunfo sobre el Dragón



         Al contemplar la imagen de San Expedito podemos establecer cuáles fueron las causas que lo convirtieron en un santo. Por un lado, San Expedito sostiene la Santa Cruz de Nuestro Señor; bajo uno de sus pies, yace aplastado un cuervo. ¿Qué significado tiene esto? Por un lado, que la fuerza para resistir la tentación del maligno, de postergar su conversión para otro día, para el día siguiente, viene de la Cruz. En efecto, habiendo recibido San Expedito, que era pagano, la gracia de la conversión, se le apareció el Demonio en forma de cuervo, quien graznaba diciendo: “Cras, cras”, que en latín significa “mañana”. Es decir, el Demonio le decía que podía continuar tranquilamente con su vida de pagano por el día de hoy; total, ya habría tiempo de convertirse el día de mañana. Sin embargo, eso es una falacia, porque no sabemos si estaremos vivos el día de mañana y si postergamos nuestra conversión, puede que muramos sin convertirnos. San Expedito se encontraba entonces en la disyuntiva de elegir, o la conversión hacia Jesucristo, respondiendo inmediatamente a la gracia, o bien continuar como pagano, posponiendo la conversión y rechazando la gracia.
         Sin dudarlo un instante, e impulsado por la fuerza que le venía de la Santa Cruz que sostenía en sus manos, San Expedito respondió velozmente  a la gracia, eligiendo a Jesucristo de modo inmediato, en vez de ceder a la tentación. Por esta razón, San Expedito es el Patrono de las causas urgentes, la primera de las cuales es la conversión del alma a Dios.
         Por otro lado, en la imagen de San Expedito vemos que aplasta con su pie a un cuervo: no se trata de un animal, sino del Demonio en forma de cuervo. Éste, inadvertidamente, en su deseo de hacer caer en la tentación al santo, se le acercó demasiado, siempre en forma de cuervo y, cuando se encontraba a la distancia del pie del santo, éste, con la fuerza que recibió de la Cruz, lo aplastó. Esto nos enseña que no hay ninguna tentación que no pueda ser vencida con la fuerza de la Cruz.
         El santo nos enseña dos cosas, entonces: que no debemos dilatar la decisión de la conversión, empezando desde ahora mismo a vivir como hijos de Dios y de la gracia santificante y que cualquier tentación puede ser vencida con la fuerza de la Cruz. Al recordar al santo en su día, le pidamos la gracia de que interceda para que seamos siempre prontos a la gracia y que recurramos a la Santa Cruz de Jesús en los momentos de tentación.

sábado, 22 de diciembre de 2018

San Expedito y la inversión de los valores en la Cruz



         Cuando se contempla la imagen de San Expedito, hay algo que se destaca, entre otras cosas y es el hecho de que el santo eleva hacia lo alto la Santa Cruz de Jesús. Esta exaltación de la Cruz que hace San Expedito –y con él, toda la Iglesia-, es incomprensible si se la mira sin los ojos de la fe. Sin la fe católica, la Cruz representa dolor, humillación, muerte, desprecio, ignominia y oprobio: el que está en la Cruz sufre indeciblemente, es humillado, muere, es despreciado. Pero la incomprensión de la Cruz se da cuando se mira la Cruz con ojos humanos, sin la fe católica. Cuando, comunicada por la gracia, la fe católica nos ilumina, podemos contemplar cómo Dios invierte los valores en la Cruz[1] y así en la Cruz el dolor deja de ser dolor, porque con su dolor en la Cruz, Cristo santificó nuestro dolor y lo convirtió en un dolor salvífico, con lo cual el dolor deja de ser sufrimiento, para ser fuente de salvación; en la Cruz, la humillación deja de ser humillación, para ser glorificación, porque el Que está humillado en la Cruz es el Hijo de Dios quien, con su majestad divina, convierte a la humillación en fuente de grandeza y majestad ante Dios y los hombres; en la Cruz, la muerte deja de ser muerte para ser Vida y Vida divina, porque Cristo con su muerte en Cruz destruyó a la muerte y nos dio su Vida divina; en la Cruz, el desprecio, la ignominia y el oprobio dejan de ser tales, para convertirse en admiración y adoración, porque cuando se ve que Aquel que cuelga de la Cruz, el Hombre-Dios Jesucristo, el alma solo puede asombrarse, adorar y amar a Jesucristo, que por nuestra salvación se humilló a sí mismo, muriendo con muerte dolorosa y humillante en la Cruz.
         Como todos los santos, San Expedito eleva en lo alto la Cruz, porque allí se invierten todos los valores: si el mundo desprecia a Jesús Crucificado, Dios lo ama, porque Jesús Crucificado es su Hijo, a quien el Padre ama con amor eterno. Es por esto que San Pablo dice: “La doctrina de la Cruz de Cristo es necedad para los que se pierden, pero es poder de Dios para los que se salvan” (1 Cor 18). Si para el mundo la Cruz es necedad, para la Iglesia la Cruz de Cristo es poder de Dios y así vemos cómo, con su omnipotencia divina, todo lo que es despreciable para el mundo, Cristo lo convierte en fuente de salvación, porque es Él quien, con su poder divino, invierte los valores en la Cruz. Por esta razón la Iglesia toda exalta y adora la Santa Cruz de Jesús.


[1] Cfr. Odo Casel, Misterio de la Cruz, Ediciones Guadarrama, Madrid2 1964, 168.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

San Expedito y el poder de la Santa Cruz de Jesús



         San Expedito nos enseña cuál es el camino a la victoria espiritual frente a la tentación: la Santa Cruz. En efecto, todos sabemos cómo fue que San Expedito fue tentado por el Demonio, que se le había aparecido en forma de cuervo, para que pospusiera la conversión para otro día. San Expedito, que era pagano, había recibido la gracia de conocer a Jesús y ahora él debía hacer su parte, es decir, él debía responder libremente a la gracia y para eso, debía abandonar su vida de pagano y comenzar a vivir la vida de los hijos de Dios. Pero el Demonio se le apareció en forma de cuervo y, volando sobre su cabeza, le repetía insistentemente: “Cras, cras”, que significa “Mañana, mañana”. El Demonio, muy sutilmente, no le decía a San Expedito que no se convirtiera, sino que pospusiera su conversión para el otro día, para “mañana”. Esto es un error, porque no sabemos si hemos de vivir mañana y si no aprovechamos la gracia de la conversión en el hoy y en el ahora, corremos el riesgo de morir sin convertirnos, es decir, sin entregar el corazón a Dios. La tentación, como dijimos, era muy sutil, porque el Demonio no le decía: “No te conviertas”, sino que le decía: “Conviértete, pero mañana. Por el día de hoy, continúa con tu vida de pagano, alejado de Jesús”.
         San Expedito respondió velozmente –por eso es el Patrono de las causas urgentes-, aplastando al cuervo que se le había acercado desprevenidamente y elevando la Santa Cruz, al tiempo que repetía: “Hodie”, es decir, “Hoy, hoy me convertiré en cristiano y no mañana; hoy comenzaré a vivir la vida de la gracia y no mañana; hoy perdonaré a mis enemigos en nombre de Cristo; hoy comienzo a vivir como hijo de Dios, como hijo de la luz y no de las tinieblas”.
         ¿De dónde sacó San Expedito, tanto la lucidez necesaria como para darse cuenta de la tentación del Demonio, como la fuerza sobrenatural para aplastar y vencer al Demonio? Las sacó de la Santa Cruz, porque Jesús crucificado, que es “necedad y debilidad para el mundo”, es en realidad “fuerza y sabiduría de Dios”, porque el que cuelga en la Cruz es el Hijo de Dios, Jesucristo, que es la Sabiduría y la Fortaleza de Dios. Al igual que San Expedito, frente a la tentación, cualquiera que esta sea, elevemos la Santa Cruz de Jesús y digamos: “Hoy y ahora viviré como hijo de Dios y no como hijo de las tinieblas”.

jueves, 19 de julio de 2018

San Expedito nos enseña a vencer en las tentaciones



         ¿Por qué en las imágenes de San Expedito aparece un cuervo aplastado bajo los pies del santo? Porque ese cuervo en realidad no es un cuervo, sino el Demonio en forma de cuervo y aparece bajo los pies de San Expedito porque el santo, con la ayuda de Jesús, lo venció con la cruz. El Demonio se le había aparecido a San Expedito como un cuervo, para intentar tentarlo e impedir así su conversión, instándolo a que dejara la conversión para “mañana”. El Demonio tentó a San Expedito porque ésa es su tarea, ése es su cometido, el tentar a las almas para alejarlas de Dios y por eso uno de sus nombres es “El Tentador”.
         A nosotros el Demonio no se nos va  a aparecer como un cuervo o como un animal, o en cualquier forma sensible, pero no por eso va a dejar de obrar en nosotros su obra perversa de tentarnos para alejarnos de Dios y su gracia. El Demonio actuará sobre nosotros, de forma insensible e invisible, pero no por eso menos real, y lo hará para que tomemos decisiones equivocadas que nos alejen de Dios.
         Pero también es cierto que no todas nuestras decisiones erróneas deben ser atribuidas al Demonio, porque si es verdad que es el Tentador, es verdad también que nosotros seguimos siendo libres para cometer o no un pecado, para ceder o no a la tentación. Por ejemplo, cuando se trata del pecado de la pereza –sea corporal o espiritual-, si yo hago pereza, si cometo el pecado de pereza, soy yo el perezoso y no es el Demonio el que “me obliga” a ser perezoso; soy yo el que cometo, personalmente, el pecado de pereza. Lo que sí puede hacer el Demonio y es lo que hace, es presentar al pecado –en este caso, la pereza-, como algo bueno y apetitoso, porque como es el Engañador, presenta a lo bueno como malo y a lo malo como bueno. Es decir, el Demonio me presentará a la pereza como algo bueno y atractivo y me ayudará a caer en el pecado de pereza, pero el responsable último del pecado sigo siendo yo. Y como con la pereza, así actúa con todos los demás pecados y vicios: los presenta como algo agradable y atractivo, pero siempre permanece mi libertad, que es la que me lleva a resistir, con la ayuda de la gracia, a la tentación, o si rechazo la gracia, a caer. En esta vida terrena, dicen los santos, los pecados aparecen como algo atractivo, pero en la otra vida, y sobre todo en el Infierno, es en donde aparecen en toda su horrorosa fealdad. Si los pudiéramos ver en su fealdad en esta vida, no pecaríamos nunca.
         A San Expedito el Demonio se le apareció en forma de cuervo y lo tentó, no para que no se convirtiera, sino para que se convirtiera “al otro día”, es decir, “mañana”, cuando eso es un error, porque no sabemos si habremos de amanecer el día de mañana, por lo que no hay que desperdiciar las gracias que Dios nos da y hay que aprovecharlas en el mismo momento, como hizo San Expedito.
         San Expedito venció con la fuerza de la cruz de Cristo, porque es Cristo el que con su luz nos hace ver la realidad de cómo son las cosas: nos hace ver la belleza de la virtud y la fealdad del pecado; nos hace ver lo verdadero como verdadero y lo falso como falso, para que no nos equivoquemos. Cristo nos muestra  a la virtud como algo bueno y al vicio y al pecado como algo malo, que es contrario a la voluntad tres veces santa de Dios. Cristo nos muestra la virtud y la gracia desde la cruz y nos hace desearla, porque fuimos creados para el bien y para la verdad, fuimos creados para la virtud y no para el vicio y Él nos ayuda también para que no solo deseemos la gracia, sino que nos ayuda para que seamos capaces de elegir siempre el bien y no el mal. Cristo nos hace desear la gracia que nos viene por los sacramentos y nos ayuda para que la conservemos y la aumentemos cada vez más.
         Frente a la tentación, Cristo nos da la luz, la sabiduría y la fuerza de Dios para que eligiendo la gracia, lo elijamos a Él y lo imitemos a Él y vivamos con su misma vida divina. San Expedito nos da ejemplo de cómo vencer en las tentaciones: unidos a la Santa Cruz de Jesús.

jueves, 19 de abril de 2018

El Demonio no nos tentará como a San Expedito pero sí bajo otras formas



         A San Expedito el Demonio se le apareció bajo forma de cuervo; es decir, era el Demonio en persona, pero tenía la apariencia de un cuervo negro. Y bajo esa apariencia es que lo tentó y la tentación consistía en posponer la conversión “para mañana”.
         A nosotros, no se nos va a aparecer como un cuervo; de hecho, no se nos aparecerá visiblemente –gracias a Dios- de ninguna manera, pero igualmente nos tentará, porque como dice la Escritura: “El Demonio anda rondando como un león rugiente, buscando a quién devorar”. Esto quiere decir que el Demonio, que es muy astuto e inteligente, es también para nosotros invisible, con lo cual no nos damos cuenta de su presencia, aunque sí esté en la realidad (como en este momento, en medio de la misa). Además, cuenta con otra ventaja sobre nosotros: si bien no puede leer nuestros pensamientos porque solo Dios puede hacerlo, sí sabe, en cambio, cuál es nuestro punto débil. El Demonio sabe, mejor que nosotros, cuál es la tentación a la cual cedemos más fácilmente y así buscará hacernos caer en aquello en lo que estamos más débiles. Por ejemplo, a algunos los tienta con la ira, a otros, con la pereza, a otros, con la lujuria, a otros, con la infidelidad, a otros, con la superstición –y así los tienta para que, en vez de rezar a la Virgen el Rosario frente a las tribulaciones de la vida, acudan a los brujos, magos, chamanes y hechiceros-; a otros, los tienta con el robo; a otros, los tienta con la pereza espiritual de no querer confesarse, ni comulgar, ni rezar; a otros, los tienta con los ídolos neo-paganos, como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte; a otros, los tienta con la codicia, la avaricia y la envidia de los bienes ajenos; a otros, los tientan con la desesperación y la tristeza; a otros, los tienta con la gula; a otros, con soberbia –es el que no perdona ni pide perdón-, etc.
         Es decir, el Demonio, como dice el dicho, sabe “dónde nos aprieta el zapato” a cada uno en particular.
         Sin embargo, San Expedito, con su ejemplo de santidad, viene en nuestra ayuda, ya que cualquiera que sea nuestra debilidad saldremos siempre triunfantes, así como salió triunfante San Expedito: probablemente, San Expedito, antes de ser santo, estaba atacado por la pereza, por eso el Demonio le decía que deje la conversión para más adelante, pero salió vencedor, porque venció a la pereza con la prontitud y celeridad en la respuesta a la gracia y por eso es el Patrono de las causas urgentes.
         ¿Cómo venció San Expedito a las tentaciones del Demonio? Abrazándose a la Cruz de Cristo, amándolo y adorándolo en su corazón y reconociéndolo como su único Dios y Señor. San Expedito plantó la cruz de Cristo en su corazón y de la Cruz de Cristo obtuvo las gracias más que suficientes para vencer a cualquier tentación. Que a imitación de San Expedito nosotros también nos aferremos a la Santa Cruz de Jesús, para así salir triunfantes sobre la Tentación y el Demonio.

jueves, 19 de octubre de 2017

San Expedito y la fuerza de la Cruz


         San Expedito era un soldado romano pagano, es decir, adoraba a falsos dioses, los cuales, como dice la Escritura, “son demonios”: “Los ídolos de los gentiles son demonios”. En un determinado momento, recibió la gracia de la conversión, lo cual quiere decir que recibió una luz especial, proveniente del Espíritu Santo, que le hacía ver que solo Jesucristo era el único y verdadero Dios y los dioses a los que él, hasta ese momento, adoraba, eran solo demonios. Pero al mismo tiempo que recibía esta luz, el Demonio se le apareció en forma de cuervo, para tratar de convencerlo de que no se convirtiera a Jesús, que siguiera viviendo su vida como pagano. San Expedito tenía ante sí dos opciones: o Jesús y su Cruz y empezar a vivir la vida nueva de hijos de Dios, o el Demonio y sus ídolos, que quería decir continuar viviendo como pagano, adorando a ídolos demoníacos (que en nuestros días, serían el Gauchito Gil, San La Muerte, la Difunta Correa).
         San Expedito, que tenía la Cruz de Cristo en su mano, habiendo recibido de la Cruz una fuerza sobrenatural que lo hacía crecer en fe y en amor a Jesús, levantó la Cruz en alto y dijo: “Hodie!”, es decir, “¡Hoy comienzo a ser cristiano, hoy dejo mis vicios y pecados, hoy comienzo a vivir los mandamientos de Dios, hoy perdono setenta veces siete, hoy cargo con mi cru por el camino del Calvario, para así llegar al cielo!”. Y diciendo esto, aplastó con su pie al Demonio que, todavía en forma de cuervo, se había acercado hasta San Expedito.

         También nosotros debemos elegir, o la conversión a Jesucristo, o el adorar  a los ídolos del mundo, y esto, todos los días, todo el día. Y al igual que San Expedito, debemos obtener nuestras fuerzas de la Santa Cruz de Jesús, el único Camino que nos lleva al cielo.

martes, 22 de agosto de 2017

San Expedito y la fuerza de la Cruz


         Es sabido que, en el momento en el que San Expedito decidió convertirse a Jesucristo, se le apareció el Demonio en forma de cuervo, con el objetivo de tentarlo y seducirlo para que postergara su conversión “para mañana”. Es decir, mientras Nuestro Señor Jesucristo le ofrecía la gracia santificante para que la aceptara en el momento e iniciara así su nueva vida, la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, la vida regida por los Mandamientos de la ley divina y el deseo de alcanzar el Reino de los cielos, el Demonio lo tentaba diciéndole, no que no se convierta, sino que se convierta, pero que “lo deje para mañana”. Mientras tanto, afirmaba el Demonio, San Expedito podía continuar con su vida de pagano, esto es, alejado de Dios y sus Mandamientos, y esclavizado por sus pasiones y por Satanás. Ante la disyuntiva, San Expedito, que tenía la Santa Cruz en sus manos, eligió a Jesucristo y, obteniendo de la Santa Cruz la fuerza divina para vencer a la tentación, al tiempo que aplastaba la cabeza del cuervo infernal, levantaba en alto la Cruz de Jesús y decía: “¡Hodie! ¡Hoy, ya, ahora, comenzaré a vivir la vida de la gracia! ¡Hoy comenzaré a vivir como cristiano, tomando a los Mandamientos de la Ley de Dios como guía segura a la vida eterna! ¡Hoy comenzaré a frecuentar los sacramentos, la Confesión y la Comunión, para tener mi alma siempre en gracia y alimentada con el Pan de Vida eterna! ¡Hoy abandono mi vida de pagano y comienzo mi vida como cristiano, para así poder ganar el cielo!”.

         San Expedito es ejemplo, entonces, para muchos cristianos que, ante la tentación, no acuden a la Santa Cruz y terminan sucumbiendo a las seducciones del Demonio. Muchos cristianos dicen: “Mañana me voy a casar por la Iglesia”; “Mañana voy a ir a visitar a mi prójimo enfermo”; “Mañana voy a dejar este vicio”; “Mañana voy a comenzar a cumplir los Mandamientos”, “Mañana me voy a confesar”; “Mañana voy a empezar a ir a Misa”; y muchas otras cosas por el estilo. Haciendo así, caen en la trampa del Demonio, porque no sabemos si hemos de vivir mañana y porque con este pensamiento, posponemos de modo indefinido nuestra conversión. Es por esto que debemos aferrarnos a la Santa Cruz de Jesús para que, obteniendo de Jesús crucificado la fuerza divina necesaria para vencer la tentación, comencemos hoy mismo a vivir la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios.

viernes, 19 de mayo de 2017

San Expedito nos enseña cómo luchar contra las idolatrías del mundo de hoy


A San Expedito, el Demonio se le apareció en forma de cuervo negro, para tentarlo y así lograr que pospusiera su conversión, alejándolo de Dios; a nosotros, no se nos aparecerá en forma de cuervo, sino que nos tentará con ídolos, para que caigamos en el pecado de idolatría. ¿Qué es la idolatría? ¿Cuáles son esos ídolos? Podemos decir que la idolatría es el pecado que se contrapone directamente al más importante de todos los Mandamientos[1], el que los contiene a todos, y es el primero –“Amarás a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo, como a ti mismo”-, el cual describe cómo ha de hacer la relación del hombre para con Dios: una relación de amor, en primer lugar, a Dios; luego, al prójimo en Dios y, por último, el amor a sí mismo, por Dios y en Dios y para Dios. La idolatría contraría a este mandamiento, porque hace que el hombre, pervirtiendo su fe –el idólatra no es ateo, sino perverso en la fe-, dirija su acto de amor y de adoración a una creatura –objeto, persona humana o angélica, ideología- que, por definición, no es Dios y, por lo tanto, no merece culto de latría, de adoración[2].
En esto constituye entonces el pecado de idolatría, en colocar, en el corazón, a algo que no es Dios Uno y Trino, y rendirle culto de latría. ¿Cuáles son los ídolos, es decir, aquello con lo cual el Demonio pretende que cometamos el pecado de idolatría? Los ídolos, en nuestros tiempos, son variados y diversos; por ejemplo, el deporte –preferir el fútbol antes que la Misa dominical-, las diversiones, el dinero, el poder, el placer, el tener, el esoterismo, el paganismo, representados en el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte, etc. Cuando el hombre no adora a Dios, lo reemplaza por ídolos que, por definición, son abominables. Nuestro mundo está prácticamente infectado por ídolos post-modernos que cumplen a la perfección su rol, y es el de hacer que el hombre se postre ante ellos, en vez de postrarse ante el Dios de la Eucaristía, Cristo Jesús. La idolatría no es solamente un acto externo de adoración a creaturas que no son Dios, sino más bien una disposición interior que concede a las creaturas el lugar –en el corazón- y el amor –que brota del corazón del hombre- debidos solo a Dios.
Ya en la Antigüedad, a los ídolos tradicionales, que figuraban a hombres, mujeres y animales, se los consideraba como a dioses, se les ofrecían dones, se les distinguía con honores y se confiaba en ellos como si tuvieran un poder extraordinario[3]. Esto es un pecado, porque se coloca al ídolo en el lugar de Dios Uno y Trino, el Único Dios verdadero. En nuestros tiempos sucede lo mismo porque, como dijimos, no es el tiempo de los ateos, sino el de los idólatras. En el Antiguo Testamento, el Pueblo Elegido de Dios, Israel, cayó en la adoración del ídolo del dinero representado en el becerro de oro, postrándose ante una estatua muda, ciega y sorda y creada por sus propias manos, al tiempo que dejaban de lado al Dios Viviente, el Único Dios verdadero. Por este acto de idolatría, Dios debió dirigirse a ellos por medio de Moisés y los profetas, para indicarles su extravío, para recordarles que sólo Dios era su Creador, su Defensor, su Liberador de la ominosa esclavitud que padecía en Egipto –símbolo de la esclavitud del pecado- y a que Él sólo le debían adoración. Dios es un Dios celoso, que no admite competencias, y así como al Pueblo Elegido le hizo recordar que sólo a Él y no a los ídolos, le debía la gratitud y la adoración, y para ello fue Él quien determinó el culto que se le había de establecer, así también, en Jesucristo, el Hombre-Dios, Dios mismo se auto-revela a sí mismo como el Único Dios merecedor de poder, alabanza, adoración y gloria, y para ello establece su Iglesia y su culto más preciado, la Santa Misa.
Para nosotros, los católicos, existen los santos, como San Expedito, quienes son los que nos enseñan, con sus ejemplos de vida, a no caer en la tentación de la idolatría y a despreciar a los ídolos. ¿Cuál es el ejemplo de San Expedito? Lo vemos en su imagen: San Expedito levanta en alto la cruz y dice: “Hoy y no mañana, decido seguir a Cristo; hoy y no mañana, convierto mi corazón y abandono para siempre a los ídolos del paganismo”. Que San Expedito interceda por nosotros para que nos postremos, no ante ídolos como el becerro de oro, sino ante el Cordero de Dios, Jesús Eucaristía.



[1] Cfr. Germán Mazuelo-Leytón; https://adelantelafe.com/formas-actuales-de-idolatria/
[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 2113.
[3] Cfr. Germán Mazuelo-Leytón; https://adelantelafe.com/formas-actuales-de-idolatria/

miércoles, 19 de abril de 2017

San Expedito elige a Jesús crucificado y Jesús lo lleva al cielo


         En la vida de San Expedito hay un hecho central, que es lo que cambiará su vida para siempre, y es el momento en que debe elegir, entre aceptar la gracia de seguir a Jesucristo hasta el fin, o rechazarlo y elegir en cambio al Demonio. Como todos sabemos, San Expedito era un soldado pagano, lo cual quiere decir que no conocía a Jesús, el Dios verdadero, y en cambio, adoraba ídolos. Los ídolos no son inocentes, sino demonios, ángeles caídos, espíritus malignos que, escondiéndose detrás de una figura, buscan perder al alma para siempre. Que los ídolos sean demonios, lo dice la Escritura: “Los ídolos de los gentiles son demonios” (1 Cor 10, 20). Antes de conocer a Jesucristo, San Expedito –al menos inconscientemente, pero lo estaba- estaba bajo el poder y la influencia del demonio, lo cual es igual a decir “tinieblas espirituales”, que son el pecado, el error, la ignorancia. Para darnos una idea, San Expedito vivía en una noche permanente, muy oscura, sin luz de luna ni luz artificial. Pero un día recibe una gracia, que es una luz que, viniendo de lo alto, le ilumina su inteligencia y también su corazón, y le da a conocer a Jesús, como así también la posibilidad de amarlo. Esta gracia enviada por Dios era la gracia de la conversión, pero como somos seres libres y no cosas, Dios necesita de nuestra libre elección, y es así como San Expedito debía elegir: o Jesucristo crucificado, muerto y resucitado, con la consiguiente vida nueva de la gracia, o seguir con los ídolos de los demonios, viviendo esclavizado bajo el pecado. Como Jesús es llamado “Sol de justicia” y el Demonio es el “Príncipe de las tinieblas”, es como si nosotros dijéramos que San Expedito debía elegir para él, o vivir en un espléndido día de sol, o vivir en una noche oscura, muy oscura, en un bosque, solo y rodeado de lobos. Sabemos que San Expedito, sin dudarlo un instante, eligió a Jesús crucificado, y esa es la razón por la cual se lo llama “el Patrono de las causas urgentes”, porque la primera causa urgente que le tenemos que pedir, es la de la propia conversión. Es decir, San Expedito eligió vivir libre, bajo el Sol de justicia, Jesucristo, y no en las tinieblas, esclavo del pecado y del Demonio.
         Ahora bien, también a nosotros se nos presenta esta misma disyuntiva, o Jesús crucificado o el Demonio, o la vida de la gracia, o la vida del pecado, y es en esto en lo que San Expedito es nuestro modelo: en que él responde, velozmente, eligiendo la vida de la gracia, la vida de la luz, la vida de los hijos de Dios, y no la vida de los hijos de las tinieblas. También a nosotros, como a San Expedito, se nos presenta esta libertad de elegir, y nosotros, como San Expedito, elegimos a Jesucristo, pero esta elección debe ser ratificada todos los días, todo el día: debemos elegir, o la gracia o el pecado, o Jesús o los ídolos. Todos los días debemos elegir a Jesús, meditando las palabras de la Escritura: “Considerad vosotros que estáis muertos al pecado, pero que vivís para Dios en unión con Cristo Jesús” (Rm 6, 8-11).

         En nuestros tiempos, los ídolos asumen muchas formas: el dinero, el poder, la fama, el deporte sin Dios, la sensualidad –Carnaval, murgas, bailes inmorales, música indecente, como la cumbia, el rock satánico, el reggaeton-, el materialismo, la satisfacción ilícita de las pasiones –alcohol, substancias tóxicas-, la avaricia, la pereza –espiritual, que nos impide cumplir nuestros deberes de amor para con Dios y corporal, que nos impide cumplir con nuestro deber de estado-, la gula, la soberbia, etc. Es por esto que, todos los días, a imitación de San Expedito, que eligió a Jesús crucificado, debemos elevar la Santa Cruz de Jesús y decir: “Hoy, aquí y ahora, te elijo a Ti, Jesús, Cordero de Dios, como mi Dios, mi Rey, mi Dueño y mi Señor”. Y así Jesús, al igual que a San Expedito, nos llevará junto con Él, al Reino de los cielos.


         

martes, 29 de noviembre de 2016

San Expedito obtiene de la Cruz la gracia para decir sí a la conversión


         En un momento determinado de su vida, San Expedito, que era pagano –es decir, no conocía a Jesucristo y adoraba los ídolos paganos-, recibió la gracia de la conversión. Esto quiere decir que el Espíritu Santo puso en su corazón el deseo de amar y conocer a Jesucristo y seguirlo por el camino de la Cruz, a la vez que puso también el deseo de dejar de lado su antigua vida de pecado. El Espíritu Santo le concedía la oportunidad de comenzar a vivir como hijo de Dios, como hijo de la luz, lo cual significaba dejar para siempre su propio yo, inclinado al mal y a la concupiscencia, es decir, a la satisfacción del ego y de los sentidos. Ahora bien, que el Espíritu Santo conceda la gracia de la conversión, no significa que la persona esté inmediatamente convertida, porque puesto que el ser humano es libre, debe libremente aceptar y querer convertir su corazón. En caso contrario, Dios no puede hacer nada, porque nadie, ni siquiera Dios, pueden reemplazar nuestras decisiones libres. El Espíritu Santo necesitaba que San Expedito dijera “sí” a la gracia de la conversión.
         Antes de que San Expedito respondiera, inmediatamente después de haber recibido esta gracia que lo invitaba a convertirse, se le apareció el Demonio en forma de cuervo, quien comenzó a tentarlo, proponiéndole, no que no se convirtiera, sino que lo dejara “para más adelante”. Es decir, frente a sí, San Expedito tenía dos caminos a seguir: o elegía la gracia de Jesucristo, y así nacía a la vida nueva de los hijos de Dios, o elegía al Demonio, posponiendo indefinidamente la conversión, Finalmente, San Expedito eligió a Jesucristo, obteniendo la fuerza celestial para poder elegir a Jesús, de la Santa Cruz que empuñaba en su mano.
         Con toda seguridad, a nosotros no se nos aparecerá el Demonio bajo forma de cuervo, pero sí puede tentarnos con la misma tentación con la que trató de tentar a San Expedito: postergar la conversión, es decir, postergar la decisión de confesarme, postergar la decisión de comenzar a leer vidas de santos, postergar la decisión de comenzar a asistir a Misa regularmente los Domingos, postergar la decisión del rezo diario del Santo Rosario, postergar el alejarme de esa ocasión de pecado, postergar la decisión de casarme por la Iglesia, etc. El Demonio –y muchas veces, sin necesidad de la tentación del Demonio, nosotros mismos- no nos dirá que no nos convirtamos: nos dirá que sí, que nos convirtamos, pero “mañana”, después, total, “siempre habrá tiempo para convertirnos”; el Demonio –o nosotros mismos- nos tentará con la acedia, es decir, con la pereza espiritual, que es como un languidecer del alma, que prueba tedio y fastidio cuando se trata de las cosas de Dios.

         ¿Qué hacer? Lo mismo que San Expedito: levantar en alto el Santo Crucifijo y decir: “¡Hoy! ¡Hoy me convierto, y no mañana! ¡Hoy, ya, renuncio a esta ocasión de pecado, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo, para comenzar a vivir la vida del hombre nuevo, la vida de la gracia!”. Y, al igual que San Expedito, obtendremos la fuerza celestial para vencer al Demonio y a nosotros mismos, de la Santa Cruz de Jesús.

miércoles, 19 de octubre de 2016

De dónde obtuvo San Expedito la fuerza para vencer la tentación


         Cuando recibió la gracia de la conversión, inmediatamente, a San Expedito se le presentó el Demonio, tentándolo para que postergara la conversión, permaneciendo en su vida de pagano. Sin embargo, San Expedito, a pesar de la fuerte tentación que esto suponía –el Demonio no le decía que abandonara a Jesucristo, sino que postergara su conversión, lo cual no parecía nada malo-, rechazó de modo inmediato y enérgico esta tentación diabólica. ¿De dónde obtuvo San Expedito la fuerza necesaria para hacerlo? De la Santa Cruz de Jesús.
         En nuestros días, la tentación demoníaca se repite día a día, facilitada enormemente por la debilidad de nuestro espíritu y por la fuerza de nuestras pasiones, desviadas hacia la concupiscencia a causa del pecado original. Hoy el Demonio tienta a los jóvenes con el hedonismo, el exitismo, la pereza, el relativismo, el materialismo, el ateísmo, aunque en muchos casos, no hace falta que sea el Ángel caído el que los tiente, sino que los mismos jóvenes, llevados por la acedia, la indiferencia y el desamor hacia Dios y, sobre todo, hacia su Presencia Eucarística, caen por sí mismos en las seducciones y tentaciones, y la razón es que el alma, sin la fuerza que viene de Dios, es extremadamente débil y no puede mantenerse en pie por sí misma.
         Pero también los jóvenes, al igual que San Expedito, que obtuvo la fuerza sobrenatural de la cruz de Jesús, para no ceder a las tentaciones del Demonio, así también los jóvenes de hoy pueden y deben obtener la fuerza para no caer, si todavía no lo hicieron, o para salir, si ya lo están, de los submundos de violencia irracional, consumo de substancias tóxicas, ateísmo, relativismo, hedonismo, que conducen a la desesperación existencial y a la muerte, de la Santa Cruz de Jesucristo.

         Al recordar a San Expedito en su día, le pedimos su intercesión para que los jóvenes lo imiten y, levantando en alto la Cruz de Jesús, digan: “¡Hoy sigo a Cristo y dejo de lado mi vida de pecado!”.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

San Expedito eligió a Jesús en la cruz y no al diablo


         Cuando la Iglesia nos permite festejar litúrgicamente a un santo, lo hace para que, conociendo su vida y reflexionando acerca de sus virtudes, busquemos de imitarlo, al menos en alguna de las tantas virtudes que lo llevaron al cielo.

         En el caso de San Expedito, algo que se destaca en su vida de santidad es la celeridad o prontitud en elegir a Jesucristo, al mismo que tiempo que rechazaba al Diablo. Sabemos que cuando recibió la gracia de la conversión, al mismo tiempo se le apareció el Diablo para tentarlo, sugiriéndole que dejara su conversión para “mañana”. En ese momento, San Expedito tenía frente a sí dos posibilidades: o elegir a Jesucristo, respondiendo afirmativamente a la gracia de la conversión, o elegir al Diablo, respondiendo negativamente a esa gracia. La historia de su vida nos enseña que, luego de meditar brevemente acerca de estas dos posibilidades, San Expedito, aferrando en alto la Santa Cruz de Jesús y diciendo “¡Hoy!”, eligió a Jesús en vez de al Diablo. Es aquí entonces en donde podemos –y debemos- imitar a nuestro santo: en elegir a Jesús y no al Diablo, en preferir la Santa Cruz y no al Demonio. Ahora bien, a nosotros no se nos va a aparecer el Demonio en forma de cuervo, sino que permanecerá siempre invisible, tratando de tentarnos para que no cumplamos los Mandamientos de la Ley de Dios, ni los Mandamientos de Jesús –perdonar setenta veces siete, amar al enemigo, cargar la cruz de cada día-, ofreciéndonos en cambio cumplir sus mandamientos, los mandamientos de Satanás, que son los opuestos a los Mandamientos de Dios. ¿Cuáles son los mandamientos de Satanás? Haz lo que quieras, que se cumpla tu voluntad y no la de Dios; no santifiques el Domingo, dedícalo no a Dios, sino a tus intereses y úsalo para divertirte; mira espectáculos impuros; roba, quédate con lo que no es tuyo; que no te importe el cónyuge de tu prójimo, si lo deseas, es para ti, no importa que estén ya casados; comete adulterio, comete fornicación, todo está bien, bada es pecado y Dios no te lo va a tener en cuenta; no acudas a los Sacramentos de la Iglesia; no te confieses; comulga sin confesarte; confiésate sin arrepentirte de nada; no honres a tus padres, trátalos con desprecio; desobedece siempre, haz lo que te parezca. También nos tentará para no rezar, para no perdonar, para no amar al enemigo; nos tentará para que veamos programas inmorales o, al menos, inútiles; nos tentará para que nos desviemos de la fe y la contaminemos con sus ídolos, como la superstición, la magia, la brujería, y para que en la tribulación, acudamos a sus agentes, como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte, en vez de abrazarnos a la Cruz de Jesús y de cubrirnos con el Manto de María, etc. Es decir, el Demonio tratará de hacernos apartar de la fe en Jesús y en la Virgen como la Madre de Dios, para que creamos en sus mentiras. Aquí es donde San Expedito nos da el ejemplo de santidad: al igual que San Expedito, frente a la tentación y frente a la seducción del Tentador, que es el Demonio, debemos aferrar la Santa Cruz de Jesús y decir, desde lo más profundo del corazón: “¡Hoy y no mañana, comienzo a vivir según los Mandamientos de la Ley de Dios y no según los Mandamientos del Diablo! ¡Hoy elijo a Jesucristo como mi Rey y Señor y a la Virgen como la única Dueña de mi vida!”.

jueves, 25 de agosto de 2016

El ejemplo de San Expedito


         Cuando un santo intercede por nosotros ante Nuestro Señor y consigue aquello que le hemos pedido, tenemos el deber de justicia de agradecer por esa gracia. ¿De qué manera podemos hacerlo? Una, es ofreciendo una Santa Misa en acción de gracias; otra forma, es la de contemplar y meditar en su vida de santidad, para poder imitarlo, o al menos intentar hacerlo, en aquello que lo llevó al cielo.
         En el caso de San Expedito, su sola imagen ya nos da muchos datos acerca de su vida de santidad: cuando recibió la gracia de la conversión, en ese mismo momentos, se le apareció el Demonio en forma de cuervo, que sobrevolando sobre él, trataba de hacerlo desistir de su propósito, tentándolo para que postergara su conversión, diciéndole: “Cras, cras”, que significa “mañana”. Es decir, el Demonio le decía a San Expedito que no se preocupara por apurarse en su conversión, que ya la podría hacer mañana y que mientras tanto, continuara con su vida pagana, adorando a ídolos –en nuestros tiempos, serían, por ejemplo, el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte, o el deporte que hace dejar de lado a Dios, el dinero, la fama, etc.-, lo cual constituye un engaño de parte del “Príncipe de la mentira”, porque no sabemos si habremos de vivir mañana con lo cual, si hacemos caso al Demonio, estamos hipotecando y poniendo en grave riesgo nuestra eterna salvación.
         Lejos de hacerle caso, San Expedito, que amaba a Jesús crucificado, levantando en alto la Santa Cruz de Jesús, dijo: “Hodie! ¡Hoy voy a cumplir los Mandamientos de Jesús! ¡Hoy voy a perdonar a mis enemigos; hoy voy a cargar mi cruz en pos de Jesús; hoy voy tratar de imitar al Sagrado Corazón de Jesús en su humildad y mansedumbre!”. Y diciendo esto, con la fuerza divina que salía del crucifijo que estaba empuñando, aplastó la cabeza del Cuervo infernal, quien desprevenidamente había dejado de volar y se había acercado a una distancia en la que el Santo no tuvo inconvenientes para aplastarlo.

         Una forma de agradecer los favores recibidos por intercesión de los santos, en este caso, San Expedito, es contemplar sus vidas y tratar de imitarlos en lo que los llevó al cielo, que en San Expedito fueron el amor a Jesús crucificado y el rápido y veloz rechazo del pecado, propuesto por el Tentador.

martes, 19 de julio de 2016

El ejemplo de San Expedito: elegir a Jesucristo y no al Diablo


         Cuando la Iglesia nos pone a un santo para que sea venerado, no pretende que nos quedemos en la mera veneración, sino que contemplemos su vida, para imitar sus virtudes. Y cuando el santo nos consigue alguna gracia que le hemos pedido, la mejor forma de agradecerlo, es imitar sus virtudes. Es decir, la veneración de un santo, por cualquier lado que se la considere, no debe quedar en la mera veneración, sino en el esfuerzo activo por imitar, sino todas, al menos alguna de sus virtudes.
         En el caso de San Expedito, su virtud más grande y la que lo llevó al cielo, fue la de responder, con celeridad, a la gracia de la conversión. Como sabemos, San Expedito era un soldado romano, pagano, es decir, no conocía a Jesucristo; en un momento determinado, recibió la gracia de la conversión, que consiste en una iluminación interior, que viene de lo alto –nunca de la propia persona-, del cielo, y esta gracia consiste en algo similar a lo que le sucedió a San Pablo: Jesús, el Hijo de Dios, se da a conocer al alma, de un modo misterioso, para que el alma lo acepte como su Salvador y Redentor. Puesto que somos libres, la decisión última de la conversión, si bien está dada la gracia que nos permite elegir a Jesucristo, radica en nosotros, ya que nadie, ni siquiera el mismo Dios en Persona, puede reemplazar nuestras libres decisiones. Al recibir la gracia de conocer a Jesucristo, y al recibir la gracia de desear elegir a Jesucristo como Salvador –son dos gracias distintas-, San Expedito respondió afirmativamente a ambas gracias, y por eso es ejemplo para nuestra conversión. Pero además, hay otra gracia en la que San Expedito es ejemplo, y es la de la celeridad en responder, porque también, como sabemos, en el mismo momento en que Jesús se daba a conocer a su alma, el Demonio se le apareció en forma de cuervo y trató de hacerlo desistir de su conversión, induciéndolo a que postergar la conversión “para mañana” (efectivamente, el Demonio comenzó a revolotear diciendo: “Cras”, que significa “mañana”). Pero San Expedito, alzando la Santa Cruz de Jesús, y recibiendo de la Cruz la fuerza misma de Jesús, rechazando la tentación del Demonio, dijo: “¡Hoy! ¡Hoy acepto a Jesucristo como mi Salvador y Redentor! ¡Hoy comienzo a seguir a Jesús, cargando mi cruz para ir detrás de suyo! ¡Hoy dejo de lado mis pasiones, mis pecados, mis vicios; hoy crucifico al hombre viejo, para nacer a la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, los hijos de la luz!”. Y diciendo esto, aplastó al Demonio que, aún en forma de cuervo, había dejado de revolotear a su alrededor y se había acercado, desprevenido, a los pies de San Expedito, que con la fuerza de la Cruz, pisó su soberbia cabeza.

         También el Demonio nos tienta, para que sigamos en la vida de paganos, en la vida de confiar en las supersticiones –como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, la cinta roja, o peor aún, la Santa Muerte-; el Demonio también nos tienta para que, en vez de elegir a Jesús crucificado y a la Virgen, elijamos los bienes materiales, el dinero, la brujería, en vez de los santos sacramentos de la Iglesia y la gracia de Jesús, aunque la mayoría de las veces, no es el Demonio el culpable, sino nuestra propia pereza espiritual, la que nos lleva a dejar de lado la Santa Misa, la Confesión sacramental y el rezo de oraciones que agradan a la Madre de Dios, como el Santo Rosario, y es por eso que necesitamos, de modo urgente, la gracia de la conversión. Le pidamos entonces a San Expedito que interceda por nosotros para que nosotros, al igual que él, digamos “No” al Demonio y a nuestras pasiones y le digamos “Sí” a Jesucristo y su gracia santificante, y comencemos a vivir la vida pura y santa de los hijos de Dios.

jueves, 19 de mayo de 2016

San Expedito y la fuerza de la cruz



         San Expedito, que era pagano, recibió un día la gracia de la conversión, mediante la cual Jesús se manifestaba a su alma como su Dios y su Redentor. En el mismo momento en el que San Expedito recibía esta gracia, se le apareció el Demonio, en forma de cuervo, para tentarlo e impedir así su conversión. Es decir, en un mismo momento, el santo tenía ante sí dos opciones, frente a las cuales debía elegir: Jesús, Dios y Salvador, que le ofrecía una vida nueva, la vida de la gracia, la vida de los hijos de Dios, los hijos de la luz, y el Demonio, que le ofrecía continuar con su vida antigua, la vida de las tinieblas, la vida de la oscuridad, la vida del pecado. Puesto que somos personas y por lo tanto, seres libres y no autómatas sin capacidad de elección, se le presentaba a San Expedito la posibilidad de elegir, ya sea a Dios Encarnado, o al Demonio: o la vida de la gracia, o la vida del pecado. El santo, sin dudarlo ni un instante, eligió a Jesucristo, al tiempo que aplastaba al Demonio que, bajo la forma todavía de cuervo, se le había acercado demasiado cerca y se encontraba al alcance de sus pies. La elección de San Expedito requería de una  luz y de una fuerza sobre-humanas, sobre-naturales. ¿De dónde las obtuvo? Las obtuvo de la cruz de Jesús; de Jesús en la cruz. Ante la opción de elegir entre Jesucristo y el Demonio, San Expedito, aferrando la Santa Cruz del Salvador y elevándola a lo alto, recibió de Jesús la sabiduría divina, la fuerza y el amor sobrenaturales necesarios para convertir su corazón al Salvador, al tiempo que para rechazar al Tentador. Elevando la cruz a lo alto, dijo: “Hodie”, es decir “Hoy”. Al igual que San Expedito, también nosotros, abrazados a la Santa Cruz de Jesús, decimos: “¡Hoy! ¡Hoy elijo a Jesús como a mi Redentor! ¡Hoy dejo mi vida de paganismo, de superstición, de pasiones sin el control de la razón y la gracia! ¡Hoy dejo de consultar el horóscopo, los brujos, y de confiar en los fetiches! ¡Hoy elijo vivir la vida de la gracia, el perdón cristiano, el amor a los enemigos, la misericordia, la oración, el Santo Rosario, la Eucaristía cotidiana! ¡Hoy y no mañana!”.

martes, 19 de abril de 2016

San Expedito, mártir del siglo IV a. C., valioso testimonio para los hombres del siglo XXI


         San Expedito fue un soldado romano que vivió en tiempos del emperador Diocleciano, a principios del siglo IV d. C. En un momento determinado, el emperador obligó a todos los oficiales de su ejército a realizar sacrificios a los dioses del panteón romano y a encarcelar y ejecutar a quienes se opusieran. Con esta medida, pretendía hacer renegar a los cristianos de su fe en Jesucristo, el Verdadero y Único Dios.  Puesto que San Expedito había recibido la gracia de la conversión, se negó rotundamente a abandonar su fe en Jesús, por lo que fue martirizado el 19 de abril del año 303 d. C.
Desde su martirio, San Expedito es representado con aquello que recuerda su proceso de conversión y su martirio: aparece sosteniendo una cruz en lo alto, con una palma en la otra mano; con un cuervo aplastado bajo su pie y con el casco romano en el suelo. San Expedito alza en alto la cruz victoriosa de Jesucristo, con la inscripción “Hodie”, que significa “Hoy”, puesto que venció, con la ayuda de la cruz de Jesús, la tentación del Demonio, que lo trataba de convencer de que dejara su conversión para después. Asistido por la gracia santificante que brota de la cruz de Jesús, San Expedito tuvo la sabiduría y la fortaleza divina necesarias para elegir a Jesucristo en vez del Demonio, haciéndolo inmediatamente y sin demoras, y es por esta razón que se convirtió en el “Patrono de las causas urgentes”. Al recibir la gracia de la conversión, en el mismo momento fue tentado por el Demonio para que la aplazara, pero fue la cruz de Jesús la que le dio la fortaleza necesaria para elegir a Jesús (es esta la primera "causa urgente" por la que debemos pedir a nuestro santo su intercesión: la propia conversión y la conversión de los seres queridos y de los pecadores más empedernidos).
         El santo aparece también con su pie aplastando a un cuervo, que es en realidad el Demonio, el cual se le había aparecido bajo la figura de ese animal, pretendiendo tentarlo para que continuara su vida de pagano y para que postergara la decisión de convertirse, dejándola para un incierto futuro. La proposición del Demonio era una falsedad y una temeridad, pues no sabemos si hemos amanecer "mañana"; no sabemos si Dios no nos llamará ante su Presencia para recibir nuestro Juicio Particular dentro de una hora, lo cual quiere decir que debemos estar preparados, en todo momento, para el día de la muerte, para atravesar con toda tranquilidad la comparecencia ante el Sumo Juez, para lo que se necesita, a su vez, estar convertidos o, al menos, haber iniciado el camino de la conversión del corazón a Jesucristo. San Expedito se nos muestra como un gran ejemplo al no cometer la temeridad que le proponía el Demonio -postergar la conversión para un incierto "mañana"-, al tiempo que, asistido por la gracia, dice: "Hodie", "Hoy, hoy mismo comienzo a ser cristiano, a cargar la cruz, a seguir a Jesús, a cumplir sus mandamientos; hoy y no mañana". 
         El casco de la legión en el suelo, indica que San Expedito dejó su servicio en el ejército romano, para comenzar a militar como soldado de Cristo; la palma en su mano derecha indica, a su vez, su condición de mártir, es decir, de aquel que derramó su sangre por proclamar a Jesucristo, el Hombre-Dios, como el Único Salvador de los hombres.

La vida y el ejemplo de santidad de San Expedito, un mártir del siglo IV a. C., son valiosísimos para todos los tiempos, pero lo son en especial para los nuestros, en los que el Demonio no se nos aparece como un cuervo negro, sino bajo múltiples ídolos: ateísmo, agnosticismo, relativismo, materialismo, brujería, magia, ocultismo, sectas, espiritismo, culto a ídolos demoníacos -como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte-, música que exalta las pasiones e induce a todo tipo de pecados –como la cumbia, el reggaetón, el rock satánico-, la drogadicción, la satisfacción sensual de las pasiones, etc. El Demonio es como un cocinero perverso, que prepara platos que, en apariencia, son apetitosos, pero que en realidad esconden el veneno del pecado. Lo que pretende el Demonio, a través de estos ídolos, es hacer olvidar al hombre que se encuentra en esta vida sólo de paso, que esta vida es una prueba para ganar el cielo y evitar la eterna condenación en el infierno y que sólo a través de Jesús crucificado podrá salvar el alma. Por estas razones, la vida y el martirio de San Expedito son sumamente actuales y valiosísimas para los hombres del siglo XXI.

viernes, 19 de febrero de 2016

Por qué San Expedito es "el santo de las causas urgentes"


         ¿Por qué San Expedito es “el santo de las causas urgentes”? Porque frente a la tentación del Demonio, de postergar la conversión “para mañana” –eso es lo que quiere decir “cras”, la leyenda que lleva el demonio en forma de cuervo en su pico-, elige sin embargo a Jesucristo y su gracia para “ya”, para “ahora”, para “hoy” –es lo que significa la leyenda en la cruz que dice “hodie”. Es decir, una vez recibida la gracia de la conversión, San Expedito ve, con la luz de la Sabiduría divina, cómo es la vida de un pagano: el pagano adora a ídolos demoníacos como el Gauchito Gil, la Difunta Correa, San La Muerte-; el pagano cree en supersticiones, como la cinta roja contra la envidia y usa muchos otros amuletos; el pagano cree en curanderos, adivinos, magos y hechiceros y en todas las prácticas de ocultismo y hechicería, que son abominables a los ojos de Dios; el pagano vive sometido a sus pasiones, como la lujuria, la embriaguez, la ira, la envidia, la gula, la pereza, etc.
Con la ayuda de la Sabiduría divina, San Expedito ve, al mismo tiempo, cómo es la vida del cristiano: el cristiano adora a Dios Uno y Trino, el Único Dios verdadero y rechaza los ídolos; el cristiano adora a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Cristo Jesús, oculto en apariencia de pan, la Eucaristía; el cristiano vive en paz, con sus pasiones bajo el control de la razón y de la gracia santificante; el cristiano tiene el mismo corazón de Cristo y el mismo corazón de la Virgen, y por eso ama a todos, incluidos y en primer lugar, sus enemigos.

Entre la vida como pagano y la vida como cristiano, San Expedito no duda ni un instante y eleva el crucifijo –recibiendo de Cristo crucificado su divina fortaleza-, diciendo: “Hodie! ¡Hoy me convierto; hoy comienzo a ser cristiano; hoy renuncio a mi vida como pagano; hoy arrojaré de mi corazón la gula, la envidia, la pereza, la ira, la falta de perdón; hoy dejaré para siempre la superstición, desterrando de una vez por todas de mi corazón a todo lo que me impida adorar al Único y Verdadero Dios, Jesús crucificado, muerto y resucitado y Presente en Persona en la Eucaristía; hoy, hodie, comienzo a adorar a Jesús en la Eucaristía!”. Es por esto que San Expedito es el “Santo de las causas urgentes” y ésta es la primera causa urgente por la cual debemos pedir su intercesión: la conversión del corazón, inmediatamente, para nosotros, para nuestros seres queridos y para el mundo entero. 

jueves, 26 de noviembre de 2015

San Expedito, ejemplo de fidelidad a la gracia de la conversión



         San Expedito era un oficial romano practicante del paganismo; un día, Nuestro Señor Jesucristo le concedió la gracia de la conversión, manifestándose a su alma y dándose a conocer. Debido a que la gracia de la conversión necesita de una respuesta libre, era necesario que San Expedito diera su consentimiento a esta gracia, la cual implicaba el reconocimiento de Jesucristo como Redentor y el rechazo de su antigua vida de pagano, vida dominada por el pecado. Antes de que San Expedito diera su respuesta, apareció el Demonio bajo la forma de un cuervo que, comenzando a revolotear por encima suyo, repetía a cada momento: “Cras!”, que significa: “mañana”. Es decir, el Demonio tentaba a San Expedito con la postergación de su conversión, dejándola “para mañana”; no le decía que no debía convertirse, sino que la dejara “para mañana”: “No te conviertas hoy; continúa tranquilamente con tu vida de pagano, con tus pecados; mañana tendrás tiempo de convertirte; no tomes decisiones apresuradas, disfruta un poco más de tu vida pagana y alejada de Dios, ya mañana tendrás tiempo de elegir, con más tranquilidad”. Es decir, en un momento determinado, San Expedito se vio en la disyuntiva de elegir: o Jesús y su gracia y el comienzo de una nueva vida cristiana, o el Demonio y el pecado y la continuación de una vida pagana y pecaminosa. Aferrado a la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, San Expedito no dudó un instante en responder: “Hodie!”, es decir: “¡Hoy!”, “Hoy me convierto; hoy dirijo mi corazón hacia Jesucristo, Sol de Justicia, hoy reconozco a Jesús como a mi Dueño y Señor, como a mi Redentor y Salvador; hoy dejo para siempre mi antigua vida pagana y pecaminosa y comienzo a vivir la vida nueva de la gracia, la vida de los hijos de Dios”. De esta manera, por su veloz respuesta, es que San Expedito es el “Patrono de las causas urgentes”, y aunque tengamos varias causas urgentes por las cuales pedimos su intercesión, la primera causa urgente es aquella en la que él nos da ejemplo y es la conversión. Y así es ejemplo también de cómo, asistidos por la gracia de Nuestro Señor Jesucristo y abrazados a su Cruz, podemos vencer en toda tentación, cuando el Demonio, el Tentador, nos sugiera cometer algún pecado (el Demonio nos tienta generalmente a través de pensamientos que parecen buenos pero que conducen a un fin malo, ya que excepcionalmente se aparece de modo visible, como a San Expedito): levantando la Santa Cruz de Jesús en lo alto, recibió de Él su fuerza omnipotente y, con un velocísimo movimiento, aplastó al Demonio en forma de cuervo, el cual, sin darse cuenta, se había acercado caminando hasta ponerse a distancia del santo. Que San Expedito interceda para que respondamos prontamente a la gracia, a toda gracia que nos conceda Nuestro Señor Jesucristo.

miércoles, 19 de agosto de 2015

San Expedito y su urgente respuesta a la gracia de la conversión


         San Expedito es el “santo de las causas urgentes”: así, en su día, se acercan miles de personas, a lo largo y ancho del país, para obtener algún favor del santo, como por ejemplo, curaciones, salud, trabajo, y muchas otras cosas más, que necesitan de una pronta solución. No está mal pedir esto al santo, pero hay una verdadera “causa urgente”, que por su naturaleza se antepone a cualquier otra causa, por urgente que sea. ¿Cuál es esta “causa urgente”, por la cual tenemos que pedir la intercesión de San Expedito en primer lugar? La verdadera “causa urgente” que se antepone a toda otra “causa urgente”, es la de la propia conversión y la conversión de nuestros seres queridos, porque si no nos convertimos a Dios de todo corazón, aun cuando obtengamos salud, trabajo, y la solución de cualquier otra situación, de nada nos servirá, según las palabras de Jesús: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo, si pierde su alma?” (Mt 16, 26). No hay causa más urgente que la conversión y San Expedito es ejemplo de esto, porque al presentársele la libre opción entre aceptar la gracia de la conversión para dejar su antigua vida de pagano, o continuar libremente con su vida de pagano, eligió, en el acto y sin dudarlo, la gracia de la conversión. Ésta es la verdadera y única “causa urgente” por la cual debemos pedirle al santo, porque así se cumplirán las palabras de Jesús en nuestras vidas: “Preocúpense primero por el Reino de los cielos y lo demás se les dará por añadidura” (Mt 6, 33), lo cual quiere decir que, si buscamos la conversión del corazón, es decir, si buscamos a Dios, que está en la cruz y en la Eucaristía, con todo el corazón, todo lo demás –todas las “causas urgentes” secundarias-, se nos dará por añadidura, incluso hasta sin pedirlas, porque Dios “sabe qué es lo que necesitamos”.
         A los santos los pone la Iglesia no sólo para que contemplemos sus virtudes, sino para que los imitemos y eso es lo que debemos hacer con San Expedito: imitarlo en su prontitud y celeridad para responder a la gracia de la conversión, sosteniendo la cruz de Jesucristo en lo alto y diciendo: “Hodie! ¡Hoy! ¡Hoy, ya, ahora, dejo mi vida de pagano, mi vida de hombre viejo, mi vida de falta de perdón, de rencores, de resentimientos, de apego a las cosas bajas del mundo, para abrazar la cruz de Jesucristo y unirme a su Sagrado Corazón, para comenzar a vivir la vida nueva de los hijos de Dios, la vida de la gracia! ¡Hoy dejo atrás, para siempre, por el poder de la cruz y de la Sangre de Jesucristo, toda malicia, todo mal deseo, todo mal pensamiento, toda mala palabra, toda mala obra, para ser bañado por la Sangre del Cordero y así vivir con la santidad de Jesucristo!”.

Ésta es la verdadera “causa urgente” que debemos pedir, para nosotros y para nuestros seres queridos; lo demás, se dará por añadidura.