San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial

San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
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jueves, 27 de abril de 2017

Los siete dolores y gozos de San José: Séptimo Dolor y Séptimo Gozo



Séptimo Dolor: lo experimenta San José cuando Jesús tenía la edad de doce años: la Sagrada Familia había subido a Jerusalén y, al regresar, tanto San José como María, pensaban cada uno que el Niño estaba con el otro, de manera que emprendieron la marcha hacia Nazareth. El Niño Jesús se encontraba, en realidad, en el Templo, pero sus padres advirtieron su ausencia recién luego de tres días de marcha. Una gran angustia invade a San José y también a maría Santísima, al comprobar que el Niño no está con ellos, por lo que regresan, a toda prisa, hacia Jerusalén. Allí lo encuentran en el Templo, respondiendo con su sabiduría divina todas las preguntas que los doctores de la ley le hacían. San José nos enseña que, cuando agobiados por las tribulaciones pensemos que nada se puede hacer, no solo no perdamos la calma, sino que, así como él volvió, con calma, sobre el camino que ya había recorrido, así debemos volver a nuestras raíces espirituales, el bautismo, para recordar que somos hijos adoptivos de Dios y tomar así, de esta verdad, el consuelo que necesitamos para seguir por el camino de la cruz, en pos de Jesús.

Séptimo Gozo: lo experimenta San José cuando, junto con la Virgen, encuentran al Niño Jesús en el Templo, en medio de los doctores, respondiendo a sus preguntas y enseñándoles con su Sabiduría Divina. San José nos enseña, también junto con María, que la verdadera alegría está, no en las cosas materiales y terrenas, sino en el encuentro personal con Jesús, quien a su vez está, en Persona, en el Templo, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, en la Eucaristía. Así, San José nos da ejemplo –y con él, la Virgen- y nos enseña adónde debemos buscar cuando, por nuestra propia decisión, perdemos a Jesús y no lo encontramos: debemos buscar en el Templo, en el sagrario, en donde está Jesús Eucaristía. Y allí Jesús nos responderá todos los interrogantes de nuestra vida, y nos explicará el sentido de esta vida terrena, que es salvar el alma de la eterna condenación y ganar el cielo.

         Oh glorioso San José, que sufriste al perder por tres días a tu Hijo, pero te alegraste con celestial gozo al encontrarlo en el Templo, ayúdanos a encontrarlo en la Eucaristía, en donde Jesús está Presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad!
Padrenuestro, Ave María, Gloria.


sábado, 18 de marzo de 2017

Los siete dolores y gozos de San José: Sexto Dolor y Sexto Gozo


       San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

Sexto Dolor: Si el Quinto Dolor había sido provocado por un rey -el rey Herodes, que quería dar muerte a su Hijo Jesús-, el Sexto Dolor también es provocado por otro rey, en este caso, Arquelao, sucesor de su padre Herodes (Mt 2, 22), en quien se personifican los enemigos de Jesús, tanto los naturales –hombres- como preternaturales –ángeles caídos-: el Demonio utiliza a hombres ambiciosos de poder, codiciosos y ávidos de tesoros mal habidos, con sus corazones pervertidos por la lujuria, para perseguir al Niño Dios y también a todos los que, en el curso de los siglos, habrían de ser discípulos del Hijo de Dios Encarnado. El Ángel le advierte, también en sueños, que debe regresar a Nazareth, pero a causa del peligro que supone el rey Arquelao, debe hacerlo San José por otro camino. Esto supone para San José una nueva fuente de preocupación y angustia, porque debe emprender un nuevo viaje, largo y peligroso, en el que su Esposa amada, María Santísima, y el Niño Dios, estarán expuestos a los peligros del camino, con lo cual San José extremará todas las precauciones, para conducir a la Sagrada Familia de regreso, sana y salva. Emprende así San José el regreso, guiando a la Sagrada Familia, hacia Nazareth, pues debía cumplirse lo anunciado, de que el Mesías debía llamarse “Nazareno” (cfr. Mt 2, 23). Al llegar, se establecieron en lo que había sido su antigua casa, pobre y humilde, pero llena del amor, la alegría, la paz de Dios, pues en la Sagrada Familia, perseguida a causa del Nombre tres veces Santo de Jesús, se cumplían todas las Bienaventuranzas, pero en especial una de ellas: “Bienaventurados seáis cuando proscriban vuestro nombre a causa del Hijo de Dios” (Lc 6, 22). Con respecto a sus enemigos, a aquellos que querían dar muerte a su Hijo, no había en el corazón de San José –como tampoco en el de María y Jesús- no solo odio o rencor, sino ni siquiera el más mínimo enojo hacia sus enemigos, estando además su corazón lleno del Amor de Dios, con lo que San José vivía a la perfección el mandato de Jesús, de “amar a los enemigos” (cfr. Mt 5, 44), con lo cual el Santo Patriarca nos da ejemplo de cumplimiento perfecto del Mandato de la Caridad de Jesús, en el que están comprendidos, en primer lugar, nuestros enemigos.

Sexto Gozo: lo experimenta San José en su regreso, con la Sagrada Familia a salvo, a Nazareth, en donde Jesús, José y María vivirán unos años de serena paz, de celestial armonía y de amor sobrenatural. En Nazareth, San José será testigo, en primera persona, de un prodigio que nunca dejó de causarle asombro y alegría, y era el de comprobar cómo ese Hijo adoptivo suyo, a quien él debía educar con todo amor paterno, era al mismo tiempo su Dios, el mismo Dios Creador, que había creado su alma y que ahora, luego de ser educado por él, al llegar a la vida adulta, sería su Redentor y, al enviar al Espíritu Santo una vez resucitado, sería su Santificador. San José no dejaba de maravillarse considerando este misterio: ese Niño, al que él educaba y criaba, y lo veía crecer “en estatura, en gracia y sabiduría”, era, al mismo tiempo que Niño, su Dios, que era Creador, Redentor y Santificador. También San José, al igual que la Virgen “meditaba estas cosas en su corazón”, llenándose su alma de una alegría y de una paz inconmensurables. Así, San José, con el Sexto Gozo, el de ver crecer a su Hijo Dios y en el contemplar en su divinidad, nos enseña que en la contemplación de Cristo Jesús, sobre todo en la Cruz y en su Presencia sacramental en la Sagrada Eucaristía, está la fuente de la felicidad, esa felicidad que todo hombre busca desde que nace y que el mundo nos engaña ofreciéndonos placeres terrenos y concupiscibles en donde esta felicidad no se encuentra. Con el Sexto Dolor, San José nos enseña que la verdadera y única felicidad, en esta vida, se deriva de la contemplación de su Hijo Jesús, Presente en Persona en la Eucaristía, por lo que, junto con María, Maestra de los Adoradores Eucarísticos, también San José es Maestro de los Adoradores Eucarísticos.

Oh glorioso Patriarca San José, por el dolor que experimentaste al saber que el rey Arquelao perseguía a tu Hijo y por el gozo que inundó tu corazón casto y puro al verlo crecer en Nazareth, te suplicamos que nos enseñes a confiar en Jesús ante las tribulaciones y a adorarlo en su Presencia Eucarística. Amén.

Padrenuestro, Ave y Gloria.


viernes, 17 de marzo de 2017

Los siete dolores y gozos de San José: Quinto Dolor y Quinto Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

Quinto Dolor: el Quinto Dolor lo experimenta San José cuando es advertido por el Ángel acerca del grave peligro que corre su Hijo debido a que el rey Herodes quiere matarlo, con lo cual debe disponer todo, como jefe de la Sagrada Familia de Nazareth, para huir a Egipto y poner a salvo a Jesús y a María, sus dos únicos tesoros en la vida. Dice así la Sagrada Escritura: “El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt 2, 13-23). Así se cumplió la Escritura que decía: “Desde Egipto llamé a mi Hijo” (Os 11, 1)”. El rey Herodes, solo por celos y porque temía que el Niño Dios le quitara su reyecía, decide matarlo, sin importarle que sea un niño pequeño, y esto le provoca un gran dolor a San José, que debe huir a Egipto, siguiendo las indicaciones del Ángel. La Sagrada Familia, guiada por San José, debe abandonar rápidamente su hogar para emprender un largo y peligroso camino. En esta huida, están representados y contenidos todos los cristianos que, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, habrían de ser hostigados, perseguidos, e incluso asesinados, por causa de su fe en Jesucristo, porque la Sagrada Familia es perseguida no por los simples celos de un rey terreno, sino porque el Demonio, que odia a Dios, se vale de un rey sediento de poder y enceguecido por la codicia, para perseguir al Hijo de Dios y tratar de darle muerte. En su Niño, que aunque pequeño e indefenso, es sin embargo buscado para ser asesinado, están representados también todos los niños pequeños que, a lo largo de los siglos, serán víctimas del peor de los crímenes, el ser asesinados por el aborto, en el seno de sus madres. San José se duele por la persecución de su Hijo, por la angustia que experimenta María Virgen, y por todos los niños que morirán abortados y, en silencio, mientras hace los preparativos para poner a salvo a la Sagrada Familia, llora amargas lágrimas de dolor.

Quinto Gozo: el Quinto Gozo se da para San José en medio de la tribulación que significaba el saber que su Hijo estaba amenazado de muerte y en medio de las incertidumbres que comportaba un viaje tan peligroso como el de huir a Egipto, y este gozo, que es consuelo y alegría sobrenatural para su alma, lo experimenta el Santo Patriarca al contemplar –unido en la oración con su Esposa legal, María Santísima- a su Hijo adoptivo, porque en la contemplación de su Hijo, que es Dios Hijo, recibe San José todo lo que Dios Es y da a quien lo contempla con fe y amor: paz, alegría, gozo celestial, sabiduría, amor, vida divina. En medio de tanta tribulación, el consuelo y gozo de San José consiste en contemplar, amar y adorar a su Hijo Dios, y así nos enseña a nosotros que nuestro único consuelo, en medio de las tribulaciones de la vida, consiste en contemplar, amar y adorar a Jesús Eucaristía, guiados en la oración y en la adoración por María Santísima.

Oh glorioso San José, por el dolor que sufriste al enterarte de las amenazas de muerte hacia tu Hijo por parte de Herodes y por el gozo que experimentaste en tu casto y puro corazón, al contemplar al Niño Dios, te pedimos que intercedas por todos los cristianos perseguidos por odio a la fe, para que se vean libres de sus perseguidores, y te pedimos que intercedas también por todos los niños que, en el misterio de la iniquidad, se encuentran en riesgo de sufrir la muerte por aborto, para que, quienes procuran el aborto se arrepientan a tiempo y, encontrando la paz del corazón en la adoración de Jesús Eucaristía glorifiquen, con nosotros y los ángeles y santos del cielo, en el tiempo y en la eternidad, al Cordero de Dios, Cristo Jesús. Amén.


 Padrenuestro, Ave y Gloria.

martes, 14 de marzo de 2017

Los siete dolores y gozos de San José - Cuarto Dolor y Cuarto Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

Cuarto Dolor: el corazón santo y puro de San José se sobresalta con el Cuarto Dolor en el momento en que, ingresando al templo con María Santísima, que lleva en sus brazos al Niño Dios, escucha de labios del anciano y santo Simeón que “una espada de dolor” habría de atravesar el Corazón de su Esposa y que su Hijo adoptivo habría de padecer para ser la salvación de muchos. Los dos amores de San José, la Virgen y Jesús, son la causa del dolor que atenaza su corazón, al saber que, según los designios divinos, ambos habrían de sufrir, su Hijo en la cruz y la Virgen al pie de la cruz, participando de los dolores de su Hijo. Y aunque todavía falta mucho tiempo para que estas profecías lleguen a su culmen, San José no puede dejar de estremecerse con este Cuarto Dolor, regalo de Dios, quien así lo hace partícipe de la Pasión salvadora del Redentor.

         Cuarto Gozo: al Cuarto Dolor le sigue inmediatamente el Cuarto Gozo, cuando San José escucha, también de labios de Simeón, que el dolor de su Hijo será la salvación de innumerables almas. Así, San José se convierte en modelo para los padres que experimentan el dolor más grande, como la pérdida de un hijo, porque cuando el dolor se ofrece con fe, con mansedumbre y con amor a Dios, se convierte en fuente de salvación para la propia alma y para muchas otras más. La alegría de San José se debe al hecho de saber que, por la muerte de su Hijo Jesús, el Mesías anunciado por los profetas, los enemigos del hombre, como la muerte, el pecado, el infierno, serán derrotados para siempre, al tiempo que Jesús abrirá a los hombres el ingreso al Reino de los cielos. San José experimenta por anticipado, en el Cuarto Gozo, la alegría de las almas que serán salvadas por el Mesías, su Hijo Jesús.
San José, Padre adoptivo de Jesús, por el dolor que experimentó tu corazón al conocer que tu Esposa y tu Hijo habrían de sufrir por la salvación de los hombres, y por el gozo con el que te alegraste por todas las almas que por el sacrificio de tu Hijo se habrían de salvar, te suplicamos que intercedas para que también nosotros sepamos unir nuestros dolores y alegrías a la Cruz de Jesús. Amén.


Padrenuestro, Ave María, Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José: Tercer Dolor y Tercer Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

         Tercer Dolor: En el momento en el que San José acompaña a María Santísima al templo, para ser circuncidado, experimenta el Tercer Dolor. Cuando su Hijo adoptivo derrama su primera Sangre, a través de la primera herida, San José siente dolor, pensando que es sólo el anticipo de lo que habrá de sufrir su Hijo quien, según las palabras de Simeón, es el Salvador de la humanidad. La Sangre derramada de su Hijo Jesús lavará los pecados de todos los hombres, siendo esta primera Sangre derramada por la circuncisión está destinada, de modo particular, para los niños y jóvenes, para preservarlos de la impureza y del primer pecado mortal. En silencio, San José ofrece el Tercer Dolor de su corazón, pidiendo para que esa Sangre alcance a todos los niños y jóvenes del mundo, hasta el fin de los tiempos.

         Tercer gozo: Lo experimenta San José cuando, siguiendo las indicaciones del Ángel, llaman al Niño Dios según el nombre que Dios mismo ha elegido: Jesús. San José se alegra por este nombre, porque es el Nombre Santísimo dado a los hombres, fuera del cual no hay salvación. Quienes quieran salvarse, deberán pronunciar el Nombre tres veces Santo de Jesús, no solo con los labios, sino desde lo más profundo del corazón. Es el Nombre que habrá de derrotar a los principados del Abismo, al Pecado y a la Muerte; es el Nombre que habrá de dar a los hombres la vida divina de la gracia; es el Nombre que salvará a la humanidad de la eterna condenación; es el Nombre que pronunciará el pecador en el momento de su muerte, para recibir del Corazón de Jesús los inagotables tesoros de su Divina Misericordia.

         Oh San José, por el dolor que experimentaste en la circuncisión de Jesús y por el gozo que invadió tu alma al pronunciar por primera vez el Dulce Nombre de Jesús, intercede para que nuestros labios no proclamen nunca como Salvador a nadie que no sea tu Divino Hijo Jesús.

Padrenuestro, Ave María, Gloria.



sábado, 11 de marzo de 2017

Los siete dolores y gozos de San José: Segundo Dolor y Segundo Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

Segundo Dolor: San José experimentó el Segundo Dolor antes del Nacimiento de Jesús, al comprobar cuán duro es el corazón del hombre sin Dios, que llega al extremo de negar albergue a una familia en apuros, como lo era la Sagrada Familia de Nazareth en esos momentos. San José sufrió su Segundo Dolor después de pedir en vano, al menos un pequeño lugar para su Esposa, encinta y a punto de dar a luz, por lo que se vio obligado a buscar, en las afueras de la ciudad, un lugar para que su Hijo pudiera nacer. No había lugar, en las ricas, festivas y luminosas posadas de Belén, para Dios Hijo que venía a este mundo: estas posadas, con sus risas y alegrías mundanas, con sus mesas rebosantes de comida y bebida, que a pesar de su abundancia no tienen lugar para la Madre de Dios y su Hijo, son figura de los corazones de los hombres sin Dios: en apariencia, viven en la despreocupación y la abundancia de lo material y la satisfacción de lo sensual, les proporcionan una falsa sensación de que es posible vivir sin Dios, sin su Ley de Amor, sin sus Mandamientos, y es por eso que, detrás de la alegría mundana, esconden un gran egoísmo y una gran soberbia.

         Segundo Gozo: el corazón de San José se llena del Segundo Gozo en el momento del Nacimiento, milagroso y virginal, de su Hijo, en el Portal de Belén. San José exulta con el Segundo Gozo al comprobar la maravillosa transformación del Portal de Belén, oscuro, frío y refugio de animales antes del Nacimiento, y luminoso, cálido y Hogar del Niño Dios, luego del Nacimiento. El Portal de Belén, un lugar pobre y oscuro, utilizado por los campesinos para refugio de sus animales de trabajo –el buey y el asno- representa a los corazones de los hombres que, a pesar de que no poseen la gracia de Dios y a pesar de su extrema pobreza y miseria, sin embargo permiten la entrada en sus vidas de la Madre de Dios. Y cuando entra la Madre de Dios en ellos, da a luz a su Hijo Jesús, Luz del mundo, que con su Luz divina ilumina la oscuridad de los corazones, con el Fuego de Amor de su Sagrado Corazón enciende en el Divino Amor a los hombres y con su Presencia Divina convierte al corazón del hombre, de “nada más pecado”, en “templo del Espíritu Santo y sagrario del Hombre-Dios”. San José experimenta el Segundo Gozo al comprobar cómo el corazón humano es convertido, por la gracia santificante, en morada santa del Niño Dios.
Oh bienaventurado San José, por el dolor que sufriste al comprobar cómo tu Hijo no tenía lugar en los corazones mundanos y por el gozo de ver la transformación de los corazones por la gracia, te suplicamos que intercedas para que, alejados del mundo y sus vanas atracciones, seamos siempre capaces de alojar a Jesús en nuestros pobres corazones. Amén.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José: Primer Dolor y Primer Gozo


San José, Esposo casto y puro y meramente legal de María Santísima, era también Padre adoptivo del Hijo de Dios encarnado, Jesús de Nazareth. Como jefe de la Sagrada Familia, experimentó los dolores, gozos y tribulaciones de las familias terrenas, pero en su caso, tanto sus dolores como sus gozos, adquirieron una dimensión sobrenatural, porque participó, de modo eminente, de la santidad de su Hijo y de su Esposa. Ofrecemos la meditación de sus Siete Dolores y Gozos en honor a San José, al tiempo que le pedimos que interceda para que lo imitemos en su más grande virtud: el amor casto y  puro a la Madre de Dios y a su Hijo adoptivo Jesús.

         Primer Dolor: San José experimenta el Primer Dolor cuando, estando desposado legalmente con María, y antes de convivir, se entera que María está embarazada. No podía saber, de ninguna manera, que el fruto del vientre de María Santísima, su Esposa, no provenía de hombre alguno, sino de Dios, Uno y Trino; San José no podía saber que la Santísima Trinidad en Persona había elegido, en primer lugar, a María Santísima, para que sea la Única creatura digna de un doble privilegio, el ser Madre y Virgen al mismo tiempo; no podía saber San José que el Niño engendrado en María no era fruto de un amor humano, sino del Divino Amor, porque era la Persona-Amor de la Trinidad, el Espíritu Santo, el que había llevado, por voluntad de Dios Padre, a Dios Hijo, desde el seno del Eterno Padre, al seno de la Virgen Madre; no podía saber, San José, que la Concepción de María era fruto del Amor de Dios y no de un amor humano y que la fecundación fue milagrosa y no al modo humano. Porque San José no sabía nada de esto, experimenta un profundo dolor, el Primer Dolor, pero para no hacer quedar en evidencia a su amada Esposa, decide abandonarla en silencio, con su corazón estrujado por el dolor de creer que su amada Esposa le había sido infiel.

         Primer Gozo: el Primer Dolor de San José es quitado cuando el Arcángel, en sueños, le revela la verdad celestial y sobrenatural del embarazo de su Esposa, dando así lugar al Primer Gozo. Mientras dormía, el Arcángel le dice a San José: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo” (Mt 1, 20). La revelación del Ángel no solo le quita el dolor de creer que María había concebido de otro varón que no fuera él, sino que le concede el gozo celestial de saber no solo que su Esposa siempre le había sido fiel y en ningún momento había roto la promesa nupcial, sino que además le revela que “el Niño que se ha engendrado en María es del Espíritu Santo”. San José experimenta así el Primer Gozo, el de saber que su Esposa siempre le había sido fiel y el de saber que sería Padre Adoptivo del Hijo de Dios Encarnado, llevado al seno virgen de María por el Amor de Dios, el Espíritu Santo. El Primer Gozo de San José está formado entonces, por dos alegrías: que María era Virgen y Madre de Dios, al tiempo que Esposa Siempre Fiel y que el Hijo concebido en María era Dios Hijo encarnado.

         San José, esposo casto de María Santísima, por el dolor que experimentaste al pensar que deberías abandonarla y por el gozo que inundó tu nobilísimo corazón cuando por el anuncio del ángel supiste que el Hijo de María era el Hijo de Dios, concebido por el Espíritu Santo, te suplicamos que intercedas para que crezcamos cada día en el amor a la Virgen y a Jesús. Amén.


Padrenuestro, Ave y Gloria.

viernes, 11 de marzo de 2016

Los siete dolores y gozos de San José - Séptimo Dolor y Séptimo Gozo



Si bien San José fue un padre y esposo terreno y experimentó, como todo padre y esposo de esta tierra, gozos y dolores en los distintos sucesos de su familia, estos adquirieron una dimensión sobrenatural, desde el momento en que San José era Esposo casto y puro, meramente legal, de la Madre de Dios, y era Padre pero no biológico, sino adoptivo, de su Hijo, Quien era desde la eternidad el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Sus gozos y dolores se comprenden entonces al interno de la historia de la salvación y en ella adquieren su trascendencia sobrenatural. Su recuerdo no es un mero traer a la memoria, sino una participación, por el misterio del Cuerpo Místico de Jesús, a la vida de San José y al misterio salvífico de su Hijo adoptivo, Jesucristo, el Hombre-Dios. Según una tradición, los Siete Dolores y Gozos de San José se realizan en siete Domingos sucesivos. Ofrecemos, en honor de San José y en su Novena, las siguientes meditaciones, con la intención de participar, con fe y con amor, de los misterios de su paternidad, prolongación en la tierra y por un instrumento humano, de la Paternidad divina de Dios Padre.

Séptimo Dolor: San José experimenta el Séptimo Dolor cuando, habiendo acudido a Jerusalén junto con María y Jesús Niño, de doce años, tanto José como María, emprenden el regreso en puntos distantes de la caravana, pensando cada uno que el Niño está con el otro, cuando en realidad no estaba con ninguno, puesto que se encontraba en el Templo, iluminando con su Divina Sabiduría a los Doctores sedientos de la misma. San José sufre –también sufre María Santísima- porque, sin culpa, ambos pierden de vista al Niño, comenzando una búsqueda angustiosa que durará tres días, hasta que finalmente lo encuentren donde siempre estuvo, en el Templo. Y cuando encuentran a Jesús, el Niño le dice a su Madre amantísima que Él “debía ocuparse de los asuntos de su Padre Dios” (cfr. Lc 20, 40-52), siendo esa la razón por la cual dejó por un breve tiempo su familia terrena. En su búsqueda de tres días a Jesús a quien creía perdido, San José nos enseña, junto a María, que cuando perdamos de vista a Jesús –por culpa nuestra, porque si perdemos a Dios, es porque nos alejamos culpablemente de su Presencia, no como José y María, que lo perdieron sin culpa propia-, debemos buscarlo siempre, siempre, donde Él está, y donde Él estuvo desde la Última Cena, y donde Él estará hasta el fin de los tiempos: en el Templo, en el sagrario, en la Eucaristía, Presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, en la Hostia consagrada. Y Jesús está en la Hostia consagrada para darnos su luz, su Amor, su consuelo; para tomar Él la cruz que nos agobia a veces; para transformar nuestras penas y dolores en gozos y alegrías, por la fuerza de su cruz; para recordarnos que la vida eterna se encuentra a sólo un paso y que Él nos espera en la cruz, con los brazos abiertos, para llevarnos al Reino de los cielos.

Séptimo Gozo: San José experimenta el Séptimo Gozo y Alegría cuando encuentra a su Hijo Jesús en el Templo, en medio de los Doctores. Así, San José nos enseña que la verdadera alegría no está en las cosas del mundo, sino en la contemplación de Jesús Eucaristía; San José nos enseña que la verdadera alegría del cristiano no está en los bienes materiales, ni en el reconocimiento mundano, ni en la vanagloria que los hombres se tributan unos a otros; San José nos enseña que el cristiano se goza y se alegra en un único Amor: Jesús Eucaristía, Presente en Persona con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Hostia consagrada, Presente el Templo, Presente en el sagrario; San José nos enseña que, si por culpa nuestra, hemos perdido de vista a Jesús –como por ejemplo, un pecado mortal-, encontraremos a Jesús en el Sacramento de la Penitencia y así Él nos devolverá la Alegría de su Presencia en nosotros, convirtiendo nuestras almas y cuerpos en templos de la Santísima Trinidad y nuestros corazones en otros tantos sagrarios y tabernáculos en donde Él sea adorado, bendecido y exaltado en su gloria divina.

Oh glorioso San José, modelo de toda santidad, que habiendo perdido sin culpa vuestra al Niño Jesús, lo buscaste junto a María Santísima durante tres días con profundo dolor, hasta que, lleno de gozo, le hallasteis en el templo, en medio de los doctores; por este dolor y este gozo, te suplico, desde lo más profundo de mi corazón, que intercedas para que nunca jamás nos suceda el perder a Jesús por algún pecado mortal, pero si por desgracia sucediera, haz que lo busquemos con tal dolor del corazón, que no encontremos descanso hasta encontrarlo nuevamente, en el Sacramento de la Penitencia y en la Eucaristía, para que viviendo en su gracia nuestra vida terrena, vivamos en su Presencia, por la eternidad, en el Reino de los cielos. Amén.
Padrenuestro, Ave María, Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José - Sexto Dolor y Sexto Gozo



Si bien San José fue un padre y esposo terreno y experimentó, como todo padre y esposo de esta tierra, gozos y dolores en los distintos sucesos de su familia, estos adquirieron una dimensión sobrenatural, desde el momento en que San José era Esposo casto y puro, meramente legal, de la Madre de Dios, y era Padre pero no biológico, sino adoptivo, de su Hijo, Quien era desde la eternidad el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Sus gozos y dolores se comprenden entonces al interno de la historia de la salvación y en ella adquieren su trascendencia sobrenatural. Su recuerdo no es un mero traer a la memoria, sino una participación, por el misterio del Cuerpo Místico de Jesús, a la vida de San José y al misterio salvífico de su Hijo adoptivo, Jesucristo, el Hombre-Dios. Según una tradición, los Siete Dolores y Gozos de San José se realizan en siete Domingos sucesivos. Ofrecemos, en honor de San José y en su Novena, las siguientes meditaciones, con la intención de participar, con fe y con amor, de los misterios de su paternidad, prolongación en la tierra y por un instrumento humano, de la Paternidad divina de Dios Padre.

Sexto Dolor: San José experimenta este dolor en el regreso a Nazareth, el cual,  advertido también por el ángel del Señor, debe hacerlo por otro camino, debido a la presencia de los enemigos de su Hijo Jesús personificados en el rey Arquelao, quien había sucedido a su padre Herodes (Mt 2, 22). Con la preocupación y la angustia de poner nuevamente a salvo a su Hijo, San José condujo a la Sagrada Familia hacia Nazareth, porque el Niño “se había de llamar Nazareno” (Mt 2, 23); cuando llegaron, se establecieron en su antigua y pobre casa, en donde finalmente vivieron en paz. Con este dolor y esta tribulación, San José vive la Bienaventuranza que dice: “Bienaventurados seáis cuando proscriban vuestro nombre a causa del Hijo de Dios” (Lc 6, 22); también, puesto que en el corazón de San José no había lugar no solo para el odio, sino ni siquiera para el más mínimo rencor, y porque estaba inhabitado por el Espíritu Santo, San José amaba, en el Amor de su Hijo, a los enemigos de Dios, y así nos enseña el Santo Patriarca a vivir el Mandamiento de la Caridad de Jesús, que comprende, en primer lugar, a nuestros enemigos: “Amad a vuestros enemigos” (Mt 5, 44).

Sexto Gozo: San José experimenta el Sexto Gozo, en medio de las tribulaciones, y este gozo y alegría le vienen dados del cielo: San José se alegra porque regresa con su Hijo Dios a Nazareth y porque si bien experimenta en carne propia la malicia de los hombres –Herodes y Arquelao- que, aliados con el Príncipe de las tinieblas, buscan borrar el Nombre de Dios de la mente y el corazón de los hombres, la contemplación de su Hijo Dios lo colma de paz y serenidad, a lo que se le agrega el hecho de saber que está siempre acompañado por el Ángel de Dios, que es quien le avisa acerca de los peligros y le señala el camino seguro. Así, San José nos enseña cómo, en la extrema persecución a causa de la fe, Dios no solo no abandona, sino que Dios envía a sus ángeles para que nos protejan, pero sobre todo, está tan cercano a nosotros, que la angustia por la persecución se convierte en alegría. San José, que adoraba a su Hijo Dios hecho carne, nos enseña así a adorar a su Hijo, que prolonga su Encarnación en la Eucaristía, convirtiéndose en Maestro de los Adoradores Eucarísticos, y nos enseña también que -contrariamente a lo que solemos hacer, que es dejar de lado la oración y la adoración eucarística cuando hay una tribulación- la adoración eucarística es la fuente de nuestra fortaleza espiritual, de nuestra paz y de nuestra alegría.

Oh glorioso Patriarca San José, por la tribulación que experimentaste al temer por la vida de tu Hijo Dios a causa del rey Arquelao y por el gozo que inundó tu corazón por la compañía del ángel de Dios y por la adoración que ofrecías a Dios hecho carne, te suplicamos que intercedas por nosotros, oh sublime Maestro de Adoración a Jesús, para que, acompañados por nuestros ángeles de la guarda, seamos capaces de dar a tu Hijo Presente en la Eucaristía, el mismo amor y la misma adoración con que tú lo amabas y adorabas en tu tribulación. Amén.


Padrenuestro, Ave y Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José - Quinto Dolor y Quinto Gozo de San José


Si bien San José fue un padre y esposo terreno y experimentó, como todo padre y esposo de esta tierra, gozos y dolores en los distintos sucesos de su familia, estos adquirieron una dimensión sobrenatural, desde el momento en que San José era Esposo casto y puro, meramente legal, de la Madre de Dios, y era Padre pero no biológico, sino adoptivo, de su Hijo, Quien era desde la eternidad el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Sus gozos y dolores se comprenden entonces al interno de la historia de la salvación y en ella adquieren su trascendencia sobrenatural. Su recuerdo no es un mero traer a la memoria, sino una participación, por el misterio del Cuerpo Místico de Jesús, a la vida de San José y al misterio salvífico de su Hijo adoptivo, Jesucristo, el Hombre-Dios. Según una tradición, los Siete Dolores y Gozos de San José se realizan en siete Domingos sucesivos. Ofrecemos, en honor de San José y en su Novena, las siguientes meditaciones, con la intención de participar, con fe y con amor, de los misterios de su paternidad, prolongación en la tierra y por un instrumento humano, de la Paternidad divina de Dios Padre.

Quinto Dolor: San José experimentó su Quinto Dolor al ejercer su rol de Padre adoptivo del Hijo de Dios, encomendado por Dios Padre desde la eternidad: San José sufrió, como sufre todo padre terreno, cuando debe salir del hogar para ir en busca de trabajo y aunque la Divina Providencia siempre lo asistió, de modo que por su trabajo como carpintero y por su dedicación paternal la Sagrada Familia nunca pasó ninguna necesidad material, hubo también momentos, como los hay en toda familia, en donde la incertidumbre por la economía y el trabajo se hacían sentir en el ánimo de San José, sufriendo el Santo Patriarca la pena de no tener el sustento necesario para el Rey y Reina de los cielos. Parte importante de este dolor fue el trabajo de San José en disponer a toda la Familia de Nazareth para huir en dirección a Egipto para poner a salvo a su Hijo Jesús, pues según le había advertido el ángel en sueños, el rey Herodes, celoso por la reyecía de Jesús, quería darle muerte, sin importarle que fuera un niño de poco tiempo de nacido: “El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt 2, 13-23). Así se cumplió la Escritura que decía: “Desde Egipto llamé a mi Hijo” (Os 11, 1). San José, como jefe de familia, se puso manos a la obra, disponiendo todo para la huida, de manera de hacerles más liviano y llevadero el peligroso viaje que debían emprender, para ponerse a salvo de quienes querían asesinar al Niño. También sufre San José porque en la Sagrada Familia de Nazareth, que huye de sus enemigos debido a que esta Familia Santa lleva en su seno al Hijo de Dios, están representados todos los cristianos de todos los tiempos, que deberán abandonar precipitadamente sus hogares, sus patrias, sus pertenencias, a causa de la persecución que sufrirán por parte de los enemigos de la Santa Fe Católica. Sufre San José su Quinto Dolor, y llora en silencio, ofreciendo con mansedumbre su dolor al buen Dios.San José sufre, no solo por la suerte de su pequeño Hijito que, aun siendo Dios, está inerme y desprotegido, además de estar amenazado de muerte, y no sufre sólo porque la Madre del Niño y Esposa suya legal, debía abandonar su casa en Nazareth para poner a salvo a su Niño: San José sufre porque en el Niño neonato, perseguido y amenazado de muerte, están representados los Santos Mártires Inocentes, que morirán por causa de su Nombre cuando Herodes envíe a sus esbirros, buscando entre ellos al Hijo de Dios, sino que también están representados los cientos de millones de niños que, a lo largo de la historia de la humanidad, sufrirán muerte cruenta por medio del abominable crimen del aborto y por eso San José, mientras hace los preparativos para la fuga, llora en silencio y ofrece a su Hijo Dios su dolor.

Quinto Gozo: San José experimenta el Quinto Gozo porque en medio de las tribulaciones que significaban la huida a Egipto; la amenaza de muerte por parte de Herodes a su Niño Dios; el peligro de la travesía; el dirigirse a una tierra desconocida, como Egipto, en donde abundaban los ídolos, San José, sin embargo, tenía un gran consuelo, en medio de tanta pena, zozobra y dolor, y su consuelo era contemplar a su Niño y en su Niño, el rostro de Dios. San José sabía, por experiencia directa, que si bien Dios era invisible, ahora, por la Encarnación, se había hecho visible y es así como podía ver el Rostro de Dios en el Rostro de su Niño; sabía que Dios era Espíritu Puro, pero ahora, por la Encarnación, Dios Hijo se había encarnado, se había hecho Carne, y es por eso que cada vez que abrazaba y besaba a su Hijo, abrazaba y besaba a su Dios, el Dios que lo había creado, y que ahora, por la Encarnación, lo redimía y lo santificaba. La alegría que experimentaba San José, en la contemplación de Dios Hijo Encarnado, Jesucristo, compensaba todos los dolores, angustias, zozobras y tribulaciones que experimentaba por la Huida y a esta alegría se le añadía el ver cómo los ídolos de Egipto –en quienes está representados los ídolos de todas las naciones-, caían, uno tras otro, ante la Llegada del Único Dios Verdadero, Cristo Jesús. Así, San José nos enseña a confiar en Jesucristo y a acudir a Él, tanto más, cuanto más atribulados estemos, con la seguridad de que hallaremos consuelo en Él, que no nos abandona en ningún momento, aun cuando todo el mundo –incluidos los ángeles caídos- se vuelven en contra nuestra.

Oh santo custodio y vigilante de la Sagrada Familia de Nazareth, glorioso San José, por las tribulaciones que sufriste en tu tarea de procurar el alimento cotidiano al Hijo de Dios y sobre todo, en la Huida a Egipto, y por el gozo y la alegría que experimentaste al contemplar el Rostro de Dios en el rostro de tu Niño, te suplicamos por las familias que sufren dificultades y zozobras económicas, por las que son perseguidas por la fe y, sobre todo, por los niños por nacer, principalmente por los que serán abortados, para que sean llevados ante la Presencia del Dios Altísimo y adoren al Cordero por los siglos sin fin. Amén.


Padrenuestro, Ave y Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José - Cuarto Dolor y Cuarto Gozo


Si bien San José fue un padre y esposo terreno y experimentó, como todo padre y esposo de esta tierra, gozos y dolores en los distintos sucesos de su familia, estos adquirieron una dimensión sobrenatural, desde el momento en que San José era Esposo casto y puro, meramente legal, de la Madre de Dios, y era Padre pero no biológico, sino adoptivo, de su Hijo, Quien era desde la eternidad el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Sus gozos y dolores se comprenden entonces al interno de la historia de la salvación y en ella adquieren su trascendencia sobrenatural. Su recuerdo no es un mero traer a la memoria, sino una participación, por el misterio del Cuerpo Místico de Jesús, a la vida de San José y al misterio salvífico de su Hijo adoptivo, Jesucristo, el Hombre-Dios. Según una tradición, los Siete Dolores y Gozos de San José se realizan en siete Domingos sucesivos. Ofrecemos, en honor de San José y en su Novena, las siguientes meditaciones, con la intención de participar, con fe y con amor, de los misterios de su paternidad, prolongación en la tierra y por un instrumento humano, de la Paternidad divina de Dios Padre.

Cuarto Dolor: San José experimenta el Cuarto Dolor al ingresar al Templo, acompañando a María Santísima, que lleva a su Niño Dios en brazos, para ofrendarlo al Señor, tal como prescribía la Ley para los primogénitos. Llevado por el Espíritu Santo al Templo, el anciano Simeón, al ver entrar a la Sagrada Familia, es iluminado por el Espíritu de Dios que lo inhabita y así reconoce en ese niño a Dios hecho Niño, que ha venido a este mundo para salvarlo, redimirlo y conducirlo a la Casa del Padre. Pero Simeón también recibe la gracia de saber que el Mesías habrá de padecer mucho y morir en cruz para la salvación de los hombres, y que Él será la causa de la exaltación de quienes se unan a su sacrificio en cruz, o de la caída para quienes lo rechacen. Simeón ve también, por inspiración divina, cuánto habrá de sufrir María Santísima, la Madre de Dios Niño, porque Ella será hecha partícipe en su espíritu de los dolores acerbos de su Hijo en la Pasión, y es esto lo que Simeón profetiza cuando, sosteniendo al Niño en brazos y contemplando a María, le dice: “Y a ti, una espada de dolor te atravesará el corazón”. Puesto que San José está unido a María Santísima en desposorios castos, porque el Amor que los une es el Amor de Dios, y en virtud de esta unión mística y sobrenatural que con su Esposa legal tiene, San José experimenta también como si su corazón fuera atravesado por una espada de dolor, porque comparte los dolores de María Santísima. Así, San José experimenta el dolor de saber que su Hijo habrá de padecer cruel muerte de cruz a manos de los hombres, para conseguir, con su Sangre derramada, la eterna salvación para las almas que lo acepten como su Salvador.

Cuarto Gozo: San José experimenta el Cuarto Gozo cuando escucha de Simeón la predicción de la salvación y resurrección gloriosa de innumerables almas, que serán salvadas por el sacrificio de su Hijo adoptivo, y este gozo compensa el dolor anterior, causado por la profecía de su muerte redentora. San José se alegra porque puede ver, a la luz del Espíritu de Dios, cómo el dolor –aún el más grande para un padre, como la muerte de un hijo-, ofrecido en mansedumbre de corazón y en unión de fe y de amor con el Hijo de Dios, se convierte en fuente de santificación personal y de salvación para muchas almas, y esto hace aumentar aún más el Cuarto Gozo de San José. San José se alegra porque con su Hijo Jesús, ni la muerte, ni el dolor, ni el infierno, tienen ya más la última palabra sobre la humanidad, porque su Hijo derrotará a estos grandes enemigos de los hombres, para abrir a toda la humanidad las puertas del Reino de los cielos, al extender sus brazos en la cruz. San José se alegra en su Cuarto Gozo, al vislumbrar la multitud incontable de almas que se salvarán gracias al sacrificio redentor de su Hijo adoptivo, Cristo Jesús.

Oh glorioso patriarca San José, por el dolor mortal que experimentaste en tu corazón al conocer la profecía de Simeón acerca de los dolores de Jesús y por la alegría sin fin que inundó tu preciosísima alma, llena del Espíritu Santo, al saber que por el dolor de tu Hijo serían salvadas incontables almas, te pedimos que intercedas para que, por los méritos de Jesús y la intercesión de la bienaventurada Virgen María, luego de llevar una vida santa, seamos incorporados al coro de los bienaventurados en la Jerusalén celestial. Amén. 
Padrenuestro, Ave María, Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José - Tercer Dolor y Tercer Gozo


Si bien San José fue un padre y esposo terreno y experimentó, como todo padre y esposo de esta tierra, gozos y dolores en los distintos sucesos de su familia, estos adquirieron una dimensión sobrenatural, desde el momento en que San José era Esposo casto y puro, meramente legal, de la Madre de Dios, y era Padre pero no biológico, sino adoptivo, de su Hijo, Quien era desde la eternidad el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Sus gozos y dolores se comprenden entonces al interno de la historia de la salvación y en ella adquieren su trascendencia sobrenatural. Su recuerdo no es un mero traer a la memoria, sino una participación, por el misterio del Cuerpo Místico de Jesús, a la vida de San José y al misterio salvífico de su Hijo adoptivo, Jesucristo, el Hombre-Dios. Según una tradición, los Siete Dolores y Gozos de San José se realizan en siete Domingos sucesivos. Ofrecemos, en honor de San José y en su Novena, las siguientes meditaciones, con la intención de participar, con fe y con amor, de los misterios de su paternidad, prolongación en la tierra y por un instrumento humano, de la Paternidad divina de Dios Padre.

Tercer Dolor: San José experimenta el Tercer Dolor cuando, cumpliendo con los preceptos, lleva con María a su Niño para ser circuncidado. San José se estremece de dolor, pensando que esta primera sangre es sólo el anticipo de la Sangre que derramará su Hijo en la Pasión, cuando sea flagelado, coronado de espinas y finalmente crucificado. Pronto advierte San José que ser el Padre Adoptivo de Dios Hijo le dará amarguras y dolores desde temprano, porque ese Hijo suyo al que ama tanto, está destinado a derramar su Sangre para salvar a los hombres, siendo la Sangre de su Hijo la fuente divina de gracia y amor de Dios que lavará los pecados de la humanidad, los pecados de todo tipo: ira, soberbia, envidia, gula, pereza, lujuria, avaricia. Será la Sangre del Cordero, inmolado en el altar de la cruz, la que limpiará los corazones de los hombres, el lugar de “donde nacen toda clase de cosas malas” y la sangre derramada en la circuncisión y el dolor experimentado por el Niño, son sólo un anticipo del manantial de Sangre que brotará del Cordero de Dios, de la Cabeza coronada de espinas, del Cuerpo flagelado, de las manos y pies crucificados y de su Costado traspasado. Al igual que la Virgen, San José experimenta cómo “una espada de dolor” atraviesa su alma, y calla y ofrece este dolor al Padre Eterno, por nuestra salvación, y junto a María ofrece el dolor y la Sangre de su Hijo, como nuestra protección contra el primer pecado mortal de los más pequeños.

Tercer gozo: El Tercer Gozo lo experimenta San José cuando dan a su Niño el Nombre elegido por Dios mismo: Jesús. San José se alegra, porque es el Nombre sobre todo nombre, el Nombre cuyo otro no hay bajo la tierra para la salvación de los hombres; el Nombre de su Hijo es nombre de salvación eterna para las almas y todo el que lo invoque no quedará defraudado; es el Nombre que Dios Padre sugiere al alma, por medio del Espíritu Santo, para que se convierta de sus pecados y comience a vivir la vida de la gracia en esta tierra, que es la vida de la gloria en el Reino de los cielos. Que alguien pronuncie el Santo Nombre de Jesús, es ya una señal de que Dios Padre en persona obra sobre esa alma al enviarle el Espíritu Santo, porque nadie pronuncia el Nombre Sagrado de Jesús sino es movido por el Espíritu Santo y el Espíritu Santo no actúa en un alma si Dios Padre no lo desea. Porque el Nombre de Jesús, su Hijo Adoptivo, es signo de redención y salvación, San José experimenta un gozo inefable, porque bastará que un pobre pecador pronuncie con fe y con amor su Santo Nombre, para que Jesús acuda inmediatamente a su alma, para concederle los tesoros inagotables de su Sagrado Corazón, su Divina Misericordia.

Oh glorioso San José, por el dolor que experimentaste en la circuncisión de Jesús y por la alegría que inundó tu corazón al dar a tu Hijo el Dulce Nombre de Jesús, te suplicamos que intercedas ante el trono de la Divina Majestad para que viviendo alejados de todo pecado pronunciemos, durante toda nuestra vida terrena, pero sobre todo en la hora de nuestra muerte, desde lo más profundo del corazón y con todo el amor del que seamos capaces, el Nombre Santo de Jesús, para seguir luego pronunciándolo, en compañía de María Santísima y de los ángeles y santos, por toda la eternidad, en el Reino de los cielos. Amén. 
Padrenuestro, Ave María, Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José - Segundo Dolor y Segundo Gozo


Si bien San José fue un padre y esposo terreno y experimentó, como todo padre y esposo de esta tierra, gozos y dolores en los distintos sucesos de su familia, estos adquirieron una dimensión sobrenatural, desde el momento en que San José era Esposo casto y puro, meramente legal, de la Madre de Dios, y era Padre pero no biológico, sino adoptivo, de su Hijo, Quien era desde la eternidad el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Sus gozos y dolores se comprenden entonces al interno de la historia de la salvación y en ella adquieren su trascendencia sobrenatural. Su recuerdo no es un mero traer a la memoria, sino una participación, por el misterio del Cuerpo Místico de Jesús, a la vida de San José y al misterio salvífico de su Hijo adoptivo, Jesucristo, el Hombre-Dios. Según una tradición, los Siete Dolores y Gozos de San José se realizan en siete Domingos sucesivos. Ofrecemos, en honor de San José y en su Novena, las siguientes meditaciones, con la intención de participar, con fe y con amor, de los misterios de su paternidad, prolongación en la tierra y por un instrumento humano, de la Paternidad divina de Dios Padre.

Segundo Dolor: el Segundo Dolor lo experimentó cuando, llegada ya la Hora de su Nacimiento, estando la Sagrada Familia en Belén, San José se dio cuenta que su Hijo, Dios, no tenía lugar en las ricas posadas de Belén y que por lo tanto, deberían buscar un lugar pobre, oscuro, frío, el Portal de Belén. San José experimentó un agudo dolor al comprobar, en carne propia, el egoísmo del corazón humano sin Dios, representado en las ricas posadas de Belén, llenas de gente, de cantos, de risas, de bailes, abrigadas con el fuego de las chimeneas, comiendo y bebiendo despreocupadamente. Estas posadas representan los corazones humanos sin Dios: aunque por fuera parecen alegres y despreocupadas, la alegría es sólo aparente, porque han dejado fuera de las puertas de sus corazones al Dios de la Alegría infinita, Jesús de Nazareth, para volcarse en las falsas alegrías mundanas. San José experimenta dolor por la condición de estas almas, porque nada bueno puede suceder a un alma, cuando cierra la puerta de su corazón a Dios Hijo Encarnado, como lo hicieron las ricas posadas de Belén. A su vez, el pobre Pesebre en donde finalmente nació el Redentor, un lugar oscuro y frío, un refugio de animales, carente de todo atractivo y belleza, representa al corazón del hombre pecador, que en cuanto tal, es oscuro y frío, pero que, en su pobreza, en su oscuridad, en su frialdad, no duda en albergar a Dios que viene a Él a través de María y José, como un Niño humano. Y así, el corazón del pecador que acepta la gracia, cuya Medianera es María Santísima, y abre su corazón para que en él nazca el Hijo de Dios, el Salvador, ve cómo su corazón se transforma: de oscuro y frío y carente de todo atractivo, al nacer en Él el Hijo de Dios por la gracia, se ve inundado de la luz de su gloria divina y ve incendiado su corazón en el Fuego del Divino Amor, a la par que su alma se cubre de la belleza y hermosura que le otorga la divina gracia.

         Segundo Gozo: San José experimenta el segundo gozo o alegría cuando, al nacer el Niño de María, ve al pobre Portal de Belén iluminarse con la luz de la gloria divina del Ser trinitario del Niño Jesús, al tiempo que escucha el grandioso coro angélico que canta en la tierra las maravillas de la gloria de Dios, anunciando la paz del corazón para los hombres de buena voluntad que aman al Señor. San José se llena de gozo porque el Portal de Belén -representación del corazón humano-, que antes del Nacimiento era sólo un refugio de animales –figura de las pasiones sin el control de la razón y de la gracia-; oscuro –por la ausencia de la Luz de Dios, Jesucristo-; y frío –porque no tenía el Fuego del Divino Amor en él-, ahora, al nacer milagrosamente el Hijo adoptivo de José, Cristo Jesús, este mismo corazón del hombre se llena de la luz de la gracia, del Fuego del Espíritu Santo y todo en él es armonía, quedando sus pasiones en paz al ser convertidos, su alma y su cuerpo, en templos del Espíritu Santo.

Oh glorioso y bienaventurado patriarca San José, elegido por Dios Padre para ser Padre adoptivo de Dios Hijo Encarnado; te pedimos que por el dolor que experimentaste al ver a tu Hijo rechazado por muchos, y por el gozo de verlo ensalzado por los coros de los ángeles y recibido por los pobres y humildes de corazón, que intercedas para que nuestros corazones, pobres y oscuros como el Portal de Belén reciban, a través de María, Medianera de todas las gracias, a la Fuente de toda gracia y la Gracia Increada en sí misma, Cristo Jesús en la Eucaristía. Amén.


Padrenuestro, Ave y Gloria.

Los siete dolores y gozos de San José - Primer Dolor y Primer Gozo


Si bien San José fue un padre y esposo terreno y experimentó, como todo padre y esposo de esta tierra, gozos y dolores en los distintos sucesos de su familia, estos adquirieron una dimensión sobrenatural, desde el momento en que San José era Esposo casto y puro, meramente legal, de la Madre de Dios, y era Padre pero no biológico, sino adoptivo, de su Hijo, Quien era desde la eternidad el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad. Sus gozos y dolores se comprenden entonces al interno de la historia de la salvación y en ella adquieren su trascendencia sobrenatural. Su recuerdo no es un mero traer a la memoria, sino una participación, por el misterio del Cuerpo Místico de Jesús, a la vida de San José y al misterio salvífico de su Hijo adoptivo, Jesucristo, el Hombre-Dios. Según una tradición, los Siete Dolores y Gozos de San José se realizan en siete Domingos sucesivos. Ofrecemos, en honor de San José y en su Novena, las siguientes meditaciones, con la intención de participar, con fe y con amor, de los misterios de su paternidad, prolongación en la tierra y por un instrumento humano, de la Paternidad divina de Dios Padre.

         Primer Dolor: el Primer Dolor sufrido por San José, se produce antes de comenzar a vivir con María, su esposa legal: al llevarse a cabo la Encarnación del Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo, María Santísima quedó encinta aún antes de convivir con quien ya era su esposo legal, por lo que el Santo experimentó angustia y aflicción, porque si bien nada malo pensaba de María, se encontraba perplejo ante la disyuntiva de abandonar o no a María Virgen. María estaba encinta, pero el Niño que se alojaba en su vientre no tenía un padre biológico, porque su padre no era un hombre, sino Dios Padre, al ser el Niño la Palabra Eterna del Padre que se encarnaba, por obra del Espíritu Santo, el Amor de Dios, en el seno purísimo de María para cumplir su misterio pascual de muerte y resurrección. A su vez, María Santísima, por la Encarnación, se convirtió en la Madre de Dios, que alojaba en su seno virginal y en su útero corporal a Dios Hijo, la Persona Segunda de la Santísima Trinidad, y esto sin perder su virginidad, porque la Concepción de su Hijo fue Inmaculada, desde el momento en que Quien la realizó fue el Espíritu Santo, el Divino Amor. Pero esto no lo sabía San José, por lo que, al enterarse de que su Esposa legal estaba embarazada, sintió un vivo dolor al enfrentarse a la decisión de si abandonar o no a su Esposa, lo cual la haría víctima del repudio público, como se acostumbraba en la época.

         Primer Gozo: el Primer Gozo de San José lo experimentó cuando, por medio de sueños, el Arcángel le reveló el sublime misterio encerrado en el seno virginal de María: “(…) mientras pensaba en esto, se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo” (Mt 1, 20). El Ángel le revela el origen celestial y divino del fruto de la concepción de María, quitando de raíz cualquier concepción terrena y por lo tanto derribando cualquier duda acerca de la fidelidad de María Santísima. San José experimenta no solo alivio –“no temas”, le dice el ángel-, sino un gran gozo, tanto por ver confirmada su presunción acerca de la inocencia de su Esposa, de la cual nunca dudó –aunque no sabía cómo explicar el hecho-, sino porque al mismo tiempo, si María era la Madre de Dios porque el Hijo engendrado en Ella había sido concebido por el Espíritu Santo, entonces él era el Padre Adoptivo del Hijo de Dios, a quien Dios Padre le había confiado nada menos que representarlo en la tierra en aquella tarea que Él ejercía desde toda la eternidad, esto es, la paternidad. No podía experimentar un gozo más grande San José, que el saber que Dios Padre le había confiado la tarea de ser el Padre Adoptivo de Dios Hijo, continuando su tarea desarrollada por la eternidad, la de ser Padre, aunque San José tenía un agregado: debía ser el Padre Adoptivo de Dios Hijo Encarnado, es decir, de Dios Hijo que había asumido una condición que no tenía en la eternidad, y que era el poseer una naturaleza humana, que debía crecer y desarrollarse desde su estadio de embrión, y él, San José, era el encargado de cuidarlo y educarlo en el proceso de crecimiento propio de la naturaleza humana. El primer gozo de San José fue el saber que María era la Madre de Dios y que su Hijo era el Hijo de Dios y que él había sido elegido por Dios Padre para reemplazarlo en la tierra en su tarea paterna.

         Oh castísimo esposo de María, glorioso San José, por el dolor y la aflicción que experimentaste frente a la posibilidad de abandonar a vuestra Amada Esposa Inmaculada y por la alegría que llenó tu castísimo corazón al revelarte el ángel el sublime misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, te suplicamos que consueles nuestros corazones en las tribulaciones de la vida presente, para que vislumbrando la vida eterna que nos concedió tu Hijo adoptivo, vivamos serenos y alegres hasta el día en que, por la Misericordia de Jesús, merezcamos ser llevados al Reino de los cielos. Amén.

Padrenuestro, Ave y Gloria.

viernes, 13 de marzo de 2015

Los Siete Dolores y Gozos de San José - Quinto Dolor y Quinto Gozo de San José


Los dolores de San José son una participación a los dolores de la Cruz de su Hijo adoptivo Jesús; los gozos, son los gozos celestiales, y a todos los encontramos en la Sagrada Escritura. En preparación a su fiesta, el 19 de marzo, ofrecemos estas meditaciones, inspiradas en las ilustraciones del Santuario de Torreciudad. San Josemaría de Escrivá de Balaguer, entre otros santos, tenía gran devoción a San José.

Quinto Dolor y Quinto Gozo de San José

El Quinto Dolor de San José se origina a causa de un doble misterio de iniquidad: la malicia del corazón del hombre, azuzada y atizada por el demonio, puesto que Herodes quiere matar al Niño, tal como se lo advierte el ángel, apareciéndosele en sueños a San José: “El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (Mt 2,13). Herodes quiere matar al Niño, porque se ha enterado de que ha nacido, y teme por su sucesión real, teme que el Niño sea nombrado rey en su lugar. Esto, que podría parecer un caso de intriga política y de palacios reales, es en realidad una continuación de la lucha entablada en el cielo entre el Demonio y Dios Trino, cuando el Demonio, en la ceguera que le provocaba su soberbia, dijo de sí mismo: “¡Yo soy como Dios!”, recibiendo al instante la respuesta de San Miguel Arcángel, quien con grito poderoso lo hizo callar diciendo. “¿Quién como Dios? ¡Nadie como Dios!”. Y fue en ese momento que “se entabló una lucha en los cielos”, peleando el Demonio y sus ángeles, contra San Miguel Arcángel y los ángeles de luz, y como dice el Apocalipsis, Satanás y los suyos “no prevalecieron” y ya “no hubo lugar para ellos” (cfr. Ap 7, 9), por lo que fueron expulsados del cielo para siempre, cayendo Satanás “como un rayo”, como lo vio Nuestro Señor Jesucristo (cfr. Lc 10, 18). Herodes quiere matar al Niño porque el Demonio se vale de su negro corazón y de sus mezquinas ambiciones políticas –por un poco de poder y de dinero, que no habrán de durarle más que unos pocos años, antes de tener que rendir cuentas a Dios en su Juicio particular-, no duda en intentar asesinar a un pobre niño recién nacido. La locura de Herodes y su desmedida sed de poder, lo lleva a cometer unos de los más atroces y brutales asesinatos en masa: la matanza de los Inocentes, porque da la orden de asesinar a todo niño menor de dos años, con la siniestra esperanza de que, entre todos esos niños muertos, se encuentre el Niño Dios, el Niño que, en su paranoia criminal, creía que habría de arrebatarle su trono. Es así entonces como este anuncio del ángel provoca a San José su Quinto Dolor, un dolor que le estruja el corazón y que lo lleva a tomar inmediatamente al Niño y a la Virgen para huir en dirección a Egipto, cumpliendo las disposiciones divinas. Al decidir huir a Egipto, con la Virgen que lleva al Niño en sus brazos, San José da cumplimiento a la escena descripta por el Apocalipsis: “La Mujer tomó en brazos a su hijo recién nacido y lo llevó al desierto, para que el Dragón no lo devorara apenas naciera” (cfr. Ap 12, 4-5). Hoy ya no está Herodes, pero sí existen los modernos Herodes, sus sucesores, quienes asesinan a los niños, inexplicablemente, a los niños en el vientre materno, pero también en las guerras, por la droga, por el crimen, por la pornografía. La locura asesina y el delirio paranoico de Herodes se continúa en sus modernos herederos, quienes asesinan a los niños por nacer, aunque estos no representen, en absoluto, ninguna amenaza de ningún tipo para sus vidas. Para estos modernos Herodes también hay un juicio particular esperándolos, un juicio que será inflexible y sin misericordia, si no cambian a tiempo. Pero en el Apocalipsis relata cómo el Dragón intenta matar a la Mujer y a su Hijo, vomitando un río de su boca, con el objetivo de ahogarlos, aunque no lo consigue, porque la tierra se abre y absorbe el agua del Dragón y porque a la Mujer se le dan “dos alas de águila” con las que “huye al desierto” para poner a salvo a su Hijo: “Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca” (Ap 12, 16-17) (…) “Y se le dieron a la mujer dos alas de águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto” (Ap 12, 14). Hoy el Dragón ahoga y mata la inocencia de los niños con un río de impureza, que no afecta solo al cuerpo, porque no se trata solo de la impureza de la pornografía, sino que el Dragón intenta ahogar la pureza de los niños, con el agua infecta del culto dedicado a él, y es así como promociona el satanismo, la brujería, las supersticiones de todo tipo y las sectas ocultistas, por medio de programas televisivos, espectáculos teatrales y películas de difusión masiva, en las que se enseña la magia y se presenta a la brujería, el acto de malicia más grande que una persona pueda realizar, como una cosa buena. Sin embargo, asi como al Niño Jesús San José lo puso a salvo, conduciéndolo con la Virgen, que lo llevaba en sus brazos, a Egipto, hoy también San José vela por los hijos de Dios, conduciéndolos a la Virgen, quien refugia a sus hijos en su Corazón Inmaculado, para preservarlos del vómito de impureza corporal y espiritual en el que el Dragón del infierno quiere hundirlos.
Luego del Quinto Dolor, sucede el Quinto Gozo: “Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que dice el Señor por el profeta: ‘De Egipto llamé a mi hijo’” (Mt 2,15). No significa que San José se alegrara por la muerte de un ser humano, como Herodes; se alegra porque, con su muerte –la muerte, en este caso, es un hecho secundario-, finaliza la injusta persecución que Herodes había desencadenado contra su Hijo. Al alegrarse, no por la muerte de Herodes, sino porque con la muerte del tirano cesaba la injusta persecución contra su Hijo Dios, que merecía ser amado, adorado, bendecido y glorificado y no perseguido para ser asesinado, San José, hombre justo, se hace merecedor de una de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia” (Mt 5, 6). El Quinto Gozo de San José se produce entonces, con la muerte de Herodes, con lo cual el Rey de toda justicia, Jesucristo, puede regresar en paz a su tierra natal, para continuar con su misterio pascual de muerte y resurrección, misterio por el cual salvará a la humanidad cuando suba a la cruz y derrame su Sangre y entregue su Cuerpo como Víctima santa y pura. Con su Quinto Gozo, San José nos enseña a desear la justicia del Reino de Dios, que triunfa sobre toda injusticia humana, y a amar al Rey de justicia, Jesucristo, antes que a los (injustos) reyes de la tierra.

Oración para el Cuarto Dolor y Cuarto Gozo de San José

Oh Amado San José, vigilante y santo custodio del Hijo de Dios hecho hombre: por el dolor que sufriste al saber que Herodes quería matar al Niño, y por el gozo que te confortó al huir con Jesús y María a Egipto; te suplico me alcances dolor de mis pecados de escándalo, y el gozo de apartarme de las ocasiones de ofender a Dios para agradar a los hombres por respetos humanos. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.