Bienaventurados habitantes del cielo, Ángeles y Santos, vosotros que os alegráis en la contemplación y adoración de la Santísima Trinidad, interceded por nosotros, para que algún día seamos capaces de compartir vuestra infinita alegría.
San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia celestial
"San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y acechanzas del demonio; reprímale, Dios, pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén".
sábado, 4 de febrero de 2012
San Pablo Miki y compañeros mártires
domingo, 1 de enero de 2012
San Basilio
martes, 23 de agosto de 2011
San Bartolomé
Martirologio romano: "San Bartolomé predicó el evangelio en la India. Después pasó a Armenia y allí convirtió a muchas gentes. Los enemigos de nuestra religión lo martirizaron quitándole la piel, y después le cortaron la cabeza".
Jesús encuentra a Bartolomé y, luego de alabar su sinceridad y pureza de alma y de corazón, le dice, ante el asombro de Bartolomé ante la capacidad de Jesús de leer los pensamientos y de ver a distancia, que verá algo más grande, porque verán a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el hijo del hombre. Esta imagen recuerda a la escalera de Jacob, y es por eso que para entender entonces qué es lo que Jesús le dice a Bartolomé y a los discípulos, tenemos que saber cuál es su significado. Jacob, en un momento de su vida tiene una revelación en forma de sueño, una escalera que une cielo y tierra, por donde suben y bajan los ángeles, y en cuyo extremo superior se encuentra Dios.
La escalera es una imagen de la cruz de Cristo: así como la escalera del sueño de Jacob unía el cielo y la tierra, así del mismo modo la cruz de Cristo une al hombre con Dios, permitiéndole contemplarlo y gustar de su amor y misericordia.
Jesús le anuncia entonces a Bartolomé que verá su crucifixión en el Calvario, porque es ahí en donde
Pero esta acción de subir y bajar de los ángeles por esa “Nueva Escalera de Jacob” que es la cruz, se da ante todo en
En
La misión del ángel de Dios —mencionado en la “Plegaria Eucarística I”, del Misal Romano— es, entonces, llevar ante
Esto que decimos no es retórica ni figura simbólica; es lo que rezamos con el Misal, como Iglesia, como Cuerpo Místico de Cristo, luego de la consagración, y es por lo tanto en lo que creemos como católicos.
viernes, 28 de enero de 2011
Santo Tomás y Cristo

Santo Tomás fue uno de los más grandes intelectos de
En el campo de la filosofía, el descubrimiento más grande de Santo Tomás, es el de la noción de “Acto de ser” o “esse ut actus”. Por esta noción, el “ser” no es una simple palabra, es decir, no tiene una mera existencia en la mente, sino que se pone en acto perfecto en la realidad, separando así la noción o concepto de “ser” de lo que es el ser en la realidad. El ser, como acto de ser, es a la vez la fuente de todas las perfecciones del ente –de la persona, en el caso de Dios Trinidad, o en los ángeles, o en el hombre-.
Por esta noción, el hombre puede salir del encierro de su propia mente, que tiende siempre a crear una realidad virtual, es decir, una realidad que sólo existe en su mente, y puede dirigirse a una realidad “real”, a una realidad que “está” y que “es” en acto fuera de sí. Si no hubiera tal noción, la realidad para el hombre sería sólo la creada por su propia mente, y no habría modo de salir de ella, dando lugar a la inmanencia, es decir, a la imposibilidad del hombre de salir de su propio yo y de su propia mente.
Por el contrario, por la noción del “Acto de ser”, Santo Tomás permite escapar de la realidad virtual de la imaginación, y situar al ente, que posee el ser, fuera de sí, lo cual abre paso a la trascendencia, ya que el ente “es” en la realidad por el acto de ser, que lo hace ser en la realidad, con una existencia y con un acto de ser independientes de la existencia y del acto de ser del propio yo.
Esto, que parecerían elucubraciones filosóficas abstractas reservadas a discusiones de entendidos, tiene una aplicación directa en el campo de la fe, y es tan importante su impacto, que su posesión y compenetración permiten construir una solidísima y firmísimo base intelectual racional, sobre la cual luego se construirán los cimientos y el edificio todo de la vida de la fe. El “Ser” de Dios, en Acto Puro y perfectísimo desde la eternidad, aparece así en el horizonte de la especulación del intelecto humano, sin posibilidad alguna de ser confundido con elucubraciones virtuales y puramente nominales, puesto que se presenta, al intelecto, como algo que “está” y que “es” fuera del hombre, con el agregado que, en su Perfección, el Ser divino se presenta como Increado, como Vivo, como fuente de toda perfección, y como Creador de todo ser creatural.
Santo Tomás aplica esta noción filosófica a
Aún más, esta noción, trasladada a la liturgia, abre las puertas a la admiración del alma, cuando se da cuenta que, en el altar, delante de sus ojos, se encuentra Presente ese mismo Ser divino y eterno, y que esa Presencia no depende ni de su fe ni de su imaginación, sino que “Es”, ahí, en el altar. A partir de esto, sólo hace falta la decisión libre del alma de trascender más allá de sus límites témporo-espaciales, lanzándose, con todas las fuerzas que su amor le permite, al encuentro con Cristo Dios Presente en
miércoles, 11 de agosto de 2010
Santa Clara eligió la pobreza, junto a San Francisco, para imitar a Cristo pobre en el Pesebre y en la Cruz
En el Directorio Franciscano, puede leerse cuál es la última voluntad de San Francisco, en relación a la rama femenina franciscana, en la cual se encontraba Santa Clara de Asís: “Yo, el hermano Francisco, pequeñuelo, quiero seguir la vida y la pobreza del altísimo Señor nuestro Jesucristo y de su santísima Madre, y perseverar en ella hasta el fin; y os ruego, mis señoras, y os doy el consejo de que siempre viváis en esta santísima vida y pobreza. Y protegeos mucho, para que de ninguna manera os apartéis jamás de ella por la enseñanza o consejo de alguien”.
Como se ve, San Francisco, en su última voluntad, dictada a Santa Clara, hace mucho hincapié en que “no se aparten de la pobreza”. ¿Por qué esta insistencia en vivir la pobreza?
Visto con ojos humanos, la riqueza parece mucho más conveniente que la pobreza, incluso para la difusión del Reino de Dios: por ejemplo, con riqueza material, se poseen medios en mayor cantidad y calidad, se puede llegar a más cantidad de gente, y se pueden hacer muchas obras de beneficencia. Con la pobreza en cambio, todo esto se hace, si no imposible, muy difícil de alcanzar.
Sin embargo, a pesar de las aparentes conveniencias de poseer riquezas materiales, San Francisco recomienda con insistencia a Santa Clara “no apartarse de la pobreza”.
El motivo es que San Francisco recomienda la pobreza material, porque así el cristiano –y mucho más, el alma consagrada, como Santa Clara- se acerca más a Cristo pobre, en su Encarnación y en la cruz.
Cristo es pobre en la Encarnación, porque siendo Dios omnipotente, Dueño absolutamente de todo el universo, riquísimo en la abundancia exuberante de su Ser divino, se vuelve pobre, al asumir nuestra condición humana, tan limitada y tan necesitada de todo. Siendo Él el Dios Todopoderoso, decide encarnarse y asumir una naturaleza humana, que comparada con la inagotable riqueza del Ser divino, es igual a la nada. En la Encarnación, el Hijo de Dios, el Esplendor del Padre, el reflejo de la gloria del Padre, Aquel que fue engendrado entre esplendores celestiales en la eternidad, Aquel que es adorado por los ángeles y por los santos, posee en la Encarnación nada más que un cuerpo y un alma humana, un pobre pesebre hecho por su padre terreno adoptivo, San José, y una delicada manta tejida por su Madre, que es la Madre de Dios, para atenuar un poco el intenso frío de la Noche de Belén. Esos son todos los bienes materiales que posee Cristo Dios en la Encarnación.
Cristo es pobre también en la cruz, porque en la cruz está despojado de todo: no tiene nada, salvo unas pocas posesiones: el madero de la cruz, la inscripción “Éste es el Rey de los judíos”, tres clavos de hierro, una corona de gruesas espinas, un poco de tela para cubrir sus partes íntimas. Ésos son todos los bienes de Cristo en la cruz, no tiene más, y tampoco quiere más, porque con estos escasos bienes materiales, Cristo entrará en la gloria del Padre, y desde allí viene en cada Eucaristía para llevarnos con Él.
Cristo pobre en la Encarnación, Cristo pobre en la cruz. Santa Clara eligió la pobreza, no para ejercitarse en la virtud, ni para perfeccionarse en la carencia de todo. Santa Clara eligió la pobreza, junto a San Francisco, para ser pobre junto a Cristo pobre en Belén, y pobre en la Cruz.



